La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

viernes, 28 de agosto de 2026

Un aceite que no puede compartirse

Agosto emprende su recta final como mes de vacaciones en este lugar del mundo en el que habito. No sé cómo es en otros lares, pero aquí, agosto lo paraliza todo como en una especie de "dormición" generalizada en la que estamos en otro mundo, volcados en el asueto total.

Pero en esa última semana, en los colegios ya tenemos a los equipos directivos trabajando a todo trapo para poner en marcha el motor escolar que es motor de explosión: pasa de cero a cien en menos de un segundo.

Y hoy me ha parecido todo un regalo que el evangelio sea el que es: las  diez doncellas que esperan al esposo con su lámparas y, como tarda en en llegar, se duermen.


Me encanta porque lo de dormirse es tan sumamente humano... La Biblia está llena de personajes que se duermen, en algunos sueños acontecen revelaciones (como el sueño de Jacob o como José que en sueños recibe la revelación de la misión de su mujer, María) y en otros el durmiente se pierde algo (alguno el pelo, como Sansón y con él, su fuerza o como en esta parábola el aceite que hace brillar la lámpara).

  • Y yo: ¿me "duermo en los laureles"? ¿Me pierdo en ensoñaciones vanas o viven en mi corazón sueños hondos, inspiradores? ¿Vivo dormido, ajeno a lo profundo de la existencia, a los demás o vivo atento, despierto, abierto a escuchar y ver lo que se me dice desde la vida y su aconteceres?

En esta hermosa parábola que nos narra Jesús, hay diez jóvenes, diez mujeres llenas de vida (lámparas con aceite). 

  • Para todos: Siendo sincero, ¿Cuánto aceite hay en mi lámpara-corazón? ¿Me siento "encendido" o "medio apagado" ¿Qué me llena, de vida? ¿Qué me quita la vida?
    • Para ti , profe: intenta visualizar a tus alumnos, a los que ya conoces y los nuevos que llegarán. Son así, son vida en estado puro... Tristemente aún siendo personas en el inicio de su vidas, algunos llegarán hasta ti ya con poco aceite: falta de autoestima, etiquetas que les han puesto en el cole, miedos, historias personales y familiares duras... ¿Qué está en tu mano hacer para que cada alumno descubra su propio aceite, el que hace que su mirada brille?

Las diez jóvenes están expectantes: esperan al esposo, es decir, esperan y anhelan algo vital, a alguien o algo que les desposa con la vida, que les dará raíz, sentido...

  • Para todos: Me pregunto a quién espero yo. Me pregunto qué da sentido a mi vida. ¿Cuáles son mis anhelos? ¿Qué es lo que me moviliza, lo que me saca de mi confort? ¿Con qué o con quien "me caso"?
    • Para ti profe:  ¿Es tu trabajo también una vocación, es decir algo que moviliza todo tu ser?¿Anhelas crecer como educador o te conformas con "ir tirando"? ¿con qué incitaciones al dar de no te sientes tentado a "casarte"? 
El esposo tarda en llegar y las jóvenes se duermen.
  • Para todos ¿Soy capaz de mantener mi impulso y entrega aún cuando los objetivos, o aquello que espero tarde en cumplirse? ¿Dependo de algo exterior que me mantenga despierto o soy capaz de dinamizar en mí mismo la capacidad de dilatar la mirada y la escucha en el tiempo?
    • Para ti, profe: ¿En qué momentos de tu trayectoria profesional sientes que "te has dormido" ? ¿por qué? ¿Cómo vives el acompañamiento de los alumnos que "tardan" más en llegar o no llegan a donde suponemos que deben llegar?
Cinco de las jóvenes, a pesar de haber tenido sus lámparas encendidas durante el sueño, conservan aún suficiente aceite cuando se les anuncia que ya ha llegado el esposo. Pero cinco de ellas, se dan cuenta de que casi no tienen aceite y piden del suyo a sus compañeras.
Y aquí vineen el quid de la cuestión. La sorpresa es la contundente respuesta que dan las cinco jóvenes que aún tienen aceite: 
                     "Por si acaso no hay bastante para vosotros y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis".

