La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

lunes, 28 de septiembre de 2026

"La ilusión de un veranos sin fin": si no os hacéis como niños...

 

El documental arranca en 1999, cuando Sanguinetti invita a sus vecinas de nueve años a compartir sus fantasías, iniciando una colaboración de décadas. Mientras Guillermina y Belinda dejan la infancia, sus juegos adquieren el peso de la realidad. Con el paso del tiempo como eje, la película registra su amistad frente al trabajo, la maternidad y futuros distintos. En la pampa argentina, el film ofrece una mirada femenina sobre una región mitologizada por hombres.

El párrafo anterior es la reseña  de la película-documental "La ilusión de un verano sin fin" que puedes encontrar en el Festival de Cine de San Sebastián que terminó el sábado pasado.

Pero no le hace honor. A no ser que una amiga cinéfila no te compre entradas y te encuentres sin pensarlo viviendo la última noche del Zinemaldia  en el cubo pequeño del Kursaal.
Allí estábamos mi marido y yo y nuestros queridos amigos sin saber muy bien qué íbamos a ver.
Y todo comenzó viendo al jurado joven de pie en un lateral y dos jóvenes explicándonos su experiencia de visionado de más de cuarenta películas. Ya sólo eso me emocionó. Que en estos tiempos de IA y Tik-Tok haya un nutrido grupo de jóvenes que hayan dedicado horas a ver películas que nunca llegarán al circuito convencional  de cine y palomitas, confieso que me tocó la fibra.
Tras ello, se anunció la ganadora del premio joven. Allí aparecieron la directora, y la productora y las dos protagonistas , un de ella con su hija... Pero entonces ni yo ni creo que nadie del público, podríamos captar lo especial y único que era verlas allí, tan cerquita. Aplaudimos gratuitamente, confiando en que si era la ganadora, sería especial y merecía el aplauso.

Y comenzó la proyección.

Me cuesta mucho encontrar el modo de describir lo que cada fotograma fue creando en mi interior, los ecos de mi infancia que me poblaron, la inmensa sorpresa que iba creciendo en intensidad a medida que avanzaban los 93 minutos de proyección.

Al terminar la proyección hubiera saltado al escenario a abrazar a las dos protagonistas como amigas queridas. Me hubiera ido con ellas a pasear por Donostia y tomar algo para charlar largo y tendido. Le hubiera pedido a Guille que me diera su watsapp para ser amigas...

Y sucede que es el resumen de 30 años de relación y amistad entre dos primas, Belinda y Guillermina con Alessandra Sanguinetti, fotógrafa que quería fotografías la Pampa argentina.
De pronto dos niñas pequeñas comienzan a "meterse" en todos los encuadres y, finalmente, consiguen transformarse en las protagonistas.
Guille y Beli son dos primas inseparables en la infancia. Todo lo que aparece en la pantalla es puro juego libre, creativo, risas, bailes, disfraces, baños en la acequia, bajo la lluvia y todo hábilmente regado por reflexiones de niñas, pensamientos espontáneos con momentos de enorme sabiduría.

Son dos niña de nueve y diez años que durante una gran parte de la proyección se lo pasan de maravilla posando y todo es un juego. Y mi corazón se fue detrás de esa infancia sin móviles, sin prisas en la que yo también disfrute con mis primos de mil formas. En mi infancia, en lugar de la planicie de la Pampa, la mar era la compañera de ese verano que se dilataba sin fin.
En esa parte de la película, Guille y Beli se sentaban a ver un arco iris como si del más maravilloso de los videos de tik.tok se tratara, se imaginaban viajando a Buenos Aires montadas en un coche viejo destartalado, en la acequia colgaban después su ropa interior en las espigas altas para que el viento se las secara. Se disfrazaban y maquillaban y tan pronto eran un hombre y una mujer bailando la chacarera argentina, como una viuda y una monja oficiando un entierro (momento desternillante).
Y así, fui entrando en la certeza de que siempre, siempre, la vida de cada uno de nosotros es una suma de mil momentos y, en esa suma, los momentos de la infancia nos marcan a fuego sus mensajes.

