La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Saber ver por dónde se mueve Dios

Hoy hacemos memoria de un Dios subversivo. Dios renuncia a su rango y lo deja todo por amor. Como en una de esas noticias de revistas rosas en las que un rey renuncia a su trono por el amor de una plebeya, así nuestro Dios se vacía de sí, de su condición divina, haciendose uno de tantos nada más que por amor. ¡Qué poco digno! pensarían algunos monárquicos empedernidos, ¡qué poco práctico! opinarían los hombres y las mujeres de estado. Así parece que es Dios, nada práctico, eternamente poco práctico desde que se fijó en un pueblo que continuamente le traicionó...

La metáfora del Dios- Rey nos ha confudido durante siglos. Los reinados humanos están absolutamente basados y enraizados en el ego. Los reyes humanos matan, mienten, roban, esclavizan si es necesario para mantener sus prevendas. No es ese el reinado de nuestro Dios. El reinado de Dios es Paz, Alegría y Amor. Dios reina sirviendo, poniéndose a los pies de cada ser humano. 

En la noche de la humanidad brilla una Luz que sólo comprenden y acogen los "despiertos", los vigilantes, los buscadores y los sencillos. Pastores y sabios de oriente serán los primeros humanos, después de María y de José, después de Isabel, en comprender que "algo nuevo está naciendo", algo divino en medio de la humanidad.

Andamos muy despistados algunos cristianos cuando pensamos que lo de Dios es cuestión de números y de poder.

Por eso hoy al escuchar esa hermosa proclamación de Isaías "Dichosos los pies del mensajero que anuncia la paz" mi corazón se ha estremecido porque no quisiera ser sorda y no saber escuchar el anuncio de paz. No quisiera ser ciega y no saber ver la Luz suavemente refulgente de Belén. Quiero estar despierta y saber ver por donde se mueve Dios, por donde me llama, por entre qué recovecos de esta huamanidad rota se cuela para recrearlo todo sin ruido, desde el amor sencillo.

Feliz Navidad a los pequeñuelos del Señor: los limpios de corazón. los pobres, los amorosos, los despiertos y vigilantes y, sobretodo, a los pecadores, porque para rescatarnos de la noche ha venido la Luz. Por lo tanto, feliz Navidad a todos pues si algo nos hermana es nuestra radical necesidad de Luz.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Lo mejor del ser humano

video
Mi deseo para todos vosotros y vosotras en esta Navidad es que el corazón se nos llene de AMOR, el Amor verdadero, el que se alegra con los que se alegran y sufre con los que sufren. El Amor que es capaz de todo porque se arriesga. El Amor que lo perdona todo, que espera siempre, que aguanta siempre, que es humilde, que denuncia la injusticia, que ríe y llora. El Amor que sabe dejar ir y sabe acoger... EL Amor suave y fuerte como el de esta mujer limpia de corazón.

¡MUY FELIZ NAVIDAD!

lunes, 19 de diciembre de 2011

Un agujero negro: la codicia

No hace falta explicar nada, sólo decir que demasiadas personas con responsabilidades públicas caen en este agujero negro, pero, en nuestras pequeñas cosas, cada uno a su nivel... ¿no habremos entrado quizá también en otros agujerillos de codicia?

jueves, 15 de diciembre de 2011

El "préstamo alegría"

¡Qué cosas! Hay momentos en los que no puedo dar crédito a lo que ven mis ojos, ¡es que me quedo perpleja!. Ayer una vez más, mi banco me ofrece un "jugoso" crédito pre-concedido. Me confirmo: no puedo dar crédito al crédito. 

Pero lo verdaderamente curioso es la forma en que me lo quieren "vender". Abro el sobre y leo escrito con preciosas letras de diferentes colores: "Elena ¿qué es para usted la alegría?" Interesante pregunta, sí señor, ¿a ver si estos de los bancos se nos han puesto metafísicos?. Antes de seguir intento responderme a esta pregunta.

Lo primero que me viene a la mente es esa invitación a la alegría que aparece en Flp 4, 4: "Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito estad alegres". Algo sabía Pablo, algo había experimentado que le llevó a lanzar esta invitación a la alegría. ¿Dónde reside la alegría? De tejas para abajo la alegría es efímera, muy efímera, imbrincada con nuestros estados anímicos: si estoy de buen humor me siento alegre, estoy alegre mientras dura ese estado de ánimo, si estoy enfadado imposible estar alegre... Hay incluso quien es incapaz de dejarse embriagar por la alegría de otros entrando antes en "comunión" con los enfados y malos humores que con la alegría y el buen humor.

Así pues, con el papelito del banco entre las manos yo seguía preguntándome "¿qué es para mí la alegría?" La preguntita tiene bemoles. Pero fui descubriendo que la alegría es algo más profundo que meros estados de ánimo. Como Pablo, yo también creo que la experiencia de Dios nos impele a la alegría. ¿Cómo no estar alegres sabiéndonos locamente amados por un Dios Amor? ¿Cómo no estar locos de alegría si estamos "amenazados de Resurrección? Sí, verdaderamente y parafraseando a la gran Teresa, "un cristiano triste es un triste cristiano"

Más allá de si por naturaleza somos más o menos optimistas o vitales, hemos de plantearnos que la alegría es algo que brota natural y espontánea de la experiencia de Dios. Quizá la alegría forme parte ese manatial inagotable que mana de dentro y del que Jesús habla a la samaritana.

