La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

martes, 26 de noviembre de 2019

La EI y el mito: resucitar los hacedores de mitos

En la comedia Las ranas, de Aristófanes, el dios Dionisos hace un viaje al Hades con el fin de traer de vuelta a uno de los poetas muertos. La ciudad languidece abrumada por la mala poesía y parece que la mejor solución sea resucitar a uno de los antiguos y famosos practicantes del arte poético. En el mundo subterráneo, Dionisos es juez de una competición entre Esquilo y Eurípides, y finalmente invita al primero a salvar la ciudad de su mortal carencia de profundidad poética. Eurípides queda descalificado por demostrar su supuesta profundidad con el verso "Cuando consideramos digno de confianza lo indigno, e indigno de confianza lo digno", un ejemplo de galimatías que se puede oír en cualquier momento y lugar en los que se haya perdido el alma.
Nuestra actual situación cultural se ajusta muy exactamente a la pauta de Las ranas. Hemos perdido cierta profundidad en la forma en que entendemos nuestras experiencias, de las que hablamos usando un lenguaje que a menudo es falso y superficial, para describir aspectos complejos y profundos de la vida. También nosotros necesitamos volver a las profundidades y recuperar la perdida apreciación de la poética de la vida cotidiana. 
(Thomas MOORE. El cuidado del alma. Guía para el cultivo de lo profundo y lo sagrado en la vida cotidiana. Ed. Urano 1998. Pág. 285)


Algo que me llama poderosamente la atención de la Pedagogía Waldorf es su uso de los relatos mitológicos en el plan de estudios de los niños de primaria. Pude ver los cuadernos pulcramente dibujados y escritos de una alumna de la escuela Waldorf de Vitoria-Gasteiz, hija de unos queridos amigos, cuadernos en los que iba adentrándose en los mitos de diferentes culturas. Cuadernos en los que ella escribía y dibujaba esos mitos. Me impactó e interrogó poderosamente.

Hoy, entiendo que la configuración de nuestras sociedades y el vacío de pensamiento estructurado y enraizado en lo hondo, hace más que nunca necesario el regreso a los mitos o a lo mitológico si se prefiere.

Tras grandes sagas cinematográficas de corte mitológico como "Star Wars", "Star Trek", "Matrix", o las adaptaciones de obras literarias como "Harry Potter" o "El señor de los anillos", parece que el mundo del cine ha apostado por la recuperación masiva de los super-heroes y super-heroínas de la Marvel y sus antagonistas (véase el éxito de "Jocker"). Daría para más de una entrada hacer una comparativa entre la densidad de contenido, por ejemplo, de la trilogía de "El Señor de los anillos", no digamos en su original literario, con películas como "El caballero oscuro" por más que se pretenda realizar un supuesto estudio psicológico de la figura de Batman. Pero no puedo ahora entrar en ello. Sin embargo, sí me sirve como ejemplo para señalar esa urgencia de "volver a las profundidades" en un contexto cultural tan dado a la apariencia de profundidad, subrayo la palabra APARIENCIA.

El mito es mucho más que un mero divertimento de seres extraños o medio extraños viviendo situaciones inauditas. El mito ha sido en la historia de la Humanidad, un camino de interpretación de la vida, de su sentido. El ser humano ha precisado de la "mirada mítica" para comprender, para profundizar, para ubicarse en la vida y su inmensidad. La figura del heroe y de la heroína míticos es en general la aquel o aquella que realiza un viaje, sale de su casa, pero para regresar a ella. Hay, sí, un viaje a las profundiades o un viaje a lo lejano, pero existe el regreso. 

El héroe regresa a casa con nuevas luces para su pueblo, para su familia. El viaje le ha transformado, le ha descubierto capacidades desconocidas en sí mismo/a. Regresa siendo él mismo o ella misma, pero ya no es el mismo ni la misma... (parafraseando al gran González Faus en su descripción del Resucitado).

¿No es acaso este el periplo de "El Principito" que ha de irse lejos para terminar descubriendo el valor de su rosa de la que necesitó alejarse, de la que huyó y que en tierras lejanas descubrirá que es "única en el mundo"?


