La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

domingo, 18 de octubre de 2026

El Evangelio retador y molesto

 
A lo largo de esta semana, el evangelio ha sido profundamente retador  y "molesto". Día tras día, se nos ha invitado a contemplar un cuadro en el que con trazos caóticos emerge la hipocresía de la que es capaz el ser humano y nuestra manera torpe de entender y traducir las cuestiones profundas, nuestra ceguera para la verdadera sabiduría. Junto a esos trazos caóticos, emerge con pinceladas firmes y claras, Jesús, el Maestro sapiencial, el ser humano de una sola pieza.

Comenzábamos el lunes viendo de qué modo espontáneo y como un piropo, una mujer bendice a la madre de Jesús. Algo que brota muy natural: a veces cuando admiramos a alguien y pensamos "qué suerte habrán tenido sus padres de tener un hijo así" o "qué afortunada su mujer o su marido". No es algo malo, es normal. Pero inmediatamente Jesús, que nos quiere llevar más allá, obliga a redirigir la sensibilidad y la mirada: si María es bendita no lo es por ser su madre, sino por haber escuchado y acogido con todo su ser la voz de Dios.

¡Menudo corte! diríamos nosotros... Pues sí, ahí está el Maestro sapiencial. Ahí está Jesús que no descansa, que no baja la guardia, que, tal y como nos pide a nosotros, está atento y vigilante y continuamente nos redirige, nos reorienta, porque a la que nos despistamos perdemos el norte. 

Sí, la bienaventuranza de María no es algo que se mida por parámetros humanos: ¡Qué pasada ser la madre de este hombre tan increíble! María misma lo proclamó con profunda alegría y libertad, allí en Ain Karim: "Me felicitarán todas las generaciones, porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí". Obras grandes: ensalzar a los humildes, dispersar a los soberbios de corazón... María se siente bienaventurada porque ve las obras del Dios de la promesa y ese Dios, se ha fijado en ella que es pequeña.

María, discípula de Jesús, poetisa del Reino, diaconisa de la mesa compartida, ya lo sabía: lo de Dios no pasa por los parámetros humanos, va mucho más allá y toca mucho más adentro.

Por eso la respuesta de Jesús es un piropo aún mayor a su Madre. Jesús sabe, ve, escucha la profunda bienaventuranza de María.

Y a partir del lunes, en el evangelio han resonado las imprecaciones que Jesús dirige a los hipócritas, a los que vivimos en las apariencias, a los que nos creemos buenos y sabios, a los que necesitamos cuantificar y poner en valor todo, incluso lo que decimos hacer por el Reino de Dios.

¡Hipócritas...ay de vosotros!...¡Qué fuerte suena pero qué necesario que alguien nos ponga en nuestro lugar. ¿Qué no gritaría Jesús hoy como imprecación a esta humanidad tan ciega y perdida en luchas estériles porque no engendra vida sino más dolor? ¿Qué no nos diría hoy Jesús a los que nos decimos cristianos pero seguimos atados de pies y manos por el miedo a saltarnos una coma de la "ley" mientras la humanidad sangra? ¿Qué nos diría cuando se nos va el ojo tras el relumbrón del número (que si cuantos han ido a aclamar al Papa, que si se llenan tales o cuales parroquias, grupos, comunidades...) y olvidamos la semilla de mostaza y el óvolo de la viuda.

Cada "ay" que Jesús dirige a los fariseos, señala claramente que el camino nunca es hacia fuera, sino hacia dentro y, en todo caso, lo de afuera ha de ser (y lo es aunque no lo queramos), una irradiación de lo adentro.: "Dad limosna de lo que hay dentro y lo tendréis todo limpio". 

Si lo de adentro está bien (o un poco menos "mal), lo de afuera: lo de casa, lo del trabajo, lo de los amigos, lo de mi compromiso político,  será irradiación de eso que nace en mí. "Lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recamaras, se pregonará desde la azotea"

¡Ay las azoteas...! Es como ese anuncio en el que todos los vecinos se preguntan cómo hará la vecina nueva para tener unas sábanas tan blancas... Pues eso, que ojalá viendo nuestras "azoteas", los cristianos hiciéramos sentir sed y ganas de ir más allá, ganas de beber de ese agua del Evangelio que nos da más brillo (que no relumbrón) porque nos hace "luminosos y salerosos".

Y... tras tanto "Ay", Jesús  de pronto nos habla con ternura pero con firmeza: "No tengáis miedo, valéis más que muchos pájaros" ¡Qué buena noticia! Que no hace falta ser perfecto, ni hacer ver que soy quien no soy, que ante Dios mi vida es valiosa y amada así, como soy y, en todo caso ese Amor incondicional es el que me hace ir más allá, ser mejor, crecer y poder ser sal y luz. 

¡Qué buena noticia que somos tan amados que Dios nos da su Espíritu Santo, su propia interioridad! Y esa es la Fuerza, eso sí que nos saca de la mediocridad, del miedo, de la apatía, del egoísmo... ¡Qué buena noticia nos daba en el evangelio de ayer Jesús: que el Espíritu Santo nos enseñará lo que tenemos que decir... Y terminamos como comenzamos: la verdadera sabiduría no se rige por criterios humanos. Es otra cosa. Y viene de Dios.

Por eso: "Dad al Cesar lo que es del cesar y a Dios lo que es de Dios".

Más claro no se puede decir... Quien tenga oídos para oír, que oiga.

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