La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

lunes, 16 de septiembre de 2019

La Amistad, ese hogar imprescindible

Este pasado fin de semana he vivido una auténtica "fiesta de la Amistad". El contexto no pudo ser mejor: ofrecer un concierto en la Nit de les Religions, una preciosa iniciativa del espacio interreligioso de la Fundación Migra Studium vinculada a la Compañía de Jesús.

En cuestión de horas, puede ver, abrazar, conversar con Amigos del alma. Algunos con los que mantengo un contacto diario telefónico, otros con los que me reencuentro de tanto en tanto. Y también pude reencontrarme con esos "amarillos" que diría Albert Espinosa, personas que caminan contigo un ratito,  pero dejan huella. 

En la pequeña capilla de Palau, tan bonita y acogedora, en el corazón del Barri Gótic de Barcelona,  aconteció la magia de la Amistad mediada por la Presencia de Dios. Fue mágico compartir oración, canto y sonrisas con tantos seres especiales y queridos. Fue mágico sentirme tan querida.

Y, así, como digo, en cuestión de horas, recibí un auténtico "tsunami" de cariño, reconocimiento, ánimo, energía... 

Aún me estoy "reponiendo" del "subidón". Aún conservo muy frescas las miradas, los abrazos, los besos, las presencias. Y resuena en mí un infinito GRACIAS a cada una de esas personas y a Dios por haberme regalado un Hogar infinito en el corazón de tantos buenos amigos/as.

¡Qué necesaria es la Amistad!. Sobretodo la que se gesta en los momentos donde uno se siente más vulnerable. Muchos de mis amigos/as han sido y son mi lugar donde reclinar la cabeza en momentos muy complicados de mi vida. Me han enseñado lo que quiere decir "acompañar".

¡Qué necesaria es la Amistad! Y más aun aquella que hunde sus raices en encuentro profundos, a "tumba abierta". No es la amistad de salir a tomar unas copas a la que me refiero, sino la que crece en conversaciones sin reloj en las que uno y otro abrimos nuestro corazón y acontence un encuentro sin máscaras de los amigos.

¡Qué necesaria es la Amistad! Más aún si se ha sido durante un tiempo largo un poco "peregrino" sin lugar fijo, un tanto a la intemperie. Ahora, en este tiempo más sedentario y protegido de mi vida, valoro más si cabe esas Presencias que me dieron un hogar cuando no lo tenía. Hogar humano, cálido, acogedor, incondicional.

Es la amistad, un hogar imprescinidble para el ser humano. Por eso, regresaba ayer a casa pensando en lo necesario que es que en nuestro mundo, las personas aprendamos a ser amigos. Lo importante que es no dejar que lo virtual elimine la experiencia del "tú a tú" con los demás a través del abrazo, la conversación, las risas, la mesa compartida, los paseos, las miradas, los besos...

Mis células están hoy relajadas y llenas de la energía recibida de tantos abrazos y besos como recibí el fin de semana, de tantos piropos, de tantas miradas que hablan. Lo noto. Es algo no sólo emocional sino físico y, eso, nuestros chicos y chicas no pueden perdérselo. Educar la Interioridad incluye aprender a ser amigos.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Mística del educador/a

"No podéis preparar a vuestros alumnos para que construyan mañana el mundo de sus sueños, si vosotros ya no creéis en esos sueños; no podéis prepararlos para la vida, si no creéis en ella; no podríais mostrar el camino, si os habéis sentado, cansados y desalentados en la encrucijada de los caminos." (Célestin Freinet)

Esta cita del maestro y pedagogo francés  Célestin Freinet (1896-1966) me ha hecho pensar y sentir estos días por su sencillez y claridad para llamar la atención sobre algo que es de capital importancia en la vida de un colegio y es que, cada maestro, cada maestra, es, lo quiera o no, es modelo para sus alumnos.Es un tema sobre el que vuelvo una y otra vez porque para mí es el "quid" de la Educación verdadera que no quiera ser mera instrucción de cerebros y es el "quid" de la vida de un educador vocacionado.

Hoy, de una forma acuciante, urge regresar a un mística del educador, es decir, necesitamos revisar y enamorarnos de aquellas cuestiones que son el sustento de la vocación educativa.

Leía hace poco un artículo sobre la "mediocracia", es decir, el gobierno de los mediocres y para los mediocres. Se comparaba esa mediocridad que hoy abunda en muchos órganos de gobierno en todos los ambitos, con un sandwich mixto, el de jamón y queso de toda la vida, que ni es malo ni es exquisito, es bueno, está bien y nos saca de muchos apuros. Leyendo esa descripción de lo mediocre, de lo que bo es ni demasiado "malo" ni excesivamente brillante, me parecía descubrir que esa mediocridadse ha ido colando poco a poco en nuestros colegios.

Sé que es peligroso afirmar estas cosas sobretodo porque depende con qué pie te pille la reflexión, te atreves a poner cara y nombre  a esto o lo otro, algo tremendo porque entramos en el juicio en el que, generalmente, echamos pelotas fuera. 

Así que simplemente me centraré en lo que dice el pedagogo francés en la cita que encabeza esta entrada y reafirmo esa necesidad de que los docentes sean personas con capacidad de soñar, de imaginar, de ilusionarse aunque el cansancio hunda un poco las ganas. En la sociedad del "sandwich mixto" nuestros niños y jóvenes necesitan presencias en sus vidas que estimulen las ganas de conocer, de saber y, más aún, que despierten en ellos y ellas preguntas acerca de su identidad, del sentido de la vida y del lugar del prójimo en ese proyecto vital. Por ello necesitamos educadores y educadoras vitales (que no es sinónimo de "jóvenes"), personas enamoradas de la vida y conocedores de los ritmos vitales, de las tempestades y calmas chicas, de las luces y sombras, porque sólo así proveerán a sus alumnos de la capacidad de trazar sus propios mapas de vida más allá de lo meramente laboral.

