La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

jueves, 2 de junio de 2011

CALIDAD Y EXCELENCIA EDUCATIVA

En el panorama educativo nos persigue una letra: la "Q". Nos han convencido de que si nuestro colegio no puede colgar en su fachada esa letra, algo no va bien y, así, un batallón de educadores/as corre tras la "Q" como si del santo grial se tratara.


Pero ¿qué es la calidad educativa? ¿Qué es esa "excelencia" que nos dicen debemos conseguir? ¿Proviene de las programaciones cuadriculadas al milímetro? ¿Proviene de poner en marcha muchos planes educativos? Hace poco un amigo me decía que los que ahora estamos en la cuarentena somos hijos de una educación no tan "excelente" como esta, pero "no hemos salido tan mal". Pues es verdad. Recuerdo mis años de colegio y no sé si mis profesores de entonces programaban mucho o poco, si se basaban en conocimientos, actitudes y valores o en competencias básicas. Desde luego no usábamos cañones en clase (todo lo más nos tirábamos bolas de papel de alumnio) ni hacíamos créditos de síntesis, pero tuve grandísimos y grandísimas educadores/as y también profesores/as patéticos/as, mediocres y hasta "pavorosos/as". Porque estoy convencida de que la calidad y la excelencia educativas no provienen de los medios con los que cuente el centro educativo ni de las programaciones y planes. Todo eso sirve si detrás hay seres humanos. Hombres y mujeres que amen a los/as alumnos/as. Si eso no existe lo demás es "papel mojado".

Me preocupa que por correr tras la famosa "Q" (que en nuestro país en todo caso debiera ser una "C" por aquello de que hablamos de "Calidad" no de"Quality") muchos/as educadores/as se ven agobiados y pierden energía, la energía que deberían poder emplear en estar a tope junto a sus alumnos. Hay quien no piensa así. Pero yo escucho y lo que abunda más es el deseo de dejarse de papelotes y tener más horas con los/as chavales/as que están muy necesitados/as de nosotros/as.

Aún hay otro tema que me interroga. Esa letra "Q" donde debe estar inscrita no es en la fachada de nuestros centros educativos, sino en el corazón de cada educador/ra. Las personas son y deben ser de calidad y excelentes, no los planes educativos. Que no se crea que con esto abogo por hacer las cosas de cualquier manera o por no programar con esmero y afrontar con creatividad e ilusión planes de innovación pedagógica. Nada más lejos de mi intención y de mis convencimientos personales y profesionales. Pero me voy reafirmando en la convicción de que en este momento de nuestra historia o "invertimos" en humanidad o flaco favor haremos a nuestros chicos y chicas. Quiero decir que los/as propios/as educadores/as necesitamos poder recuperar nuestra humanidad de entre el estrés y el ruido en el que todos y todas vivimos.

Mi sueño es que poco a poco vayamos construyendo la escuela del siglo XXI, una escuela que opte por dar a los niños y niñas, a los adolescentes y jóvenes las herramientas necesarias para vivir desde su Ser, para ir acercándose a su Esencia personal. Escuelas gestionadas con un corazón que piensa y con una mente que siente. Escuelas en las que exista una verdadera Comunidad Educativa que integre no sólo a los padres y madres sino al barrio y a toda la sociedad. Escuelas que fomenten el gozo de vivir, de sorprenderse, de reflexionar en hondura. Escuelas serenas, tranquilas, suaves en las que el/la educador/a no sea fagocitado/a por la agresividad de un sistema que le obliga a hacer y hacer sin tiempo para disfrutar de cada uno/a de sus alumnos/as. Si la "Q" nos ayuda, bendita sea y si necesitamos otras letras, que vengan, pero si esa "Q"nos obstaculiza espero que seamos lo suficientemente valientes como para ir más allá y hacer lo que en conciencia debemos hacer que es amar a nuestros/as alumnos/as.


4 comentarios:

nkvd1922 dijo...

Hace tiempo que lo dije en un claustro: Cualquier sistema de calidad, entendido como un TODO, un ABSOLUTO; que deja de lado la creatividad, la espontaneidad... un sistema así:

HACE BUENO AL PROFESIONAL MEDIOCRE
HACE MEDIOCRE AL BUEN EDUCADOR

Lo dije y lo sigo manteniendo.

Un abrazo Elena

Elena Andrés Suárez dijo...

Clarísima forma de expresarlo, totalmente de acuerdo. Por cierto ¿quién eres nkvd1922?

Ignacio Morso dijo...

Querida Elena... has tocado un tema sensible para mi... como coordinador de Calidad (con"C", tienes razón) me veo en la voluntad de hacer un alegato en defensa de una manera de hacer... que NUNCA debe reñir con el compromiso humano de de nuestra labor educativa. Todo esfuerzo en gestión y organización de un Centro que no vaya directamente en beneficio de nuestros jóvenes y del equipo que los atiende, NO MERECE LA PENA.
La "C" que solo busca imagen y figurar, no merece la pena. Y solo persistirá, si hay un equipo de educadores que se lo creen, ven su bondad (que la tiene) y revierte en una mejor intervención educativa.
Un abrazo

Elena Andrés Suárez dijo...

Exacto,NAtxo, la clave son los educadores y educadoras que ponen en práctica los planes, los proyectos... Se trata de gestionar con corazón, no descorazonados, no empresarialmente. Si no perdemos de vista eso que tú dices, que todo revierta en una mejor intervención educativa, entonces podemos jugar con todas als letras del alfabeto, incluida la "Q", un abrazo grande.