La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Me apunto a lo pequeño

“Yo te bendigo, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Si, Padre, porque así te ha parecido bien.” (Mt 11, 25-27)

Me apunto a esto, sí, me apunto a lo de los pequeños y sencillos. En una época de cosas grandes, de mega-proyectos, de grandes superficies, de alta velocidad en todo, en una época de "calidades y excelencias", de altos niveles de gestión, yo me apunto a lo pequeño, a lo sencillo, a lo de "andar por casa", me apunto al papel y al boli y a las ceras de colores.

Me apunto a esta loca sabiduría que lo grande e importante mira por encima del hombro. Conscientemente me exilio de tinglados grandilocuentes que matan a la persona, la ningunean y le pasan por encima en pro de resultados y saldos finales.

Me apunto a creer en esta poco práctica sabiduría del Evangelio, me la creo y deseo vivirla.

No me gusta el "escaparatismo" vacío de muchos proyectos hechos para vender imagen, pero vacíos de atención cálida a la persona.

Me apunto a lo pequeño.




miércoles, 11 de septiembre de 2013

La Teología de la Liberación hoy

MENSAJE DEL XXXIII CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE “LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, HOY”
Celebrado en Madrid del 5 al 8 de septiembre de 2013
MADRID.

ECLESALIA, 09/09/13.- Del 5 al 8 de septiembre hemos celebrado en Madrid el 33 Congreso de Teología sobre “La teología de la Liberación, hoy”, que ha reunido a mil personas procedentes de los diferentes países y continentes en un clima de reflexión, convivencia fraterno-sororal y diálogo interreligioso, intercultural e interétnico.
1. Vivimos en mundo gravemente enfermo, injusto y cruel, en el que la riqueza se concentra cada vez más en menos manos y crecen las desigualdades y la pobreza. Entre 40.000 y 50.000 personas mueren al día por hambre y guerras, cuando existen recursos suficientes para alimentar al doble de la población mundial. El problema no es, por tanto, la escasez, sino la competitividad, la acumulación desmesurada y la injusta distribución, generadas por el modelo neoliberal. Los gobernantes dejan que gobiernen los poderes financieros y la democracia no ha llegado a la economía. La crisis europea actual tiene como efecto el desmantelamiento de la democracia.
2. La crisis económica se ha convertido en una crisis de los derechos humanos. Los llamados eufemísticamente “recortes” en educación y salud son, en realidad, violaciones sistemáticas de los derechos individuales, sociales y políticos, que habíamos conseguido con tanto esfuerzo a lo largo de los siglos precedentes.
3. Pero esta situación no es fatal, ni natural, ni responde a la voluntad divina. Se pueden romper las inercias cambiando nuestro modo de vivir, de producir, de consumir, de gobernar, de legislar y de hacer justicia y buscando modelos alternativos de desarrollo en la dirección que proponen y practican no pocas organizaciones hoy en el mundo
4. Estos días hemos escuchado los testimonios y las voces plurales de las diferentes teologías de la liberación, que se cultivan en todos los continente y que intentan colaborar en la respuesta a los más graves problemas de la humanidad antes descritos: en América Latina, en sintonía con el nuevo escenario político y religioso y con las experiencias del socialismo del siglo XXI; en Asia, en diálogo con las cosmovisiones orientales, descubriendo en ellas su dimensión liberadora, en África, en comunicación con las religiones y culturas originarias, en busca de las fuentes de la vida en la naturaleza.
5. Hemos comprobado que la teología de la liberación sigue viva y activa frente a los intentos del pensamiento conservador y de la teología tradicional de condenarla y darla por muerta. La TL es histórica y contextual y se reformula en los nuevos procesos de liberación a través de los sujetos emergentes de transformación: mujeres discriminadas que toman conciencia de su potencial revolucionario; culturas otrora destruidas que reivindican su identidad; comunidades campesinas que se movilizan contra los Tratados de Libre Comercio; jóvenes indignados, a quienes se les niega el presente y se les cierra las puertas del futuro; naturaleza depredada, que grita, sufre, se rebela y exige respeto; migrantes maltratados que luchan por mejores condiciones de vida, religiones indígenas y afrodescendientes que renacen tras siglos de silenciamiento.