Como el mito llega tan lejos en su descripción de las formas universales en que se desenvuelve la vida humana, puede ser una guía indispensable para comprendernos a nosotros mismos. Por falta de una comprensión poética adecuada, como Dionisos en Las ranas, nos vemos obligados a hacer un viaje al mundo subterráneo, un viaje que no siempre es agradable (...) Es posible hacer lo que hizo Dionisos sin necesidad del peligroso viaje al más allá: resucitando los hacedores de mitos del pasado al recobrar el aprecio por mitologías del mundo entero.
(Thomas MOORE. El cuidado del alma. Guía para el cultivo de lo profundo y lo sagrado en la vida cotidiana. Ed. Urano 1998. Pág. 285-86).

Estoy convencida de que la Educación de la Interioridad debe apuntar hacia esa recuperación de la "poética de la vida cotidiana" que señala Moore, algo a lo que María Zambrano denominó "razón poética" y que resulta imprescindible para vivir yendo más allá pero incardinados en la vida de cada día.

La mirada mítica, la razón poética, están en la entraña de la aventura de ser persona. No es bueno que renunciemos a ello en pro de pseudo-poéticas y de pseudo-mitos recubiertos de efectos especiales y de palabras vacías que no se cansan de repetir tópicos. y más tópicos.

Eduquemos de tal forma que alimentemos y hagamos saltar chispas en las mentes y los corazones de nuestros alumnos/as potenciando en ellos y ellas el gusto por hacerse preguntas, el placer de la argumentación, la revolución de poner en activo la razón poética saliendo de la esclavitud de la sola razón científica, el deseo de "ir más allá", la necesidad de crear y re-crear el mundo heredado: que ellos y ellas puedan ser "hacedores de mitos"

No por mil veces usada es menos cierta la sentencia que el zorro regaló al Principito: "LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS, SÓLO SE VE BIEN CON EL CORAZÓN"




jueves, 7 de noviembre de 2019

De "arraigos" y "desarraigos" en el Trabajo Corporal de la EI

En la reflexión anterior de este blog, recordaba una reflexión de S. Weil acerca de la patria. El texto está dentro del libro publicado con el título "Echar raíces" y el capítulo titulado "el desarraigo".
Regreso a este tema porque me parece que entra de lleno en nuestra propuesta de Educación de la Interioridad que no puede ser tan sólo una propuesta de "relajación" y "bienestar" sino que, como sabéis, subrayo que debe aportar aprendizajes, conocimientos y herramientas para la unifiación personal y  para el emerger de una visión ética, unas virtudes  y una implicación en pro de la justicia. Y no puede ser de otra forma, porque como también repito incansablemente, la conexión real con el interior, hace brotar de forma innata la compasión.

Dicho esto quisiera centrarme en este tema del "echar raíces" y del "desarraigo", porque son dos imágenes de una potencia antropológica potentísima.

ECHAR RAÍCES: quienes os habéis formado conmigo, habéis experimentado diferentes técnicas de conciencia y trabajo corporal que señalan hacia la toma de conciencia de nuestros puntos de apoyo físicos, de la calidad de nuestra presencia desde y en el cuerpo, etc. Sabéis que no lo trabajamos por sí mismo, aunque ciertamente en sí mismo ya tiene un cierto valor, sino que apuntamos hacia la "corporeización" de la vida interior y espiritual, sobre este tema, y para no alargar esta reflexión,  refiero a una de las entradas de este blog: Karlfried G. Dürckheim: la centralidad del "exercitium" y su relación con el trabajo corporal y la apertura a la trascendencia (29/10/18)

Así pues, es real en cada uno de nosotros y de nosotras, que precisamos de contextos humanos en los que sentirnos enraizados. El primero y más principal en una primera fase vital es la familia y sabemos que cuando esta "falla" o es deficitaria en proveernos de lo necesario sobretodo en un nivel emocional, podemos "arrastrar" toda la vida ese deficit que se manifestará en muchos ámbitos de nuestra conducta. 

