La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Un agujero bajo nuestros pies



              Damos por supuestas muchas cosas, nos creíamos seguros en un sistema que, a velocidad acelerada, nos está mostrando sus grandes fallos. Es como un gran agujero a nuestros pies y, lo peor, es que muchos no quieren verlo ni reconocerlo. Los ricos, los enriquecidos por este sistema atroz buscan perpetuar todo esto pretendiendo que de la crisis saldremos repitiendo los parámetros que nos han llevado a este momento de dolor. Pero, claro, ellos y ellas no sufren ni ven más allá de sus narices.

Ayer pude ver junto con mis padres la misa de comienzo de pontificado de Francisco. Me costó verle dar la mano a tantos y tantas hipócritas y parásitos que están creando con su silencio, connivencia y en algunos casos conscientemente, el dolor de tantos y tantas en el mundo. Ver a Angela Merkel o a Rajoy o  a determinados presidentes africanos sonreír al Papa, darle la mano... ¡qué terrible! Personas alejadas de la realidad cotidiana, personas que disfrazan con sonrisas y vacías palabras el auténtico drama... Personas que se saltan a la torera los derechos humanos con sus leyes. Pero parece que es lo que toca, esa extraña liturgia de saludos y sonrisas y manos apretadas. Mi madre me comentaba al verlo que menuda paciencia la del Papa pero que es lo que tiene que hacer porque la Iglesia es para todos. No sé si eso es lo que toca. El Templo lleno de bandidos de nuevo, a mí me da tristeza. Sí, en la Iglesia hay sitio para todos pero, qué curioso, cuando esta se alía con los poderes, el fabuloso Templo de San Pedro se llena de indeseables, no de pecadores arrepentidos que acuden a devolver lo robado. Herencia de tiempos pretéritos, sí, el Estado Vaticano... Triste, muy triste. ¿Podría desaparecer ese Estado? ¿Podría la Iglesia desvincularse totalmente de la política y ser el Papa sólo eso, Papa y no jefe de Estado? ¡Ojalá!

Todos estos días no hago más que sentir asqueo por la inmensa hipocresía que nos rodea y en la que, sin darnos cuenta, caemos nosotros mismos. Nos han hecho creer que es normal la pobreza, a algunos les ha tocado en la quiniela de la vida pasar hambre y enfermedad ¡qué le vamos a hacer! Nos han hecho creer que la efectividad, el cumplimiento de mil objetivos está por encima de la capacidad de gozar de la vida, de los hijos, de la familia, de la naturaleza, del arte, de la ayuda a los demás. Nos han hecho creer que es bueno convertir a los/as alumnos/as en "clientes" y mil y una estupideces para que no abramos los ojos a alternativas que podrían guiarnos hacia modos de vida más humanos.

Hoy, en el taller con Bachillerato hubiera llorado al escuchar a algunos/as alumnos/as decir que el dinero está en la base de la vida y de la felicidad.

Estamos perdiendo el norte. Lo hemos ido perdiendo poquito a poco. Y algunos han sacado enorme provecho de ello.

Un enorme agujero a nuestros pies. Un espacio que, o bien puede hacer que todo ceda y se derrumbe o bien que comencemos a llenarlo de lo que de verdad puede sostenernos: HUMANIDAD.

(Por cierto, la foto es de la web de Siro López, ¡magnífico!)

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