La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

miércoles, 25 de abril de 2012

Accesos cerrados

Me he dejado la llave dentro de casa. Nadie más tiene la llave. Respiro hondo, no pasa nada. Llamo al cerrajero. Me dice que será cosa de un momento pero... ¡oh cielos! el momento se transforma en dos horas y media. 

Observo como el cerrajero se desespera al comprobar que el mal estado de la puerta lo pone todo muy complicado. Incluso llama a los refuezos: dos cerrajeros intentando abrir la puerta de mi casa.

Sentada en un escalón repaso los pasos dados...¡Ay, si no me hubieran llamado por teléfono justo al salir de casa! ¡si hubiera...! Pero no me fustigo. Siento una extraña tranquilidad. Hechos consumados que no dejaré que me consuman la energía. Anulo mi visita al masajista (llevo una contractura horrible en la espalda), me quedo sin tiempo de hacer todos esos recados que necesitaba hacer. No pasa nada, calma...

Según pasan las horas (¡dos horas y media!) pienso que al menos tengo una casa. Hago memoria de todas las cosas bonitas y agradables que hay dentro...¡Soy afortunada! Una casa acogedora a la que regresar. Esto de estar en el portal no es nada cómodo. ¡Cuántos hombres y mujeres tienen que conformarse con el "portal del mundo" porque no les dejamos pasar a casa!

Entonces pienso en todos los accesos cerrados a tantos y tantas: el acceso a la educación, el acceso a la sanidad, el acceso a un hogar digno, el acceso a un trabajo, el acceso al agua potable, el acceso a la igualdad de derechos... ¡Demasiadas puertas cerradas!

El cerrajero aporrea la cerradura con todo tipo de herramientas. Escucho los golpetazos. Claro, cuando las bisagras y las cerraduras no están bien, cuando no se cuida de los puntos de acceso, luego cuesta mucho abrirlos. Viene a mi mente la Iglesia, mi casa dentro de la gran casa de la Humanidad. En ella también hay demasiados accesos cerrados. Puertas y ventanas que un concilio intentó abrir para ventilar el ambiente pero que, poco a poco, se han ido cerrando. Hoy casi hay que aporrear para que se abran.

Por fin se abre la puerta. Han traído una sierra, cortan el metal y saltan chispas...¡Sí, saltan chispas cuando intentamos abrir accesos, incluso accesos a Dios! Jesús hizo saltar tantas chispas que tuvieron que acabar con él. Increíble cerrajero Jesús... Él nos ha abierto el camino de regreso a Casa, a Dios, a través de su cuerpo abierto.



Tras la lluvia de chispas, se abre la puerta y ¡qué alivio! Casi entro saltando y cantando...¡Hogar dulce hogar! 

Ojalá seamos hábiles cerrajeros/as, pacientes, capaces, arriesgados y consigamos abrir las puertas encajadas, hacer saltar las cerraduras que no dejan entrar y salir líbremente. Eso sí, espero que seamos capaces de hacerlo gratis porque...¡Dios mío, qué factura!

lunes, 23 de abril de 2012

"Al final todo acabará bien y si no acaba bien es que aún no es el final"

En medio del ambiente general que respiramos últimamente, se agradece un mensaje como el de la película "El exótico hotel Marigold". Se agradece, y mucho, que se nos introduzca en la vida de unos jubilados que deciden no hacer lo que todo el mundo cree que les toca hacer y se lanzan a la aventura de vivir el último tramo de su vidas líbremente, al encuentro de sus deseos más hondos. Es de agradecer que la película nos haga conocer a un joven que tiene sueños y ama. 

"Al final todo acabará bien y si no acaba bien es que aún no es el final" Esta es la cantinela vital del joven dueño del hotel Marigold. Ya en el siglo XIV Juliana de Norwich escuchó en su corazón algo similar pronunciado por Jesús: "Todas las cosas, sean cuales sean, acabarán bien".