La alegría profunda no tiene que ver con la carcajada. La alegría profunda nace en los fondos del Ser y se nutre de la confianza, del abandono, del olvido de sí, de la entrega gratuita a los otros.

Así andaba yo embebida en estas reflexiones y entonces pasé página. El papelito del banco me propone como posibles respuestas:
  • "¿Llevar a cabo un proyecto? (dibujito de ua casa, o sea, comprar un piso, claro está y cuantas más habitaciones, más alegría), 
  • ¿Cumplir un viaje que tenia en mente? (dibujito de un avión, o sea, cuanto más lejos y exótico sea el viaje, más alegría), 
  • ¿Conseguir algo que quiere? (dibujito de una cámara de fotos, o sea, que debo querer cosas materiales y de alta tecnología, cuantos más píxeles, más alegría), 
  • ¿Hacer un increíble regalo? (dibujito de una caja de regalo, pero, claro, lo que haya dentro debe ser increíble, no vale con un regalo sencillo pero cargado de cariño).
"Vale"- pienso en ese momento- "ya veo que no hablamos de la misma alegría" (sobra decir que ya me lo imaginaba, pero me gusta jugar un poco...) Entonces continúo desplegando el cuidado panfleto (¡cuánto dinerito costará imprimir todo esto!). En letras blancas y bien grandes sobre fondo rojo leo: "HA LLEGADO EL MOMENTO DE VIVIR UNA ALEGRÍA". Pues vaya... Estos del banco llegan un poco tarde a mi vida, porque ya han llegado muchos momentos a mi vida en los que he vidio grandísimas alegrías. No creo que puedan superar lo ya vivido, pero, por si acaso, sigo desplegando y... Ahí está, el número de la alegría, su cuantificación, su concreción: préstamo preconcedido de 4.000 euros. Ya está, ya me han dejado bien claro el valor de la alegría.
El amable y generoso banco sigue desgranándome en qué consiste, aparecen las palabritas mágicas "TAE" -que según  otro banco quiere decir Te Amo Elena y eso ya me gusta más- "TIN" -que no tengo ni idea de qué es pero me suena como a campanita- y muchas opciones, hasta 3. Luego me preguntan "¿Cómo conseguirlo? y me dan un teléfono como si fuera el "teléfono de la esperanza". Pero yo sé que si llamo ya me han pillado, ya me pasaré no sé cuaántos años pagando ese trocito de alegría que ahora me ofrecen tan ufanos. Será bien seguro, una alegría efímera, pasajera, que traerá consigo quebraderos de cabeza para poder pagar el préstamo y sus consabidos intereses.

Cierro el papelito y termina diciendo con más palabras de colores: "Le presentamos el nuevo Préstamo alegría". Pues mira por donde, a mí, hace años, me regalaron la alegría para siempre y gratis. Estos de los bancos no tienen ni idea de lo que es la verdadera alegría, ni les importa. El problema es que seguimos picando el anzuelo. ¡Qué cosas!


martes, 13 de diciembre de 2011

Adviento y Navidad: la historia de un ENCUENTRO


La reflexión que hoy comparto con vosotros no es mía aunque la hago mía porque siento como propia la experiencia de fondo. Emilio, desde Irún, nos ofrece una clave hermosísima para vivir el Adviento y la Navidad: el Encuentro.
Gracias Emilio, por compartir algo que atraviesa tu Ser, al compartirlo nos llevas a nosotros al Encuentro con esa misma experiencia. Y es que, no en vano, somos uno en el Uno.

ADVIENTO y NAVIDAD-La historia de un ENCUENTRO

¿Quién no anhela el ENCUENTRO con JESÚS? ¿Quién no ansía ese ENCUENTRO eterno con Aquel que nos habita después de haber sentido una fugaz comunión (con lo más divino que hay en nosotros) en lo más recóndito de nuestro ser? ¿Quién puede dejar de buscar después de haber sido cegado en lo más escondido del alma por una luz más blanca que la nieve?

Hablamos de ADVIENTO y NAVIDAD.
Hablamos de GESTACIÓN y de NACIMIENTO.
Hablamos de ENCUENTRO y de ENCARNACIÓN.

“Ven, Señor Jesús” decimos, pero en realidad Jesús ya nos habita, como dice San Agustín en sus Confesiones: “No existen tres tiempos: el pasado, el presente y el futuro, sino sólo tres presentes: el presente pasado, el presente del presente y el presente del futuro”. Y es que Jesús es presente ya en lo más recóndito de nuestro ser (siempre ha estado ahí y siempre estará). De hecho, me atrevería a decir (como ya le oí decir a alguien en un curso sobre interioridad) que la oración de Adviento cobra mucho más sentido al decir: “Adéntrame, Señor Jesús” o, dicho de otro modo, “Tú que habitas en nosotros hazte el encontradizo”.

De hecho, desde esa perspectiva ésta es la historia de un ENCUENTRO que siempre ha estado ahí. Un ENCUENTRO latente, silencioso, vigilante, espectante, pero sobre todo, REAL. ¿Cuidas los momentos de silencio? ¿Cuidas los momentos en los que te sientes habitado? ¿cuidas los ratos en los que te sientes amado? ¿Cuidas…? Estamos ante un ENCUENTRO que dura toda la vida (o gran parte de ella???), un ENCUENTRO que transforma, que convierte los corazones, que calma los agobios, que nos introduce en un caminar junto “al que es” en silencio agradable, en comunión con todo “lo que es”.

