La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

lunes, 1 de agosto de 2011

70 veces 7 o el valiente camino del perdón

No todos los días tenemos acceso a noticias tan impactantes por su  hondura humana. Esta tiene nombre propio: AMENEH BAHRAMI. Perdió la vista y perdió su hermoso rostro  al ser rociada con ácido por un hombre al que había rechazado en varias ocasiones. Tras varios años luchando por una sentencia justa, ayer debía cumplirse la ley de Ghesas según la cual, el agresor debía recibir ácido en los ojos de manos de su víctima. Ameneh le perdonó. "El perdón es más importante que la Ghesa y yo quiero actuar correctamente. He luchado durante siete años por este veredicto, para demostrar que una persona que lanza ácido debería ser castigada según la ley islámica, pero hoy le he perdonado porque estaba en mi derecho. Dios habla de la ley de Ghesas en el Corán, pero también recomienda que se perdone".

He aquí uno de esos momentos en los que emerge la grandeza del ser humano. Lo que ha hecho Ameneh nos convoca a cada uno de nosotros y de nosotras. Es un reto: Ameneh afirma que estamos en nuestro derecho cuando perdonamos ¿seremos capaces de ejercer tal derecho? ¿seguimos pensando que el perdón en determindas circunstancias es una debilidad, una falta de personalidad, una renuncia a triunfar a través del odio, de la venganza o del despecho? ¿creemos que es mayor derecho el derecho a la venganza o el derecho a perdonar?

Elegir perdonar o elegir castigar, elegir perdonar o elegir odiar, elegir perdonar o elegir expulsar de nuestras vidas a quien nos dañó. Podemos elegir, es el gran vértigo de la libertad humana. Y hay más: ¿dónde está el límite para el perdón? Jesús nos responde con un categórico "setenta veces siete", es decir, un perdón total ya que el siete es el número que simboliza la plenitud, por lo tanto Jesús señala hacia un  perdón siempre, en toda ocasión. Resulta escandaloso para la mente humana, para nuestra lógica que sigue teniendo mucho de retributiva: tal has hecho, tal mereces.

Dios es per-don, es decir, el don superlativo ya que tal es el significado del sufijo "per". Dios es Aquel que se da sin límite alguno. La decisión de Dios es dar-se y ese don total de sí es el per-dón. Dios es Amor, cuando Dios se da, no puede dar sino Amor. Así, per-donar es Dios amando sín límites. Por ello quizá sólo el perdón es capaz de recrear la realidad porque sólo el amor nos crea. Siendo un hecho que el ser humano es un ser limitado e imperfecto, inclinado al pecado, únicamente un Dios per-dón puede ser condición de futuro para nosotros. Un Dios-juez inmisericorde nos aboca al infierno de la eterna culpabilidad. El Dios perdón que se nos muestra en Jesús nos libera con su misericordia. Tal liberación pone en funcionamiento mecanismos internos de gran potencia quedando capacitada la persona para ser adentrada en otras honduras que le permiten responder de forma alternativa a los acontecimientos, dando respuestas que no nazcan del ego, sino de su Ser o Esencia, desde allí donde es habitado por el Amor y de donde brota el Amor.

El perdón de Ameneh obliga a mirar más allá. Es un perdón que señala a otra realidad más profunda y misteriosa. La valentía de esta mujer al ejercer su derecho al perdón cercenando la cadena de dolor que se hubiera prolongado en el castigo de su verdugo, se transforma en una llamada para todos y para todas, pero especialmente para los que nos llamamos creyentes. Ameneh ha optado por el perdón porque como ella misma dice, Dios recomienda que se perdone. Los cristianos, seguidores de un Dios crucificado que perdona desde la cruz, deberíamos hacer del perdón un modo de vida. Para ello no queda más remedio que abrirse al don... abrirse al perdón de Dios: sólo quien se ha sentido perdonado puede perdonar. El primer paso, entonces, será reconocerse necesitado del tal perdón, reconocerse pecador. Finalmente el camino del perdón será el camino de aquel que valientemente reconoce su culpa y se deja perdonar abandonándose en un Amor que supera toda lógica y que nos capacita para hacer nosotros lo mismo.

2 comentarios:

Ignacio Morso dijo...

Gestos como los de AMENEH BAHRAMI nos recuerda que la última palabra puede ser el Perdón, es una opción, una apuesta más humanizadora, Dios lo hace posible, Alá lo hace posible... Él no entiende de religiones, solo entiende de Amor. Gracias, Elena por esta semilla de bondad.

Martin dijo...

Mirar más allá, y tanto que debemos hacerlo, sólo así seremos capaces de salir de nosotros mismos y vernos desde el Otro, que nos invita a ser como El.
Gracias, Elena.