La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

martes, 20 de marzo de 2012

Fluir con la vida

Desde los ámbitos de la meditación, de la oración profunda, del crecimiento personal y espiritual se nos habla de la importancia de aprender a fluir con la vida. El verbo fluir evoca un movimiento suave, una ductilidad que permite que el líquido o el gas recorra el espacio adaptándose a su forma. Fluir es lo contrario de chocar, empujar o forzar, sugiere una cierta elegancia y capacidad de remodelación. Fluir no es arrasar. Fluir nos habla de situarse en el tiempo oportuno ("kairós" decimos los cristianos). 

Desde luego hay épocas, momentos de nuestra vida en los que fluir es relativamente sencillo, son los momentos tranquilos y lineales de la existencia, pero eso nos hace equivocar "fluir" con el hecho de que todo vaya bien. ¿Cómo fluir con la vida cuando ésta viene cargada de problemas, complicaciones, sustos, inquietudes? ¿Cómo fluir con la vida si a uno le echan del trabajo, si no hay ingresos para mantener a la familia, si una enfermedad trae el dolor a un ser querido, si...? ¿Se puede entonces ser dúctil y dejarse modelar por ese "espacio-tiempo" del dolor, de la preocupación? Personalmente me da la impresión de que es justo en esos momentos donde se puede comprobar si el presunto proceso de crecimiento humano y espiritual es tal o son meras "poses adquiridas", meros conceptos sin cristalización en actitudes.

Creo que no se trata de aprender a fluir con la vida, sino de sumergirse en las aguas caudalosas del río de la vida en estado de "despertar", de "atención" como muchas veces propone Jesús. Entonces se va descubriendo que la vida tiene una corriente de fondo que fluye diferente, una corriente situada en honduras mayores que las de la superfiecie de los acontecimientos. Para llegar a ellas es imprescindible el oxígeno del silencio físico y mental, sin ese oxigeno la sensación de ahogo puede hacernos bracear a lo loco y, como le sucede a alguien a punto de ahogarse, nos agotamos en vano. Algo nos dice que la forma de llegar a buena orilla es dejarse llevar por la corriente, no oponer resistencia y aprender a fluir con la vida. Difícil para el ego, sencillo para el corazón que confía.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Brillar a pesar de la noche

A veces desde el mundo de los anuncios de marcas nos envían algún mensaje que impacta. OS INVITO A BRILLAR. (Gracia, Marisa)


lunes, 5 de marzo de 2012

Tiempo de plenitud

CUARESMA... Infinitamente más que el ayuno y la abstinencia aunque estos dos elementos sean clave en el camino del "dominio de sí" evangélico. Éste tiene más que ver con la docilidad del dejarse hacer y dejarse ser que con una férrea voluntad de poder que tienda a la perfección. No olvidemos que la perfección a la que se refiere Jesús es la compasión: "sed compasivos como vuestro Padre del cielo es compasivo" (Lc 6,36).

Así pues, la Cuaresma debiera ser un tiempo de preparación profunda para transitar el camino de la Pascua, eje central de la fe cristiana. Los días finales de Jesús son de una densidad tremenda. Si el Adviento nos prepara para acoger la manifestación de Dios hecho niño, hecho carne,  la Cuaresma nos invita a preparar todo nuestro ser para transitar los caminos de la lógica del abajamiento comenzada en Navidad y que llega  a su momento culminante con el Misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús que instaura un tiempo nuevo para la humanidad, un tiempo de plenitud.

Paradójicamente la plenitud del hombre y de la mujer, nos dice Jesús con sus palabras y su vida, se hallan en la entrega plena, en el servicio gratuito. El lugar de mayor "altura" es el más bajo, a los pies de todos, el servidor de todos no pretendiendo ser servido sino servir. La plenitud que indica Jesús tiene más que ver con la escucha y el paso sereno que con el activismo desmedido y la inquietud y el desasosiego (recordemos el pasaje de Marta y María...).