Es una respuesta muy tajante y con un toque un tanto egoísta a simple vista ¿acaso no podrían compartir un poco cada una para que todas pudieran tener las lámparas encendidas a la llegada del esposo?, ¡qué egoístas y qué mal educadas!

Pero es justo en esa respuesta donde se escode la lección sapiencial que Jesús quiere transmitirnos: Sólo tú puedes y debes mantener tu lámpara encendida. Se trata de la responsabilidad personal de cuidar de nuestros talentos y de caminar fieles a nuestra esencia. No podemos vivir dormidos y, de pronto, pretender que los demás nos solucionen nuestros problemas o nos den la energía precisa para vivir conforme a nuestra esencia. Aunque nos cueste reconocerlo: hay cosas en la vida que cada uno debe decidir y hacer y que nadie más puede decidir ni hacer por otro. Es más: por más que yo ame a alguien, no puedo darle aquello que él ha de buscar en sí mismo. Cada uno debe encontrar y cuidar de ese aceite único que hace que su lámpara brille.
 
  • Para todos: ¿Hago depender mis decisiones y actuaciones de los demás o actúo en respuesta a mi vocación personal? ¿Vivo sujeto a... o soy sujeto de mi vida? ¿Me permito dormirme pero luego hago responsables a quienes me rodean de lo que ese vivir dormido trae como consecuencias?
    • Para ti, profe: En el día a día escolar y ante los momentos de cansancio o momentos difíciles ¿tiendo a la queja y a la exigencia o me hago consciente de mis límites y errores y pongo de mi parte lo posible por crear equipo?
Termina la parábola con otras palabras contundentes y duras: Cuando las cinco jóvenes regresan de haber ido a comprar aceite, el Esposo les dice: 
                                                                
                                                               "No os conozco".

Y aquí hay otro mensaje de vital importancia para todos: el aceite de las lámparas representa nuestra esencia personal, lo que a cada uno hace único. Descuidarlo, malgastarlo, hace que perdamos nuestro verdadero rostro... Ir a comprar, es decir, buscar fuera lo que es genuinamente nuestro, conformarnos con sucedáneos, nos desfigura en lugar de configurarnos. Por eso nos volvemos unos desconocidos para nosotros mismos, para los demás, e incluso, para Dios.
De ahí la llamada final: 

                                                 "Velad, porque no sabéis el día ni la hora". 

Así es, nadie puede dar por descontado nada. Es peligroso dormirse y permitir que los espejismos pueblen nuestra existencia. Es triste conformarse con la parte mediocre de nuestra alma y dejar que lo llene todo. Ser yo mismo conlleva un esfuerzo, una trabajo personal de cuidado de mi vida interior que me permita mantenerme activo, despierto, atento a las trampas que por doquier me presentan espejismos de realidad y me invitan a dormir y a exigir a los otros aquello que debería hacer yo.

Y, para quienes somos seguidores de Jesús,  hay en esta parábola una clara llamada a cuidar la relación personal con Dios. Nadie puede vivirla por mí. Soy yo quien debo cultivar la intimidad con Dios, mi vida de oración y de trasto de Amistad con mi Creador, con mi Madre/Padre. 

Sólo de mí depende decidir abandonarme al sueño descuidadamente, o cuidar de mi aceite (mi corazón, mi interioridad) para que, aún cuando me entre el sueño, nunca se apague mi lámpara y pueda así vivir la fiesta continua de una vida en compañía de Dios.

Termino con esta frase tan bella que Santa Juan de Lestonnac, fundadora de la Compañía  de María, escuchó en su corazón: 

           "NO DEJES APAGAR LA LLAMA QUE YO HE ENCENDIDO EN TU CORAZÓN"

Que así sea en todos y de modo especial en vosotros, profes que estáis a punto de iniciar un nuevo curso.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias, Elena, por esta enriquecedora reflexión

Antón dijo...

Muchas gracias, Elena. Gracias por ayudarnos a leer desde dentro las cosas, los objetos y las relaciones.