Hablemos, dije,
hablemos, dijiste
y tu palabra se puso encima de la mía y su peso
y su rabia, y su inquietud, y su ansia
ahogaron la mía...
Hablemos, por favor, te dije,
sí, hablemos, me respondiste
y no hubo silencios,
no hubo miradas ni desvelos,
tan sólo torrente de palabras rotundas,
espesas, de hierro y metal.
Hablemos...
pero callé, tuve que callar,
no había lugar para mi palabra sin pretensión de nada,
con ilusión de todo...
No, no hablemos,
no parloteemos,
seres irracionalmente racionales
que visten de palabra
miedos, dudas y rabias.
No hablemos,
no me arrojes tus miedos a mí,
no me los pongas encima ahogando mi esperanza,
mi sueño, mi pequeñez.
No hablemos,
mejor dialoguemos,
dejemos nacer desnuda la palabra,
dejémosla pequeña y temblorosa parir
un encuentro.
Que la palabra se revele vehículo
de la Palabra,
vehículo de una final palabra común.
Desvistámosla de acentos e imperativos,
dejémosla trémula ir y venir
sin darle demasiada entidad ni peso
al fin y al cabo... ¿qué son las palabras?
Sin ti y sin mí cáscara de nada son,
envoltorio de un vacío.
Dialoguemos, transmutemos las palabras en LOGOS,
que acontezca la trasfiguración de la palabra en encuentro.
Que se transubstancie el verbo en abrazo,
el sustantivo en Ser,
el adjetivo en alabanza y agradecimiento.
Dialoguemos, dejemos que la duda sea hermana
y acojamos su compañía.
Dialoguemos...
Sinfonía de silencios musicados por un Verbo
y, al final, mirémonos y quizá, abracémonos,
porque no hay dia-logo
si la palabra no se hace encuentro,
nuevo nacimiento.
Blog sobre la interioridad en relación con el crecimiento personal y la espiritualidad
La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.
Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.
Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.
martes, 24 de mayo de 2011
martes, 17 de mayo de 2011
MIEDO AL CAOS
Es normal que tengamos miedo al caos. Es normal que nos gusten las seguridades, lo seguro, lo claro y ordenado. Lo llevamos inscrito en nuestros genes, buscamos asegurar la especie, asegurar la supervivencia individual y del clan, eso es así desde los orígenes. Pero, curiosamente, en todos los textos sagrados se comienza mencionando un estado inicial de caos.
La obertura de la gran sinfonía bíblica es una frase contundente: "En el principio era el caos"... A partir de ahí todo comienza. Curioso: Dios hace del caos la materia prima de su creación. Sorprendente y sublime.
Quizá el gran mérito de la divinidad sea "estimular el tránsito desde el caos (entendido como un desorden sin sentido) hasta la realidad que vemos" (J. Briggs y F. David Beat, las siete leyes el caos). Estimular es un verbo interesante. Cuando estoy inmerso en mi caos inerior o la vida se transforma en un caos, un sinsentido, seguramente no necesito grandes palabras, sino tan solo encontrar ESTÍMULOS. Un Estímulo es como un faro que rompe la oscuridad o como una ola que bien cogida, lleva hasta la playa. Un Estímulo es una corriente de aire cálido que, bien tomada, permite planear sin desgastar la energía. La clave del Estímulo es que me impulse, me arranque del miedo, del vértigo, y me permita dar un primer paso. El Estímulo es como esa primera palabra creadora de Dios: "Hágase la luz".
El caos está ahí, pero en lugar de verlo como un enemigo, como algo a esquivar, podemos reconciliarnos con él, dejar de temerle tanto. Siempre hay una caos previo antes de todo orden. Es más, el caos está preñado de orden , existe un orden oculto dentro del caos.