No se trata de responder preguntas, ni siquiera de formularlas. Se trata de vivir en ese ENCUENTRO e ir renaciendo (NAVIDAD) a una nueva conciencia de ser. Así es como Jesús se ENCARNA en cada uno de nosotros, permitiendo la COMUNIÓN y promoviendo la CONVERSIÓN a través del silencio de los enamorados (poco necesitan decirse, sólo la presencia les basta).

Fiel discípula de Jesús y todo un modelo para nosotros de todo esto es María, madre y seguidora fiel. Ella nos enseña a “guardar todas estas experiencias en nuestro corazón” y nos enseña a ser testigos de Jesús en el caminar de la vida.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Amor: el lenguaje universal

¿De que les sirve a las religiones enseñar sus preceptos y ritos a sus fieles si no les introducen en la vía del Amor?

¿De qué les sirve a las religiones creerse poseedoras de la única Verdad si tal certeza sirve para azuzar divisiones, guerras, desencuentros, sospechas?

¿De qué les sirve a las religiones tener clarísimo quién y cómo es Dios si no saben reconocer quién es el hermano, cómo es el rostro del Amor encarnado?

Sueño con generaciones de niños y niñas que crezcan familiarizándose con todas las formas sanas de espiritualidad y sabiduría de la humanidad. Serán adultos sensibles a los símbolos, sin absolutizarlos. Serán adultos capaces de nombrar a Dios con diferentes nombres sabiendo que sólo son balbuceos de Quien está más allá de todo nombre o tan sólo inscrito en  uno: el Amor.

A algunos eso les parece sincretismo, confusión, a algunos le da miedo, no sé de qué... Si Dios hubiera temido a la variedad, no hubiera creado un universo tan increiblemente rico, variado...

Sólo el Amor es el lenguaje universal que estamos obligados a enseñar a nuestros niños. Sólo el Amor nos Unirá.




miércoles, 30 de noviembre de 2011

Soy NOSOTROS

Soy NOSOTROS,
esa es mi esencia.
Nací de una cadena de encuentros
en otros encuentros me encontré
y me encuentro.

Nunca sin ti
no puedo renunciar a este NOSOTROS
que me recrea
que me redimensiona
que me devuelve los exactos contornos de mi ser.

Soy NOSOTROS
esa es la salud de mi ser.
Parte de un Todo
que me da identidad.
No me pierdo
cuando me vacío,
no me vacío cuando me abandono.
Ese NOSOTROS
que soy
me otorga mi verdadera identidad.

Nunca sin ti,
nunca sin nosotros.
Nunca exiliada de mí
nunca exiliada de ti,
siempre siendo en este inmenso NOSOTROS.

martes, 29 de noviembre de 2011

No nos tomemos tan en serio...

Las urnas han hablado. De nuevo la derecha toma el relevo de la izquierda, como volverá a suceder cuando la derecha se desgaste. ¿Ha cambiado algo? Los problemas diarios siguen siendo los mismos, quienes dirigen los destinos mundiales (lease, los dioses-mercado), lo siguen haciendo despiadadamente. En el fondo del mar un volcán sigue en erupción, quizá en parto doloroso de una nueva isla en pleno siglo XXI. En el Hierro sus habitantes se preguntan cuál será su destino... En millones de casas el paro sigue siendo un cáncer que todo lo corroe. Se ven muchas filas en los lugares de venta de los cuponazos, bonolotos, primitivas y loterias de una navidad que se augura llena de luces consumistas, como siempre.

"Nada nuevo bajo el sol..." No nos tomemos tan en serio. El ser humano es un ser de paso por esta tierra, nadie vive eternamente. Lo que sí debiéramos tomarnos muy en serio es la creación esforzada de modos de vida que cuiden de los más débiles, que aseguren la posibilidad de vivir de todos y todas.

Mientras sigamos creyendo que somos lo que hacemos, que somos lo que tenemos, mientras sigamos enzarzados en las trampas de nuestro ego, nada cambiará. Mientras nos sigamos creyendo "el ombligo del mundo" la división está segurada, las guerras y codicias también.

Urge salir del ego, urge aprender a ir hacia el centro de cada uno de nosotros para poder ir hacia el centro de los centros de poder mundiales cargados de alternativas humanas. ¿Seguirá siendo una quimera desear tener una clase política y empresarial verdaderamente humana, sabia, atenta al ser humano y no al dinero? ¿Podrían nuestros centros educativos formar las futuras generaciones de políticos/as y ecomonistas que puedan mejorar estas estructuras tan terriblemente injustas?

Leo que en un encuentro de educadores católicos en Madrid, Esperanza Aguirre hacía una llamada a educar en los valores cristianos, me apena que con tanta facilidad se hable de "valores cristianos" cuando de lo que queremos hablar es de tradicionalismo, elitismo, una lectura de la fe preconciliar. Francamente hemos rebajado mucho el listón en todo. La mediocridad y el egoísmo abundan en las personas que dirigen nuestros destinos políticos, económicos y ecológicos.