Echar raíces, pasa en un primer momento de la vida de cada persona, por ser (siguiendo el símil del árbol o de cualquier planta) por ser"plantados" (no lo elegimos) en un terreno familiar, en un contexto sociocultural. Sin embargo, esas primeras raices que germinarán y nos darán nutrientes (escasos o no) están llamadas a crecer y a extenderse más allá de la tierra familiar. Hasta aquí todo es sencillo de entender: venimos a este mundo en una familia y un contexto sociocultural particular en el que nos vamos enraizando no por decisión propia, sino porque ahí nos ha traído al Vida, pero es gracias a ese contexto que vamos entendiendo la vida, a nosotros mismos, e incluso llegado el caso, podemos decidir "echar raíces" en contextos muy alejados de nuestra infancia y juventud, pero, en todo caso, sentiremos siempre la potencia de esas primeras raíces, especialmente positivas para la persona cuando nos han nutrido profundamente de "buen alimento".

Pero son muchas las personas que viven la experiencia de verse obligados a echar raíces donde no hubieran pensado nunca hacerlo o incluso donde no lo desean. Pensemos en el movimiento migratorio. Tener en nuestras aulas alumnos y alumnas que llegan de otros países, sean estos europeos o no, pero especialmente los alumnos provenientes de fuera de Europa, piden del claustro educativo una reflexión honda sobre este tema de las raíces personales. Son niños y adolescentes en edad de echar raíces estables y serenas pero que, en cambio, se ven abocados a una experiencia de desarraigo. En el caso de los menores no acompañados este asunto es profundamente dramático, ya que ni tan solo disponen de lo más esencial y básico: la presencia de sus padres o de algún familiar cercano que les sirva de referente personal y de sostén emocional. 
Niños y adolescentes en edad de echar raíces pero ya desarraigados. ¿Hacia donde dirigen su necesidad de "nutrientes vitales"? Pues tantas veces hacia "tierras" llenas de contaminantes: drogas, alcohol y un largo etcétera de situaciones que amplifican el desarraigo al convertirlos en "molestos" para el entorno que pide de ellos y ellas comportamientos y actitudes que, simplemente, por su nivel de desarraigo personal, les es muy difícil alcanzar. Triste y preocupante resulta  la criminalización de los llamados "menas", pero no voy a entrar en la reflexión sobre este tema sangrante que evidencia la falta de responsabilidad y ética de muchos políticos y partidos de nuestro entorno.

Mi intención es apuntar hacia el hecho de que, en el siglo XXI, en el contexto de un planeta lleno de corrientes migratorios debidas ya no sólo a guerras, hambre y persecuciones, sino, cada vez más, causadas por el cambio climático que agudiza la pobreza de los ya empobrecidos, la Escuela tiene ante sí un reto (son muchos, lo sé... pero ahí están...): el reto de aportar algo a quienes se sienten desarraigados para que puedan aprender como echar raíces en su nuevo contexto sociocultural. podemos aportar mucho, ya lo hacemos, no cabe duda, con nuestra cálida acogida en las aulas, con nuestros desvelos por realizar adaptaciones curriculares positivas para ellos y ellas, con cientos de acciones que buscan hacerles sentir queridos y valorados y facilitar su arraigo. 

Con esta reflexión, simplemente quiero traer a primera línea de reflexión que la Educación de la Interioridad no puede ni quiere quedarse al márgen de estas cuestiones porque, lo repetiré mil veces: la verdadera EI lleva en su entraña la fuerza humanidora del Evangelio de Jesús que sitúa al empobrecido y silenciado en el centro de su acción samaritana. Por ello, la EI en el marco de la escuela católica, no debe circunscribirse a prácticas de meditación tendentes a la mera disminución del estrés, nerviosismo, etc, sino que siempre debe saber que su horizonte es la plena humanización que pasa por posibilitar el paso de sentirse desarraigado a vivirse enraizado en la Vida desde un Centro personal abierto a todos.

En este sentido, las técnicas de Centramiento, el trabajo corporal con diferentes técnicas y ejercicios, puede encontrar en el "echar raíces" un horizonte de sentido o, si se prefiere, un símbolo inspirador, que ordene las propuestas que realicemos con los alumnos hacia el redescubrimiento, sobretodo a partir de los 11-12 años, de los arraigos y desarraigos que cada uno experimenta. Así, el contenido de trabajo corporal propio de la EI no pasará a ser un mero divertimento, sino una herramienta para un mayor y más concreto autoconocimiento.