Esta película vuelve a recordarnos que la vida es un viaje hacia el centro de nosotros mismos. Podemos ir lejos, a lugares exóticos, pero nada cambia si el cambio no se opera en nuestro interior. Cada uno de los ancianos que llega a la India lo hace motivado por una búsqueda, por una inquietud, por un sueño y todos confluyen dentro del gran sueño del joven que regenta el hotel. Es una sinfonía coral en la que todos van siendo partícipes de los sueños de todos. La magnífica actriz Maggi Smith representa al personaje de la anciana ex-sirvienta que operada de la cadera, se convertirá en la catalizadora del dinamismo final que permita a todos ir al encuentro de sus sueños. Resulta hermosísimo el encuentro de esta mujer y la intocable que la atiende, dos mujeres de culturas diferentes que viven una realidad común: ambas pertenecen a una "casta" que las ha hecho intocables, a una por su pertenencia a una casta hindú, a la otra por la oculta "intocabilidad" generada por las clases inglesas. Esta mujer, sin embargo, vivirá la eclosión de algo nuevo en su interior que le permitirá romper todas las barreras y abrir la puerta a la cristalización de un gran sueño común: el Hotel Marigold.

Como decía, en medio del ambiente general que parece invita a todo menos a soñar, una película así nos recuerda que el ser humano puede soñar, es más, debe soñar porque de lo contrario la vida se apaga, se llena de normas y límites que nos empequeñecen. Y nos ofrece la posibilidad de soñar unidos, porque aunque parezca que los sueños de unos y otros son distintos, en el fondo late el sueño común de todo ser humano: la felicidad, concretada en el hecho de amar y ser amado y de sentirnos útiles para nuestros semejantes.


Necesitamos más exóticos hoteles Marigold que pongan una nota de humanidad, color y empuje en medio de tanta mediocridad, de tanto gris, de tanto egoísmo y frialdad. 

No me extraña que la película esté ambientada en la India... Difícil lo tenemos en occidente, pero... ¡Todo acabará bien, y si no es así, es que no ha llegado el final!

viernes, 6 de abril de 2012

¡GRACIAS!

Mi trabajo es un privilegio y trae consigo siempre el regalo de poder conocer personas increíbles y vivir experiencias que me enriquecen sobremanera. Esta semana santa estoy viviendo la gozada de compartirla con un grupo de hermanos de La Salle de la zona de Andalucía. Estamos en Sevilla (por cierto, que es cierto que "la lluvia en Sevilla es una maravilla") compartiendo un retiro que termina hoy. Ayer celebramos el Jueves Santo de una forma sencilla y deliciosa que nos dejó este regalo, la acción de gracias que escribió el hno. Manolo Ramiro, todo un poeta, hombre profundo y sensible. Le he pedido permiso para compartirla con quienes leéis este blog porque creo que a todos os hará bien, como a mí me lo ha hecho. ¡GRACIAS!


