Hoy es el día de la Paz y la no-violencia.
Hoy, un grupo de 18 monjes budistas, liderados por el venerable Bhikkhu Pannakara, recorre Estados Unidos a pie desde el 26 de octubre pasado. La denominada "Marcha por la paz" se ha convertido en un gesto revolucionario y disruptivo en medio de las atrocidades vividas en Minneapolis.
A pesar de las enormes nevadas y el frío, los monjes avanzan recibiendo el saludo y la emoción de los habitantes de las ciudades por donde pasan. Ellos regalan pulseras y bendiciones, sonríen, saludan, aceptan flores y frutas. Ver los vídeos que cada día se comparten resulta consolador porque se percibe la enorme potencia de un gesto tan sencillo, humilde y pacífico, simplemente caminar...
En muchos colegios hoy se hablará de Gandhi. Un 30 de enero de 1948, Mahatma Gandhi fue asesinado a punto de comenzar sus rezos.. Mucho antes, el 12 de marzo de 1930, había protagonizado la Marcha de la sal. Aquella marcha fue un acto revolucionario sin parangón en la India y en el mundo. Gandhi comenzó a caminar en dirección al mar para recoger sal. Las leyes del Imperio británico prohibían a los indios recolectar sal.
Más de 300 kilómetros fue la distancia recorrida por Gandhi desde su retiro religioso en Sabermanti, en el oeste de India, hasta Dandi, en la costa del mar Arábico. Un recorrido que duró casi un mes y que logró llamar la atención de la prensa internacional. En su transcurso fue sumando a miles de personas por el camino, transformando el pequeño grupo de manifestantes inicial en una procesión de kilómetros.
Cuando la Marcha de la sal llegó a su destino, el 6 de abril de 1930, Gandhi hizo una acto simbólico que encerraba un significado político enorme: entró en el agua y caminó hasta la orilla en la que se encontraban los depósitos de sal. Allí, cogió un puñado de arena rica en sal, alzó su mano y pronunció la famosa frase: "Con este sencillo gesto sacudo los cimientos del imperio británico".
A partir de ese momento miles de personas de todo el país se unieron para recolectar ilegalmente sal siguiendo el gesto de desobediencia civil de Gandhi. La reacción del imperio fue brutal y despiadada: más de seis mil personas fueron detenidas, incluido el propio Gandhi. Y el 21 de mayo unas dos mil quinientas personas que avanzaban pacíficamente hacia las salinas de Dharasanam fueron golpeadas y maltratadas. Dos persona fallecieron. Esta brutal represión, conmocionó al mundo y puso en jaque a los británicos.
Un año más tarde, Gandhi fue puesto en libertad y llegó a un acuerdo con el virrey británico, Lord Irwin, para liberar a otros presos y reconocer el derecho de los indios a explotar los recursos salinos. Además, viajó a Londres como el único representante del Congreso Nacional Indio para participar en la mesa redonda para modificar la Constitución de la India. Allí se encontró con la negativa a aceptar la independencia y el desprecio de políticos como Winston Churchill. La independencia india tendría que esperar aún hasta 1947, sólo unos meses antes de que Gandhi fuera asesinado.
Creo importante que hagamos memoria de estos hechos en un momento tan convulso del mundo. Gaza aún arde y sufre. Putin continúa masacrando Ucrania. En Irán el pueblo clama por un cambio mientras es atacado por el sistema de los Ayatolás. Trump se pasea por el mundo como sheriff autoproclamado y matón del barrio, mientras la UE, silenciosamente, deja de mirar a USA para mirar, precisamente, hacia la India y de firmar con ella una pacto de libre comercio cuyas consecuencias aún desconocemos pero que marca un cambio de rumbo histórico.
Y, entre todo esto, las atrocidades del ICE en Minneapolis, ponen en marcha a ese grupo de 18 monjes que caminan y caminan como clamor por la Paz.
Quisiera poner el foco en ese gesto de caminar, de "marchar". La "marcha meditativa" o KINHIN, es una práctica propia del zen, pero también presente en las tradiciones monásticas cristianas. He tenido la oportunidad de practicarla a lo largo de mi formación en Leibterapia y he decir que es uno de los elementos de la meditación zen que más me han impactado y enseñado. Mi maestra, Laia Monserrat la describe así: Por marcha meditativa entendemos el ejercicio que hace del andar un gesto espiritual y que procura una profunda sensación de paz y orden interior. Cuando hablamos de meditación estamos haciendo referencia a un estado en el que la persona que medita se pone al servicio de lo esencial, se abre internamente al contacto con lo que hay fuera y dentro de ella, sin juzgarlo. La meditación no es una comprensión intelectual del mundo, es una experiencia.
Paz y orden interior, porque ahí empiezan todas la batallas: dentro de cada uno de nosotros.
Caminó Gandhi, caminan los monjes budistas de USA, caminó el pueblo de Israel cuarenta años por el desierto, caminó Jesús por las calles y pueblos de Israel y Él nos dijo: Yo soy el camino...
Caminar, ese acto tan sencillo tan cotidiano pero que encierra tanta magia. El camino como símbolo de la vida. Y caminar como proclama silenciosa de justicia, cambio social y paz.
Caminar con conciencia, presente a cada paso, presente al camino mismo, sin pretender llegar. Caminar libre, con poco equipaje, caminar abierto al encuentro. Caminar como metáfora de que todo es cambio continúo y es absurdo pretender aferrarse a algo.
Un camino, una marcha que hoy, en este comienzo del 2026, es un gesto revolucionario.
No dejo de ver las noticas sobre la Marcha por la Paz. Recuerdo a Gandhi... Recuerdo tantas marchas que han nacido como clamor contra el opresor. Me pregunto cómo recibirán en la capital estadounidense a estos monjes. ¿Les acusarán de terroristas o de extremistas de izquierda? ¿Confundirán sus bastones y sombrillas con rifles y les dispararán? ¿Les expulsarán por no ser de raza caucásica?
Es tan enorme el contraste entre estos dieciocho hombres camiRantes y el orgullo y soberbia de Trump y su séquito... Es como ver a David contra Goliat, es como en la plaza de Tiananmén en 1989: un hombre pequeño frene a los grandes tanques de guerra...




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