6. La TL es teología de la vida, que defiende con especial intensidad la vida más amenazada, la de los empobrecidos, que mueren antes de tiempo. Hace realidad las palabras de Jesús de Nazaret: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Llama a descubrir a Dios en los excluidos y crucificados de la tierra: esa es la misión fundamental de las Iglesias cristianas, de la que han estado muy alejadas
7. Los reformadores religiosos han abierto y siguen abriendo caminos de compasión y liberación integral, que deben traducirse política, social y económicamente en cada momento histórico, de manera especial Siddharta Gautama el Buda y Jesús de Nazaret el Cristo (tema de la última conferencia del Congreso.
8. Denunciamos la falta de ética en las políticas gubernamentales que presentan los recortes como reformas necesarias para la recuperación económica. Nuestra denuncia se extiende a los bancos, las multinacionales y los poderes financieros como verdaderos causantes de la actual crisis en connivencia con los gobiernos que lo permiten. Optamos por otro modelo económico cuyos criterios sean el principio del bien común, la defensa de los bienes de la tierra, la justicia social y el compartir comunitario.
9. Denunciamos el uso de la violencia, el militarismo, el armamentismo y la guerra como formas irracionales y destructivas de solución de los conflictos locales e internacionales, a veces justificados religiosamente. Optamos por un mundo en paz, sin armas, donde los conflictos se resuelvan por la vía del diálogo y la negociación política. Apoyamos todas las iniciativas pacíficas que vayan en esa dirección, como la jornada de ayuno y oración propuesta por el papa Francisco. Rechazamos la teología de la guerra justa y nos comprometemos a elaborar una teología de la paz.
10. Denunciamos el racismo y la xenofobia, que se manifiesta de manera especial en las leyes discriminatorias, en la negación de los derechos de los inmigrantes, en el trato vejatorio a que son sometidos por las autoridades y en la falta de respeto a su estilo de vida, cultura, lengua y costumbres. Optamos por un mundo sin fronteras guiado por la solidaridad, la hospitalidad, el reconocimiento de los derechos humanos sin discriminación alguna y de la ciudadanía-mundo frente a la ciudadanía restrictiva vinculada a la pertenencia a una nación.
11. Denunciamos la negación de los derechos sexuales y reproductivos y la sistemática violencia contra las mujeres: física, simbólica, religiosa, laboral, ejercida por la alianza de los diferentes poderes: leyes laborales, publicidad, medios de comunicación, gobiernos, empresas, etc. Dicha alianza fomenta y refuerza el patriarcado como sistema de opresión de género. En la discriminación y el maltrato a las mujeres tienen una responsabilidad no pequeña las instituciones religiosas. La teología feminista de la liberación intenta responder a esa situación reconociendo a las mujeres como sujetos políticos, morales, religiosos y teológicos.
12. Pedimos la inmediata suspensión de las sanciones y la rehabilitación de todas las teólogos y los teólogos represaliados (de quienes han visto sus obras prohibidas, condenadas o sometidas a censura, de quienes han sido expulsados de sus cátedras, de aquellos a quienes se les ha retirado el reconocimiento de “teólogos católicos”, de los suspendidos a divinis, etc.), sobre todo durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que fueron especialmente represivos en cuestiones de teología moral y dogmática, en la mayoría de los casos por su vinculación con la teología de la liberación e incluso por seguir las orientaciones del Concilio Vaticano II. Dicha rehabilitación es exigencia de justicia, condición necesaria de la tan esperada reforma de la Iglesia y prueba de la autenticidad de la misma. Reivindicamos, a su vez, dentro de las Iglesias, el ejercicio de los derechos y libertades de pensamiento, de reunión, de expresión, de cátedra, de publicaciones, no respetados con frecuencia, y el reconocimiento de la opción por l@s pobres como criterio teológico fundamental.
Con don Pedro Casaldàliga afirmamos que todo es relativo, incluida la teología, y que solo son absolutos Dios, el hambre y la liberación

Madrid, 8 de septiembre de 2013

lunes, 9 de septiembre de 2013

Elogio de la lentitud: comenzar el curso creativamente

Supongo que conocéis el libro del periodista Carl Honoré "Elogio de la lentitud". El movimiento "slow" gana adeptos día a día y no me extraña porque ¿acaso de la prisa puede salir algo bueno?

