La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

jueves, 14 de junio de 2012

Acudo a ti, Dios mío



Acudo a ti, Dios mío, a tu amparo, a tu sabiduría, a tu luz y tu abrazo,
acudo a ti agotado/a de buscar fuera lo que tan sólo mora dentro.
cansado/a de padecer las mareas cambiantes de los pensamientos,
exhausto/a de tanto sentimiento a flor de piel que me deja maltrecho/a el ser
y hasta el cuerpo.

Acudo a ti, Padre/Madre mío/a,
a mi Fuente Primera,
al Soplo del auténtico Espíritu
que reanima mis tejidos,
las junturas de mi alma y cuerpo.

Acudo a ti,  yo hijo/a pródigo/a,
arrastrando los jirones de mi dignidad
en la esperanza cierta de que tu abrazo la habrá de restaurar.

Acudo a ti tras caminar lo que a mí me toca caminar,
acudo a ti en plena consciencia
de que tú eres infinitamente más que yo
pero inscrito/a en mí,
yo, sí, hijo/a tuyo/a,
pero llamado/a a dejarte nacer.
Tú, sí, Padre/Madre mío/a
pero naciente en mí.

Acudo a ti, Dios mío, Dios nuestro,
que te haces hijo/a de mis entrañas
en este nacimiento interior que no cesa.
Naciendo Tú, vivo yo,
naciendo Tú, liberas mi Ser
y así, en abrazo de Amor,
Somos los dos,
somos Lo Que Es.

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