(MARÍA ZAMBRANO, Claros en el bosque, Seix Barral,
Barcelona, 1977, p.51.)
Cada poco tiempo regreso a este pequeño texto de María Zambrano. Pequeño texto que, en cambio, encierra grandes horizontes, profundas verdades...
Hoy, a punto de comenzar una nueva edición del Experto Universitario en Educación de la Interioridad, leo estas sabias palabras que resuenan dentro como una invitación, como una música que impele a ir más allá y a mirar más adentro.
No es la mirada interior algo que nos distancia del mundo ni de lo cotidiano. La mirada interior, muy al contrario, opera en la persona como un aumento en la capacidad de VER y, por lo tanto, una experiencia de mayor arraigo en la vida y un dinamismo hacia un más grande compromiso en el cuidado de la misma.
María Zambrano en este texto hermana "vista" y "visión". Porque nos sucede a las personas que pasamos muchos años de nuestra vida viendo sin ver. Existe un "ver" que es superficial, desconectado, atropellado. Existe un ver sin ver, sin visión. Se ve porque los ojos físicos están activos, pero sin ver porque la mirada interior está dormida.
"Veo, veo...¿Qué ves?... Una cosita...¿y qué cosita es?" Así decíamos canturreando al jugar al "veo, veo". Y la cuestión era identificar "qué ves". Precisamente porque una cosa es ver y otra identificar qué veo. Cuando vista y visión se abren a la par, lo real manifiesta su ser, nos hace vibrar con su presencia y, entonces, se da la experiencia de la revelación.
"Veo, veo..." Pero, tantas veces, veo sin gustar internamente, sin saber apoyar y hundir mi ver en una mirada interna que permite la REVELACIÓN de todo cuanto es.
Revelación, bella palabra. Evoca tantas cosas: Profundidad, amplitud, horizontes abiertos, aumento de las posibilidades, transparencia, contemplación, atención, escucha, dejar ser...
Educar la propia interioridad tiene que ver con educar la mirada, poniendo a funcionar la capacidad que todos tenemos de unir el ver y la visión que permiten así, que todo nos hable, que todo se revele libre de los límites y etiquetas preconcebidas del ver superficial.
Educar la Interioridad como paradigma educativo, pide del maestro/a el despertar urgente de una visión que activa un corazón pensante y una mente sintiente. Siendo así, cada alumno, cada alumna, puede ser acogido "en estado naciente" y el Maestro es, sin duda, partero del ser de ese niño, de ese joven. Testigo de la revelación de sí que se da en cada uno de ellos en esos años llenos de vida en los que "todo es posible y todo está por hacer".
Educar pide maestros y maestras despiertos. Maestros y maestras visionarios porque aúnan a la par "ver" y "visión".