La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Los colores del otoño

Nos despedimos de ti, verano. Nos despedimos, en estas latitudes del planeta. de los días luminosos, de la ropa leve y colorida. Nos despedimos de los paseos vespertinos en los que la oscuridad va llegando tan poquito a poco que el día parece durar tanto como queramos disfrutar de él. Nos despedimos de ti, verano, de tu efervescencia y tu pasión. Cuesta decirte adiós, pero ¿sabes? ¡ya ha llegado el otoño! Han ido cubriéndose las copas de los árboles de tonos ocres. Sigue el ciclo de la vida y ya apuntan las alfombras de hojas su aparición en los parques. Llega el otoño con sus colores, con su apaciguamiento de la pujanza veraniega.

Tú nos traes, otoño, un tiempo previo, un umbral suave para adentrarnos en el invierno, tú nos ayudas a hacer la transición...¡eso es algo muy necesario en la vida!
La vida danza un ritmo de estaciones. Primavera, verano, otoño e invierno se suceden y no sólo en el planeta, en la naturaleza, sino en cada ser humano. Sin embargo, tal y como está sucediendo con el clima del que van desapareciendo las estaciones de tránsito, así parece que esta sucediendo con los humanos en muchas partes del mundo. Se evitan las estaciones de transición... Se desean vivir sólo la primavera y el verano de la adolescencia-juventud, esquivando, especialmente ese otoño-invierno de la vejez. Se intenta prolongar eternamente la juventud, se está prolongando la adolescencia... Las mujeres esquivan con miles de cremas y tratamientos el otoño del cuerpo, se nos presentan como modelos mujeres  y hombres sin una marca, sin "desconchados" en su escaparate corporal.

Y si sólo quedara ahí... pero, querido otoño, también te esquivamos por dentro,. Allí, en nuestro hogar interior hacemos lo posible para no ver, para no sentir las hojas que caen. Cualquier atisbo de otoño dentro de nosostros en forma de melancolía, de duda, de anhelo por algo mejor, de miedos que renacen... lo apaciguamos con huidas hacia el exterior: ruido, quehaceres, excusas y huídas hacia delante para no escuchar el sonido de las hojas al caer, un sonido sutil que sólo se percibe en el silencio y la quietud, sonido sutil que nos habla de un interior que también se sume en cambios y estaciones. Es la ecología interior, lo que hace tiempo se denomina la "ecología del espíritu".

Son necesarias las estaciones de transición en nosotros, los humanos, porque nuestra vida es continua evolución, la vida no deja de fluir si le dejamos y parte de ella son las crisis, las regresiones a momentos que creíamos superados. No hemos de temer a esa aparente desaparición de la vida que acontece en el otoño y en el invierno. Es necesario que la vida entre en fases de descanso, de barbecho, de silencio, de hibernación. Es bueno aprender a disfrutar de otros sabores, de otros olores, de otras texturas, de otros sonidos, de otros colores: los colores del otoño. ¿Te atreves?








2 comentarios:

Lidia dijo...

Claro que me atrevo a disfrutar del cromatismo, sabor y olor otoñal. Siempre ha sido mi estación favorita.

Gracias Elena por presentarnos aún más bello el otoño.

Elena Andrés dijo...

Gracias a ti, Lidia.