La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

jueves, 31 de marzo de 2016

Y seguimos "amenazados de resurrección"

Y ya estamos en la cincuentena pascual, cincuenta días para poder entender y "gustar internamente" el gran grito de júbilo de la Vigilia Pascual: ¡¡HA RESUCITADO!!

Pero ¿cómo anunciar con alegría la Resurrección de Jesús en medio de un mundo repleto de muertes? 

Esta Semana Santa me ha resultado complejo intentar escribir algo en este espacio como me ha resultado complejo asistir a los oficios sin incluir en ellos el recuerdo de los pies doloridos y las vidas desencajadas de los refugiados excluidos de Europa, de los que quedan en medio de la devastación en Irán, de los cristianos/as masacrados, de los focos de dolor y empobrecimiento que continúan aullando en el mundo, de un planeta que continuamos ensuciando y depredando...

Demasiadas "malas noticias"... ¿Cómo de grande es esa "buena noticia" del evangelio que nos dice que "la muerte no tiene la última palabra"? ¿Tan grande como para conseguir que mi mirada hacia el mundo en el que me toca vivir sea positiva, esperanzada, amable? ¿Tan grande como para hacerme capaz de "creer contra toda esperanza"?

Esa Buena Noticia que de parte de Dios nos trajo Jesús a Él, le costó la vida. Esa es la cuestión. Anunciar la Vida, trabajar por la Vida, cuidar la Vida, cargar y en-cargarse de la Vida en la vida de cada día, en la vida concreta de cada uno/a MOLESTA , ayer, hoy y, quizá, siempre.

Si algo pone ante nuestros ojos el recorrido de los textos evangélicos de la Semana Santa es el poder atroz del mal y la absoluta vulnerabilidad del Bien. La contundencia destructora de lo egoico y la mansedumbre silenciosa de lo Esencial. Me explico: es lo que siempre hemos dicho todos que el mal "hace mucho ruido" y al bien  no se le oye, pero en la vida de Jesús y de todos quienes han secundado el brillo de la Luz que nos habita, esa Luz, esa Bondad que somos sí hace ruido, hace ruido molesto en el oído de los que no quieren ver, ni oír, nI que les molesten. El Bien es un chirrido insoportable en los oídos de los poderes de este mundo, ya sean políticos, económicos o religiosos. Por eso, en cada cultura, en cada época, se calla la boca al limpio, al bondadoso, cuidado: no al tonto/a que ni se entera y es un/a "bueno/ bobalicón/na". Quien molesta es la persona que dejándose traspasar por la Bondad, Belleza y Verdad que nos habita, lo anuncia y al hacerlo denuncia toda injusticia o perversión de lo genuínamente humano. El/la místico/a, el/la santo/a, el/la profeta, el/la visionario/a, el/la que no puede callar ante lo torcido e injusto, molesta siempre a quien está instalado en el poder, sea éste del tipo que sea.

Me siento quizá como debían de sentirse algunos/as ciudadanos/as europeos/as durante la Segunda Guerra Mundial al ir conociendo la barbarie Nazi. ¿Pudiera ser que estemos en el mismo contexto? Me surge un posible "sí"... Ante nuestros ojos -y en este 2016 tenemos múltiples ojos para ver: TV. Internet, móvil- desfila el dolor del mundo, no sólo en Europa sino en África, en Siria, en... ¡¡Y seguimos mirando hacia otro lado!! Eso les criticábamos a los alemanes, europeos y americanos en la Segunda Guerra, que miraron hacia otro lado, pero ¿acaso no estamos haciendo nosotros los mismo?

Nos informan de que cien mil niños/as desparecen por los caminos de Europa víctimas de redes de tráfico humano: no pasa nada
Nos informan de enfermedades y muertes entre los refugiados: no pasa nada
Nos informan de que Europa quiere incumplir los tratados acordados de acogida al refugiado: no pasa nada.
Nos informan de que como respuesta a las bombas se emplearán más bombas: no pasa nada.
Nos informan, nos informan, vemos, escuchamos, nos bombardean con imágenes: un lamento hoy y el olvido mañana.

¿Quién o qué ha conseguido adormecernos así? ¿En qué momento hemos perdido la capacidad humana de sentir como propio el dolor ajeno, de poner las manos en el arado para labrar nuevos surcos de vida?

¿Será este nuestro legado para nuestros descendientes? ¿Una sociedad que "mira" pero no ve, "oye" pero no escucha? 

Sintiendo este "peso" dentro, con estas preguntas dentro, con mirada crítica hacia mí misma por vivir tan cómoda y tan bien mientras tantísimo hermanos/as sufren lo insufrible, así he intentado Escuchar la Palabra, ver a Jesús, proclamar que "ha resucitado" y todo ello, de nuevo, me ha hecho creer que puedo creer contra toda esperanza, que hay "razón para la esperanza".

Hay tantos actos amorosos, hay tanta bondad que no se ve ni se escucha, hay tantos hombre y mujeres que desde mil lugares, de muchas formas diversas estamos (me incluyo aunque sea una pulga junto a gigantes) trabajando día a día por sanar esta enfermedad nuestra llamada egoísmo. Tantos hombres y mujeres exorcizando el miedo que nos ata, que nos cierra, que nos hace sospechar de todo y de todos para dar paso a la "libertad de los hijos e hijas de Dios" que nos hace alzar la cabeza y percibir en el horizonte que este mundo existe para la alegría, para el amor, para el goce de tanta belleza; que este mundo no pertenece a la muerte ni a la destrucción, sino a la vida plena y a la continúa construcción de "una ciudad para todos, una gran techo común"...

No quiero que pase de mí el cáliz de mis hermanos, pero no puedo llegar a donde desearía ( no puedo o quizá creo que no puedo), pero sí puedo al menos, dejar que mi corazón llore con ellos/as y se alegre con las resurrecciones diarias.

Sí puedo traer lo grande y lo lejano a mi pequeño y cercano día a día. Ahí deseo anunciar que todo "ha resucitado" y acallar las voces interesadas en hacerme creer que ya no hay nada que hacer, que esta es una humanidad amenazada por el odio, la destrucción el sinsentido. Tozudamente sigo creyendo que "ESTAMOS AMENAZADOS DE RESURRECCIÓN".


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