La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

jueves, 6 de octubre de 2011

"Ruego a Dios que me vacíe de Dios"

Hoy me preocupa profundamente que aquellos que profesamos una religión, sea la que sea, hagamos de ella algo etéreo, vacío de sensibilidad hacia nuestros prójimos. Me preocupa que las religiones se sientan satisfechas de sí mismas y pierdan la necesaria capacidad de ser críticas en primer lugar con ellas mismas. Me preocupa que los creyentes de esas religiones nos conformemos con cumplir rito tras rito con escasa o nula referencia al misterio que hay detrás y que nos habla de que somos uno. Me preocupa que, aún en el siglo XXI, en nombre de Dios, establezcamos todo tipo de rivalidades. Me preocupa que absoluticemos estructuras humanas convirtiéndolas en pesados fardos que cargamos a las espaldas de nuestros hermanos.

En el caso del cristianismo me preocupa aún más, porque nuestra referencia es un Dios encarnado que concreta su entrega amorosa en el don de su vida. Dios muere para que el ser humano viva. La Institución que llamamos Iglesia, tantas veces ha matado y ha dejado morir al ser humano para que perviva una imagen de Dios. No debiéramos olvidar la Historia de la Iglesia, por un lado para ver los logros conseguidos y no renunciar a ellos, sobretodo a la corriente de renovación que trajo el Concilio Vaticano II, pero recordar también para ver que la Iglesia fue y sigue siendo una institución llena de fallos, de brechas. Y, todo ello, desde sus mismos orígenes. Se trata de un recuerdo que nos haga estar alerta, no olvidar lo falibles que somos, lo falible que es la Iglesia, y así, crecer en humildad y humanidad.

Me deja siempre sin palabras el hecho de que Dios no deje de contar con nosotros para llevar adelante su plan de Amor. Ni Israel, ni la Iglesia, ni el resto de religiones que son destellos de una misma Luz, sabemos ser fieles a tal Amor. Todo lo complicamos, todo lo empañamos con nuestros miedos. No soportamos que Dios sea Libre, pura Libertad. Intentamos acotar continuamente su misericordia, su Amor sin límites. Me enamora el ser humano, sí, pero a veces también me cansa y hasta me asquea cuando saca a relucir lo peor de su condición, cuando se hace esclavo de estructuras que él mismo ha creado y las "diviniza" volviendo a hacer al ser humano esclavo del sábado. Es estremecedor que la perla pura del Amor de Dios elija vivir en corazones tan egoístas y cerrados, se críe en medio de psicologías a medio hacer o incluso enfermizas. Dios aparece en la Cruz y en el ser humano como "Tododebilidoso".

Continuamente manipulamos a Dios, tomamos su nombre en vano, decimos con tanta facilidad "esto es de Dios" "esto no es de Dios"... Menos mal que Él es infinitamente misericordioso y su sabiduría conoce caminos que a nosotros se nos escapan. Menos mal que la justicia divina no es ira divina, como nos dicen los profetas del AT, sino misericordia que se ríe del juicio, como se manifiesta en Jesús.

Pero, a veces, lo confieso, desearía que Jesús viniera a restañar el látigo y a decirnos claramente lo hipócritas que somos, la manera en la que nos adueñamos de la Casa de Dios que es el mundo entero, cada hombre, cada mujer...

¡Qué imprescindible es dejarnos hacer por Dios! En horas de silencio y presencia, dejarnos desnudar, dejar caer todas las capas que nos defienden de la Presencia, dejarnos llevar al más puro vacío. Más allá de las palabras, ser adentrados en la Palabra, más allá de ella, finalmente, ser tomados y dejar que Dios sea Dios.

Con Maese Ekchart, "ruego a Dios que me vacíe de Dios". Por eso, relativizad todo cuanto acabo de escribir, y tomadlo como una simple confesión.

2 comentarios:

Ignacio Morso dijo...

Si lo que nos moviera fuera la sed... la sed de amor, de justicia, de humanidad,... mucho nos queda por dejarnos pulir... nuestros protagonismos e intereses nos traicionan... y nos distancia de una propuesta cargada de vida para dar vida... nos queda no dejar de aprender, no cansarnos de intentarlo, ... y sobretodo, dejarnos hacer por Aquél que es pura entrega. Gracias por mantenernos vivos....

Elena Andrés Suárez dijo...

ASí, es, Natxo, nos queda mucho por pulir, a todos, pero.. eso es la vida, una oportunidad para desplegar nuestro auténtico Ser. Un abrazo.