Si los maestros y maestras de este país, enzarzándose en luchas entre la pública y la concertada, en huelgas agresivas, se sientan cansados y desalentados, se dejan dominar por la queja y la desgana, si quien manda en la vida de un educador es el reloj y el salario (sí, el trabajador merece su salario, todo él, pero no sólo de pan vive el hombre...) y no las ganas de acompañar a sus alumnos de mil maneras, entonces han ganado ya para siempre los mediocres y la escuela será, como muchos dicen y yo no comparto, un lugar donde perder la originalidad, las ganas de saber y el gusto por el conocimiento profundo.

Por favor, queridos maestros y maestras, cuidad vuestra vida interior para no dejar de brillar, Nuestros chavales necesitan LUZ y verdadera excelencia humana en un mundo tan "mediocrático".


«Vivimos un orden en el que la media ha dejado de ser una síntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas y ha pasado a ser el estándar impuesto que estamos obligados a acatar», denuncia Alain Deneault, filósofo y profesor de Sociología en la Universidad de Québec y autor de Mediocracia, cuando los mediocres llegan al poder (Ed. Turner), un ensayo que llega hoy a España y que analiza cómo las mediocres aspiraciones que invaden la sociedad están provocando ciudadanos cada vez más idiotas. Condenados -diríamos- a desayunar, comer y cenar un sándwich mixto. «La mediocracia nos anima de todas las maneras posibles a amodorrarnos antes que a pensar, a ver como inevitable lo que resulta inaceptable y como necesario lo repugnante».

martes, 3 de septiembre de 2019

¡Feliz año nuevo!

Los amigos son maravillosos, te descubren tantas cosas... Hoy, una amiga que, además es una maestra de corazón, de las grandes, me ha ayudado a entender algo que he vivido siempre pero de lo que no me había dado cuenta porque no lo había sabido verbalizar y, desde luego, jamás se lo había dicho a nadie, ni a mí misma.

Desde que puedo recordar, el último día de agosto y el primero de septiembre, marcan en mi vida una clara vivencia de "fin" e "inicio", sin embargo, y es lo que he entendido estos días, no es el "fin de las vacaciones" y el "volver al trabajo" lo que he sentido siempre; no, es algo muy distinto. Resulta curioso como en ocasiones no sabemos interpretar lo que sentimos, así me ha pasado a mí. Como digo, desde que puedo recordar, para mí el "año" comienza el 1 de septiembre con la vuelta al cole, tanto como alumna primero como siendo maestra después. Esto que puedo decir y compartir en este momento, mientras escribo estas líneas, estaba ahí, presente, sentido, pero no explicitado e incluso interpretado por mí como un "fallo de percepción" porque todo el mundo sabe que el año termina el último día de diciembre y comienza el uno de enero.

Y ayer por la noche, mi querida Iris me envió un texto iluminador que me ha hecho entender de golpe lo que me pasa: para mí, sí, y no sólo para mí (ahora lo sé) el año comienza el uno de septiembre y termina el 31 de agosto. Ahí está el "quid" de la cuestión.

El párrafo del libro que Iris ha compartido conmigo, alegra el alma porque te recuerda que podemos ser libres de las convenciones y que, cuando no nos lo permitimos a un nivel consciente, ya se encarga nuestro corazón de re-cordárnoslo (re-cordar, es decir, volver a pasar por el corazón). A mí, durante años, mi corazón me ha recordado que "cuantifico" los 365 días de otra forma, cuando, por ejemplo, al anotar algo en la agenda dudaba si era para un año u otro simplemente porque se me iba la "cuenta" de septiembre a agosto y no de enero a diciembre. Siempre lo he interpretado como un despiste de los míos. Pues...¡no es un despiste! Es lo que de verdad siento y como mi ser acoge el paso de días y meses con el que hemos decidido organizarnos.

Pero es más profundo de lo que parece, bueno, para mí lo es: Comenzar un curso nuevo no es una rutina, es un regalo. Es nuevo, nuevito. Todo por hacer, todo por descubrir, pero con el bagaje de lo aprendido el curso anterior. Me encantaría, como los protagonistas del libro, tirar cohetes y celebrar con champán el comienzo de cada curso. No es "la vuelta a la rutina" sino el estreno de lo nuevo anclado en lo cotidiano: despertador, horarios, responsabilidades... Precedido por un tiempo de descanso, sosiego y, si se quiere, tiempo para mirar con perspectiva lo que sucedió durante el curso y soñar con cariño e ilusión en lo que vendrá.

Es otro de los muchos regalos de ser "profe", de vivir inmersa en la aventura de la Educación del Corazón y con Corazón. El 1 de Septiembre no es una "losa", es el inicio de un nuevo año en el que resuena la promesa de Dios: "Todo lo hago nuevo".

¡¡FELIZ AÑO NUEVO, PROFES!!

Este es el texto del libro "Nadie nos oye" de Nando López:

       "-¿Qué te parece si celebramos el años nuevo juntos, Emma?- me propuso Víctor en cuanto supo que me había instalado en mi nuevo y pequeño apartamento en Malasaña.
         
         - Me parece perfecto.

No era la primera vez que lo hacíamos. Ya en el instituto nos inventamos aquella tradición y cada 31 de agosto nos juntábamos para tomar cervezas y brindar por el año nuevo. Era algo que solo nos pertenecía a nosotros, un ritual que nunca quisimos compartir con nadie y que nacía de nuestra manera de contar el tiempo de septiembre a septiembre, incapaces de seguir ese criterio artificial y arbitro que marcaba en enero el supuesto inicio. Mi vida se mide con precisión escolar desde que era una cría, porque mi año empieza a la vez que estreno cuadernos y agendas, justo en esos días en que aún no hemos perdido esa sensación de primera página, esa seguridad de que todo está por hacer, que los demás meses querrán arrebatarnos"


sábado, 27 de julio de 2019

Adiós...













Me embarco en la navegación de aguas tranquilas.
Serenamente y con conciencia, desato las amarras
y veo alejarse la orilla del "hacer".

Digo adiós agradecida a lo que fue
a cada tarea, a cada desvelo, 
a cada presuroso viaje ,
a cada encuentro apasionante,
a cada error y cansancio que pareció insuperable.