La naturaleza utiliza el caos como medio adecuado para crear nuevas entidades, para conformar acontecimientos y mantener la cohesión del Universo. Esta revelación acerca del caos fue enunciada por los científicos hace más de 30 años y continúa siendo estudiada. "El término científico "caos" se refiere a una interconexión subyacente que se manifiesta en acontecimientos aparentemente aleatorios" (Las siete leyes del caos). Es decir, la ciencia mira al caos como otro tipo de orden que tiene sus propias leyes. Creo que esta comprensión puede iluminarnos en nuestra vivencia personal de lo caótico, de todo aquello que en nuestra vida nos parece carente de sentido.
"La ciencia del caos se centra en los modelos ocultos, en los matices, en la "sensibilidad" de las cosas y en las reglas sobre cómo lo impredecible conduce a lo nuevo". ¿No se parece esto mucho al tipo de mirada sobre el mundo de los contemplativos, no se parece a la mirada que nos propone Jesús, no resuena lo que Dios dice en el Apocalipsis: "Todo lo hago nuevo"?
Mirar con los ojos de la fe desvela el orden de todo, el entramado maravilloso de hilos que han ido tejiendo la historia de la Salvación. Historia de la Humanidad en la que mi pequeño ser individual queda inserido, injertado.
"En el principio, era el caos y la Ruhá de Dios alteaba por sobre las tinieblas". En nuestro principio individual y colectivo es el caos, pero Dios ha impreso en él un Estímulo que crea algo nuevo... ¡No tengas miedo al caos!
viernes, 13 de mayo de 2011
Los sueños...¿sueños son?
¿Se puede vivir sin sueños? ¿Dónde está la frontera entre la utopía y la quimera? ¿Existe una "edad de los sueños" y una "edad de la realidad?
Soñar:uno de los verbos más hermosos y menos comprendidos y aprovechados... "I have a dream"...
Soñador: hay quien utiliza este epíteto de forma peyorativa: el soñador, la soñadora, es un iluso, una ilusa.
Ensoñación: estado cercano al trance... Mente y corazón que por un momento se reunen en la evocación de algo que eleva el espíritu, que acelera los latidos, que convoca el suspiro.
Existen sueños personales y sueños colectivos.
Hay quien renuncia a sus sueños y quien se aferra a ellos de forma obsesiva.
Existen sueños que nos aterrizan en la realidad y realidades que nos parecen un sueño.
Sea como sea... No renuncio a soñar porque, al fin y al cabo los sueños ¿sueños son?
Soñar:uno de los verbos más hermosos y menos comprendidos y aprovechados... "I have a dream"...
Soñador: hay quien utiliza este epíteto de forma peyorativa: el soñador, la soñadora, es un iluso, una ilusa.
Ensoñación: estado cercano al trance... Mente y corazón que por un momento se reunen en la evocación de algo que eleva el espíritu, que acelera los latidos, que convoca el suspiro.
Existen sueños personales y sueños colectivos.
Hay quien renuncia a sus sueños y quien se aferra a ellos de forma obsesiva.
Existen sueños que nos aterrizan en la realidad y realidades que nos parecen un sueño.
Sea como sea... No renuncio a soñar porque, al fin y al cabo los sueños ¿sueños son?
martes, 10 de mayo de 2011
EGO versus ESENCIA
Seguimos adelante en la vivencia de la Pascua. Jesús resucitado continúa saliendo a nuestro encuentro. Jesús es el Cristo ahora. Aquello que sólo Pedro, Santiago y Juan pudieron "ver" en el Tabor, es ahora la experiencia de muchos. La esencia de Jesús queda patente, el Hijo de Dios, Dios encarnado. Lo más hermosos es que el Resucitado, el Cristo, conserva las heridas de la pasión. La irradiación de la esencia no anula la humanidad, no la olvida, no la arrincona, sino que la plenifica.
Me interesa este dato, esta imagen: el Resucitado que muestra las heridas de su pasión. Los que habéis hecho talleres conmigo recordaréis la dinámica del mural: el mural roto y re-construído queda lleno de marcas, de las señales de la vida, del proceso personal que cada uno y cada una debe recorrer y vivir. Gonzalez Faus lo dice muy bellamente refieriéndose al Resucitado: "es él mismo pero no el mismo".
