La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

lunes, 18 de abril de 2011

¡DES-VÍVETE!

Dentro de muy pocos días los cristianos entraremos de lleno en la celebración de tres días de un calado único. El Triduo Pascual que confluye en la celebración más importante de todo el año: la Vigilia del sábado santo, la noche santa que nos lleva a la Resurrección haciendo memoria de la actuación de Dios en la Historia de los hombres y de las mujeres. 

Permitidme que os diga que no deja de llamarme la atención la forma en la que se resalta el viernes santo y la manera en la que olvidamos la Vigilia y los 50 días de celebración de la resurrección de Jesús. En medio queda el jueves santo como el día del lavatorio, gesto litúrgico original, pero sin más carga vital y más con la total asepsia con la que se realiza en muchos lugares.

Para mí estos días son aterradoramente revolucionarios. Desde mis 15 añitos en los que viví la primera pascua joven con mis monjas de Sta. Ana, no he dejado de retirarme ni un solo año para darme la oportunidad de contemplar la Pascua de Jesús. Dejé atrás la Pascua de jóvenes y encontré otras formas de vivir el Misterio. Pascuas en Manresa, en silencio absoluto, con celebraciones sorprendentes, hermosas. Mi primera Pascua "urbana" en una parroquia de Barcelona que fue algo mágico por los ecos que generó y, actualmente la pascua en la Parroquia de S. Juan, en Vitoria. Otro regalo precioso.

No sé si los que nos decimos seguidores de Jesús caemos de verdad en la cuenta de la densidad de estos días. Del mismo modo que la Navidad se nos desdibuja vestida de regalos y comilonas, quizá la Pascua se nos transforma en la oportunidad de unas vacaciones primaverales o en un ir y venir de procesiones.

Ayer, Domingo de Ramos, resonaron de nuevo esas palabras arrolladoramente retadoras de Pablo: "Tened los mismos sentimientos de Cristo, el cual, no se aferró a su condición divina, al contrario se vació de sí mismo haciéndose uno de tantos y el servidor de todos..." 

¿Podemos escuchar algo así y continuar manteniendo imágenes de Dios como las de Juez, Señor feudal, Dios enfadado que exige que alguien pague el pato por el pecado original?

En el umbral de la Semana Santa se nos propone contemplar el vaciamiento de Jesús, del hijo de Dios. El vaciamiento de la Palabra que no da lugar a una palabra vacía sino a una palabra calladamente rotunda, rotundamente callada. Será el cuerpo de Jesús la palabra final, cuerpo entregado y atravesado...CUERPO RESUCITADO. Juan, el discípulo amado, sabrá ver en el crucificado al Resucitado... Nosotros, generalmente, nos quedamos en la cruz... nos cuesta llegar a la alegría inconmensurable de la Resurrección de Jesús, promesa y realidad de nuestra propia resurrección.

Pero, atravesando todo ello, se encuentra el camino del vaciamiento, del despojamiento, del "hacer espacio". Desde el momento mismo de la Encarnación, Dios acontece en la Historia vaciándose de sí. Si leemos todo el evangelio "kenóticamente" (kénosis significa vaciamiento), cada momento de la vida de Jesús, cada palabra, cada milagro, cada parábola, se reviste de un significado nuevo, interpelante...

Lo que sucede el viernes santo, no es sino la consecuencia de un camino de "dejar de ser siendo". Jesús se pertenece por completo a sí mismo porque pertenece por completo al Padre. El Abbá, Padre/Madre y Jesús, son Uno. Jesús se entrega absolutamente al Abbá, se vacía en Él y de Él lo recibe todo, por ello puede dar-se entero, partirse y repartirse... El jueves santo, cuando contemplemos esa cena última, primer icono de la mesa del Reino en la que todos tienen alimento y amor, veremos que Jesús puede ser como el pan porque en él no hay durezas, no hay opacidades, no hay deseos de conservar su ser a precio del ser de los demás. Jesús puede ser como el vino porque su esencia es sabrosa, esencia de fiesta y alegría, no de tristeza y autocompasión.

Por eso, este año, en la parroquia, hemos puesto por lema a la Pascua ¡DES-VÍVETE! y lo hemos hecho porque estamos en tiempo de crisis, una crisis económica, sí, pero que pone al descubierto una crisis de humanidad. Ante ello, los cristianos debemos echar mano de la raíz revolucionaria del cristianismo: la revolución de la toalla: ceñirse la toalla y SERVIR... Servir compartiendo, conviviendo, empecinándonos en la pervivencia del amor que tiene como favoritos a los crucificados de mundo, a los silenciados. Por eso la invitación es a des-vivirse: dejar de vivir centrado en mí para permitir que Jesús sea mi centro, mi raíz. Me des-centro para centrarme, me abandono para ser recogido, me olvido de mí y me reencuentro en los demás que son "lo otro de mí".

Des-vivirse es vivir como nuestras madres, en clave de amor gratuíto. Des-vivirse es entregarse sin alharacas, sencillamente, como dice Lluís Espinal, "gastar la vida sencillamente, sin protagonismos, como el agua que brota de la fuente, como la madre que da el pecho a su bebé..."

Ojalá la contemplación (que no la mera "ojeada", la mirada superficial y rutinaria) de la vida de Jesús, de su divina humanidad, de su humanidad divina, nos arrastre irremediablemente hacia los demás. Ojalá Jesús nos queme dentro, su Amor loco y nos dejemos quemar para luego poder prender fuego al mundo con nuestra esperanza, con nuestro amor, con nuestra confianza en Dios y en el ser humano.

Os deseo una Semana Santa ardientemente profunda...

2 comentarios:

Emilio dijo...

GRACIAS por esta preciosa reflexión.
GRACIAS por tu deseo de vivir una Semana Santa profunda.

LLegas al corazón y tocas el corazón de mucha gente. GRACIAS por tu mensaje.

Elena Andrés Suárez dijo...

¡Emilito! Ongi etorri... sin palabras