Adiós a las horas anclada mi barca a la silla y el teclado
en pos de palabras adecuadas
conversando con la página en blanco,
territorio por explorar desde la soledad de mi despacho.

Adiós agradecido a las rutinas de despertador,
de maletas aprendidas,
de horarios, correos y reloj.
Adiós a la lluvia de mensajes instantáneos,
a veces tan inquitantes y perturbadores,
en pro del mensaje que va llegando,
que resuena certero,
alto y claro en medio de la paz.

Ilusionada y muy sedienta,
viro el rumbo de mi embarcación 
y pongo proa hacia las aguas del descanso,
del descansadamente, ser.

En mi bodega reposa lo aprendido
lo superado, lo asumido.
En mis velas hondean las risas,
los abrazos, los brindis de amistad y sol.

Serenamente, con conscienica,
con amorosa y firme mano,
desato lo que tuvo que atarse.
Ahora, libremente, me adentro en el sosiego
atendiendo tan sólo a la llamada de lo interior.

No porque la otra orilla sea mala,
no porque esa orilla no me provea de alimento,
(con creces lo hace)
sino porque es preciso regresar a ella con todo mi ser y consciencia,
cambiar de rumbo por un tiempo es necesario
y a otro ritmo, atemparando cielo, remo y mar,
acudir a esa otra orilla donde, casi todos a la vez,
encontramos el refugio de la calidez
de los días vividos en presente calmado.

Digo "adiós" y, agradecida por lo vivido,
veo alejarse la orilla del "hacer".
Llegará el tiempo de volver
mas no es ahora...
Ahora... Toca "descan-ser".

lunes, 10 de junio de 2019

Palabra del co-razón y palabra con co-razón: la palabra en la EI

Una de las premisas metodológicas de la EI es la de utilizar una metodología activa que yo suelo traducir por "que me pasen cosas". Esta premisa se basa en la pedagogía divina presente en el modo de conducir de Dios a la humanidad reflejado en el AT y en el NT.
En el AT, Dios escucha el clamor de los hebreos que viven esclavos del Faraón. Esa escucha se transforma en dos respuestas: da un líder al pueblo y pone a todos, líder y pueblo, en camino.
En el NT, Dios se revela en la vida concreta de un hombre. Jesús de Nazaret es el rostro  de la verdadera humanidad, del hombre-mujer nuevo/a. Él, elige compañeros/asd e camino, hombres y mujeres que aprenderán como es Dios, aprendiendo a ser humanos. Jesús vive encuentros significativos con todo aquel a quien se acerca o que le busca. Nadie se va igual que llegó, tras un encuentro con Jesús.
Esta centralidad de la experiencia, inscrita en el modo de actuar de Dios, es lo que deseamos transferir a nuestra propuesta de Educación de la Interioridad. Sin experiencias significativas no pueden nacer interrogantes, ni brotar las certezas. Pero el hecho de situar lo experiencial como centro de la propuesta metodológica ni anula ni menosprecia el imprescinidible ejercicio de la reflexión personal y grupal ni la propuesta de las palabras y de la palabra que pueda expresar e iluminar lo que comienza siendo vivencia personal y/o compartida.

Es por ello, que en la entraña de la EI como modelo pedagógico, la palabra está presente en el inicio, en el medio y en el fin de las experiencias propuestas:

LA PALABRA EN EL INICIO:
Cuando un educador/a se dispone a animar un ejercicio que favorezca la conexión con la interioridad, sea este de corta duración o más extenso, el modo de proponer no sólo es importante en cuanto al lenguaje no verbal (siendo este tan importante y revelador), sino que debe prestarse atención y poner cuidado en las palabras que elegimos para describir el cómo y/o el porqué haremos las cosas. El modo de explicar una técnica, el modo de exponer cuál será el ritmo o tempo de un sesión más compleja, el tipo de verbos que utilizamos, etc... pueden decantar la vivencia en algunos momentos hacia un lado o hacia otro. Me explico: al proponer a un grupo una sesión de EI más compleja, por ejemplo, una sesión de dos horas, siempre será bueno hacer una introducción que posicione al grupo, que le ayude a situarse. A la vez, debemos saber como crear expectativa, es decir, favorecer que el alumno/a sienta ganas de adentrarse en la propuesta, de ser protagonista, que de alguna manera en nuestro modo de proponer, de decir, de explicar el sentido y el ritmo de lo que haremos, al chico/a le entren ganas de aventurarse en la experiencia. Para ello es necesario aprender a no explicarlo todo, en el sentido de no desmenuzar los ejercicios antes de tiempo. No recomiendo, por ejemplo, en el marco de una convivencia o taller de varias horas o días, darle al grupo un horario en el que se diga qué se va a hacer en cada momento, eso mata la sorpresa y nos ata de nuevo al deseo de control. Saber en todo momento qué haré, qué pasará,  no ayuda a encaminarse hacia el aprendizaje vital de dejar fluir las cosas, de vivir el presente, de confiar, de dejarnos sorprender por los demás, por la vida, etc... Hay modos de introducir una sesión que pueden favorecer esto que señalo, al igual que hay modos de recibir al grupo con la palabra que ponen al alumno "en guardia" o simplemente, le desaniman.
  • Deseo señalar en este punto la riqueza para un educador/a cristiano/a de situar la Palabra como fuente de inspiración de su camino creativo (la Palabra en el inicio), es decir: hay infinidad de relatos bíblicos que pueden inspirarnos la creación de ejercicios de EI. Por ejemplo: el relato del lavatorio de los pies como inspiración para el gesto de "la revolución de la toalla" (A. Ginel: Gestos para la Catequesis. Ed. CCS, Madrid 1992, pág. 149-154) o la meditación personal acerca del periplo del éxodo como trasfondo para crear el gesto "Vé más allá" (E. Andrés: Educar la interioridad una propuesta para Secundaria y Bachillerato. Ed. CCS, Madrid 2009, págs.138-141).