“Niño, ¿qué se dice?”… Lo recuerdas, ¿verdad? ¡Cuántas veces nos lo repitieron nuestras madres! ¡Hay que decir “gracias”; hemos de ser agradecidos; hay que dar las gracias.
Lo cierto es que, a través de un extraño proceso, muchos hemos terminado pensando que nos lo merecemos todo y que todo nos pertenece por derecho. Y se nos ha ido apagando, quizás, el sentido de la gratitud mientras crecía, fortaleciéndose, el de la exigencia. ¡Qué ceguera, Dios mío!
Sí, Señor, porque si abrimos bien los ojos; si miramos con profundidad a nuestra vida, descubrimos con asombro y humildad que todo es don; que todo es gracia. Y nos viene enseguida a la mente la reconvención de nuestras madres: “Niño, se dice, gracias.”
Lo acabamos de oír; lo acabamos de contemplar; lo acabamos de vivir: Jesús, elevando los ojos al cielo, te dio las gracias, bendijo el pan y se lo pasó gratuitamente a sus discípulos, diciendo: Haced esto en memoria mía. O lo que es lo mismo: entregad la vida a los demás. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.
Es tan abrumador tu amor, son tantos y tan extraordinarios tus detalles –“¡qué detalles, Señor, has tenido con nosotros¡”, “si los cuento son más que arena…  si los doy por terminados, aún me quedas Tú”- que, como dice la canción, “¡no sé cómo alabarte, ni qué decir, Señor!”.
En esta tarde sagrada de Jueves Santo te doy gracias por todo; porque Tú eres, Señor, para nosotros, bondad sin límite, pura misericordia, sobreabundancia de amor…
Permíteme, Señor, poner nombre a tus detalles; señalar tus gestos de amor; y subrayar, a bote, pronto –“de la abundancia del corazón habla la boca”- sólo algunos:
*      La vida, que Tú nos regalas y que nos invitas a vivirla y repartirla gratis y en abundancia.
*      La ilusión de ser útiles para los demás: nuestros hermanos, nuestros chavales, sus padres… las personas todas que pones en los cruces de nuestros caminos.
*      La esperanza unida al trabajo por un mundo mejor, una sociedad nueva, una Iglesia más evangélica… que son tarea y gracia para nosotros.
*      El amor que nos manifiestas en la acogida, la sonrisa, el perdón… de quienes comparten su vida con nosotros.
*      La hermosa vocación a la que nos llamas; la estimulante misión que nos encomiendas; los corazones de los niños y jóvenes a los que tenemos que tocar con tu ternura.
*      La familia: nuestros padres ya mayores, y nuestros hermanos que luchan la vida entre sufrimientos y gozos; ellos nos enseñaron y nos enseñan que vivir es convivir, sí, pero sobre todo, desvivirse.
*       Y la comunidad, que es nuestra familia; y la fraternidad que cura nuestras fragilidades y nos hace humanos y hermanos. La fidelidad trabajada de los mayores y los sueños, a veces ingenuos, de los jóvenes.
*      Y en la comunidad fraterna, el silencio elocuente que habla, y la palabra sencilla y valiente que acoge, aúpa, reconoce…  nos ayuda a crecer y nos lanza al compromiso.
*      La Palabra con mayúsculas –tu Palabra- que es vida, luz, fortaleza, y sentido en nuestro peregrinar. Que nos orienta y nos abre caminos.
*      La Eucaristía –tu Cuerpo y tu Sangre- encuentro contigo, el Dios que salva, y compromiso con el hermano que busca y necesita salvación.
*      Tu vivir y morir para los demás. Tu vida que muere, entregada como el grano de trigo; y tu vida resucitada que provoca un incendio incontrolable de vida. “Os he dado ejemplo para que así lo hagáis también vosotros”.
*      Tu fe en nosotros; tu confianza; tu quedarte con nosotros, tu ser para nosotros, tu estar en medio de nosotros… de rodillas, a veces, lavándonos los pies, pero siempre “como quien sirve”.
*      Y hoy te damos gracias por María, la Madres, y su sí incondicional a tu plan de salvación; por Juan de La Salle y por los Hermanos y educadores que siguiendo su estela te aman y te sirven en los niños y jóvenes necesitados de amor y de sentido; hambrientos y sedientos de salvación.
*      Y por Agustín, Pepe, Jesús, José Luis, Saturnino, Antonio, Miguel, Crescencio, Juan, Valentín, el cura Esteban… con quienes tenemos la suerte de compartir tantas cosas. ¡Son tan buena gente!
*      Y por Elena y su hondura espiritual, sus palabras vividas, sus canciones y su guitarra… que nos ayudan a vernos por dentro; que acortan el espacio inexistente entre Tú y nosotros.
*      Y por el agua, el sol, la brisa, el alimento, el vestido, la salud, el descanso… esos dones que apenas apreciamos, ¡tan acostumbrados estamos a ellos!
*      Y en estos días, te damos gracias por Juliana de Norwich y sus revelaciones. Ella nos recuerda que Tú, nuestro Dios, eres Hermano, y Padre y Madre; y amor y paz; y cuanto es bueno y consolador. Y que eres creador, protector y amante. Que nos haces dulces y humildes. Y que estamos misericordiosamente encerrados en tu dulzura, en tu mansedumbre, en tu benignidad. Que estamos seguros y salvados por tu misteriosa protección, de manera que no pereceremos…
Te doy gracias, Señor, por todo; y porque todo, sea lo que sea, acabará bien; porque aunque a veces se nos antoja estar aplastados bajo el peso de las tinieblas y de la muerte… ¡estamos amenazados de resurrección!
“Niño, ¿qué se dice?”. “Hermano, ¿qué se dice?...
Vivid, nos recomienda el apóstol, dando gracias siempre y por cualquier motivo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.
“Gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, a los de matrícula y sobresaliente, y se lo has revelado a los pequeños e ignorantes –a nosotros- que apenas si raspamos el aprobado. Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien”.
GRACIAS por todo, Padre, Madre, Hermano… Dios.