Esta experiencia de sentirse o saberse "yo mismo/a" pero no "el/la misma" no nos es extraña. La crisis y el sufrimiento son consustanciales a la vida. Creo que el ser humano es una critura "crísica", es decir, que se construye de crisis en crisis. Crisis es una palabra que proviene del verbo griego "crimeo" que significa "juzgar, distinguir". Es el acto de separar el grano de la paja. Las crisis que atravesamos son realmente grandes oportunidades para reorientar el camino vital, para quedarnos con lo esencial, para volver a lo fundamental distinguiéndolo de lo accesorio.
A veces el calado de la crisis es tal que nos conduce a fondos abisales de nuestro océano interior. Allí descubrimos seres fantasmagóricos, demonios y ángeles, luces y sombras. En ocasiones nos suceden cosas que tocan directamente la línea de flotación de nuestra persona, de nuestra vida y surgen las grandes preguntas "¿Quién soy?" "¿Qué pinto yo en este mundo?" ¿Qué sentido tiene mi vida, la vida...?"...
Es entonces cuando se establece de forma clara la gran batalla, la épica batalla que acontece en el interior de cada ser humano: la batalla entre el ego y la esencia o el Ser. En leguaje paulino, la lucha entre el "hombre/mujer viejo/a" y "el hombre/mujer nuevo/a". Es un momento de gracia, es el comienzo del despertar, de la iluminación. Cuando por fin soy consciente de mi inconsciencia, tengo la oportunidad de optar, de ir más allá de mí mismo/a al encuentro con mi Ser, con la esencia de mi persona.
La esencia de cada uno de nosotros/as se sitúa más allá del ego. El ego se sirve de nuestra mente para establecer su reinado y sobrevivir. Simone Weil lo llama "la parte mediocre del alma". Sí, el ego es mediocre, no quiere que exploremos todas nuestras potencialidades, quiere comodidad. El ego nos ata al miedo haciéndonos creer que debemos defendernos de los demás, de Dios, de amenazas que, tantas veces, tan sólo existen en nuestro pensamiento. La mente, habitat del ego, crea pensamientos. Los pensamientos se proyectan en la mente como imágenes de una película y el gran drama es que llegamos a creernos esos pensamientos. Así, la mente, llena de ruidos, de enganches con el pasado, de miedos al futuro, de deseos irrefrenables e infantiles, nos opaca la visión del presente y lo deforma todo. La mente, controlada por el ego se convierte en un espejo deformado. Por eso dice el Talmud: "No vemos las cosas tal y como son, vemos las cosas tal y como somos".
Entonces nuestro trabajo es poner manos a la obra en la sanación de nuestra mente. El camino para por el silenciamiento. El silencio se hace atención y ésta desenmascara las trampas del ego y abre la puerta a la manifestación de nuestra esencia, del Ser. De nuevo usaré palabras de Simone Weil: "Hay un esfuerzo que hacer , que es con mucho el más duro de todos, pero que no pertenece al terreno de la acción. Consiste en tener la mirada orientada hacia Dios, volverla a dirigir a él cuando se aparta, aplicarla en cada instante con toda la intensidad que se es capaz. Esto es algo muy difícil porque toda la parte mediocre de nosotros mismos, que es lo que llamamos nuestro yo, se siente condenada a muerte por esta orientación de la mirada a Dios. Y no quiere morir; se rebela y fabrica falsos dioses a los que se pone el nombre de Dios (...) en tal caso la parte medioce del alma está en completa seguridad, nisiquiera la oración la amenaza".
Ser yo mismo, yo misma, es una fascinante aventura que dura toda la vida. Si alguien se dice a si mismo "ya está, yo ya estoy acabado, ya sé todo lo que debía saber, ya me conozco...", se cierra el camino de la plena realización. Nunca estamos hechos del todo. Nos vamos haciendo en la interrelación con los demás, con las circunstancias... Personalmente creo que es "el otro" el reto más grande que se nos lanza. Las personas con las que nos relacionamos de una u otra manera suscitan miles de reacciones, tocan sabiéndolo o no nuestros fondos luminosos y también los tenebrosos. El otro es mi salvación, es la mediación privilegiada para acceder a mi verdad si no me parapeto, si no me acorazo, si no me cierro.