Por eso, porque mientras el ego dirija nuestras vidas pocas cosas cambiarán de verdad, mejor no nos tomemos muy en serio banderas, partidos, credos y todo aquello impregnado del hombre/mujer viejo/a.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Qué es un/a místic@ hoy. Javier Melloni

Hoy quiero simplemente reproducir la bellísima descripción de Javier Melloni sj de lo que es un/a místic@ hoy. Escuchar y leer a Javier es siempre retador, sugerente... Lleva a la hondura. Que lo disfrutéis.


Hoy, como en todos los tiempos, un místico es alguien tan necesario como inútil para su generación. Es inútil porque no produce nada y lo que ofrece no se puede comprar ni vender. No tiene precio en el mercado. Se escapa a quien lo quiere prender y confunde a quien lo quiere comprender. Por ello hay que apartarlo, porque se interpone entre la inmediatez de lo que hay que lograr y producir. El místico dice: lo que verdaderamente es, ya existe. Sólo hay que aprender a percibirlo. Molesta también a la institución, porque la relativiza y le recuerda que el cielo que ha pintado en el interior de sus bóvedas no es el cielo abierto auténtico.

Pero, a la vez, su presencia es indispensable porque señala un modo de existencia que anhelan todos los seres y las mismas instituciones. Ha nacido para alentar la llama sagrada que arde en todos y en todo. El fuego del místico es diferente al del profeta. Éste señala y grita lo que falta, mientras que el místico indica lo que ya es. El profeta habla del todavía no, mientras que el místico habla del ya sí. Ambas cosas son necesarias.

Parafraseando a Raimon Panikkar, “el místico no es el que tiene esperanza del futuro sino de lo Invisible”.
El místico no es ingenuo, sino inocente. La ingenuidad es una inmadurez que hace ciegas y torpes a las personas, porque les impide confrontarse con los elementos oscuros de la realidad y de sí mismos, mientras que el inocente lo ve todo, lo percibe todo y, sin echarse atrás, se entrega.

Otra de las cosas propias del místico es su capacidad de conjugar paradojas. Por un lado, es alguien exquisitamente cercano a las personas y a sus situaciones, pero también resulta inalcanzable, retirado en una extraña lejanía. Estando plenamente presente, está también ausente. Se halla en otro Lugar, y cuando está en otro lugar, se percibe su presencia. Su hablar es silente y con su callar, habla. Las palabras son sagradas para él -o ella-; por eso no las malgasta. Y por ello también sabe escuchar, y entiende lo que los demás no entendemos. Habla, mira, comprende desde un lugar diferente; a veces, tan diferente, que parece locura. Pero su locura no es más que el choque que produce en nosotros su anticipación de Realidad.

Ama cada objeto, cada planta, cada pétalo, y queda fascinado por ellos, pero, a la vez, puede prescindir de ello. Todo él es ternura, pero también vigor, como dice Leonardo Boff sobre Francisco de Asís. Es frágil y fuerte a la vez. No puede soportar el dolor delos pequeños. Ve desde ellos y para ellos, y su oración es siempre por ellos.

Es concreto, arraigado en su tiempo y en su lugar, capaz de un hablar sencillo y de poner ejemplos que los más pequeños comprenden, y a la vez, es universal, porque percibe lo que atañe a la condición común de los humanos. Ve la parte en el todo y el todo en la parte. Podríamos decir que tiene un instinto fractal, que es tal como hoy los científicos comprenden que está constituido el entramado de la realidad.

Es de una libertad soberana pero, a la vez, está al servicio de todos, porque percibe la irrepetibilidad de cada persona y de cada cosa, y ello le hace caminar por tierra sagrada. Acoge a cada ser como una epifanía y, estremecido, se somete libremente porque sabe que su yo no le pertenece, sino que es sólo receptáculo y testigo de las existencias ajenas.

Ama su tradición, aquella que le ha nutrido y le ha guiado, pero no hace un absoluto de ella. Sabe que “ser original es retornar a los orígenes” (Gaudí), no para repetirlos sino para recrearlos. Y el origen de cada tradición está más allá de ella misma, antes de que surgiera. Conoce el camino de la Fuente, “aunque es de noche”. Su fe es transconfesional, porque sabe que la existencia está atravesada de Presencia y ello es lo que celebran todas las tradiciones. Se alegra con ellas, por su diversidad y su riqueza.
Como un compás, con un pie está arraigado en su propio centro, y con el otro recorre los círculos de la alteridad. Este centro no es sólo el de la tradición a la que pertenece, sino que es un Centro más hondo que, descentrándole, le recentra.