jueves, 5 de abril de 2012

Infinitos son sus nombres


DÉJATE QUERER, PARA PODER QUERER

Infinitos son sus nombres: Unidad Divina que todo lo conecta (norte, sur, este, oeste, arriba, abajo y dentro); la Madre Tierra que nos da la vida, nos sustenta y nos cuida; La siempre brillante Luna protectora y sabía; las lágrimas de Ra (el Sol) que al caer sobre tierra modelaron del desierto a la humanidad; el Padre de todo que al exhalar su hálito de vida sobre el barro dio origen al hombre y a la mujer; La Luz que nos alumbra, nos guía y muestra el camino; la… ; el…

¿Cómo entender semejante grandeza desde nuestro ser finito? Quien haya probado sólo un instante la “infinitud” de alguno de sus nombres ya ha probado parte de la inmortalidad que nos espera. Para algunos será volver a esa corriente de la Unidad Divina; para otros volver a la Madre Tierra o a las arenas del desierto y resurgir de ella; para otros acceder a otra vida con una Luz que jamás se apaga y da un calor eterno.

Sólo en la Soledad de estar con uno mismo, sólo en la soledad de la vida (esa que alguna vez todos sentimos), sólo en ese ser y sentirse “vulnerable”, sólo en ese momento donde afloran los “miedos” es donde sentimos la breve, pero intensa experiencia de la inmortalidad. ¡Ese silencio que tanto miedo nos da y al que muchas veces nos resistimos ha de ser tan intenso, tan vivido! No hay otra manera de llegar que cruzar el desierto de nuestro corazón en total silencio y en total soledad.

Y es ahí, en ese momento, cuando salen todos nuestros “dragones” cuando aparece Él o Ella, como un Padre o una Madre que vela a nuestro lado, como una Madre que está junto a su hijo doliente queriéndote con todo su corazón. Es entonces… cuando sentimos ese amor de madre que mitiga lo más hondo de nuestro ser. Es entonces… cuando la palabra AMOR cobra sentido, porque en ese estado interior de plena escucha es cuando uno se siente amado por… (ponle el nombre que quieras), se siente amado por… esa Madre tan cercana, es en ese estado donde se disuelven nuestras culpas, nuestros miedos, nuestras faltas, nuestras “paranoias”, nuestros…, nuestras…

En ese lugar interior, además, es donde experimentamos un cariño liberador; aprendemos a querer más limpiamente porque nos hemos sentido queridos de verdad. Ya no importan nuestros “fallos”, nuestras “culpas”, nuestros “sinsentidos”… Ya no importan el “mal” que hayamos hecho o nos hayan podido hacer, Ya no importan… porque la razón que nos mueve es querer al que tenemos al lado, a quien vemos y a quien no vemos.

La invitación es clara: Haz silencio todos los días, conéctate al “Todo que te quiere” (usa el nombre que quieras usar) y déjate querer (afectar) como un niñ@ por su Madre.

