La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

jueves, 7 de abril de 2011

DIAGNÓSTICO EQUIVOCADO

La reciente propuesta de la presidenta de la Comunidad  de Madrid de construir un centro educativo para los alumnos de bachillerato "excelentes", está suscitando todo tipo de debates en los medios de comunicación. Escuchándolos, una vez más me confirmo en mi opinión de que en este país de la piel de toro no atinamos jamás con el diagnóstico en lo que a educación se refiere.

La cuestión no es, como señalan unos, que un centro de esas características cree "gethos" y señale divisiones: listos-tontos, educación pública-educación privada, ricos-pobres, base-élites.

La cuestión tampoco es, a mi modo de ver, que necesitemos de la "excelencia" como clave educativa y de mejora social.

Todo este asunto lo deberíamos entender en el contexto exacto en el que estamos: España, Europa, Primer mundo.

El contexto español: el debate que se genera a partir de la propuesta de Esperanza Aguirre, es un debate en el contexto español. España no se ha caracterizado casi nunca por su cuidado de la Educación. Los profesionales de la educación, los educadores, seguimos siendo en este país un colectivo denostado, mal mirado, culpabilizado y, desde luego, mal pagado (por más que muchos nos critiquen por al cantidad de días de vacaciones que tenemos, tópico manido donde los haya). Además nuestro país padece la oleada de sucesivas reformas educativas al albur del resultado de las eleciones: a tal gobierno, tal ley educativa. Tales leyes no han sido gestadas en el seno de debates educativos profundos en los que estén representados todos los ámbitos educativos; no sólo la escuela educa, educan los padres, educa la sociedad y, hoy más que nunca, educa inernet. Mientras que en Washintong no hace mucho se celebraba un congreso sobre educación en el que no sólo participaron educadores, sino también psicólogos, neurocientíficos e incluso el Dalai Lama desde la aportación del mundo de la contempalción al desarrollo de la persona, en nuestro país son escasos, por no decir nulos, los foros de encuentro de todos los educadores y desde luego inexistentes los que acogen a especialistas del mundo de las ciencias y de la contemplación. En lugar de eso, los debates se originan en los medios de comunicación en los que cualquier tertuliano sabe más de educación que un maestro con años de experiencia en el aula. Creo que, en este contexto concreto de nuestro país, lo de menos es si se lleva a cabo lo que propone E. Aguirre, sino el hecho de que no nos damos cuenta de que sin una reforma educativa que parta de un consenso generalizado, seguiremos teniendo los resultados académicos que tenemos.

Y precisamente este es el tema que llama mi atención y donde creo que erramos totalmente el diagnóstico y la medicina que pretendemos aplicar. No se trata de centrar el debate en los resultados académicos. no se trata de decir que siempre ha habido alumnos brillantes, normales y poco brillantes. Seguimos empecinados en baremos académicos propios del siglo XIX, seguimos priorizando el CI aunque hablemos mucho de las inteligencias múltiples y de la educación emocional. Nos puede la nota.

Y bien, ciertamente de un alumno se espera que apruebe las asignaturas como signo de que está aprendiendo aquello que necesita para ser culto, para valerse en el mundo desempeñando un oficio, pero...¿de qué alumnos hablamos? ¿No nos damos cuenta de que los niños y adolescentes del último cuarto del siglo XX y lo que llevamos de este, son "otros"? Junto a eso ¿puede ser la educación una mera plataforma de transmisión de conocimientos atendiendo sólo a lo cognitivo? Yo creía que hacía mucho que eso había quedado clarificado, pero escuchando determinadas tertulias radiofónicas, tengo mis dudas y, aquí viene a cuento mencionar los otros dos contextos: Europa y el primer mundo.

Somos habitantes del primer mundo en Europa: La actual crisis económica ha dejado al descubierto las profundas fallas del sistema económico neoliberal. Una mirada superficial nos dejará la sensación de que la crisis más importante, primera y única, es la económica. Sin embargo, afinando muestra mirada, descubrimos que ya antes había unos indicadores que nos hablaban de que este "modus viviendi" no resulta bueno, no es el óptimo para nuestro desarrollo social. La crisis de los valores,  el individualismo creciente, un ritmo de vida rapídisimo, unas exigencisa laborales donde la competitividad prima y muchos otros factores han dado origen a un tipo de niño y de adolescente cuyas cualidades y defectos,  los educadores hemos ido experimentando y que nos han hecho beber el amargo cáliz de comprobar que no podemos seguir educando con herramientas del siglo XIX a ciudadnos del siglo XXI. Tantas cosas nos estaban avisando de que algo no  iba bien. Pero esos indicadores se situaban, se situan aún, en el sí de la persona, algo que no interesa ni a políticos ni a financieros, cuando en cambio, sí es la materia prima del educador.