Vivir desde mi esencia es ir más allá de ego, hacer oídos sordos a sus requerimientos y optar tozudamente por la parte brillante de mí, por mi excelencia. En realidad, aquietar el ego, no engancharme en sus trampas, es optar por la felicidad, sólo que es una felicidad diferente y nos asusta porque nos resulta más fácil y comprensible regresar a los "tics" aprendidos, a la ley de "acción-reacción". Vivir desde la esencia nos lleva a mirar las cosas con cierta distancia, sin empastarnos con nada. Esto requiere destrezas que se aprenden en la escuela del silencio y de la soledad.
He aquí la gran batalla: "EGO versus ESENCIA". Cristo, Buda, el Tao... nos señalan el camino, los pasos los hemos de dar cada uno de nosotros.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Chivos expiatorios
Existía en el antiguo Israel una ceremonia en la que se elegían dos chivos. Uno era sacrificado en el Templo, el otro, era cargado con todas las culpas del pueblo y llevado al desierto en medio de insultos y gritos y allí abandonado. Una forma de lavar las conciencias, de echar fuera de sí los pecados del pueblo, una catarsis, una limpieza colectiva.
No andamos muy lejos nosotros de ritos como este. Recordemos, por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial. El nazismo avanza, el mundo tarda en reaccionar y, cuando lo hace, descubre horrorizado que millones de seres humanos han sido exterminados por una cuestión de raza. Hitler se suicida y su cuerpo es quemado... se le arrebata a Europa la posibilidad de apresar a aquel que concreta en sí el mal del mundo. Poco a poco los cabecillas y asesinos nazis van siendo apresados. Comienzan los juicios de Nüremberg. Las naciones aliadas juzgan a los protagonistas e ideólogos del exterminio. Algunos terminaran en la horca, otros cumplirán pena de cárcel quedando libres años después, en algunos casos enriqueciéndose al explicar sus experienciasn en conferencias y libros. Muchos nazis escaparán y se refugiarán en países como España viviendo tranquílamente el resto de sus días.
Los juicios de Nüremberg permitieron que las naciones aliadas encontraran sus chivos expiatorios. Evidentemente se debía juzgar a los culpables. No eran seres inocentes sobre los que descargaban culpas colectivas, eran evidentemente culpables. Sin embargo, una vez concluídos los juicios y castigados los grandes nombres de terrible memoria como Himmler... ¿fue el mundo un lugar mejor?¿tuvieron los miles de judíos sobrevivientes un trato justo? ¿se crearon las condiciones sociopolíticas para velar por la no proliferación de regímenes totalitarios y xenófobos? Estudiar los acontecimientos políticos tras el fin del nazismo no nos lleva a ser muy optimistas. Simplemente se descargó el golpe en unas personas pero se siguió sin ir al fondo de la cuestión. Lo mismo sucedió antes tras la Primera Guerra Mundial. Lo mismo continúa scediendo con los acontecimientos del mundo árabe y sus revueltas. Tranquilizamos nuestra conciencia presenciando la ejecución de Sadam Hussein, la victoria sobre Gadafi o la muerte de Bin Laden.
De alguna manera la raza humana tira balones fuera ante el problema del Mal. Es más fácil concretar en ciertos nombres, rostros o grupos el problema del mal que reconocer que ese mal lo llevamos todos dentro, al igual que el Bien y que optar por uno u otro es eso, una opción personal que se juega en el interior de la persona. Es más complicado reconocer y denunciar las estructuras que posibilitan la injusticia y las atrocidades que culpar a unos pocos y perseguirlos.