LA PALABRA EN EL MEDIO :
Será igualmente necesario aprender a utilizar las palabras que mejor puedan inspirar la vivencia que, a priori, sabemos que puede favorecer una determinada técnica... Pondré un ejemplo entre otros muchos posibles: Cuando dirigimos una visualización, es recomendable poner cuidado en no mencionar el verbo "pensar", una visualización no se basa en el discurrir con el pensamiento, sino en el "gustar y sentir internamente". El pensar vendrá después: terminado el ejercicio de visualización, la persona recuerda, escribe lo que ha visto, percibido, sentido, y le pone palabra y en ese ejercicio fluirá el pensamiento acerca de lo vivido.

Es muy importante tomar conciencia del valor mediador de la palabra en muchas de las técnicas que aplicaremos en la EI. No se pueden decir las cosas de cualquier modo. Evidentemente, esta capacidad para ir adquiriendo el "verbo" adecuado para describir y acompañar la experiencia, será un camino de aprendizaje por parte del educador/a, que tambien ha de ir encontrando su modo personal de decir las cosas, el cual ha de ser una mezcla de exactitud en lo referente al aspecto técnico y de un estilo lo más personal posible en lo referente a dejar fluir su propia vivencia interior a través de las palabras que elige decir y cómo elige decirlas. Resulta claro, en este punto, que a mayor formación en las diferentes técnicas, mejor vocabulario utilizará el educador/a, al igual que a mayor recorrido vital, a mayor nivel de autoconocimiento, a mayor recorrido espiritual que "tenga" el educador/a, más atinará con las palabas que pueden apoyar ese camino en los alumnos/as. En este sentido, con el paso de los años, me va pareciendo que cobra más importancia, que los/as educadores/as que deseamos ayudar a esa conexión con el interior, leamos y estudiemos todo lo que podamos acerca de las técnicas que proponemos, acerca de los contenidos que tratamos, etc... y,  junto con ello, seamos cuidadosos/as con nuestra interioridad porque al final todo eso se trasluce en nuestras palabras ya que "de la abundancia del corazón, habla la boca"(Lc 6, 45).


LA PALABRA EN EL FINAL:
¿Cómo cerramos una propuesta de EI, sea corta o más extensa? Ahí también podemos aportar o frenar para que la experiencia sea más o menos rica. Pero también porque con nuestra palabra podemos y debemos iluminar al final de cualquier propuesta, el horizonte de sentido hacia el que señala. Tan importante como el inicio de algo es como lo concluímos. Ahí puede estar la piedra de toque de algunos momentos, ya que en el ámbito escolar el tiempo juega tantas veces en nuestra contra y puede obligarnos a cerrar apresuradamente una sesión con tal que el grupo y nosotros mismos, los educadores/as, lleguemos a tiempo a la siguiente clase o actividad.  Por eso es tan importante ser conscientes de los tiempos que precisan las diferentes propuestas y hacer lo posible por interiorizar esos tiempos para que cada momento de una sesión pueda tener su significatividad propia, especialmente si son sesiones de más complejidad y duración.

Pero la palabra en el  final,  también quiere decir que hemos de tener presente que, como decía al inicio de esta reflexión, se han de equilibrar lo experiencial y la reflexión sobre lo vivido en cada sesión o grupo de sesiones. Es decir, cuando la propuesta ha sido especialmente compleja, es imprescindible dejar al grupo el tiempo necesario para reflexionar, sea a veces primero individualmente (mediado por el diario de interioridad) y luego en grupo (asamblea) o en ocasiones sólo una u otra vertiente (individual-grupal). Sea como sea, forma parte de nuestra metodología que el alumno/a atendiendo a su edad, vaya creando su propio "verbo", sepa "empalabrar" las experiencias que vive, sus emociones, sus sensaciones físicas, sus vivencias personales y grupales, sus dudas, sus certezas, sus aprendizajes. 


De nuevo la referencia a la Palabra nos puede iluminar. Cada página de la Biblia es un compendio de experiencias, no de teorías. El pueblo de Israel y los profetas en el AT y las primeras comunidades cristianas en el NT, escriben acerca de lo vivido. Buscan dejar constancia de unas experiencias que marcaron las vidas de sus protagonistas, que abrieron camino para otros/as. La Palabra es un compendio de palabras nacidas del caminar, de la pura vida, sin teorías, eso sí, vida iluminada por Dios que conecta a la persona con su Esencia.

Ojalá la forma en la que acompañemos la conexión con el interior de nuestros alumnos/as, haga nacer en ellos/as y en nosotros/as una palabra hija de la Vida que anida en nuestros corazones. Esa palabra será bella y será buena porque será verdadera y esa palabra, gestada en el sí de nuestra Esencia, puede iluminar por no ser palabra vana, sino palabra del co-razón y palabra con co-razón.




miércoles, 5 de junio de 2019

La EI en la Escuela (artículo publicado en Religión y Escuela, nº.308, 2017, pág.18)



LA EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD (EI) EN LA ESCUELA. Elena Andrés Suárez

1. Un previo: “Invitado o no, Dios está presente”

  Hace poco recibí a través de un amigo la Revista Meditatio. Meditatio es la extensión de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana (WCCM). Formada en 1991, la Comunidad Mundial está presente en 114 países y hace hincapié en la práctica regular de la meditación dos veces al día. Su misión es comunicar y fomentar la meditación como ha sido trandmitida a través de la enseñanza de John Main OSB (1926-1982), en la tradición cristiana. En el número de la Revista Meditatio que he leído se exponen las experiencias, frutos y consensos a los que se está llegando en USA, Canadá y Reino Unido tras años de aplicación de la Meditación Cristiana en el colegio. Puedo decir que todas las ideas y frases más importantes de cada artículo podría copiarlas textualmente bajo el epígrafe “La Educación de la Interioridad en los colegios concertados de España”. Quizá dentro de no mucho tiempo podamos disponer de un fondo de datos lo suficientemente amplio que permita añadir a lo que hoy expondré aquí cifras que faciliten una lectura más científica de los niveles de aplicación y fiabilidad de la EI en las escuelas españolas. En este momento los datos a los que podemos tener acceso nos hablan de un camino pedagógico en construcción. Ciertamente los centros que más tiempo llevan aplicando en el aula los contenidos y metodología de la EI tal y como la expondré en este artículo, no pasan de los seis años de andadura. Evidentemente me refiero a los proyectos que conozco y que tienen objetivos, contenidos y metodologías que personalmente sí califico como Educación de la Interioridad (EI)[1]