Hace poco reflexionábamos sobre el movimiento "slow" en un curso de formación de educadores/as. Todos/as coincidíamos: el ritmo en el que vivimos cada día no es sano, no es bueno para nadie, sin embargo, los sistemas y estructuras en las que nos vemos inmersos/as nos imponen esa velocidad imparable de la que sufrimos sus consecuencias.

¿Por qué si comprobamos que trabajar así, vivir así no nos satisface, por qué, pregunto, no podemos "bajarnos" de ese ritmo, "apearnos" del tren de alta velocidad diario y saborear de nuevo el ritmo de la bicicleta, del caballo, del paseo...?

Creo que no lo hacemos porque se nos ha colado a todos/as en el inconsciente no sólo el "tanto tienes, tanto vales" sino el "tanto haces, tanto vales" y estar " de brazos cruzados" un rato no queda bien... Pero suspiramos por ello, lo aplaudimos cuando nos lo proponen a nivel teórico. Después, la realidad se impone y todo lo que llevamos entre manos es "para ayer": programaciones, entrevistas, reuniones, actas...

Se nos han colado las tecnologías "alta velocidad", pero esa no es la velocidad humana. El Ser se mueve y evoluciona a otras velocidades más suaves, más humanas. Como nos proponen en determinadas páginas en las que hay que poner unas letras y números para demostrar que no eres un robot... ¡demuestra que no eres un robot y descubre tu ritmo natural y, si lo descubres, respétalo!... Si te llaman lento/a...¡¡que te esperen!! Las grandes catedrales  góticas se construyeron en sucesivas generaciones, míralas, ahí siguen, testimonio de otros tiempos, ni mejores ni peores, pero quizá, tiempos de ritmos y velocidades más humanas.

Ir más despacito no es sinónimo de no hacer nada, es sinónimo de poder tomar conciencia de lo que se hace, de poder mimarlo, de poder afrontar las tareas asumidas con un mayor nivel de paz, serenidad... Ir más lento es sinónimo de poder reconocer cuándo acelerar (porque hay que hacerlo cuando toca) y cuando frenar un poquito o mucho. Sólo así brota la creatividad. Está demostrado que la creatividad aparece en estados de calma, de descanso. La solución a determinadas cuestiones a aparece "mientras tomamos un baño", como le pasó a Arquímedes y es así porque es esos instantes de sosiego, de no pensar en nada en concreto, el cerebro encuentra espacio, se sedimentan las ideas, los pensamientos, las emociones y todo se resitua, entonces aparece el necesario espacio interior para la creatividad, para el pensamiento alternativo.

Os invito a priorizar esos momentos en los que "echar el freno". No permitamos que nos atropellen. podemos apagar el móvil, el ordenador, el IPod y no se hunde el mundo, podemos responder un mail media hora más tarde, responder al teléfono a la cuarta señal sin dejar a nadie con la palabra en la boca por atenderlo, podemos levantarnos de la mesa de despacho e ir despacito al lavabo y gozar de un sorbo de agua fresca. Podemos escuchar a nuestro/a compañero/a de trabajo  tranquilamente, sin estar con un pie preparado para echar a correr, podemos, ¡qué vital! (más bien debemos) escuchar a nuestros/as alumnos/as, sus miedos, sus deseos, sus dudas...

La educación no hace buena pareja con la prisas. ¿Para cuando colegios "slow? Esa es calidad de la buena: atender a la persona concreta y no a los papeles, para eso están los gestores, nosotros/as educadores/as...¡a lo nuestro! a comenzar el curso creativamente y, para ello...¡haz tu elogio de la lentitud!

martes, 23 de julio de 2013

En camino

Estas son fechas de campamentos, camino de Santiago, éxodos a segundas residencias, días en parajes diferente a los habituales...

Todos en camino, de aquí para allá, con mochilas, con maletas, con cámaras de fotos, con sonrisas e ilusiones, con pereza a veces...

Se mira al cielo esperando sol, que el tiempo acompañe.

Se inmortalizan en las cámaras sonrisas y miradas, paisajes, momentos para el recuerdo... 