De pronto esas dos niñas dan paso, sin preparación previa para el espectador, a dos adolescentes. Aquel fotograma de sus caras ya con su granitos y otra expresión me impactó totalmente. Se habían ido las niñas... Yo quería estar más con ellas, ellas me gustaban mas... Así se sienten todos los padres y madres del mundo: un día, el niño o la niña que vivía en casa jugando y riendo, da paso a un adolescente que se hace extraño para sí mismo y para su entorno. 
Pero hay otro ingrediente en la película: el dónde. Guille y Beli crecen en mitad de la Pampa argentina. En un entorno para nosotros,  los urbanitas, desértico. Sus hogares son de una sencillez que roza para el ojo de la clase media europea, la pobreza. En cambio, mirarlo a través de los ojos de esas niñas, lo transformaba todo, hasta lo más mínimo, en algo grande, atractivo, divertido, querido. 
Esas niñas crecieron rodeadas de cerditos, vacas, gallinas, caballos... Vemos como asisten a un parto malogrado de una cabra y no les asusta el resultado 8confieso que a mí me apuró la escena). Beli baila de nuevo junto a  un chancho colgado de un gancho tras la matanza. Lo mismo ayuda a elaborar morcillas que baila alegre y feliz junto al cadáver del chanchito.
Pero hay un último elemento que es igual de importante: ese entorno esta habitado por adultos serenos. La abuela...¡qué decir de ella y de su serenidad  e inmensa sabiduría! las conversaciones con las niñas son serenas, tranquilas, normales, sin prisa. Los adultos que van a apareciendo saben poner a las niñas en su lugar y las cuidan amorosamente sin tonterías ni poses exageradas. Las niñas escuchan y ven y me da la impresión de que eso prepara una adolescencia mejor situada y vivida que las de nuestros chavales de ciudad.
Y, de pronto, sin previo aviso, Beli tiene novio y, momentos después, la veos embarazada y ...
Me vi sumergida en un ritmo frenético de una máquina del tiempo veloz que me iba mostrando la evolución  de cada prima, Sus cambios no tanto físicos, sino emocionales.
EL brillo de los ojos... ¡Cómo me impactó el cambio en la mirada de cada una, en su mirar, en su brillo!
Pero no quiero destrozar al película porque espero que muchos la veáis (aunque será complicado, no es de las que se anunciará en las grandes carteleras).

Al final de la proyección me sentí deseosa de saber más de ellas, de ir a verlas a sus casa, de conocer su gente y decirles que mi vida es así también: suma de momentos, de encuentros, de decisiones a vece bien tomadas, otras no tanto.
Les hubiera dicho que nada hay más valioso en cada ser humano que el niño que fue y que pervive aún enterrado en capas y capas de decepciones abandonos, miedos...
Guille  temía al abandono siendo bien chiquita y e niña se sabía débil, así lo decía ella mientras bailaba la chacarera con su prima... Y lo vivió, pero sus ojos no se han apagado, sigue viva en ella su niña interior. Guille me enamoró, me siento bastante "Guille". Quién me rescata de tantas cosas es la niña que fui.

De niños, el verano no dura lo que dura cuando somos adultos, porque el tiempo se dilata cuando somos niños gracias a la capacidad de cada niño y niña de vivir en el presente y de jugar con el presente.
Es la infancia "la ilusión de un verano sin fin". Por eso, "si no os hacéis como niños..." Si no nos hacemos como niños nunca entenderemos de verdad la vida y la Pampa sólo será un lugar desértico, ciegos a tanto como nos ofrece.

Quizá los largos aplausos recibidos sean nuestra manera de decir que anhelamos volver a esa infancia, que nos gusta que la vida sea sencilla, sin prisas, amorosa y tierna y que a todos nos pasan cosas que nos cambian  y lo entendemos. Quizá el aplauso nos lo dábamos a nosotros mismos, los ciudadanos y ciudadanas de a pie que nunca saldremos en una gran película y las iradas que saben reconocer en eso cotidiano, lo más grande, único y bello.




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