Los días de la Pascua seremos adentrados en un horizonte totalmente diferente del que dibujaría nuestro ego, por ello es tan necesario preparar el corazón, permitir que nuestro ser re-conecte con la hondura vital, espiritual, psicológica que se encierran en los tres últimos días de la vida de Jesús, días que no están en absoluto desgajados del resto de su vida pública y podemos imaginar que tampoco de su vida oculta de la que nada conocemos pero cuyos reflejos pueden intuirse en sus palabras y gestos.

Ayunar de superficialidad, de claves de lectura rutinarias y apresuradas de la Palabra, abstenerse de creer que se es conocedor de la historia de Jesús y de los discípulos para permitir que algo toque de veras nuestro corazón, o más bien, Alguien. Cuaresma... La preparación para acoger abiertos un tiempo de plenitud que toma la forma del pan partido y del vino derramado, de un perdón sin límites, de un desvelamiento a las afueras de las murallas, en los extrarradios de los centros de poder político y religioso. Se acerca la Pascua de Jesús, un tiempo de plena revelación, tiempo de plenitud...

martes, 28 de febrero de 2012

Adultos educadores

Tal y como están las cosas es necesario recordar una y otra vez que los adultos, nos guste o no, estamos llamados a ser educadores de nuestros niños y jóvenes. Cualquier adulto que se sitúe cerca de un niño, de un adolescente, de un joven, se transforma en "educador" o en "deseducador" -si es que este término existe- En realidad en lo que concierne a la educación de las personas toda la sociedad influye. Son mil mensajes explícitos e implícitos los que llegan hasta cada miembro de la sociedad, hasta cada uno de nosotros. Siendo sinceros incluso los adultos educan o "deseducan" a otros adultos. Cuántas veces un compañero/a de trabajo nos ha hecho descubrir posibilidades nuevas en nuestra forma de trabajar, posibilidades de mejora y,a  veces, posibilidades de empeoramiento o decaimiento.

Verdaderamente, todos influimos en todos. Para mí queda claro en el caso de los colegios. El ambiente que se respira en ellos incide en todos, no sólo en los alumnos/as. El tipo de comentarios que los educadores/as hacemos sobre los alumnos puede hacer que otro compañero/a acuda a un aula positiva o negativamente predispuesto. En la "microsociedad" de un colegio se generan todo tipo de situaciones, unas son estresantes, otras alegres. Los adultos que rodean a los niños y adolescentes suelen ir sobrecargados de trabajo: clases, programaciones, reuniones, entrevistas con padres, papeleos varios y el intento de ayudar a tantos alumnos/as necesitados de una atención especial. En ese contexto resulta imprescindible un nivel de autocontrol que permita a cada educador distanciarse de esas situaciones para coger perspectiva. Ahí van algunas frases que podríamos decirnos los educadores:

  • El alumno/a problemático no "la tiene tomada conmigo", simplemente de manera inconsciente es capaz de "tocar" mis puntos débiles. Será trabajo del educador crecer en consciencia de aquello que siente como "puntos débiles" de su personalidad y no achacar al alumno sus estados de ánimo de manera continua. Eso no quiere decir que no se tenga la sensación de que hay alumnos/as que nos ponen nerviosos, por ello, más que en nigún otro caso, es el adulto el que ha de ser capaz de no enredarse en discusiones que no llevan nada.
  • Mis compañeros son aliados en el proceso educativo de mis alumnos. No todo depende del tutor o tutora. Todos somos co-tutores. Cada educador que entra en un aula tiene la obligación de dar de sí lo mejor que tiene para el avance de esos niños o adolecentes. Da igual el número de horas o el grado de responsabilidad sobre el papel que se tenga.
  • No soy el padre/madre de mis alumnos/as: hay responsabilidades exclusivas de la familia. Debemos dar el cien por cien de nosotros pero hay un márgen que no es nuestro, sino netamente de cada familia. Una vez hechos todos los intentos de diálogo con las familias de alumnos "difíciles" se hizo lo que se pudo y lo mejor posible, entonces podemos estar tranquilos, sin la sensación de que todo depende de nosotros.
  • El mayor bien que puedo hacerles a mis alumnos es estar yo bien: cuidarnos física, psicológica y espiritualmente es un derecho pero también una obligación. Los pasillos y aulas del colegio, la sala de profesores no deben convertirse en "papeleras" en las que cada uno deja caer sus miedos, ansiedades, desesperanzas... Sí pueden ser un lugar en el que poder ser uno mismo, sin perfeccionismos que ahogan la espontaneidad y estresan más, pero marcando un límite que permita la lucidez necesaria para no perder la paz y la sonrisa.
Os propongo que añadáis más frases que puede decirse a sí mismo/a un/a educador/a, frases que aporten positividad, que nos aterricen en la hondura de nuestra vocación. Adultos que educan su interior para poder educar la interioridad de los niños y jóvenes.