Yo quisiera estar siempre en camino. No perder el alma de nómada y trashumante. Paso a paso, con poquito equipaje pero repleto el interior de confianza, de amor, de esperanza.


No quisiera negarme a la aventura de la Vida mendigando migas de seguridad. Prefiero la incertidumbre, la fe vibrando en lo incierto.



Pido a la Vida no perder las ilusiones, los sueños, pero, sobretodo y más que todo, no perder un corazón abierto de par en par.



Quiero permanecer despierta, vigilia del alma, atenta a la llegada de lo por venir. Con cada paso escudriñar el horizonte como vigía de lo que será, de lo que ya está siendo, de lo que late en corazón de todo y de todos.



Quiero exiliarme de la comodidad y abismarme en el continuo fluir en el que somos.



Aunque no me mueva, aunque parezca que no pasa nada fuera de lo normal, aunque mi cámara se quede vacía de instantáneas, aunque no conozca otros parajes, que sea mi corazón el amplio cielo, el profundo mar, la larga estela, la casa abierta, el abrazo nunca negado y la perenne sonrisa.

sábado, 6 de julio de 2013

¿Qué les queda a los jóvenes?

Ante todo este desastre social... ¿Qué les queda a los jóvenes? Benedetti lo dice precioso:

¿Qué les queda a los jóvenes?
...les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros.

...les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar.

...también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.
                                                           -Mario Benedetti.

miércoles, 3 de julio de 2013

Micro-relato de una paz sencilla

Caminaba acariciando con su mirada todo cuanto miraba. Sus pasos eran suavemente firmes, como si sus pies fueran conscientes de la sacralidad de la tierra. Su ritmo ni apresurado ni indolente. Caminaba con todos, entre todos, una más.

El suave sol de un tardío verano insuflaba vigor a sus huesos, calor a su piel e internamente lo agradecía. 

Un alegría delicada, carente de alharacas, latía en su alma. A pesar de todo o, mejor dicho, gracias a todo, estaba en paz. "Está bien que todo sea como es", tal era la frase que resonaba sin palabras en su corazón.

El cansancio físico y la fatiga mental, las diferentes fuentes de preocupación; familia, trabajo, amigos, eran a la vez fuente de gratificaciones y alegrías, "lugares" de encuentro con la Vida.

"Todo está bien, es bueno que todo sea como es". Abrió la puerta de su casa. Era hora de hacer la comida.

viernes, 14 de junio de 2013

"Vuelva VD. Mañana"

Mariano José de Larra en uno de sus más famosos artículos dejaba constancia de esta cantinela que sigue resonando eternamente en las ventanillas de nuestro país.

Durante tres días he vivido en primera persona el "via crucis" al que nos somete la Administración, en este caso, la administración autonómica vasca. Mis amigos de otros lugares me dicen que aquí estamos fenomenal en comparación con el resto de España, incluso nos llaman "la pequeña suiza". Puede ser... no niego que el nivel de "bienestar" vasco sea mayor que el de otras autonomías, sin embargo, muchas cosas han empeorado en los últimos años, en concreto, nuestro sistema de bienestar social, el sistema educativo y el sistema sanitario, es decir, como en todos sitios: los territorios más esenciales de una sociedad son los más sacudidos por las consecuencias de la falta de moral de unos pocos. Una falta de moralidad que, en el caso de la decadencia del sistema de bienestar social vasco, tan excelente en otros tiempos, no sóloha estado presente en los políticos sino en muchos ciudadanos que, literalmente, han pasado años viviendo de ayudas que no les correspondían. En tempos de pujanza nadie supervisó esas malas prácticas, hoy pagamos el precio muchos que jamás cometimos tales afrentas.

No entro en detalles, símplemente comparto la sensación de impotencia que genera intentar convencer a la administración de que aquello que pides, en este caso para mis padres, es justo. Una impotencia creciente como creciente es la exigencia de todo tipo de papeles y justificantes que se nos piden. Para todo ese papeleo se te da un plazo de "10 días hábiles" desde la recepción de la cartita que te pone al borde del infarto. Una carta impersonal en la que se te enumeran los documentos que debes presentar si no quieres perder lo que ya se te concedió hace menos de un año.