(Texto de Emilio Murugarren, desde Irún. Mila esker, Emilio! Gracias por recordarnos que podemos conectarnos a "Todo lo que nos quiere", a Dios Padre/Madre, allí en "ese lugar interior donde experimentamos un cariño liberador.")

miércoles, 4 de abril de 2012

"Todo acabará bien": el paso de lo "no visto" a lo percibido

El título de esta entrada es una frase de Juliana de Norwich (1342-1417), el eco de una experiencia interior, de una revelación que apenas duró veinticuatro horas pero que ella fue desplegando y comprendiendo durante veinte años antes de escribir nada.

"Es cierto que el pecado es la causa de todo este sufrimiento, pero todo acabará bien y cualquier cosa, sea cual sea, acabará bien"

A lo largo de su libro, Juliana irá comprendiendo esta esperanzadora frase. Ella se preguntará porqué existe el pecado, pregunta universal, pregunta que azota el corazón de los creyentes. Si Dios es Amor, si Dios es bondad... ¿por qué el Mal, por qué el pecado? Juliana nos dice que pensar así es locura una vez que se es adentrado en la experiencia interior: "Y así, en mi locura anterior, me preguntaba a menudo porqué la gran sabiduría presciente de Dios no había impedido el comienzo del pecado. Pues entonces, me parecía, todo habría estado bien". Quizá sí, quizá sea una locura pretender imaginar un mundo sin mal. Quizá la locura sea hacer a Dios responsable de la existencia del mal. Sea como sea, la respuesta que le es revelada a Juliana es honda, hermosa y rompe con todos los esquemas prestablecidos. 

Ese "todo acabará bien" no hemos de entenderlo como un "happy end" de película americana. "Todo acabará bien" quiere decir que todo viene de Dios y todo se dirige a él, que de su Amor venimos y hacia su Amor vamos y mientras, en este "interim" de la historia humana se nos da la posibilidad de desplegar la creación asumiendo nuestra reponsabilidad, pero, a la vez sabedores de que nosotros no disponemos de la perspectiva necesaria para comprender el hilo conductor de la historia de la humanidad. 

El relato de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35) puede servirnos para compreder qué quiero decir:
Dos discípulos caminan, alejándose de Jerusalén, inmersos en la desesperación tras la Pasión de Jesús. Es un dolor normal, es lícito. Entonces Jesús Resucitado se acerca desde fuera de la situación, no atrapado en ella puesto que el viernes santo ya pasó. De este modo, él resitúa a los discípulos permitiendo primero que se desahoguen, que expliquen la razón de su dolor, de su decepción, eso les permite tomar distancia de su pulsión. Entonces les explica el sentido de toda la historia de la salvación a la luz de su Pasión. Les da a entender que el proceso forma parte del camino y que eso es precisamente lo que nos hace grandes. El proceso nos permite alcanzar dimensiones nuevas y eso mismo es lo que el Señor nos ofrece.

Más tarde, al marchar Jesús, al reconocerle los discípulos, se preguntarán "¿No ardía nuestro corazón?". La clave interpretativa que les ha ofrecido Jesús les ha dado luces que ellos por sí solos no tenían, claves que les permitiron a ellos y nos permiten a nosotros traspasar las oscuridades. Esa es la cuestión, no que desaparezca el mal como por arte de magia, no que todo cambie de golpe, sino que Dios nos da la luz necesaria para ir comprendiendo nuestra realidad, personal y colectiva.

Que "todo acabará bien" quiere decir que Dios sabe cómo y cuándo, todo se hará pero no sabemos cómo. No podemos vanalizar el lento devenir de la obra de Dios. Se nos da para avanzar con confianza y esperanza pero no para sacar rápidas e ingenuas conclusiones sobre "la facilidad del existir".Sucede como con los trapecistas: cuanto más abandonadamente se lanza el trapecista hacia su compañero, mejor es sostenido. Es la Pascua: el paso de lo "no visto" a lo percibido.


martes, 3 de abril de 2012

"Dios sólo puede amar"


Vamos acercándonos al Misterio impresionante de la Muerte y Resurrección de Jesús. Muchos cristianos en todo el mundo meditaremos estos días sobre el significado de los tres días más densos de la vida de Jesús, días cargados de una hondura tal que, año tras año, necesitamos detenernos y contemplarlos con el corazón.