jueves, 9 de febrero de 2012

¿QUIÉN SOY YO?

A lo largo de la vida de un ser humano se repite una pregunta como cantinela interior: "¿Quién soy yo?". Esta pregunta nace inquieta en los primeros años de nuestra adolescencia e irá cobrando fuerza y empuje a medida que la vida avanza pujante por entre los aconteceres de cada uno/a.

Saber quién se es es un deseo de todo ser humano que se precie de serlo. Muchas veces acallamos esa pregunta, otras la respondemos de manera superficial y rutinaria. En ocasiones sucede que para responderla utilizamos tan solo los datos externos: "lo que dicen de mí", otras veces nos refugiamos en nosotros mismos rechazando todo espejo exterior para crearnos una autoimagen que nos tranquilice, que nos complazca, que nos reafirme frente a críticas o frente a la propia inseguridad.

Sea como sea la pregunta está ahí y hay muchos momentos en la vida de una persona en los que cobra fuerza y protagonismo. Durante la etapa personal, de formación de la propia identidad es necesario bucear una y mil veces en los fundamentos de la identidad para construirla y darle consistencia. Sin embargo y paradójicamente, el siguiente paso será la "de-construcción" del "yo" que deje paso al verdadero Ser que se sitúa mucho más allá, en un Centro en el que somos todo con todo, uno con todos, parte del Todo, hijos e hijas de Dios y por lo tanto con esencia divina.

He escogido un poema de Dietrich Bonhoeffer titulado precisamente "¿Quién soy yo?". Me llamó la atención encontrarlo entre sus cartas y apuntes durante su cautiverio. D. Bonhoeffer nació en 1906 en Breslau (Alemania). Fue pastor, teólogo y profesor. Miembro de la Iglesia confesante alemana, participó activamente en la resistencia contra Hitler. Fue encarcelado en 1943 y ejecutado el 9 de abril de 1945.

Este poema estremece por el contexto vital en el que fue escrito. Un hombre encarcelado, en medio de la Alemania nazi. Un ser humano que dentro de la cárcel con coraje se enfrenta a las grandes cuestiones vitales. Agotado por la situación aún ejercita una mirada autocrítica, reconoce con total franqueza y claridad los puntos débiles de su persona, lo que sólo uno mismo puede percibir de sí y el contraste que se genera con lo que los demás dicen de él. Surge la pregunta como surge en nosotros aun en circunstancias bien diferentes: "¿Soy realmente lo que los otros dicen de mí?/¿O bien sólo soy lo que yo mismo sé de mí?".

El contraste está ahí, nos puede llegar a inquietar, haciéndonos dudar de si no somos sino actores y nos lleva a ahondar en la pregunta. Bonhoeffer nos ofrece el lugar del descanso: la certeza de ser conocido por Dios expresado tan bellamente, con la imponente simplicidad de quien se abandona: "¿Quién soy yo? Las preguntas solitarias se burlan de mí./Sea quien sea, Tú me conoces, tuyo soy, ¡oh, Dios"


¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
que salgo de mi celda
sereno, risueño y seguro,
como un noble de su palacio.
¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
cuando hablo con mis carceleros
libre, amistosa y francamente,
como si mandara yo.
¿Quién soy yo? Me dicen también
que soporto los días de infortunio
con imabibilidad, sonrisa y orgullo,
como alguien acostumbrado a vencer.
¿Soy realmente lo que los otros dicen de mí?
¿O bien sólo soy lo que yo mismo sé de mí?
¿Intranquilo, ansioso, enfermo,
cual pajarillo enjaulado,
aspirando con dificultad la vida,
como si me oprimiera la garganta,
hambriento de colores, de flores, de cantos de aves,
sediento de cólera ante la arbietrariedad y el menor agravio,
agitado por la espera de grandes cosas,
impotente y temeroso por los amigos en la infinita lejanía,
cansado y vacío para orar, pensar, crear,
agotado y dispuesto a despedirme de todo?

¿Quién soy yo? ¿Éste o aquél?
¿Seré hoy éste , mañana otro?
¿Seré los dos a la vez? ¿Ante los hombres un hipócrita
y ante mí mismo un despreciable y quejumbroso débil?
¿O tal vez lo que aún queda en mí se asemeja al ejército derrotado
que se retira en desorden
sin la victoria que consideraba segura?
¿Quién soy yo? Las preguntas solitarias se burlan de mí.
Sea quien sea, Tú me conoces, tuyo soy, ¡oh, Dios!

jueves, 2 de febrero de 2012

Junto a la cama de un hospital

Junto a la cama de un hospital se aprende mucho sobre la vida. Quizá no sería desascabellado que nuestros alumnos de bachillerato antes de dar el salto a la vida fuera del colegio, pasaran algunas horas junto a la cama de un enfermo... ¿Morboso? Puede ser, no lo sé, realmente la vida te da las lecciones que necesitas para crecer, para comprender, quizá no debamos adelantar lecciones ni quemar etapas, es verdad, pero algo me dice que la forma en la que vivimos carece de contacto con los límites y por eso nos cuesta tanto afrontar las frustaciones ya sean éstas económicas, emocionales, o físicas. El hombre y la mujer del siglo XXI no quieren límitaciones, la técnica todo lo puede. Pero el ser humano continúa siendo limitado: no podemos saberlo todo, no podemos controlarlo todo, no  lo podemos explicar todo y seguimos abocados a vivir la experiencia de la muerte física.

 Junto a la cama de un hospital se puede tocar con la punta de los dedos la fragilidad humana, nuestra inconsistencia mortal. Un enfermo, sea joven, sea anciano, muestra a las claras que no podemos proyectar con regla y cartabón los contornos de nuestra existencia. Los médicos se afanan por diagnosticar pero no pocas veces el diagnóstico llega tarde o resulta incompleto y hasta errado. Se presiente que la medicina tiene algo de "lotería"...

Junto a la cama de un hospital se comprende bien que lo más valioso en la vida de una persona es la presencia: la de quienes le aman y a quienes ama y la Presencia interior. 

Cada beso, cada mirada cariñosa, cada sonrisa y palabra de ánimo pronunciada por un ser querido contiene mayor bálsamo que mil medicinas por más efectivas que sean. Pero además de eso, el enfermo nos regala a quienes le acompañamos la posibilidad de dejar salir de nuestro corazón dosis de ternura y de amor de las que no nos sabíamos poseedores. El enfermo nos otorga humanidad cuando dejamos que su sufrimiento nos toque el corazón. Así, en el entramado de entradas y salidas de la habitación de un hospital, se teje una red de presencias que esconden mil significados ocultos pero reales.

Y cuando el enfermo se queda solo... entonces sólo queda esperar que dentro de sí pueda sentir esa Presencia que nos habita y que nos habla de un "más allá": más allá del dolor físico y del sufrimiento psicológico somos infinitamente más. Cuando el enfermo se hunde en el abismo de su dolor o de su tristeza sólo queda esperar que escuche en el fondo de sí el latido de una Esencia perdurable que, una vez atravesado el umbral de la muerte corporal, pervivirá libre y limpia.