  Pero no me olvido de la frase que he elegido para iniciar esta exposición: “Invitado o no, Dios está presente”. Aparece en uno de los artículos de la mencionada Revista Meditatio. La autora del artículo, Dra. Cathy Day, directora de la Oficina de Educación Católica de Australia, dice que esa es la frase que se lee a la entrada de su oficina principal. Para mí podría ser una buena forma de expresar lo que entiendo por Educación de la Interioridad en el ámbito educativo. Como creyente cristiana creo firmemente en la presencia de Dios en su maravillosa creación y, en ella, de forma especialísima en el ser humano, “imagen y semejanza” de Dios. Afirmar esta condición del ser humano, hombre y mujer, de imago Dei conlleva unas consecuencias muy serias que a veces olvidamos. Para mí, una de ellas o quizá la principal es que cada ser humano, crea o no en Dios, es un reflejo de la Bondad, de la Belleza y de la Verdad y tal reflejo mora en esa dimensión que nos constituye como personas que es la interioridad y que debe entrelazarse con nuestra otra dimesión consitituiva que es la exterioridad para que, entrelazadas de forma coherente, nos ayuden a cada uno de nosotros a vivir una vida plena. 

  Sí, Dios está presente, pero somos nosotros, los seres humanos, quienes andamos perdidos, desorientados. Así lo expresaba un místico del siglo XII, el Maestro Eckhart:

       Nunca un hombre, no importa lo que sea, ha mostrado un deseo tan vivo como Dios muestra por conducir al hombre a conocerle. Dios está siempre dispuesto, pero nuestra falta de preparación es grande; Dios está cercano a nosotros, pero nosotros estamos lejos de Él; Dios está en nosotros, pero nosotros estamos fuera de nosotros; Dios está en nosotros como en su casa, nosotros somos allí extranjeros.[2]

  Así pues, nosotros, ciudadanos del siglo XXI no somos tan diferentes de los hombres y mujeres de otros siglos en lo referente a la vivencia de lo profundo y caminamos igual de despistados y desconectados de nosotros mismos. 

1. Importancia del contexto socio-cultural: “Cambia, todo cambia…”

    Como hace unos años apuntó Javier Elzo[3] estamos ante una mutación histórica, mutación que comenzó en el último cuarto del siglo pasado y que continúa manifestando su evolución en lo que llevamos de este siglo. Este concepto de “mutación” también es utilizado por el gran epistemólogo español y director del Centro de Estudio de las Tradiciones Religiosas de Barcelona (Cetr) Marià Corbí que apunta hacia el hecho de que la sociedad que nos ha tocado vivir padece una de las mutaciones más profundas de la historia humana[4] Creo que aludir a la “mutación” social resulta central para entender el porqué del auge de la presencia de la EI en los colegios españoles y de otras propuestas de la misma raíz. 

  Cambio de época que tiene como una de sus características peculiares lo que Zygmunt Bauman en el 2007 denominó el pensamiento líquido que da origen a sociedades líquidas:

             Durante siglos las estructuras sociales se mantuvieron estables; los límites y estándares instaurados por las mismas eran inalterables y hasta cierto punto también incuestionables. La sociedad occidental estaba compuesta por instituciones rígidas donde se valoraba lo perdurable, la unión, la tradición y la capacidad de comprometerse a largo plazo. Instituciones sociales como el matrimonio y la familia estaban creadas a partir de moldes que no dejaban lugar para la improvisación. Precisamente por la rigidez de las instituciones sociales y por la naturaleza de los valores que se enaltecían es por lo que el sociólogo Zygmunt Bauman califica a esa época como la modernidad sólida. La modernidad sólida y sus múltiples características parecen tan lejanas a la actualidad donde lo característico es precisamente lo contrario: lo efímero, lo mutable y lo impredecible[5]

  Este estado “líquido” que tiene mucho de caleidoscópico y de mezcla, está presente también en las pedagogías educativas que:

                Ya no solo se fundamentan en pensadores, referentes como antaño, sino que entran de lleno, los mass media a través sobretodo de Internet y de las Redes Sociales, en este caso las educativas, en las que se generan complicidades y compromisos. Son redes que comparten una identidad pedagógica y que a su vez se diluyen en el colectivo educativo y su entorno (Carbonell, 2015). Así nos encontramos hoy, con la presencia de pedagogías alternativas, sistémicas, lentas, no directivas, positivas, inclusivas, propias de las inteligencias múltiples, de trabajo cooperativo, por proyectos, el aprendizaje-servicio etc., de las que podemos encontrar miles de páginas web, intercambios, con colaboraciones, recursos y materiales publicados al alcance de todos. Vivimos en una época de pedagogías híbridas, en las que todas, de una u otra forma, se nutren de otros campos del saber en una interdisciplinariedad, que traspasa los límites de la escuela, dando justificación también desde ellas, a la formación continua y para la vida, que sin duda está presente en la mayoría de las pedagogías del este siglo.[6]

  La aparición de la Educación de la Interioridad como marco pedagógico hemos de situarlo dentro de esta efervescencia de pedagogías múltiples y en relación unas con otras y como propuesta de retorno a lo profundo en un contexto donde lo caractéristico es lo efimero y lo mutable.

  Junto con lo anterior, me parece importante remarcar que el retorno a una vida más profunda, más armónica, es una demanda de no pocos sec­tores de la sociedad y también dentro del ámbito cristiano. Todo ello brota de uno de los grandes “agujeros negros” generados por el estilo de vida occidental. Para comprenderlo debemos aludir al hecho de que, junto con esa “realidad líquida”, vivimos insertos en un proceso de globalización en el que las leyes del mercado organizan la estructura y la vida de nuestras sociedades. Así, de forma progresiva, pero parece que imparable, occidente ha ido creando un estilo de vida basado principalmente en dos verbos: hacer y tener. El resultado es que en la agenda vital de la mayoría de nosotros, el espacio prioritario está dedicado al hacer que favorezca el tener quedando relegado a espacios cada vez menores el gran verbo de la construcción de la persona, el verbo SER. 

