La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Un hermoso sermón

Hace ya varios años que descubrí muy cerquita de la casa de mis padres una parroquia con un párroco muy especial. Se trata de un hombre de aquellos que transmite por todos los poros de su ser la pasión por el Reino. Un sacerdote que ha conseguido crear en las eucaristías dominicales un verdadero ambiente de oración y recogimiento. Son muchos los detalles que en una eucaristía nos pueden ayudar a adentrarnos en el corazón de la celebración o pueden hacer que nos quedarnos en los extrarradios de ella. Personalmente, poder saborear las lecturas porque los lectores las han preparado previamente, ver un presbiterio donde hay hombres y mujeres en actitud de interiorización, los silencios bien gestionados y, sobretodo, la presencia de una sacerdote que celebra con todo su ser, es algo que agradezco inmensamente y que me facilita vivir la celebración.

De este sacerdote sé que estuvo bastantes años en Guatemala, sé que ha compuesto hermosas canciones en euskera, una de ellas una de las más emblemáticas dentro y fuera del País Vasco. He mantenido algunas conversaciones con él y su mirada es de aquellas que llega muy adentro, mirada que parece ver dentro de ti...


Hoy, un domingo en el que las lecturas eran fuertes, duras, una auténtica denuncia contra la pobreza y la desigualdad, el sermón de este hombre me ha emocionado. Con gran sensibilidad y humildad nos ha ido llevando a caer en la cuenta de que mientras existan hombres y mujeres pobres, cualquiera de nuestros pequeños o grandes caprichos son un exceso y una injusticia. Ha comenzando poniéndose a sí mismo como ejemplo, ha continuado interrogando a la Iglesia, para aterrizar después en nuestras vida sencillas. No hace falta pensar en los potentados de este mundo para pensar en excesos,  

No repetiré toda  la homilía, pero sí os diré que aún más que el contenido de la misma ha calado hondo dentro de mí su tono pacífico, nada polemista. Era una voz de denuncia desde la misericordia, desde la paz, desde la convicción de que Dios es el único juez de nuestras vidas. 

Pero lo más hermoso e impactante ha llegado al final, ha concluído confesando su fe en que el fin de la pobreza en el mundo llegará, convicción fundada en la esperanza. Decía él que viendo los cambios que ha vivido la humanidad en su devenir sobre la tierra... ¿por qué no creeer que evolucionaremos de tal forma que conseguiremos un mundo sin pobreza? Eso se me ha grabado a fuego ¿late dentro de mí tal esperanza, esa confianza en la bondad del ser humano? ¿creo de verdad que ya aquí, en esta tierra, pueden llegar a triunfar la justicia y la paz?

¿Pudiera ser que dentro de muchas generaciones el ser humano hubiera alcanzado tal nivel de conciencia que llegara a vivir sobre este planeta en paz y habiendo desparecido la división Norte-Sur? ¿Es posible que eso se dé aquí, que no debamos esperar a un final de los tiempos del que no conocemos el momento? Ciertamente sólo Dios conoce los tiempos y las horas, sin embargo, agradezco que alguien me haya hecho elevar el corazón y preguntarme por mi confianza en la Humanidad, una Humanidad que los cristanos afirmamos como hecha a imagen y semejanza del Creador.

Desde aquí mi más profundo agradecimiento a ese sacerdote capaz de despertar interrogantes con dulzura y lucidez.





2 comentarios:

Ignacio Morso dijo...

Doy gracias por cada persona que en su ámbito es capaz de no mirar a otro lado, y se compromete por hacer de este mundo un espacio más habitable. Un saludo y gracias

Elena Andrés dijo...

GRacias a ti, Natxo, de nuevo y mil veces más.