Junto a la cama de un hopital se aprende mucho de lo divino y de lo humano y, sobretodo, se reciben regalos, muchos regalos.







martes, 10 de enero de 2012

ES HORA DE DESAPRENDER

Hay un anuncio de un banco que llama poderosamente mi atención por su lema: "hora de desaprender". Es una idea sumamente sugerente. Es una llamada a algo que todos debemos hacer pero pocos conseguimos. Y por ello me da pena que una idea de tal profundidad sea utilizada como propaganda de un banco y más en este momento.

Me apena que ideas que apelan a procesos muy necesarios para el ser humano sean leidos en clave mercantil. Sucede como con la lectura descontextualizada y "ligth" que occidente ha hecho de las técnicas de meditación orientales convirtiéndolas en paraísos de la autocomplacencia, en algo exótico y de moda, sin más, vaciándolo todo de su contenido profundo, místico en el sentido más pleno de la palabra.

Decir que es hora de desaprender y querer que aprendamos que eso es clave de éxito y, por lo tanto, de conseguir más dinero, es "prostituir" el sentido verdadero de esa propuesta.

En este blog hemos reflexionado muchas veces sobre el necesario proceso de vaciamiento que debemos afrontar para que pueda emerger nuestra Esencia, manifestarse nuestro Ser. Lo primero es desaprender nuestra tendencia a la superficialidad que es exactamente lo contrario de la interioridad. La superficialidad nos aleja de nuestro auténtico yo que es, paradójicamente, un "no-yo". Pero para poder siquiera acercarnos a vislumbrarlo es necesario querer hacerlo, poner los medios para que se dé la manifestación del nuestro Ser interior. Eso supone un proceso de "des-aprendizaje" de tal potencia que no podemos marcarle día ni hora. 

Ya hemos dicho que para no pocas personas el detonante de estos procesos de "regreso a casa", a la casa interior, son las crisis, las pérdidas... Un "tiempo oportuno" en el que algo nos hace despertar. Al despertar lo primero que comprendemos de forma espontánea es que "lo de siempre" ya no nos dice nada, ya no nos sirve, ya no nos es válido. Comienza así el transito hacia una nueva hondura de vida y la persona se transforma en humilde aprendiz de todo.

Desaprender no es fácil, no sucede porque me lo proponga o porque me digan que tengo que hacerlo. Sucede cuando tiene que suceder, acontece incluso sin saber cómo ha sido... Es una gran paradoja: nada puedo hacer pero, a la vez, debo quererlo con una "muy determinada determinación".

Desaprender evoca las "nadas" de San Juan de la Cruz, evoca la infancia espiritual de Teresa de Lisieux o la Dama Pobreza de San Francisco de Asís y de Santa Clara. Desaprender tiene que ver con el nuevo Ignacio que se gesta entre las ruinas de la muralla de Pamplona, en la cama de Loyola y en la soledad de la cueva de Manresa. Tiene mucho que ver con el proceso de cambio de Teresa de Jesús por el que decide no hablar más con hombres sino con ángeles. 

Desaprender conlleva, para la mayoría de nosotros, cambios de gran calado interior, aunque muchas veces las cosas por fuera no cambien. El cuerpo, la psique y el alma participan por igual del des-aprendizaje.

Pero hay más. Si un banco nos propone desaprender...¡magnífico! porque quizá lo primero en lo que sí  podemos poner empeño es en desaprender este estilo de vida consumista, deshumanizador, competitvo, agresivo e individualista del que los bancos en su inmesa mayoría son abanderados.

Es hora de desaprender, si: desaprender el egoísmo, desaprender el individualismo, desaprender la división simplona en "buenos y malos" "los de aquí y los de fuera". Desaprender la desconfianza. Desaprender la prisa y el ruido. Desaprender la pretensión de que existe algo objetivo y, por lo tanto "yo tengo la verdad". Desaprender, en definitiva, todos los constructos del Yo inmaduro.

Sí, señores de los bancos, es hora de desaprender, pero si nos tomamos en serio su invitación, a lo mejor se quedan Vds. sin clientes...