¿Celebrar en la calle el asesinato de un ser humano, por más culpable que fuera, nos hace mejores que los asesinos? ¿Cómo puede decir el presidente de la gran democracia americana que "el mundo es ahora un lugar mejor"? Frase superficial e infantil donde las halla. El mundo sigue poblado por seres violentos, el hambre continúa haciendo estragos, las guerras de mayor o menor escala continuan vigentes, una gran crisis económica está aplastando a los más débiles... ¿Es el mundo un lugar mejor smplemente porque se ha asesinado a Bin Laden?
¿Cuál es el nivel moral de las naciones que se autodenominan desarrolladas cuando seguimos tomando la vía más facilona: la del chivo expiatorio?
Crear catarsis colectivas para sentirnos más buenos que el vecino malvado no sirve de nada. La sanación de la herida de la Humanidad precisa de otros bálsamos que, como siempre, no se sitúan en los centros, sino en las periferias y los desiertos de las sociedades.
lunes, 2 de mayo de 2011
Lo esencial es invisible a los ojos...
...Solo se ve bien con el corazón. No hace falta decir de quién es esta frase, quizá una de las más hermosas de la literatura universal. Una sentencia en boca de un zorro que anhela una amigo, que pide ser domesticado... crear lazos... ¡qué hermosura!
EL zorro quiere un amigo pero no quiere atarlo, sino crear lazos, que el amigo sea como es y que él mismo pueda ser como es, por eso le pide ir poco a poco... suavecito... dejando el espacio necesario para que acontezca la revelación de los lazos en su momento oportuno. Es por esta razón que le regala la frase al principito. Lo esencial de las relaciones, de la vida que fluye entre las personas, sólo se ve bien con el corazón.
Es importante aprender a cerrar los ojos físicos y permitir que se abra la mirada interior. Las cosas más importantes en la vida. Lo esencial, como enseña el zorro al principito, descansa más allá de la superficie de los acontecimientos. Abrir la mirada interior supone hacer un camino de silenciamiento que permita que lo esencial se revele. Cada persona, cada situación tienen una carga de misterio, de hondura, de belleza. Una mirada rápida o superficial, una mirada teñida del cúmulo de prejuicios, anticipaciones y prisas de la mente, actúa como una especie de velo que opaca esa hondura, que no permite ver realmente. Cuando somos capaces de ir más allá de las primeras apreciaciones conectando con la mirada del corazón, entonces todo se nos va revelando porque caen los velos. La realidad se revela des-velándose. Es un proceso de desnudamiento, de pérdida de ropajes.
Sólo se ve bien con el corazón... ¿qué es el corazón? es el gran motor de nuestro cuerpo. En cada latido el corazón moviliza cantidades ingentes de energía. El latido del corazón materno nos acompaña durante nuestro crecimiento en su seno. Su sonido queda inscrito en el subconsciente de cada persona. Quizá por ello a nivel simbólico situamos en el corazón la sede de los sentimientos más profundos. Decimos "se me ha roto el corazón" o "me ha robado el corazón" o" te hablo con el corazón en la mano"... Nos queda algo por decir: "Te veo con el corazón". Es un paso cualitativamente distinto. Ver con el corazón significa atravesar las capas del ego, ir más allá de la pantalla de la mente que todo lo deforma con expectativas, con restos del pasado, con anticipaciones de futuro. Ver con el corazón es anclar la mirada en le presente y permitir que lo que es se nos revele.
Cuando el zorro regala al principito la frase, le está regalando mucho más. El zorro abre al principito la puerta de acceso a una forma de vida radicada más allá del ego y, por lo tanto, libre de miedos. Por eso el principito comprenderá que si quiere regresar con su rosa, a su planeta... a su casa, debe morir la parte de él que le limita. El principito se deja morder por la serpiente... acoje la muerte como paso a la nueva dimensión en la que no hay sino esencia y, por ello, total presencia. Por eso el aviador podrá ver a su querido principito en la estrella que brilla y el zorro lo encontrará en el color dorado del trigo...