  ¿Por qué la alusión al sistema neoliberal y a sus modos y ritmos vitales es imprescindible? Porque los adultos que somos hijos e hijas de ese sistema vamos a proponer vivir la experiencia de conexión con la dimensión interior a nuestros niños y jóvenes y tal propuesta implica ritmos y modos que, en no pocas ocasiones, piden precisamente una desconexión tecnológica, ritmos pausados, repetición de técnicas, procesos a largo término, ruptura con el individualismo, toma de conciencia de nuestras verdaderas necesidades... Aspectos y propuestas que tanto a los adultos que deseamos hacer esta propuesta como a los mismos niños y jóvenes, nos pueden suponer un auténtico “agere contra”. 

  Educar la Interioridad en occidente supone un retorno al verbo esencial de la humanidad, el verbo SER. El retorno al SER nos remite y conduce irremisiblemente al compromiso ético al romperse las barreras egóicas.

2. La EI como novena competencia: Aprender a ser

  Y he aquí otra clave pedagógica de la Educación de la Interioridad que apunta hacia la novena competencia de aprender a ser: crear nuestra personalidad poniendo en ello la pasión y la sabiduría de quien sabe que ello es su gran obra. 

  Cada persona se instruye y ejercita integrando sus experiencias y a través de un entrenamiento para desarrollar su oficio. Esto es igualmente válido para el logro más importante de la vida: que el SER se haga realidad. Sin embargo, el ser humano nunca llegará a ser lo que está llamado a ser si no contribuye con su esfuerzo, para ello ha de tomarse a sí mismo en sus manos. La obra más importante para el ser humano es él mismo, él en cuanto persona.[7]

  En este sentido, la Educación de la Interioridad como proyecto educativo, tiene como uno de sus objetivos capacitar a los niños, adolescente y jóvenes para “tomarse a sí mismos en sus manos” viviendo con la guía y acompañamiento de adultos conscientes y formados, experiencias profundas que aludan a tres de sus dimensiones principales: corporal, psicológica y trascendente[8] tomadas como unidad, es decir, desde la conciencia de que no somos seres parcelados, sino que somos una unidad “corpóreopsicoespiritual”. De este modo, al concluir la etapa escolar, esa persona que comienza una fase nueva en su vida ya lejos de la tutorización propia de la escuela, podrá utilizar en la vida y para la vida su inteligencia espiritual.[9]

2. 1. Objetivos, contenidos y metodología de la EI

        2.1.1. Objetivos principales:

                    a. Favorecer procesos de unificación de las dimensiones de la persona: dimensión                                    corporal, dimensión psicológica y dimensión transcendente. 

                    b. Crecer en capacidad para ser agentes activos en la construcción de la unidad con los                            demás (eje relacional), con el mundo (eje ético/eje político/eje ecológico) y con Dios                            (posicionamiento creyente-no creyente). 


          2.1.2. Contenidos esenciales:
                    a. El trabajo corporal.

                    b. La integración emocional.

                    c. La apertura a la trascendencia.


          2.1.3. Metodología: Activa, basada en el uso de múltiples técnicas que aludan a los tres                                  contenidos básicos. Metodología que favorezca una experiencia que provoca, interroga,                        conecta y dé origen a una palabra que ilumina y da sentido. Palabra y vida íntimamente                        unidas para recuperar una palabra coherente, que nazca en el corazón iluminado por la                          razón.


  La Educación de la Interioridad busca que, de forma secuenciada, atendiendo a las diferentes edades, cada alumno/a pueda construir un yo sano viviendo experiencias, gestando una reflexión, adquiriendo unas destrezas y unos conceptos que le vayan llevando a sentirse como una unidad corpóreo-psico-espiritual y encontrando “su lugar en el mundo” desde claves de realización personal y de servicio a los demás

  La EI, en este sentido, no trata de generar momentos extraños que no conducen a nada, cayendo en el “consumo de experiencias”, sino hacer un camino personal y en grupo que ayude a cada alumno/a a vivir con sentido sus circunstancias, que le capacite para “empalabrar” lo que vive, lo que siente, lo que piensa. Todo ello en una etapa vital en la que lo que toca es precisamente construir un ego fuerte y sano que permita a la persona tener una identidad y responder a la realidad en la que vive con eficiencia. Algo que Rilke expresó tan bellamente en sus “Cartas a un joven poeta”: 

            “Camine hacia sí mismo, y examine las profundidades en las que se origina su vida. Nada puede estorbarle con mayor violencia que mirar hacia fuera y de allí esperar una respuesta a preguntas que sólo su más íntimo sentimiento, en los momentos más silenciosos, puede acaso responder (…)” 

4. Todo educador es educador de la interioridad: del proyecto al paradigma
  Uno de los ejes sobre los que pivota la EI como propuesta pedagógica es que sus objetivos, contenidos y su metodología es asumida y aplicada por toda la comunidad educativa. Es por eso que propongo entender la EI no como un mero proyecto más entre los numerosos proyectos que pueblan nuestras escuelas, sino como un verdadero paradigma educativo: una forma de ser y de estar en la escuela que imprenge toda la vida escolar y que se irradie a la familia. 

  Es como si cada educador/a susurrara al oído de cada niño y de cada joven estas palabras de Rilke: 

(…) Usted es tan joven, está tan lejos de toda iniciación, que quisiera pedirle, lo mejor que sé, querido señor, que tenga paciencia con lo que no está aún resuelto en su corazón y que intente amar las preguntas por sí mismas, como habitaciones cerradas o libros escritos en una lengua muy extraña. No busque ahora las respuestas: no le pueden ser dadas, porque no podría vivirlas. Y se trata de vivirlo todo. Viva ahora las preguntas. Quizá después, poco a poco, un día lejano, sin advertirlo, se adentrará en la respuesta. Quizá lleve usted en sí mismo la posibilidad de formar y crear como una manera de vivir especialmente feliz y auténtica. Prepárese para ella, pero acepte todo lo que venga con absoluta confianza. Y siempre que algo surja de su propia voluntad, de alguna honda necesidad, acéptelo como tal y no lo odie." 




