La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

martes, 21 de diciembre de 2010

CRECER ES ELEGIR

Hace un par de años me encontré con esta frase de Georges Moustaki: Crecer es elegir hasta convertir lo que uno ha nacido en lo que uno es.

En muchos de los talleres de interioridad con adolescentes les he propuesto esta frase como inicio o como final del trabajo. En general a los chavales no les cuesta entender el significado de la frase pero una cosa es comprender el sentido de las palabras y otra es llegar a intuir del periplo vital que nos plantea.

La frase iguala los verbos crecer y elegir: crecer es elegir. Este tema del elegir últimamente me da mucho que pensar porque la elección siempre conlleva posibilidad de error ya que elegir algo supone rechazar otras cosas. ¿Quién me asegura que aquello que hoy elijo es lo mejor lo bueno en la situación en la que y para la que realizo la elección? Y me da la impresión de que muchas veces dejamos de tomar decisiones y de afrontar elecciones porque tememos equivocarnos, como si equivocarse fuera un gran pecado o una gran mancha en nuestro currículo vital.

El concepto de elección atraviesa toda la Sagrada Escritura. El verbo "conocer"(en hebreo "yadah") utilizado sobretodo en los relatos de vocación de los profetas es un verbo que pertenece a la esfera sapiencial y que connota elección y afecto. Elección que es reconocimiento: Dios reconoce al profeta como hijo, como elegido. Previa se halla la elección del pueblo, de Israel. Pero, curiosamente, el que es elegido, en este caso el pueblo, olvida a Dios, se queja y busca otros dioses. La historia de la Alianza de Dios con Israel es una historia de una continua ruptura de la Alianza por parte del pueblo y de una continua búsqueda de conversión de los corazones por parte de Dios. Podríamos decir que Dios mismo parece equivocado en su elección, ha fijado sus ojos en un pueblo débil, de duro corazón, que no sabe reconocer la maravilla que Dios le ofrece con su Alianza. 

Sin embargo, Dios enseñará al pueblo que la Alianza que el propone reside en el corazón de cada persona y que proviene de Él. No es el hombre quien origina la Alianza, es Dios su fuente y origen y Él le es fiel eternamente: "Aunque tu padre y tu madre te abandonen, yo no te abandonaré". Más aún , es Dios mismo quien capacitará al pueblo para poder ser fiel a la Alianza: cambiará el corazón de piedra del pueblo, por un corazón de carne, es decir, un corazón capaz de acoger el espíritu de la Ley.

¿Qué nos puede aportar todo esto a la hora de vivir el riesgo de nuestas elecciones vitales? Desde mi punto de vista creo que entender que toda elección tiene un origen afectivo y de reconocimiento arroja luz a nuestros posibles fallos o equivocaciones. Nuestros afectos pueden estar desordenados (me pregunto si alguna vez están ordenados...). Elegimos movidos por múltiples motivaciones que nunca serán puras. Nuestra capacidad de reconocer aquello elegido como lo deseable y bueno en un momento dado puede provenir de un reconocimiento parcial, no completo. Junto con ello ¡cuántas veces no sólo no nos equivocamos, sino que acertamos de lleno en lo elegido!

La frase de Moustaki añade la idea de que nos construímos a nosotros mismos a base de elecciones. Así es, casi toda la vida consiste en elegir, en buscar las piezas que deseamos formen parte del puzzle de nuestra vida. Hay piezas que elegimos nosotros y otras que nos eligen... Hay elecciones que precisan ser mantenidas toda la vida a pesar de la dificultad para hacerlo y otras que pueden y deben evolucionar al ritmo de nuestro crecimiento personal.

El creyente, además, cuenta con la ayuda, el "plus", de la presencia amorosa de Dios que nos da su Espíritu, Aquel que ilumina las elecciones más hondas y definitivas. Mi experiencia más hermosa en este sentido ha sido la de sentime acogida y amada tanto en los aciertos como en las equivocaciones, en mi fortaleza y en mi debilidad. Ahí siento que yo soy elección de Dios, que Él ha optado por mí y no me retira su Amor jamás. Pero eso no quiere decir que Él decida por mí, al contrario, ese amor me lanza a ser responsable de mi vida para convertir lo que he nacido en lo que soy. Espero que, si llego a viejita, pueda mirar atrás y comprender que mis elecciones, acertadas o no, me hicieron más plenamente yo, felizmente yo. Os deseo lo mismo.

2 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

¡Hola, Elena!
¡Bonita entrada!
¿Me permites una aportación personal? ¡Gracias!
He aprendido que el camino que eligo es siempre el correcto.
Y que lo correcto está en la elección, no en el acierto.
¡Saludos!

Elena Andrés Suárez dijo...

Así es, Nacho, gracias por el matiz, vivirlo así precisa de cierto tono interior...