La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

martes, 19 de mayo de 2015

La gran aventura de ser




Ved el vídeo, por favor. ¿No os toca el alma? Un niño, como nosotros/as lo hemos sido, como otros muchos lo serán. Un bebé aún. Ahí, sentadito en su trona ¡descubre sus manos!. ¡Qué sorpresa! ¡Qué satisfacción expresa con su risa abierta!¡Enorme descubrimiento! Momento único que, sin embargo, ninguno de nosotros/as recordamos. Esta mamá lo ha podido grabar y nos lo regala. Se lo agradezco de todo corazón.

Este pequeño vídeo es como asomarse a una ventana mágica que nos permite atisbar, ver, oír, el sonido de la Vida manifestándose en la vida de cada uno de esos curiosos seres que nos auto-definimos como humanos.

Esta aventura de ser comienza en una profunda e íntima unidad con todo. El ser humano recién nacido no tiene conciencia de límite alguno entre él y su entorno, todo es, simplemente es y durante los dos primeros años de vida todos hemos vivido en esa Unidad en la que tampoco hay pasado ni futuro, solo el ser siendo lo que es. Este es nuestro paraíso perdido, porque llega el momento de la individualización, el momento de descubrir, como hace este precioso niño, que esas cosillas que se mueven ante sus ojos, de pronto...¡son suyas!, es decir, que resulta que las muevo él, que no van por libre, que puede dar una palmada (¡qué alucinante!) y luego descubrirá los pies y descubrirá su cara en una fotografía y..."¡he aquí mi "yo"! y Entonces ¡adiós al Paraiso! y hola a la gran aventura de ser en la que empleará muchos años, años en los que se vivirá y concebirá como un ser separado de los demás y de las cosas. Sí, durante muchos años necesitará de esa dualidad para crear su identidad en este mundo. Aparecerán los conceptos de "lo mío-lo tuyo", "dentro-fuera", "arriba-abajo", "bueno-malo", "blanco-negro" y mil diferenciaciones más que le ayudarán a funcionar en este mundo, a entender este mundo,a moverse en él, incluso a ser eficaz.

Mientras, dentro de él o de ella, dentro de esa persona que va creciendo en años, que cambia físicamente, psicológicamente, pervive un centro en el que ese niño/a sigue vivo y en paz dentro de la Unidad. 

Pero el adulto/a en el que se ha ido convirtiendo habrá ido olvidando ese Centro vital en el que no hay divisiones, ni pasado ni futuro. Ese adulto/a quizá olvide por completo su  mundo interior y camine por la vida alimentándose tan sólo de las aportaciones del mundo exterior o como mucho de eso y de sus pensamientos que, en la mayoría de los casos, serán muy poco originales y novedosos girando casi siempre en torno a los mismos temas día tras día.

Sin embargo, a lo mejor un buen día, un día de "gracia" ese adulto/a vivirá de nuevo la experiencia del gran descubrimiento y vuelva a sorprenderse y a sonreír al re-encontrarse con ese lugar interior en el que el niño/a que fue sigue sonriendo y dejándose sorprender por todo porque nunca dejó de ser uno con todo.

Algunas personas, un buen día, viven la emergencia de su Ser esencial, de su Centro y ese día se sienten como un bebé que sentadito en su trona alucina al descubrir que lo mejor de sí mismo y de la vida vuelve a estar en el punto de partida: ser como niños/as.

Os diré una cosa, lo curioso del caso es que como mejor se re-descubre uno/a a sí mismo/a es así: sentadito... dejando que la vida respire en uno/a... en un silencio poblado de Vida.

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