Una se indigan: se nos dan diez días mientras unos anónimos funcionarios trabajan a un ritmo tan lento que cientos de familias vascas están esperando lo que ya se les concedió en medio de un gran padecimiento. La admnistración, lenta ella, te exige rapidez a ti. Durante dos días vertiginosos, abandonando mis quehaceres, he deambulado de ventanilla en ventanilla, he "cogido número" asistiendo al espectáculol lamentable de personas mayores esperando pacientemente, sentadas en incómodas sillas o de pie, mientras, de dos ventanillas habilitadas, una queda vacía porque la señorita o señora que allí se sienta, se larga a tomar su café con una parsimonia que resulta insultante regresando veinte minutos después, con la consiguiente ralentización durante su ausencia del ritmo de atención al ciudadano/a

He de decir que, como he visitado tan dispares ventanillas y salas de espera, el peor panorama ha sido el de Lanbide, el servicio de trabajo vasco y, justamente, donde todos/as vamos a parar tras el periplo "ventanillero". Allí las colas son mayores y las ventanillas menores en número en comparación con las oficinas de la Seguridad, Social, Hacienda o el Registro Civil.

Una vez llegado el triunfante momento de tomar posesión de tu turno, es decir, cuando te toca turno, te sientas y estás al "albur" del humor del representante de la administración, curiosamente de forma mayoritaría mujeres ¿por qué será? Las he encontrado amables, sonrientes y cercanas, pero también claramente estúpidas y engreídas, como si ocupar una silla al otro lado de un mesa les situará por encima de quien está al otro lado y que pierde todas sus características humanas. Da igual si eres ingeniero, profesor, una anciano con muchos más años de vida que la oficinista, médico, obrero o ama de casa, ellas, las engreídas o cansadas, te miran como si fueras imbécil  o hubieras cometido el crimen de hacerles trabajar.

Cuando una recibe la famosa cartita con una larga lista de documentos que hay que entregar en diez días, acude en busca de ayuda a la oficina de Lanbide. Es evidente que para muchos/as de nosotros/as es la primera vez que oímos habalr de "certificado de esto y de aquello". Surgen mil preguntas: ¿Qué es eso? ¿dónde se consigue? ¿dónde está esa oficina? ¿qué hay que llevar? Bien pues, en mi caso y gracias a la tontería mental de la señora que me atendió, su mala información me supuso una mañana completa, de 8:00 a 13:30 viajando de oficina en oficina, de ventanilla en ventanilla sin conseguir nada de nada puesto que para todo necesitaba algo que no tenía y no lo tenía porque quien se supone debía informarme no lo hizo.

El periplo de aquella mañana me hizo un gran favor: entré en comunión con los millones de personas que viven cada día, y no unas horas como yo, el no ser nada, no ser nadie, el que tu tiempo no vale nada, ni tu cansancio, ni tu urgencia. La Administración es un gran muro que, en lugar de facilitar al ciudadano cauces de negociación, de mejora, de diálogo, genera agotamiento, impotencia, sensación de no ser nadie o de ser un mero número. La vida no es fácil para muchos/as y a ello la Administración le suma su capacidad de generar un dolor añadido, el de querer y no poder, el de ser como un apestado porque no se tiene tal o cual papel. Pienso en mis padres, tras toda una vida de trabajo, ahora deben demostrarlo todo, incluso que viven donde viven, mis padres, parte de esa generación que ha levantado este país en la postguerra, ahora son tratados como presuntos mentirosos. Ochenta y cinco años de vida de mi padre quedan reducidos a certificados que son mirados con indolencia y frialdad por personas anónimas que, seguramente, no trabajan ni la mitad de lo que él hizo a lo largo de sus vida. Claro, en mi mente ha surgido una y otra vez el recuerdo de los corruptos de alta clase a los que parece que la Administración no trata igual que a mis padres... Eso hace nacer la indignación.

La falta de creatividad de nuestros gobernantes genera todo esto. Son diferentes administraciones sin coordinación entre ellas que generan una multiplicación de certificados cuyo resultado es el agotamiento del ciudadano/a que, en no pocos casos, abandona los trámites por agotamiento o, en el caso de muchos ancianos, por la pura imposibilidad de desplazarse de oficina en oficina.

