
Me embarco en la navegación de aguas tranquilas.
Serenamente y con conciencia, desato las amarras
y veo alejarse la orilla del "hacer".
Digo adiós agradecida a lo que fue
a cada tarea, a cada desvelo,
a cada presuroso viaje ,
a cada encuentro apasionante,
a cada error y cansancio que pareció insuperable.
Adiós a las horas anclada mi barca a la silla y el teclado
en pos de palabras adecuadas
conversando con la página en blanco,
territorio por explorar desde la soledad de mi despacho.
Adiós agradecido a las rutinas de despertador,
de maletas aprendidas,
de horarios, correos y reloj.
Adiós a la lluvia de mensajes instantáneos,
a veces tan inquitantes y perturbadores,
en pro del mensaje que va llegando,
que resuena certero,
alto y claro en medio de la paz.
Ilusionada y muy sedienta,
viro el rumbo de mi embarcación
y pongo proa hacia las aguas del descanso,
del descansadamente, ser.
En mi bodega reposa lo aprendido
lo superado, lo asumido.
En mis velas hondean las risas,
los abrazos, los brindis de amistad y sol.
Serenamente, con conscienica,
con amorosa y firme mano,
desato lo que tuvo que atarse.
Ahora, libremente, me adentro en el sosiego
atendiendo tan sólo a la llamada de lo interior.
No porque la otra orilla sea mala,
no porque esa orilla no me provea de alimento,
(con creces lo hace)
sino porque es preciso regresar a ella con todo mi ser y consciencia,
cambiar de rumbo por un tiempo es necesario
y a otro ritmo, atemparando cielo, remo y mar,
acudir a esa otra orilla donde, casi todos a la vez,
encontramos el refugio de la calidez
de los días vividos en presente calmado.
Digo "adiós" y, agradecida por lo vivido,
veo alejarse la orilla del "hacer".
Llegará el tiempo de volver
mas no es ahora...
Ahora... Toca "descan-ser".