Todo él está vacío. Su existencia es un pasaje por el que otros transitan para descubrirse a sí mismos. Como un icono, su sola presencia ayuda a los que le rodean a descubrir la hondura que les habita. Él sólo calla y ve. Y su alegría, tanto como su nostalgia, son inmensas.

martes, 22 de noviembre de 2011

Experimentar la vida

"La experiencia está ahí y usted la experimenta. Si usted está contento, experimente la felicidad, pero no la busque en su práctica espiritual. No lo persiga, no vaya tras ello, no se revuelque en ello, no trate de aferrarse a ello. Simplemente sea feliz. Que al cabo de un rato está triste, no pasa nada, está triste. Llore si hace falta. No lo niegue, no lo empuje, no se regodee en ello una y otra vez con todos sus pensamientos, sus ideas y sus justificaciones. Experiméntelo a fondo y siga con su vida. Su vida es aquello que esta haciendo en este momento (Sensei Danan Henry)

Convencidos de que están maximizando sus experiencias al controlarlas, los seres humanos con mucha frecuencia cortocircuitan no sólo la experiencia misma que proclaman que quieren sostener, sino que reprimen la plena expresión de toda experiencia. Si el individuo es capaz de dejar de usar toda su energía para controlar su experiencia, libera la energía y la atencón necesarias para experimentar más profundamente, no este o aquel tipo de vida, sino la vida."

                                                     Mariana Caplan: A mitad de camino. La falacia de la iluminación prematura

He elegido este párrafo del libro de Mariana Caplan, absolutamente recomendable, porque una de las cosas más difíciles para el ser humano es no aferrarse a lo que vive. Nos identificamos de tal manera con lo que nos sucede que creemos que eso que sucede es lo definitivo, cuando, en realidad, lo definitivo es qué hacemos con lo que nos sucede. Adentrarse en procesos de silencio interior posibilita vivir desde nuestra esencia y eso nos lleva a vivir la vida, como dice la autora, "no este o aquel tipo de vida, sino la vida".

Pero aun cuando no seamos capaces de llegar a tal estado de libertad interior... "Llamad y se os abrirá, buscad y encontraréis, pedid y se os dará". Nunca nos faltará la Gracia, es decir, la Vida de Dios en nosotros, su Luz. No todo depende de nosotros. Podemos buscar, llamar y pedir con la confianza de los hijos/as.

domingo, 20 de noviembre de 2011

El bálsamo del Amor

Exceso de palabras,
rutina de tópicos,
reaciones y gestos aprendidos
y, en cambio, hay momentos
en los que el único bálsamo es el amor.

Entonces no te diré nada,
sólo lo justo,
mejor dejar que tú hables,
mi respuesta será mi mirada
y en ella, el bálsamo del Amor.

Paciente y servicial,
amigo de la verdad,
humilde, sin jactancia,
amor cuya palabra es el silencio
amor cuya música es la caricia de la mirada
y el abrazo tierno.

Hay mucho dolor en tantos corazones...
Para todo ese dolor,
el único bálsamo: el Amor.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Crisis, crisis, crisis... pero con corazón






Desde todas las esquinas de nuestras ciudades y pueblos surgen la voces de hombres y mujeres que vienen cargados de promesas: los políticos. Prometen, juran y perjuran que harán esto y aquello y que lo harán mejor y más honradamente que los ineptos del otro partido.

Hombres y mujeres maduros, algunos entrados en canas y años que, sin embargo, me recuerda a adolescentes enfadados que encauzan su rabia poniendo verdes a los demás. Unos a otros se echan la culpa de todo. El otro nunca hizo nada bien ni lo hará.

Esos políticos van de aquí para allá en jornadas agotadoras, dando besos y abrazos a diestro y siniestro, levantando sus brazos y manos, gritando como locos a pesar de que tiene micrófonos que amplifican sus palabras, como si quien más grita demostara así la veracidad de sus palabras.

Ellos y ellas, los políticos, vienen cargados de promesas y nos las echan encima todas a la vez, una detrás de las otras porque estamos en crisis, crisis de todo, crisis total. Y nos lo recuerdan enfadados, como si otros entes ajenos nos hubieran metido en esta "crisismanía". Pero...¿acaso no están todos ellos y ellas enterados de cómo funciona el tinglado? Son lobos con piel de cordero. Se hacen los tontos, es el otro, el del otro partido el que lo hace y lo hizo y lo hará mal, es su culpa. Como si no supieran todos y todas, como si no hubieran participado de miles de tretas jugadas en cientos de despachos. Se hacen los tontos, disimulan... y gritan, gritan mucho. Patio de colegiales, mentidero nacional, gran parodia que, un tanto aborregados, aplaudimos y vitoreamos engullidos por la catarsis colectiva del mitín triunfal.

Crisis, crisis, crisis, hay quien ya la bendice porque le llevará al poder. Crisis, crisis, crisis, hay quien la padece día a día, hora a hora, en lenta agonía, las urnas serán su intento de decir algo, de intentar cambiar una dolorosa situación. Otros prescindirán de las urnas, seguirán buscándose la vida como puedan, asqueados de vanas promesas que se olvidan tras los cien primeros días en el poder. Otros se indignan y salen a la calle y buscan decir de mil maneras que así no podemos seguir.

Crisis, crisis, crisis... en medio de ella, hay quien sabe Ver y Escuchar y descorchan la botella que contiene la medicina contra tanto desatino: el Amor. Un amor que tiene toques de honradez (extraña palabra en estos tiempos), de creatividad (alejada de reproches eternos, de discursos repetititvos, de profecías catastróficas, de falsas seguridades para salir del paso), de compasión (padecer con quien padece entrando en comunión activa que busca derrotar a la injusticia), de compromiso (sin fecha límite), de esperanza (sabiendo que la sanación de heridas tan profundas requiere tiempo, paciencia, ir paso a paso sin renunciar a los sueños más lícitos del ser humano), de confianza (la que nace de la sencillez, la confianza en que hay mucho más que vivir, que descubrir, que aportar...).