Me surgen miles de preguntas, de quejas, de sugerencias. Demasiado prolijo exponer todo elo aquí. Lo resumiré diciendo que, cuando la crisis aprieta, es deber de quienes atienden a esa ciudadanía, ser exquisitos. Lo siento, aquí no caben cansancios ni perezas. Tengo amigos que trabajan en el ámbito del bienestar social y sé cómo se hacen las cosas cuando se hacen con corazón y responsabilidad.

Ayer terminé esta carrera de obstáculos, al hacerlo no puedo expresar la sensación de triunfo que me invadió. Por desgracia, sé que en unos meses, la Doña Administración me dirá: "Vuelva usted mañana" y no porque me cierren la ventanilla en las narices, sino porque nos obligarán a hacer de nuevo lo que ya hicimos para demostrar que merecemos lo que nos corresponde.

miércoles, 5 de junio de 2013

La medicalización superlativa

El ser humano posee facultades maravillosas, entre ellas la de dialogar con su cuerpo y escuchar de qué enfermedades del alma le habla. La enfermedad corporal, en algunos casos, es la última palabra que nuestro Ser emite para hacernos ver que algo no va bien. Como un piloto rojo, el cuerpo duele o se enferma de determinadas maneras cuando no escuchamos nuestras emociones, nuestras crisis, nuestros dolores "no-físicos".

Pero la forma de vida por la que hemos ido optando en occidente nos ha convertido a la mayoría de nosotros en vedaderos "analfabetos corporales". No escuchamos nuestro cuerpo, no entendemos su lenguaje simplemente porque no escuchamos nuestro mundo interior, porque aun escuchándolo no lo entendemos, nos perdemos en él. Analfabetos "vitales", podríamos decir.

Hay quien cuida su salud física a través del ejercicio, de una alimentación determinada. Eso está muy bien, pero, cuando llega la enfermedad, por pequeña que sea, inmediatamente acudimos a las píldoras y lo hacemos porque la mayoría de los médicos proponen ese camino.

Es raro el médico que al explicarle nuestros síntomas nos pregunte por nuestro estado emocional, por nuestras inquietudes, preocupaciones, miedos, responsabilidades, relaciones. ¡Claro, uno va al médico no a confesarse! De acuerdo, pero hicimos mal en occidente al separar de forma tan contundente cuerpo y espíritu, ese dualismo que criticamos en lo religioso, rige gran parte de la práctica médica occidental. A tal dolor, tal pastilla o tal operación o tal tratamiento, aunque comporte problemas y tratornos de todo tipo.

No propongo ni mucho menos obviar las excelencias de nuestros avances médicos, sino reconocer que vivimos en un contexto de medicalización superlativa. Por ejemplo, nuestros ancianos son inmediatamente drogados, atontados para que superen sus ansiedades y tristezas. Ante la falta de compañía, de amor, de seres paciente y amables en sus vidas, nuestros mayores son atiborrados de pastillas para dormir, para tranquilizarse... Sin embargo, dentro de nosotros vive la capacidad de acoger los dolores vitales de tal forma que los sanemos, eso sí, poco a poco, no de un día para otro, pero ese tipo de sanación desde el interior, proporciona crecimiento personal, cosa que las muchas pastillas impiden tantas veces.

Frente a la ansiedad, la depresión, la angustia, la tristeza, una pastilla puede ayudar en un momento determinado a no hundirse, pero no ayuda a solucionar el problema de fondo. Escucharse, respirar, llorar lo que se debe llorar el tiempo necesario, hablar con seres sabios, meditar, orar, hacer deporte, pasear, pintar, escribir, jugar, abrazar y dejarse abrazar, practicar el pensamiento positivo cuidar de otros, leer, callar, reconciliarse con la soledad, aprender a dejar ir y un largo etcétera de verbos y sustantivos más potentes que muchas pastillas pero que olvidamos cuando nos sentimos mal físicamente.

Educar la Interioridad tiene que ver también con recuperar la sabiduría que aúne cuerpo y alma de tal forma que seamos personas más sanas por dentro y por fuera, física, emocional y espiritualmente.