Ver con el corazón nos abisma en la no-dualidad, en la experiencia de que somos parte de un Todo, como las cuentas del collar de Malinalli que ya comenté en otra entrada.
Ver con el corazón serena el interior, aquieta los pasos, nos confiere el ritmo exacto, el ritmo de las estaciones, el ritmo de las aves migratorias que saben cuando volar y cuando y donde descansar.
Ver con el corazón no nos hace ingenuos, pero sí devuelve al inocencia a la mirada. Mirar con el corazón desenmascara los fantasmas que pueblan nuestro interior y nos hace ver que no tienen consistencia. Abrir la mirada interior ilumina el camino a través de las tinieblas que nos pueblan... Mirar con el corazón posibilita el perdón porque nos acerca al núcleo del amor.
"Lo esencial es invisible a los ojos, sólo se ve bien con el corazón"... Es como pintar en un lienzo con agua.
viernes, 29 de abril de 2011
Ecos desde Galilea II
Hay lugares y tiempos que dejan huella. San Asensio y el curso de formación de formadores de La Salle han dejado huella en mí. Pero son las personas las que cincelan la huella. Como ya me pasó en setiembre, tras la primera parte del curso, evoco ahora rostros, sonrisas, voces, gestos... Todo lleno de vida, todo lleno de humanidad transida de divinidad.
Imposible que nos reencontráramos en mejor momento: con la experiencia de la Pascua recién estrenada, en la presencia de Jesús Resucitado. Vosotros, educadores y educadoras, laicos y hermanos, habéis sido para mí esta semana el rostro del Resucitado que ha salido a mi encuentro y me ha dicho "la paz contigo".
Intensos días... Habéis dado hondura a cada actividad, llevándome a mí más allá. GRACIAS.
Estoy segura de que nos volveremos a encontrar. Seguiremos "conspirando" juntos por el bien de nuestros chavales, de los otros educadores, de la familia, como servicio a una sociedad en la que las personas necesitan restañar heridas, reencontrar el hogar interior, disponer de estrategias para vivir más positivamente, más humanamente y para perder el miedo a abrirse a Aquel que nos ha ha hecho así, como somos, humanos y que elige esa humanidad, no otra, para manifestarse.Un abrazo a cada uno, a cada una, uno de esos abrazos especiales que sólo se dan en San Asensio. PAZ.
lunes, 18 de abril de 2011
¡DES-VÍVETE!
Dentro de muy pocos días los cristianos entraremos de lleno en la celebración de tres días de un calado único. El Triduo Pascual que confluye en la celebración más importante de todo el año: la Vigilia del sábado santo, la noche santa que nos lleva a la Resurrección haciendo memoria de la actuación de Dios en la Historia de los hombres y de las mujeres.
Permitidme que os diga que no deja de llamarme la atención la forma en la que se resalta el viernes santo y la manera en la que olvidamos la Vigilia y los 50 días de celebración de la resurrección de Jesús. En medio queda el jueves santo como el día del lavatorio, gesto litúrgico original, pero sin más carga vital y más con la total asepsia con la que se realiza en muchos lugares.
Para mí estos días son aterradoramente revolucionarios. Desde mis 15 añitos en los que viví la primera pascua joven con mis monjas de Sta. Ana, no he dejado de retirarme ni un solo año para darme la oportunidad de contemplar la Pascua de Jesús. Dejé atrás la Pascua de jóvenes y encontré otras formas de vivir el Misterio. Pascuas en Manresa, en silencio absoluto, con celebraciones sorprendentes, hermosas. Mi primera Pascua "urbana" en una parroquia de Barcelona que fue algo mágico por los ecos que generó y, actualmente la pascua en la Parroquia de S. Juan, en Vitoria. Otro regalo precioso.
No sé si los que nos decimos seguidores de Jesús caemos de verdad en la cuenta de la densidad de estos días. Del mismo modo que la Navidad se nos desdibuja vestida de regalos y comilonas, quizá la Pascua se nos transforma en la oportunidad de unas vacaciones primaverales o en un ir y venir de procesiones.
