La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Sexualidad, crecimiento personal y espiritualidad

Algo hemos avanzado en el discurso espiritual en materia de corporalidad. De vez en cuando hay autores/as que nos recuerdan que somos seres corporales y que nuestro cuerpo participa de la vivencia interior, es más, se hace cauce de ella cuando no, incluso, punto de partida para la misma. No está mal. En nuestra cultura católica occidental hemos atravesado siglos "sin cuerpo" o quizá obsesionados tan sólo por una dimensión del cuerpo: la sexualidad. Parecía que, a mayor evolución espiritual, menor corporalidad hacía falta.

Si repasamos la evolución de los documentos magisteriales en materia de moral podríamos decir que prácticamente se reducen a la moral sexual. Ciertamente la Moral Social o Doctrina Social de la Iglesia también ha ido evolucionando, pero el hincapié en materia de moral sigue haciéndose en lo referente a la sexualidad.

Permítaseme una crítica constructiva a nuestros hermanos obispos: ¿para cuándo verles encabezar alguna manifestación contra la ley de inmigración o contra el sistema que ha producido esta terrible crisis económica que ahoga a tantas personas sencillas? Bien está pronunciarse contra la ley del aborto, pero mejor aún equilibrar las quejas magisteriales ampliándolas a los dramas sociales como el paro, la violencia de género, los sin techo, el uso de la  prostitución y el calvario de las mujeres obligadas a ejercerla, los contratos basura, el comercio de armas y un largo etcétera de injusticias sociales graves y de atentados contra los derechos de las personas, por no hablar de la escasez de pronunciamientos públicos en contra de las múltiples guerras y hambrunas que asolan a tantos pueblos de nuestro planeta.

¿Por qué lo sexual atrae tanto la atención del magisterio católico y de muchos movimientos laicales que ponen en ello un gran énfasis? ¿Por qué lo sexual-genital se hace tan presente, en el otro extremo, en programas del corazón, en discursos de emancipación de todo tipo? Quizá porque la sexualidad es realmente importante, es un dinamismo de una increíble potencia en el sí del ser humano, pero no acabamos de encontrar el punto de equilibrio. 

Quiero señalar que para mí, personalmente, no deja de resultar cuando menos "curioso" (por no decir  enervante) que la reflexión sobre la sexualidad en el ámbito católico la encabecen y firmen varones célibes. Creo que las mujeres somos más "pacíficas" en la vivencia de la sexualidad, quizá no nos rompemos tanto la cabeza o  a lo peor, por desgracia, en el contexto católico, nos hemos resignado a que hablen por nosotras sin apenas escucharnos y sin molestarnos nosotras mismas en corregir discursos realmente obsoletos y, tantas veces, insultantes. La mujer, en todo caso, comparte con sus íntimas (madre, hermana, amiga...), sus preocupaciones y gozos sexuales sin pretender imponer nada a nadie. La reflexión sobre sexualidad de las mujeres tiene lugar en el ámbito de la confidencia y también, desgraciadamente, en el ámbito del hermetismo y el silencio. Es una herencia de la historia de la mujer sobre la faz de la tierra: recluída al ámbito del hogar, reflexiona y se expresa en la intimidad del mismo con sus iguales, las otras mujeres.

Hoy, queriendo dejar a un lado el oscurantismo de antaño, caminamos hacia un modelo de hombre y de mujer que gozan del ejercicio de su sexualidad abiertamente. Especialmente, desde los mass media,  se nos transmite un perfil de mujer que toma la iniciativa en materia de relaciones sexuales. Sería estupendo este aparente equilibrio de los roles tradicionales si no fuera porque, en una sociedad que se pavonea de haber dejado atrás los lastres y tabúes de antaño en torno a la sexualidad, seguimos siendo tan pacatos como siempre, sólo que ahora nos situamos en otro extremo, el del "todo vale", "todo se dice", "todo es bueno". 

Pero olvidamos que una vivencia serena y equilibrada de la sexualidad no se basa tan sólo en la genitalidad, sino que incluye aspectos como la ternura, la generosidad, la escucha, el pudor, la espera, el respeto y un largo etcétera de cuestiones de las que no se habla con tanto coraje y profusión como se habla de otros temas meramente genitales.

Porque cuando hablamos de sexualidad hemos de tener en cuenta dos claves que, a mi modo de ver, son importantísimas: la sexualidad en referencia a la vivencia del mí-mismo y la sexualidad en cuanto relación con otro/a.

Sobre estos dos aspectos de la sexualidad intentaré ir reflexionando en las próximas entradas de este blog. Por hoy, simplemente lanzó estas cuestiones y espero vuestros comentarios.




2 comentarios:

Javi dijo...

En cierta ocasión un profesor de la facultad me insunuó que aplicará el psicoanálisis de Freud al magisterio de la Iglesia y a sus doctores... quizá tenga algo que decir en todo esto...

Muchas gracias Elena por abordar este tema, que sigue teniendo tantas oscuridades para los que intentamos seguir siendo creyentes.

Un abrazo, Javi

Elena Andrés Suárez dijo...

Gracias a ti Javi, un abrazo.