La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

martes, 10 de enero de 2012

ES HORA DE DESAPRENDER

Hay un anuncio de un banco que llama poderosamente mi atención por su lema: "hora de desaprender". Es una idea sumamente sugerente. Es una llamada a algo que todos debemos hacer pero pocos conseguimos. Y por ello me da pena que una idea de tal profundidad sea utilizada como propaganda de un banco y más en este momento.

Me apena que ideas que apelan a procesos muy necesarios para el ser humano sean leidos en clave mercantil. Sucede como con la lectura descontextualizada y "ligth" que occidente ha hecho de las técnicas de meditación orientales convirtiéndolas en paraísos de la autocomplacencia, en algo exótico y de moda, sin más, vaciándolo todo de su contenido profundo, místico en el sentido más pleno de la palabra.

Decir que es hora de desaprender y querer que aprendamos que eso es clave de éxito y, por lo tanto, de conseguir más dinero, es "prostituir" el sentido verdadero de esa propuesta.

En este blog hemos reflexionado muchas veces sobre el necesario proceso de vaciamiento que debemos afrontar para que pueda emerger nuestra Esencia, manifestarse nuestro Ser. Lo primero es desaprender nuestra tendencia a la superficialidad que es exactamente lo contrario de la interioridad. La superficialidad nos aleja de nuestro auténtico yo que es, paradójicamente, un "no-yo". Pero para poder siquiera acercarnos a vislumbrarlo es necesario querer hacerlo, poner los medios para que se dé la manifestación del nuestro Ser interior. Eso supone un proceso de "des-aprendizaje" de tal potencia que no podemos marcarle día ni hora. 

Ya hemos dicho que para no pocas personas el detonante de estos procesos de "regreso a casa", a la casa interior, son las crisis, las pérdidas... Un "tiempo oportuno" en el que algo nos hace despertar. Al despertar lo primero que comprendemos de forma espontánea es que "lo de siempre" ya no nos dice nada, ya no nos sirve, ya no nos es válido. Comienza así el transito hacia una nueva hondura de vida y la persona se transforma en humilde aprendiz de todo.

Desaprender no es fácil, no sucede porque me lo proponga o porque me digan que tengo que hacerlo. Sucede cuando tiene que suceder, acontece incluso sin saber cómo ha sido... Es una gran paradoja: nada puedo hacer pero, a la vez, debo quererlo con una "muy determinada determinación".

Desaprender evoca las "nadas" de San Juan de la Cruz, evoca la infancia espiritual de Teresa de Lisieux o la Dama Pobreza de San Francisco de Asís y de Santa Clara. Desaprender tiene que ver con el nuevo Ignacio que se gesta entre las ruinas de la muralla de Pamplona, en la cama de Loyola y en la soledad de la cueva de Manresa. Tiene mucho que ver con el proceso de cambio de Teresa de Jesús por el que decide no hablar más con hombres sino con ángeles. 

Desaprender conlleva, para la mayoría de nosotros, cambios de gran calado interior, aunque muchas veces las cosas por fuera no cambien. El cuerpo, la psique y el alma participan por igual del des-aprendizaje.

Pero hay más. Si un banco nos propone desaprender...¡magnífico! porque quizá lo primero en lo que sí  podemos poner empeño es en desaprender este estilo de vida consumista, deshumanizador, competitvo, agresivo e individualista del que los bancos en su inmesa mayoría son abanderados.

Es hora de desaprender, si: desaprender el egoísmo, desaprender el individualismo, desaprender la divisón simplona en "buenos y malos" "los de aquí y los de fuera". Desaprender la desconfianza. Desaprender la prisa y el ruido. Desaprender la pretensión de que existe algo objetivo y, por lo tanto "yo tengo la verdad". Desaprender, en definitiva, todos los constructos del Yo inmaduro.

Sí, señores de los bancos, es hora de desaprender, pero si nos tomamos en serio su invitación, a lo mejor se quedan Vds. sin clientes...

5 comentarios:

Javi dijo...

Gracias por la hondura que nos aportas Elena, y los retos que nos señalas: Desaprender los constructos del yo inmaduro,¡puf!

A mí me recuerda al disco "Desaprender" de Luis Guitarra y su canción "Desaprender la guerra" que es preciosa

http://www.youtube.com/watch?v=EC-xvYC7ooU

Gracias por la entrada.

Elena Andrés Suárez dijo...

GRacias a ti Javi, reflexivo quijotesco. Un fuerte abrazo y gracias por la canción.

Amaia dijo...

Interesante, sugerente y acertada reflexión, Elena:
Resulta chocante que con la que está cayendo sea precisamente un Banco el que nos hable de desaprender. En estos tiempos en que los bancos rescatan a los bancos, los Gobiernos rescatan a los bancos rescatadores y los Gobiernos rescatadores son rescatados por otros Gobiernos a los que cualquier día habrá que también que rescatar… Acabamos de concluir un año sin que hayamos desaprendido lo bastante para no volver a caer en los mismos errores. Esto no tiene más solución que echar por la borda gran parte de lo que hemos conocido hasta ahora. Como bien dices es hora de desaprender el egoísmo, desaprender el individualismo, la desconfianza, la prisa, el ruido… Pero, lamentablemente para millones de personas, necesitamos demasiado tiempo para desaprender lo aprendido.
Gracias por tus reflexiones Elena
Feliz noche
Amaia

Elena Andrés Suárez dijo...

GRacias a ti Amaia por hacer na vez más una valiosísima y acertada aportaciòn.

Ignacio Morso dijo...

Juan Mª de la Mennais nos habla de una humildad que nos permite ese encuentro auténtico con Dios, con nosotros mismos, desprendiéndonos, o como dices tú, desaprendiendo, de tantas cosas que nos separan de mi mismo, de quienes más pequeños, ... en definitiva, de ese Dios que nos habita... ¡Gracias Elena!