La Pascua de Jesús pone ante la mirada del corazón el hecho de que un hombre bueno es acusado de delitos políticos y religiosos, traicionado y asesinado cruelmente por ello. ¿Cómo es posible? ¿No es ese hombre de Nazaret alguien que "pasó haciendo el bien y curando a los enfermos? ¿Hay algún mal en ello? ¿Es posible que la más pura bondad ponga en peligro las poltronas del poder politico y religioso? Pues parece ser que sí, parece ser que esa radical e inquebrantable bondad, no exenta de denuncia de lo injusto y equivocado, sacó de quicio a políticos y religiosos. No hubo perdón posible, tenía que morir...

Y todo en nombre de Dios o de los dioses: los judíos le tachan de blasfemo por lo tanto, en nombre de Yahwéh debe morir como un maldito, a las afueras de Jerusalén. Los romanos no pueden admitir más Dios que el César, no pueden exponerse a una sublevación, debe morir para que todos queden tranquilos.

Entre otras muchas cosas, se encuentra entre líneas la manía (por llamarlo de algún modo) que tenemos los seres humanos de proyectar en Dios nuestras iras y miedos. Para calmar a Yahwéh Jesús debe morir, curiosamente en la Teología cristiana también se ha afirmado que la muerte de Jesús aplaca la ira de Dios... ¿Qué ira? Dios no puede estar airado, porque Dios es amor y el amor nunca es colérico ni iracundo. El amor tan sólo se aíra contra la injusticia y la mentira (recordemos el episodio de la expulsión de los mercaderes o los calificativos que Jesús dedica a los fariseos por el hecho de que atan pesadas cargas a los pequeñuelos alejándolos de Dios). Juliana de Norwich, mística del siglo XIV afirma: "Nuestro Señor Dios no puede perdonar porque no puede estar airado -eso le es imposible-. Pues esto se me reveló: que nuestra vida está totalmente fundamentada y enraizada en el amor, y sin amor no podemos vivir. Y por lo tanto, el alma a la que Dios concede esa gracia especial penetra en su gran y maravillosa bondad y ve que estamos eternamente unidos a él en el amor, que es de todo punto imposible que Dios se encolecire, pues cólera y amistad son dos contrarios. Él disipa y destruye nuestra cólera y nos hace dulces y humildes (...) Y vi que donde nuestro Señor aparece, lo hace aportando la paz y no hay lugar para la ira" (Libro de las visiones y revelaciones).

Con lenguaje más actual, el año 2003, el hno Roger de Taizé lo expresaba así en una carta a los jóvenes: «Dios sólo puede amar»: esta certeza ha sido expresada por un pensador cristiano del siglo VII, San Isaac de Nínive. Llegó a esta conclusión después de haber estudiado largamente el Evangelio según San Juan y meditado las palabras "Dios es amor" (1Jn 4,8). Más que nunca, hoy importa recordar: el sufrimiento no viene nunca de Dios. Dios no es el autor del mal, Dios no quiere ni la angustia humana ni los desórdenes de la naturaleza, ni la violencia de los accidentes, ni las guerras. Comparte el dolor de quien atraviesa la prueba y nos concede consolar a quien conoce el sufrimiento.

Lo de la ira es nuestro, de los hombres y mujeres. Nosotros sí no airamos y con no poca facilidad. Nosotros rápidamente buscamos culpables o nos culpabilizamos, entonces, en pura lógica, alguien debe "pagar". Pero lo de la culpa es algo totalmente egoíco, es puro autocentramiento. Lo contrario es el arrepentimiento. Arrepentirse es reconocer el mal causado, admitir la parte de responsabilidad en ello pero sin derrumbarse. Jesús en los evangelios continuamente pronuncia el hermoso "vete en paz". La paz que Jesús nos da "disipa y destruye nuestra cólera y nos hace dulces y humildes".