Falta poco para el Adviento. Que cuando callen los políticos, cuando dejen de gritar desde sus estrados, se escuchen en nuestras ciudades y plazas las palabras del Amor, las que nunca dejan de pronunciarse en las familias, entre los amigos, en el corazón de los amantes, en la vida de los que dan la vida. Que resuene silencioso el anuncio del Reinado de Dios: paz, alegría y amor. Que alguien ponga corazón en esta crisis y nos recuerde que el ser humano tiene recursos dentro de sí para reconstruír lo roto, para restañar heridas, para imaginar y construir un mundo mejor. Que algún Juan Bautista nos hable de verdadera justicia, que nos recuerde que, más allá de las leyes de los mercados y de la mercadería política, hay algo llamado Humanidad y de ella todos y todas somos parte. Que cuando sintamos que como humanos, no podemos y no sabemos más, nos abramos humildes a la Luz que viene de lo alto.

Crisis, crisis, crisis... Que alguien ponga un corazón en medio de la crisis, por favor.

martes, 15 de noviembre de 2011

Enamórate

¡Enamórate!

Nada puede importar más que encontrarse con Dios,
es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras
atrapa tu imaginación
y acaba por dejar su huella en todo.
Será lo que decida
qué es lo que te saca de la cama cada mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces,
lo que rompe tu corazón
y lo que te sobrecoge de alegría y de gratitud.

¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera. 

                                                     (P. Pedro Arrupe)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Paradigmas y para-dogmas

En 1Pe 3, 15-18 se nos anima a los cristianos  a saber dar razón de nuestra esperanza a todo aquel que nos la pida. Creer en Dios y pensar no son opuestos, como no lo son creer en Dios y sentir o creer en Dios y vivirlo en el cuerpo. 

Los paradigmas que los humanos creamos para amparar nuestras creencias y sistemas de valores religiosos o civiles, pueden ayudarnos lo mismo que obstaculizarnos en la vivencia profunda de tales creencias, valores, etc. Las tradiciones deben ser revisadas y criticadas sanamente para potenciar su aporte de sabiduría y eliminar las deformaciones que matan el dinamismo evolutivo propio de la vida en todos sus niveles.

El peligro es que el paradigma se transforme en para-dogma. Entonces nos convertimos los unos para los otros en enemigos, obstáculos a salvar, agresores. Si todos buscamos lo mismo, permitamos que los caminos sean abiertos, diversos, dejemos paso a la creatividad a la alternativa. ¡Cuánto miedo nos da el campo abierto! y, asi, por miedo, vamos muriendo de hambre empachados de enfados y divisiones y, a veces, no sabemos ni porqué, simplemente..."Es que siempre se ha hecho así".


martes, 8 de noviembre de 2011

Enseñar a amar... Aprender a amar.

Sigo pensando..¿Se puede enseñar a amar? ¿se puede aprender a amar? Este vídeo muestra el amor en estado puro. "Quien tenga oídos para oir, que oiga".

lunes, 7 de noviembre de 2011

CREER, ESPERAR, AMAR

"La paradoja estriba en que hay una etapa en la historia personal, en que uno cree que el sentido de la vida se alimenta de proyectos, y otra (¡gracia fundante!) en la que se descubre que el sentido de la vida consiste en CREER, ESPERAR Y AMAR" (Javier Garrido: Releer la propia historia. Sobre los ciclos vitales y sus crisis. Frontera-Hegian 1997)

Creer, esperar, amar... Bien pudiera ser el título de una película "made in Hollywood": la protagonista o el protagonista, tras una ruptura amorosa o tras el derrumbe de su gran empresa, decide dar un giro a su vida, se va a un exótico y sabio país, por ejemplo, la India y termina descubriendo que la clave es creer en uno mismo ("Yes. I can"), esperar ("Lo que tenga que suceder, sucederá") y amar (evidentemente aquí es donde la Julia Roberts de turno encuentra una pareja a su medida que la comprende y enriquece).

Pero... Este guión un tanto manido resulta que es el guión de la vida de no pocas personas. Estoy segura que los seguidores de este blog que tengáis  40 años y más sabéis de qué hablo. En torno a los 40 años, un poco antes o después, cada uno en su momento oportuno (su KAIRÓS), experimentamos la emergencia de un dinamismo interior que nos hace sentir primero que lo de siempre y como siempre ya no vale. Después se siente el peso ingente de varias certezas: he de morir, soy vulnerable, mis seres amados morirán, soy falible, todo es relativo... ¡el sentido profundo no está en lo que hago! y entonces, se experimenta la intemperie de la pura existencia. La crisis de realismo, dirán algunos, "el demonio meridiano" dirán otros. Sea como sea, llega un momento en el que el Ser busca abrirse paso por entre las capas que hemos ido tejiendo en nuestra personalidad y que nos han servido para crear una identidad que, descubrimos ahora, debe morir.

Para un cristiano este es un momento clave. Momento del despertar verdadero a la vida teologal, es decir, de despertar a la potencia inmensa de la FE, de la ESPERANZA y de la CARIDAD, es decir: Se aprende poco a poco a CREER, ESPERAR Y AMAR. Curiosamente ese es el momento del "no hacer haciendo", del dejarse hacer y dejarse ser. Tiempo de la Gracia que debe secundada pero, antes, acogida.

