La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

lunes, 20 de enero de 2014

¿Qué te sugiere?

Te propongo que leas este pasaje del evangelio de Juan. El encuentro de Nicodemo con Jesús puede sugerirnos aspectos importantes para la educación de la interioridad. Hoy no digo nada, sólo te ofrezco el pasaje. Mañana te diré qué descubro yo.


Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.»


Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.»
Le dice  Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» 
 Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.
No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»
Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?»
 Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? «En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo?
Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Jn 3, 1-17)

viernes, 10 de enero de 2014

Lo urgente y lo importante


Hoy transcribo un extracto del libro de Christophe André que he leído en la página del CETR, el enlace con esta página la tenéis aquí, en el blog, os recomiendo visitar de vez en cuando lo que publica el Centro de Estudios de las Tradiciones Religiosas.

CETR,Centro de Estudio de las Tradiciones de Sabiduría, es un espacio laico al servicio del estudio y el cultivo de la calidad humana. Es desde esta perspectiva desde la que abordamos el acercamiento a las tradiciones religiosas.
CETR inició su actividad en 1999, por la iniciativa desinteresada de su profesorado, con el objetivo de poder ofrecer un  espacio independiente de reflexión, estudio y divulgación, dirigido al conjunto de la ciudadania entorno al hecho religioso de las sociedades contemporaneas.

 

Christophe André
La elección entre lo urgente y lo importante

Existen poluciones químicas: contaminan los alimentos, el aire, el agua. Y poluciones psíquicas, que contaminan la mente, violan la intimidad, perturban la estabilidad interior. Eslóganes, publicidades y otras manipulaciones comerciales: disponemos de numerosos estudios sobre este materialismo psicotóxico, del que se sabe que provoca estragos múltiples y variados. Por ejemplo, que roba la atención, la conciencia y la interioridad. ¿En qué estado se acaba encontrando la mente, a base de que nos roben la atención?
Porque la atención se encuentra constantemente captada, atraída y, finalmente, fragmentada, segmentada. Al final se convierte en "dependiente" del ruido, de la parafernalia, de lo fácil, predigerido, o prepensado. ¿En qué estado se acaba encontrando la mente, a base de que nos roben la conciencia? La actividad mental está cargada de pensamientos, de comportamientos y de contenidos inútiles. (... ) Cada vez estamos más agobiados por estímulos externos y distracciones. Actividades vacías de contenido mental y comportamental. Por consiguiente, al igual que se necesitan silencios para que se pueda entender la palabra, se requiere espacio mental para que emerja la conciencia y la interioridad. El disco duro de la conciencia está ocupado por demasiadas cosas inútiles. ( 150 )

De la misma manera que el sedentarismo de las sociedades modernas ha hecho que el cuerpo necesite hacer deporte, la profusión de incitaciones despierta en la mente la necesidad de meditar. La atención plena ( mindfulness ) puede ayudarnos a acercarnos a las necesidades fundamentales: lentitud, sosiego, continuidad. Satisfacerlas constituye un paso importante. No urgente, pero sí importante.

En la vida hay cosas urgentes y cosas importantes. Cosas urgentes: responder a los e-mails, terminar el trabajo, ir a comprar, reparar un grifo que pierde... Si no hago lo que es urgente tendré problemas. Por lo tanto, me decido a ejecutarlo. Cosas importantes: caminar en medio de la naturaleza, mirar como pasan las nubes, hablar con los amigos, dedicar tiempo a respirar, a respirar, a no hacer nada, a sentirme vivo... Si no hago las cosas importantes no me pasará nada. Nada por ahora. Pero, poco a poco, la vida será más apagada, o triste, o extrañamente vacía de sentido.
            
Cada día de la vida tenemos conflictos entre lo urgente y lo importante. ¿Cómo hacer para no sacrificar totalmente las cosas importantes por las urgentes? ¿Cómo hacer, para no ir cediendo a la dictadura de las cosas urgentes, que provoca en nosotros que en cualquier instante una demanda cualquiera nos parezca ineludible, aunque en realidad no lo sea, o no tanto como pueda parecer? Reflexionando, sin duda. Y meditando.
            
Sin embargo, incluso practicando la atención plena seguimos estando expuestos a este conflicto: apenas me he sentado, con los ojos cerrados, ya me asaltan pensamientos referentes al que tengo que hacer: "no te olvides de enviar este e-mail. No te olvides de llamar a tal persona. Deberías anotar esta idea antes de que se te olvide. En lugar de estar aquí, intentando meditar, sería mejor que te pusieras en pie y que hicieras todo esto antes de que se te vaya de la cabeza. Para colmo, hoy la sesión no te funciona, no tienes el ánimo dispuesto. Vamos, déjalo, levántate. Ya encontrarás otro momento. Meditar puede esperar. No tiene nada que ver con el trabajo... ".
            
Lo urgente siempre intenta recuperar el poco espacio que procuraba reservar a lo importante. Funciona así, tiene esa naturaleza. Si no me niego, si no me esfuerzo, no tengo salida. Viviré una no-vida de robot movedizo y vacío. ¿Es eso, lo que deseo?
            
La atención plena me enseña a proteger las cosas importantes. A decirme con respeto: "No, no. No me levanto, no abro los ojos, no detengo la sesión. Me quedo aquí, con los ojos cerrados, para hacerme consciente del aire, de la respiración del mundo alrededor mío. Es importante. Muy importante. Infinitamente importante. En este instante lo más importante es mantenerse, así". El hecho de haber aprendido a decir no a partir de los ejercicios de atención, el hecho de haber constatado la experiencia de este no, o de cómo me beneficia, poco a poco, se irá extendiendo al resto de la mi vida. Y me ayudará a volver a decir que no, me ayudará a tamizar la ola de las urgencias, a ganar clarividencia en relación a las falsas alarmas del "hazlo deprisa, enseguida ".
            
Sonrío, comprendo que cada uno de los pequeños combates ganados fortalece la lucidez y me hace más feliz. Y me va ayudando a conceder un lugar en la vida a lo que importa. (158-160)

Fragmento del libro de Christophe André: Meditar día a día. 25 lecciones para vivir en mindfulness. Barcelona, Kairós, 1013