Contemplar a Jesús camino del Calvario no quiere decir que Dios enfadado, airado, encolerizado descarga sobre él toda esa ira porque de lo contrario nos destruiría a nosotros. Camino del Calvario Jesús nos redime de nuestras imágenes deformadas de Dios y evidencia a un Dios que es única y exclusivamente amor. Sí, efectivamente, Dios sólo puede amar.

lunes, 2 de abril de 2012

Sexualidad, crecimiento personal y espiritualidad II

Hace ya tiempo comencé en este blog una pequeña reflexión en torno a la sexualidad, el crecimiento personal y la espiritualidad. Hoy deseo añadir un peldaño más a esa reflexión.

Soy un ser sexuado. Mi ser mujer o mi ser hombre no es algo secundario en mi forma de ver y de sentir el mundo, las relaciones. 

La sexualidad tiene que ver y mucho con la identidad, con el mi-mismo. En la respuesta progresiva al "¿quién soy yo?" hay una primera auto definición: soy varón o soy mujer (no entraré en el tema de la homosexualidad y de la transexualidad porque creo que supera con mucho el objetivo de estas reflexiones pero no porque no entre dentro del tema que intento desarrollar).

Ser varón o ser mujer conlleva una configuración física e incluso cerebral (hay estudios muy interesantes sobre la diferente configuración del cerebro masculino y del femenino recomiendo a quien le interese el libro "el cerebro femenino" de Louann Brizendine). Ser varón o mujer, por lo tanto, otorga formas diferentes de ver y de sentir el mundo, ojo, digo diferentes no mejores ni peores.

Ciertamente a ser varón o mujer también "nos enseñan". El tipo de sociedad en el que nacemos nos irá diciendo "qué es propio de cada sexo", resulta curioso que en todas las culturas se da la diferenciación de papeles y ocupaciones en virtud del sexo, sin embargo, en toda sociedad siempre ha habido individuos que se han alzado en contra de los límites impuestos por el género. Hoy, gracias a Dios, el varón reclama para sí la posibilidad de ser tierno, de ser padre, de ser intuitivo, de ser cariñoso, algo que hasta hace poco parecía patrimonio exclusivo de la mujer.

En lo que a la espiritualidad se refiere, la vivencia de Dios viene mediatizada también por nuestro sexo. La forma de expresar la relación con Dios en el varón y en la mujer tienen toques diferentes.  Por eso me parece que es de extrema necesidad alternar en la lectura espiritual, en los estudios teológicos, en el acompañamiento espiritual las voces masculinas y las femeninas, de lo contrario siempre andamos "cojos" o "tuertos".

De Dios no podemos decir que sea varón o mujer. Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, comenzó a llamar  a Dios Padre/Madre... Hemos de repensar y recrear con audacia nuestras metáforas acerca de Dios. Del mismo modo que la metáfora de un Dios Rey encuentra dificultades de comprensión en el siglo XXI, del mismo modo que el Dios-Juez nos chirría por dentro cada vez más, el Dios únicamente Padre se nos queda incompleto sobretodo porque en el AT las características con las que se describe a Dios en muchos momentos son más cercanas a la maternidad.

Orar con el cuerpo y en el cuerpo podría tener que ver con conectar con las peculiaridades que percibo en mi "ser mujer" o en mi "ser varón" y hacerme consciente de que acojo a Dios en tanto que mujer o varón y, a partir de ahí, abrirme a un Dios masculino y femenino, un Dios cuyo amor adopta tonos paternales y maternales. Contemplando a ese Dios puedo emprender procesos de conexión con mi dimensión masculina (en el caso de las mujeres) y con mi dimensión femenina (en el caso de los varones). Me parece un sano ejercicio de ruptura de límites y de reconocimiento de posibilidades.