[1] Hago incapié en ello ya que al escribir estas líneas me inspiro en la propuesta teórico-práctica de EI que he gestado a lo largo de dieciseis años y en los modelos educativos de EI que asesoro y acompaño personalmente y que ahora forman parte del Posgrado que impartimos en el campus La Salle. Sin embargo, soy consciente de que bajo la denominación de Educación de la Interioridad actualmente existen numerosas propuestas que en parte o en todo se parecen o se alejan de lo que personalmente propongo. Desearía que, al leer este artículo, el lector entienda que sólo puedo certificar y referirme a lo que personalmente conozco pero que ni mucho menos rechazo otros estilos y propuestas que son presentadas como EI en el contexto educativo español.
[2] Maestro Eckhart, semón 8
[3] ELZO, Javier: Los jóvenes y la felicidad. Ed. PPC, Madrid 2006.
[4] Cf. Marià Corbí Hacia una espiritualidad laica. Ed. Herder 2007.
[5] Carlos De la Rosa Xochitiotzi: Pensamiento líquido. Análisis del pensamiento de Zygmunt Bauman.
[6] María Mercedes Álvarez García: La educación para la interioridad como desafío educativo. Tesis Doctoral Universidad de Murcia.
[7] Cf. Karlfried Graf Dürckheim: La vida cotidiana como ejercicio de superación moral. En Ed. Mensajero lo encontraremos con el título “Práctica del camino interior”.
[8] Para profundizar en los tres contenidos de esta propuesta de Edución de la Interioridad en la escuela, E. Andrés: La Educación del Interioridad, una propuesta para Secundaria y Bachillerato” Ed. CCS, Madrid 2009.
[9] El concepto de inteligencia espiritual se relaciona con la educación holista. El Dr. Ramón Gallegos define la Inteligencia Espiritual como la capacidad de ser feliz, de estar en armonía con la totalidad generando sentido para vivir. Existen tres grandes momentos en la comprensión de la inteligencia humana: El primero es el de la visión uniforme de la inteligencia que surge al principio del siglo XX e inicia su decadencia en los ochenta; el segundo es el de la teoría de las inteligencias múltiples que se generaliza en los últimos 20 años del siglo pasado; el tercer momento es el de la inteligencia espiritual que se está desarrollando en este siglo XXI. En todo caso creo que la “inteligencia espiritual” y la “interioridad” pueden considerarse como sinónimos de alguna manera.


lunes, 27 de mayo de 2019

Educar la Interioridad: Salir del sueño de las apariencias

Confieso que llevaba días creyendo que sería un bulo, un montaje y que incluso quizá formara parte de una campaña de concienciación acerca del cuidado del medio ambiente. Pues no, me desayuno viendo esas imágenes en el telediario y compruebo que son fotos de algo real: colas de personas para hacer cumbre en el Everest.

No sé cómo expresar la cantidad de pensamientos y emociones que me provocan esas imágenes, de todo ello me quedo con una cuestión que quizá engloba todas: cultura de la "pose".



El 29 de Mayo de 1953 dos escaladores, Tenzing Norgay y Edmund Hillary, de 39 y 34 años años respectivamente, lograban subir a la cima del mundo, el monte Everest de 8,848 metros. Habían pasado 31 años desde el primer intento en 1922...




¿Podían imaginar aquellos exploradores de altísimas cumbres y de lugares desconocidos, lejanos, que un día todo quedaría al alcance de un "selfie"?

Cultura de la "pose", del Instagram, del muro de Facebook, en cuyas redes de superficialidad caen muchos (no todos, es verdad). Inculta cultura que nos convierte en esclavos de la imagen, del "salir en la foto" porque si no, no existes: ni tú, ni tu empresa, ni tu colegio, ni tu familia. Si tú no cuelgas fotos de tus salidas y entradas simplemente no existes.

Cultura y adoración de la imagen y la pose. Lo vemos todo, y creemos que sabemos de todo (informados a medias no estamos formados en nada), pero todo con filtros: los de instagram para vernos más guapos, menos gordos, menos arrugadillos y los filtros de lo que otros deciden que veamos en función de lo que conviene o no a sus intereses (¿hace cuánto que no se habla de Siria o de Venezuela, que no se ven imágenes de las vallas de Melilla, de la pobreza de Haití o de los misioneros asesinados en tantos países? Más cerca: ¿dónde se informa de todo lo que conlleva la huelga de la escuela concertada en Euskadi?)

Poses y filtros. Nueva caverna platónica de la que algunos logran escapar. Para quienes en ella permanecen, lo real es la apariencia y el artificio, lo intangible por su pura vacuidad, humo, nada...

La imagen de las colas en el Everest, es la representación perfecta de lo que potencia este sistema capitalista en el que vivimos medio bien-estantes unos, empobrecidos la mayoría y pecaminosamente ricos una minoría: el consumo de experiencias.

Consumir es el verbo central. Es la premisa, lo urgente, lo necesario. Situando el consumo en el centro del motor capitalista neoliberal, todo es factible de convertirse en producto: las cosas, la naturaleza, los proceso y, lo más triste, las personas.