Hace unos días me preguntaba un profesor: "¿se puede enseñar a amar?"  Aún rumio la posible respuesta. Aparacen en mí atisbos: lo primero sería revisar nuestro concepto del amor. Hay formas de amar que no son amor sino mera búsqueda de control, de un placer fácil, de un reflejo amable y positivo del propio ego en el ser amado, formas de amar que sólo buscan en el fondo huir de la soledad o sentirse mejor o bueno...

¿Qué es amar? En cristiano creo que el único referente válido es Dios mismo y...¿Podemos amar como ama Dios? Ahí es donde entra la escuela verdadera del amor: el abandono. Abandonarse en manos de quien ES Amor, como decía antes, es entrar en la vida teologal en la que se deja hacer a Dios en una "activa pasividad".

Por eso, esa crisis existencial que nos atenaza a todos con más o menos virulencia, me parece que no es sino el estertor del hombre/mujer viejo/a que no quiere abandonarse en manos del Amor, que no quiere abandonar los esquemas conocidos y controlables.

La Vida nos invita a ir más allá. De uno depende secundar o no esa llamada. De uno depende cerrar el ser o abrirlo aunque duela. Entonces sí se aprende a amar y quien vive como aprendiz del amor siempre podrá enseñar algo, simplemente su vida se hará lección viva.

Me parece que sería una gran idea crear proyectos "CEA": Creer, Esperar, Amar. Dotar a nuestros alumnos de estrategias y experiencias que hagan que crean en sí mismos, que crean en los demás dejando a un lado ese mar de sospechas que nos atenazan todos y que nos hacen pensar primero de todo mal antes que bien. Guiarles en el gusto por la Espera, por los tiempos dilatados, sin ADSL, los tiempos amplios y serenos del SER. Enseñándoles a Amar con nuestro propio ejemplo, el de unos docentes que aman a sus alumnos, sean como sean.

Algo así pretende ser la EI (Educación de la Interioridad). ¿Nos animamos?


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Otra educación es posible

La Educación de la Interioridad tal y como la propongo, consta de tres contenidos: el trabajo corporal, la integración emocional y la apertura a la trascendencia/Trascendencia. Este vídeo que comparto con vosotros pertenece al colectivo Aprendemos Todos. Resulta sumamente sugerente e interesante y hace referencia a todo cuanto podemos atender trabajando esos tres contenidos y a los dos grandes objetivos de la EI: la unificación de las dimensiones de la persona y la construcción de la unidad con los demás, con el mundo y con el Absoluto.   
Me confirma que no somos pocos los educadores que suspiramos por una auténtica calidad educativa que no pasa por papeleos, tics, etc... sino que, integrando todo eso en la medida en la que es necesario, va más allá quedándose en lo más obvio: el alumno/a, el gran olvidado, a mi modo de ver, en el sistema educativo.
Disfrutad del video y no dejéis de decirme qué os sugiere.


lunes, 24 de octubre de 2011

SERES COMPLETOS

ES MEJOR SER COMPLETO QUE SER PERFECTO (Carl G. Jung)

El anhelo de perfección nos limita. Desde los más diversos "minaretes" los más variados "imanes" nos lanzan mil y una proclamas en pro de la perfección, ya sea ésta estética, profesional o moral. Pero la perfección nos mata, nos enquista,  necrosa el alma.

Intentar ser perfectos, tan sólo el hecho de creer que puede haber algo o alguien perfecto, nos aboca a la ansiedad, a la búsqueda compulsiva, a la frustración constante, al miedo a decepcionar o a ser decepcionados.

El matrimonio perfecto, la familia perfecta, el trabajador perfecto, el amigo perfecto, el creyente perfecto, simplemente ¡no existen!

Pero sí podemos ser en algo perfectos:perfectamente humanos, por ello, totalmente falibles.

Para mí no deseo la perfección, sí anhelo en cambio la "completez", ser completamente yo. Ese "ser completamente yo" me lleva más allá de mi ego inmaduro pero atravesándolo, reconociéndolo y amándolo tiernamente. Conozco y reconozco mis límites y miedos. Los abrazo e integro lo cual me da la neregía necesari para trascenderlos permitiendo la emergencia de mi Ser o Self, de la Esencia de mi misma.

Quien yo soy más allá de lo que hago, más allá de lo que tengo, más allá de la propia auto imagen que he ido forjando, ese Yo sano, profundo e, incluso, Transpersonal, sólo puede manifestarse si mi deseo es ser "completamente yo" mas no "perfectamente yo".

Me da miedo la perfección porque tiende a erigisrse en juez inmisericorde. Me aterra la perfección porque termina expulsando y arrinconando lo distinto y lo imperfecto.

Lo completo, en cambio, acoge todo, abraza todo. Tiende a la plenitud, no a la totalidad. Lo completo es abierto y dúctil, no cerrado y rígido. Sentirme completa me da paz y anula la ansiedad. Así, puedo dejar que tú seas completamente tú sin necesidad de controlarte o de entenderte o cambiarte.

Siendo completamente yo dejo a Dios ser Dios. Dejo a todo ser manifestarse en lo que es.