Ayer, Domingo de Ramos, resonaron de nuevo esas palabras arrolladoramente retadoras de Pablo: "Tened los mismos sentimientos de Cristo, el cual, no se aferró a su condición divina, al contrario se vació de sí mismo haciéndose uno de tantos y el servidor de todos..."
¿Podemos escuchar algo así y continuar manteniendo imágenes de Dios como las de Juez, Señor feudal, Dios enfadado que exige que alguien pague el pato por el pecado original?
En el umbral de la Semana Santa se nos propone contemplar el vaciamiento de Jesús, del hijo de Dios. El vaciamiento de la Palabra que no da lugar a una palabra vacía sino a una palabra calladamente rotunda, rotundamente callada. Será el cuerpo de Jesús la palabra final, cuerpo entregado y atravesado...CUERPO RESUCITADO. Juan, el discípulo amado, sabrá ver en el crucificado al Resucitado... Nosotros, generalmente, nos quedamos en la cruz... nos cuesta llegar a la alegría inconmensurable de la Resurrección de Jesús, promesa y realidad de nuestra propia resurrección.
Pero, atravesando todo ello, se encuentra el camino del vaciamiento, del despojamiento, del "hacer espacio". Desde el momento mismo de la Encarnación, Dios acontece en la Historia vaciándose de sí. Si leemos todo el evangelio "kenóticamente" (kénosis significa vaciamiento), cada momento de la vida de Jesús, cada palabra, cada milagro, cada parábola, se reviste de un significado nuevo, interpelante...
Lo que sucede el viernes santo, no es sino la consecuencia de un camino de "dejar de ser siendo". Jesús se pertenece por completo a sí mismo porque pertenece por completo al Padre. El Abbá, Padre/Madre y Jesús, son Uno. Jesús se entrega absolutamente al Abbá, se vacía en Él y de Él lo recibe todo, por ello puede dar-se entero, partirse y repartirse... El jueves santo, cuando contemplemos esa cena última, primer icono de la mesa del Reino en la que todos tienen alimento y amor, veremos que Jesús puede ser como el pan porque en él no hay durezas, no hay opacidades, no hay deseos de conservar su ser a precio del ser de los demás. Jesús puede ser como el vino porque su esencia es sabrosa, esencia de fiesta y alegría, no de tristeza y autocompasión.
Por eso, este año, en la parroquia, hemos puesto por lema a la Pascua ¡DES-VÍVETE! y lo hemos hecho porque estamos en tiempo de crisis, una crisis económica, sí, pero que pone al descubierto una crisis de humanidad. Ante ello, los cristianos debemos echar mano de la raíz revolucionaria del cristianismo: la revolución de la toalla: ceñirse la toalla y SERVIR... Servir compartiendo, conviviendo, empecinándonos en la pervivencia del amor que tiene como favoritos a los crucificados de mundo, a los silenciados. Por eso la invitación es a des-vivirse: dejar de vivir centrado en mí para permitir que Jesús sea mi centro, mi raíz. Me des-centro para centrarme, me abandono para ser recogido, me olvido de mí y me reencuentro en los demás que son "lo otro de mí".
Des-vivirse es vivir como nuestras madres, en clave de amor gratuíto. Des-vivirse es entregarse sin alharacas, sencillamente, como dice Lluís Espinal, "gastar la vida sencillamente, sin protagonismos, como el agua que brota de la fuente, como la madre que da el pecho a su bebé..."
Ojalá la contemplación (que no la mera "ojeada", la mirada superficial y rutinaria) de la vida de Jesús, de su divina humanidad, de su humanidad divina, nos arrastre irremediablemente hacia los demás. Ojalá Jesús nos queme dentro, su Amor loco y nos dejemos quemar para luego poder prender fuego al mundo con nuestra esperanza, con nuestro amor, con nuestra confianza en Dios y en el ser humano.
Os deseo una Semana Santa ardientemente profunda...
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