Incapaces de gozar del paisaje, de asumir paciente y sabiamente el camino peliagudo, el esfuerzo mantenido y, lo más importaten: el sentirse compañero que cuida del otro/a con quien hago cordada. Así nos quieren: aparentemente en grupo, pero más bien siendo manada, rebaño informe con apariencia de "individualidad". Nos quieren en "colectivos", no nos quieren únicos e irrepetibles; nos quieren adocenados con apariencia de individuos llenos de derechos pero carentes de obligaciones. No nos quieren críticos y en común-unión. No interesa la vivencia del grupo, de la familia, de la comunidad, de la verdadera ética de la ayuda al otro sintiéndolo como hermano/a. Interesa, y mucho, "el colectivo", pero para la foto, para la pose, no en el día a día. En lo cotidiano mejor nos quieren solos, aislados, callados, cada uno feliz en su casa y, como mucho, aparentemente conectados de forma virtual. Cada uno creyendo que el aparentemente infinito mundo al que se accede desde la pantalla táctil, es el mundo real por haber olvidado los filtros y las poses que hay detrás.

Todos con una tórticolis y deformación del alma que nos lleva a mirar pantallas, pero a temer las pupilas del otro al alzar la cabeza y el corazón.

No interesa el riesgo de crear algo diferente y nuevo a no ser que sea algo diferente y nuevo que encaje totalmente en los parámetros económicos que enriquecen a los ya ricos.

Ya lo sabes, querido/a amigo/a: "consumo, luego existo" esa es la nueva definición del ser. Somos los occidentales "homo consumiensis", devoradores del planeta, obesos orondos de la experiencia por la experiencia aunque no me aporte nada más que calorías inútiles en forma de instantáneas vacías de vida.

Haciendo cola pacientemente para "ser en apariencia" pero incapaces de aplicar esa misma paciencia a los procesos profundos de la vida que nos conducen a "ser en verdad".

Educar la interioridad es salir de ese sueño de apariencias y poses, es dejar de ser dóciles con un sistema que nos atonta cada vez más. Es escalar las cumbres de la existencia y descender a sus abismos para encontrar allí la Vida real, la que no se puede fotografiar, la que acontece en la verdadera humanidad, imposible de comprar o vender.


miércoles, 15 de mayo de 2019

"¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?"

Una de las cuestiones que intento dejar muy clara en todas las formaciones que ofrezco a los claustros educativos de las escuelas católicas es que, dado que al afrontar la aventura de crear e implementar un proceso de EI pondremos mucho el acento en la dimensión interior, no hemos de olvidar nunca que eso no quiere decir que menospreciemos la dimensión exterior. Es más, lo de "interior"  y "exterior" no son sino conceptos que precisa nuestra mente dual para comprender las cosas. Sin embargo, en los niveles profundos del ser no existe tal disociación puesto que nuestra Esencia personal, humana, es la Unidad, unidad entre nuestras dimensiones (interior-exterior // cuerpo-mente-corazón) y unidad con los demás, con el mundo y con Dios.

Este es el telón de fondo que  ningún educador/a debe olvidar cuando está creando y aplicando procesos de EI.

En ese sentido, la calidad y hondura de la EI entendida como Paradigma educativo radica precisamente en que los educadores/as vivan y se dejen sumergir en esos procesos de unificación personal. No puede ser algo teórico, no vale con "saber" que interioridad y exterioridad forman una unidad y se nutren mutuamente, sino que es necesaria la experiencia de que es así.

¿Y cómo puede darse tan experiencia? Evidentemente el camino de cada persona es único y sería un error enorme pretender "estandarizar" tales procesos, pero sí podemos afirmar que uno de los caminos (si no "el" camino) para vivenciar la unidad que somos es el Silencio, o mejor dicho, el silenciamiento que posibilite la experiencia del Gran Silencio que nos desvela el Ser en el que somos.

Sin lugar a dudas, en la vida interior, en el camino de despliegue de nuestro ser, la meditación y la oración son imprescindibles.

Para el educador/a no creyente, la meditación será el camino, pero no reduciéndose a la atención plena, que siendo, mucho me parece se queda a medio camino, sino adentrándose en el camino del verdadero silenciamiento que nos despoja, nos desnuda de artificios, de prejuicios, de excusas, de máscaras.

El educador/a creyente está invitado a experimentar eso mismo, dando a la meditación el nombre de "oración". Porque el creyente acoge en ese Gran Silencio fruto del silenciamiento, no sólo el encuentro con su verdadero "yo" o "esencia" sino que anhela encontrarse ahí, en ese hondón, con Dios, con la Presencia amorosa en la que puede descansar.

Unos y otros, creyentes y no creyentes, precisamos del silenciamiento para poder ser adentrados en la raíz de la Existencia. Unos allí reconoceremos la Presencia del Dios que nos habita, los otros, encontrarán en ese hondón el sentido, al Fuente, el Ser en el que enraizar su ser. Unos y otros, si  con sinceridad nos abandonamos en el Silencio, somos convocados al Amor concretado en la acogida y servicio a los demás, aunando "mística " y "liberación".

Es por esa centralidad del silenciamiento para los procesos espirituales, que en los claustros de los centros educativos donde se pretende acompañar a los alumnos/as en la conexión con su dimensión interior, deben cuidarse y promoverse experiencias de silenciamiento mediadas por el espacio común de aquello a lo que llamamos "meditación": una técnica común que cada educador/a vivenciará desde su sensibilidad religiosa o no.

Educar la Interioridad  es sinónimo de "aprender a ser" y "aprender a ser" pasa por abrir las compuertas que unen lo exterior y lo interior. Si ayudamos a nuestras comunidades educativas a redescubrir los "vasos comunicantes" entre lo interior y lo exterior, estamos haciendo un bien inmenso a la persona, favoreciendo los procesos de unificación personal y comunitaria que tanto necesitamos todos/as.

En todo caso, nos jugamos mucho en el nivel de implicación con nuestro propio proceso de crecimiento personal y espiritual como educadores/as. Podemos ser grandes hipócritas pidiendo e incluso exigiendo a nuestros alumnos/as que se dejen adentrar y que vivan experiencias que quizá nosotros/as, adultos/as, no estamos dispuestos/as a vivir. Si esto es así, si el/la educador/a se conforma con ser un/a simple "aplicador/a de técnicas", pero sin implicación personal, serán imposibles los procesos de verdadero acompañamiento imprescindibles en ese camino de conexión interior-exterior, porque "¿puede acaso un ciego guiar a otro ciego?"

 Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
 No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. (Lc 6, 39-45)