La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

martes, 7 de mayo de 2013

Gris y azul

Suspiramos por un cielo azul. Parece que la primavera se resiste. Nos acaricia de vez en cuando a través de unas horas o días de luz y calor pero, antes de que intimemos con ella, se esconde y nos deja envueltos en cielos grises y días lluviosos.

Me da la impresión de que la Madre Tierra se niega a hacer brillar el sol al contemplar el dolor de tantos, la injusticia campando a sus anchas... Pero a ratos parece que fija su mirada en tantísimos hombres y mujeres llenos de amor y compasión, en la multitud de iniciativas amorosas y creativas para salvaguardar la dignidad humana y la justicia.

Estos días de alternancias entre el gris y el azul me hacen conectar con el gris y el azul humano. Trigo y cizaña creciendo juntos. El sol que brilla sobre justos e injustos, la lluvia que riega los campos de los empobrecidos y los de los que empobrecen a los demás... Sol y lluvia que no hacen diferencias. Y la Tierra, nuestro precioso planeta azul, sufre las consecuencias de nuestros actos y decisiones, lo maltratamos, abusamos de sus recursos, volvemos la espalda a sus enseñanzas, no sabemos escuchar su sabiduría presente en los ciclos naturales, en la biodiversidad...

Así ha sido siempre, gris y azul alternándose, trigo y cizaña que no cesan de crecer juntos. Debemos aprender de la Tierra, contemplar la belleza de nuestra casa, observar su armonía, escuchar su latido porque formamos parte de él.

La Tierra seguirá siendo nuestro hogar mientras sepamos amarla y respetarla. Ella seguirá amparando nuestros pasos, nuestras búsquedas fielmente. ¿Sabremos nosotros responder a su fidelidad con amor y cuidado? ¿Sabremos evolucionar como raza humana hasta eliminar de nosotros toda violencia, egoísmo y abuso? ¿Brillará la Luz que llevamos dentro, más potente que el sol? Creo que sí, creo que, como acabará pasando más pronto o más tarde, llegarán los días de sol, de azul, de calidez cuando asistamos a la plena manifestación de los hijos e hijas de Dios


2 comentarios:

Gonzalo dijo...

"Os revestirán de la fuerza de lo alto".
Este es el cambio que percibieron los apóstoles en la experiencia pascual.
Una nueva energía vital que les inunda y les transforma.
Es el "nacer de nuevo" que Jesús había propuesto a Nicodemo.
....................

Esa energía tiene que iluminar todo mi ser.
Como una lámpara se transforma en luz cuando la atraviesa la corriente,
así mi ser se iluminará cuando conecte con lo divino.
Esa iluminación es el objetivo último de todo ser humano.
.....................

No se trata de un mayor "conocimiento" intelectual.
No es la mente la que debe iluminarse, sino el "corazón".
Aquí está la verdadera batalla,
sobre todo, para nosotros los occidentales cartesianos.
................... Fray Marcos

Gonzalo dijo...

Toda vida espiritual es obra del Espíritu.
Que esa obra se lleve a cabo en mí, depende de mí mismo.
Yo necesito a Dios para ser.
Él me necesita para manifestarse.
..........

"Todos hemos bebido de un mismo ESPÍRITU".
La verdad es que es el ESPÍRITU el que nos tiene que sorber a nosotros.
Él es más que yo y me tiene que transformar en él.
No debo intentar manipularlo, sino dejar que me cambie a su antojo.
........................

Dios es amor, y el ser humano puede descubrir y vivir ese amor.
Siempre que amo de verdad, hago presente a Dios,
porque el amor con que yo amo, es el mismo amor que es Dios.
No soy yo el que amo, sino Dios que ama en mí.
................................. Fray Marcos