Hasta que la crisis no ha cristalizado en una crisis económica a nivel mundial y, por lo  tanto, afectando a esta Europa satisfeha de sí, no hemos comenzado a pensar que quizá debieramos cambiar la perspectiva desde la que vivimos. Volcados hacia fuera, hemos ido gestando una forma de vida, propia de los países del Primer Mundo, en la que los verbos centrales son el "hacer" y el "tener". Y esto pasa factura. Los valores como el esfuerzo, la servicialidad, la escucha atenta y serena de uno mismo y del otro, la búsqueda de sentido, la apertura a la trascendencia, se han ido apagando, quedando arrinconados en una sociedad que busca, en líneas generales, el éxito rápido y fácil, donde parece que tiene la razón quien más grita, etc... No quiero parecer pesimista, pero, en referencia al tema que intento exponer, necesito resaltar estas caractersiticas sociales no positivas que nos obligan, y aquí quería llegar, a dejar de poner el acento en el rendimiento académico y centrarnos más en una educación integral. Nos deben importar el cuerpo, la mente, el corazón y el alma de nuestros alumnos. Ellos y ellas son más que una puntuación académica.

A día de hoy, pretender que la excelencia sea igual a un expediente académico lleno de "dieces", es empobrecer mucho la labor educativa y el desarrollo de la persona en su etapa de estudiante y, con ello, empobrecer mucho nuestra sociedad. Hoy más que nunca necesitamos repoblar el planeta de seres humanos solidarios, sensibles, profundos... Trabajadores, sí, pero no por competitividad o por la mera búsqueda de méritos remunerados, sino, porqué no,  gratuitos, capaces de hacer bien las cosas porque apetece, porque genera bienestar en uno mismo y en los demás. Alumnos de matrícula de honor en respeto, en diálogo, en sentido común, aunque  saquen un cinco raspadillo en matemáticas o no hablen cuatro idiomas. 

Pero es que, además, un tanto por ciento elevadísimo de los alumnos de la ESO, no quieren estar en el aula, no les gusta estudiar o ni siquiera pueden debido a la cantidad de problematicas que padecen. ¿Quién les atiende? pues profesores con escasísimo apoyo de las familias, perseguidos por reuniones y papeleos. Profesores a los que se les exige todo, pero se les ayuda muy poco... Profesores que deben afrontar nuevos retos de todo tipo con herramientas de otros tiempos. 
Para mí, esos son los alumnos y los profesores excelentes. Los que cada día afrontan el reto de dar un paso más, de mejorar algo en la vida por pequeño que sea. Lo demás, serán élites, harán grandes cosas en su ámbito, pero...¿aportarán algo a la mejora del mundo en clave de profunda humanidad? No lo sé, seguramente sí, pero el camino nunca será el de la separación y la distinción, sino el de compartir el camino y compartir esa excelencia, la que se tenga, con los que parecen menos excelentes. Eso, claro requiere mayor esfuerzo y creatividad que juntar a los magníficos en un centro magnífico con medios magníficos y educadores magníficos...¡los mundos de "yupi"!

Por favor, pensemos bien el lo que decimos cuando hablamos de educación. Hoy, creo yo, el diagnóstico sigue siendo, una vez más, erróneo.

2 comentarios:

Ignacio Morso dijo...

Querida Elena, tocas varios temas claves que dan para una conversación larga y distendida... En cuanto al sistema educativo, las reformas y nuestros políticos (¡todo!)...creo que pecan de negligencia, irresponsabilidad, falta de criterio, y demasiada campaña electoral... pero ¿qué se puede esperar de ellos? francamente creo que nada... como ves mi decepción es muy grande... nos salva los grandes profesionales que hay en el sector, en el día a día, que son los que se baten el cobre y sostienen el barco a flote. Si cada educador que pone su saber estar y saber hacer...
Respecto al tema "Espe", Elena, es de risa, ¿qué piensa la gente que es la Calidad Educativa? Es gestión, son valores, una misión clarificada, un personal acompañado y motivado, un cuidado especial del alumno y su familia, y un cuidado del sentido de que hacemos, desde donde lo hacemos, porque lo hacemos y como lo vamos a lograr... creo que calidad es levantar el fracaso escolar, motivar el proceso de enseñanza, fortalecer la vocación educadora, ... mucho trabajo y en equipo... La Espe mejor callada...
Un abrazo

Elena dijo...

Totalmente de acuerdo, Natxo. SOn el batallón de grandes educadores, cercanos, esforzados, dedicados, los qu esalvan todo este tinglado, pero a esos nadie los reconoce... Un abrazo.