Quiero ser completamente yo, por eso, sé que es cuestión de Tiempo... El Tiempo del Ser.

lunes, 17 de octubre de 2011

Merecer o no merecer... esa no es la cuestión

Hace ya un tiempo que voy leyendo en diferentes autores y en libros que reflexionan sobre el crecimiento personal, que debemos eliminar de nuestra mente la idea de que merecemos algo. La vida es de por sí injusta y complicada y no siempre recibimos lo que creemos merecer, y el hecho es que, realmente, no merecemos nada. Resuena en esta idea la eterna búsqueda del porqué del dolor del inocente y de la pujanza del culpable que atraviesa todo el AT. La lógica retributiva que decía que al impío le debe ir mal mientras que al justo tiene que irle bien. El libro de Job nos enseñará que tal lógica no se sostiene, que la vida es un misterio y que Dios es un Misterio. Job se enfrenta a la absoluta imposibilidad de manipular la Vida que acontece al márgen de nuestros deseos.

De acuerdo, pero no puedo dejar de preguntarme por qué se nos repite tanto que debemos olvidarnos de merecer algo. Yo sí creo que es lícito que surga en nosotros la idea del "merecer". Por ejemplo, mi fe en un Dios Amor, me lleva a afirmar sin ningún miedo ni vergüenza alguna que todo ser humano es merecedor de amor, merecedor de respeto, merecedor de que se respete su dignidad. 

Existe una Carta Universal de los Derechos Humanos... El ser humano ¿tiene derechos o tan sólo le son otorgados en virtud de un acuerdo universal? pero ¿de dónde surge la idea de que al ser humano se le deben otorgar derechos? y por qué sólo el ser humno ¿Deberíamos redactar una Carta Universal de los Derechos de todos los seres vivos?

En este momento de acuciante crisis económica, miles de personas ven pisoteados sus derechos de forma flagrante. Cuando el dinero se pone nervioso los derechos desaparecen. Es todo volátil y voluble en el terreno de los derechos.

Pero yo sigo poniendo la mirada en Dios. En el Dios Compasión de Jesús. Mirarle a Él no cambia las estructuras injustas de este mundo nuestro. Mirarle a Él no hará que las espadas se conviertan en azadas por arte de magia, pero mirarle a Él si me otorga a mí una mirada diferente y me lleva a afirmar tozudamente que merecemos ser tratados como seres humanos, es decir, con dignidad, con amor.

Me dicen en esos libro que olvide el creer ser merecedora de algo. De acuerdo, lo sé, nada de lo que soy lo he ganado yo, el bien más precioso e íntimo que es mi vida no lo he creado ni elegido yo, se me ha dado. No merezco nada, cierto es, todo es gratuito, todo me ha sido dado. Cierto. Pero también es cierto que algo dentro de mí me dice que yo y que mis semejantes tenemos derecho a ser tratados dignamente. Mi corazón me dice que nadie es más que nadie ni menos que nadie.

Cuando soy tratada injustamente, cuando soy tratada con violencia, cuando se me hace daño o se pisotean mis derechos, algo dentro me dice que eso no es correcto. Puedo llegar a entender las razones por las que tal persona me trata así, pero no puedo justificar el acto en sí. Es aquello de odiar el pecado y amar al pecador. Algo dentro de todo ser huamno le dice que el camino es otro. Algo dentro de cada uno de nosotros nos repite que sí somos merecedores de algo.

Es evidente que nadie merece nada, los acontecimientos de la vida se suceden líbremente, hay quien lo percibe como un escabroso juego de dados: hay a quien le salió a perder en la partida, hay a quien le salió a ganar. ¿Juega Dios a los dados con nosotros? Para mí esa no es la cuestión, para mí la cuestión es qué hago yo. Que la vida parezca un azar supone para mí una llamada de atención a mi comportamiento ético. Si todo a mi alrededor puede derrumbarse en un momento yo sí puedo construir un edifico interior sólido de valores y criterios éticos. Para mí esa norma interior son las Bienaventuranzas, que, precisamente, contravienen toda lógica humana y  me dicen que el justo, el manso, el pacífico, el limpio de corazón seguramente tienen todas las de perder en este mundo, pero son los realmente DICHOSOS.

Por eso, desde mi punto de vista, merecer o no merecer, no es la cuestión. El ser humano, tal y como me enseña Jesús, merecerá siempre todo mi respeto y todo mi amor, incluso mis enemigos. Me supera... sí, pero Él me da su Gracia. Así, crecimiento humano y crecimiento espiritual van de la mano.

jueves, 13 de octubre de 2011

Is 54

Os invito  a leer este pasaje de Isaías. El poema que incluyo a continuación brota de él.

Recogiste mi vida entre tus manos
una tarde de templado otoño
cuando las hojas caídas
presagian
el alimento de la tierra.

Me recogiste inerte
sonámbula en mi propia vida
sin verbo en mis frases
escasa de acción
y apátrida de mi pasado.

Me recogiste,
me retomaste,
me otorgaste carta de ciudadanía,
vestido y hálito.

Me encontré conmigo
en tu mirada
y en tus labios
aprendí mi verdad.

Aprendí a escuchar mi voz
al amparo de tus palabras
y en tus manos toqué
la desconocida suavidad de mi alma.

Me recogiste entre tus manos
una mañana, una tarde, una noche,
el día primero.