La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

jueves, 7 de marzo de 2019

Cuarenta días, cuarenta años... ¿Cuántos siglos?

Reconozco que centrarme en el tema de la EI con todo lo que pasa en el mundo, en la Iglesia, resulta complicado. Pero sí estoy convencida de que educar la dimensión interior de forma consciente en la familia y en la escuela, es una aportación imprescindible para construir un mañana más amable para todos y para todas.

Como mujer no puedo dejar pasar la fecha del 8 de marzo (curiosamente cumpleaños de mi madre) y como cristiana no puedo olvidar que estamos iniciando la Cuaresma. ¿Podría unir ambas cuestiones? ¿Guardan alguna relación con la dimensión interior? 

EL NÚMERO 4: es lo primero que ofrezco a vuestra consideración, El 4 es un número que convoca lo humano (las cuatro estaciones, los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos...). Es como si el 4 nos recordara que hay un nivel humano delimitado por una mirada que no puede ir más allá a no ser que se alinee con lo divino, a no ser que permita la emergencia de lo divino en su entraña.

EL NÚMERO 10: es el número que simboliza lo divino, lo perfecto, preciso y pleno. 

Del pueblo de Israel se nos dice en el libro de Éxodo que para llegar a ser pueblo y vivir como tal precisó cuarenta años de tránsito por el desierto, por el lugar de lo inestable, de lo árido, de lo imprevisible, de la carestía. 4x10=40. Lo humano imperfecto, limitado, haciendo camino con lo divino, alcanza su plenitud, su tierra de promisión.

Jesús, el Hijo de Dios, pasará 40 días en el desierto: en Jesús lo divino y lo humano se abrazan e integran.

Así pues, celebrar la cuaresma no es celebrar cuarenta días de carestía impostada, sino adentrarse jubilosos y conscientes en los desposorios de lo humano y lo divino permitiendo que lo divino que nos habita,  amplíe nuestra limitada mirada. El camino de desposesión, de vaciamiento que propone la Cuaresma es un camino de honda pedagogía interior y espiritual. Sólo quien deja ir, quien se suelta y libera de lastres acumulados (físicos, emocionales, relacionales, psicológicos, espirituales...) puede vivir el profundo gozo de sentirse en casa, en la Tierra de la Alegría, la Paz y la Justicia que acontece cuando dejamos que Dios reine, que lo divino se manifieste en lo humano llevándolo a su plenitud.

Y eso mismo deseamos cuando mañana, millones de mujeres en todo el planeta, se echen a las calles recordando que hay tanto camino por hacer como humanidad... El clamor femenino de mañana es clamor por la Justicia, es grito que expresa los dolores de parto de una humanidad que aun no ha llegado a su plena madurez y plenitud en tanto sigue maltratando a niños, ancianos y mujeres, en tanto sigue empobreciendo a pueblos en pro del desarrollo de unos pocos. El grito de la mujer es grito por y para todos, no sólo por ella. Si la humanidad avanza en los derechos de la mujer, seguro avanza en el cumplimiento de los derechos de todos y todas.

Solo quienes se sitúan en la corte del Faraón temen esas voces y quieren encerrarlas y callarlas. Sólo los señores del poder económico, político y religioso emiten estertores y jalean palabras contra ese clamor femenino que les aterra porque pronuncia alto y claro el abuso, la injusticia, la mentira.

¿Serán cuarenta días, serán cuarenta años o cuantos siglos más tardaremos en crecer como familia humana en la que todos y todas seamos iguales de hecho en derechos y deberes? Espero no morir sin verlo, algo... ya se vislumbra

NOTA: En referencia al documento que se leerá mañana en todos sitios, como feminista desde que tengo uso de razón, apoyo todo, pero no comparto la propuesta sobre el aborto sin matices que creo necesarios. Pero ello no me sitúa al margen de la lucha feminista y menos desde dentro de la Iglesia, tan necesitada de mujeres activas y críticas.

martes, 5 de marzo de 2019

Espiritualidad cristiana y contemplación: la mente en la oración (III)


Frei Betto: "Los desafíos de la oración: cómo rezar" en Leonardo Boff y Frei Betto:” Mística y espiritualidad" Ed. Trotta, Madrid 1999. Págs. 117-118.

Cuando se está ansioso con relación al tiempo no se consigue detenerse para orar. San Juan de la Cruz tiene una frase genial: “Ante el trabajo, debemos ser como el corcho en el agua”. El agua nunca consigue sumergir el corcho, éste siempre flota. En otras palabras: nunca debemos dar demasiada importancia a los trabajos que estamos realizando, no permitir nunca que nos hagan sacrificar el tiempo de oración. Por lo que toca al trabajo, la vida ya le dará una solución. Lo que ganamos con quince minutos de oración es muy superior en términos de calidad humana, incluso de dominio de la ansiedad en el trabajo.
Son pequeños recursos presentes en la espiritualidad de Jesús quien, aun siendo un militante, siempre encontraba tiempo para orar y estar a solas.
Estudiando las nueve maneras de orar que tenía Santo Domingo, descubrí que ninguna de ellas era comunitaria. Yo pertenezco a una familia religiosa que pone el acento en la oración comunitaria, La oración comunitaria es pobre cuando no se alimenta de la oración personal, del mismo modo que ésta se alimenta a su vez de la liturgia de la oración comunitaria y también 8ª ejemplo de la espiritualidad de Jesús) de la lucha por la justicia, del compromiso con los pobres, del proyecto del Reino. EL compromiso objetivo de cambiar este mundo nos lleva a sumir la exigencia de cambiarnos a nosotros mismos, todo ello con una trasparencia típica de la espiritualidad cristiana: el mérito es siempre de Dios. No esperes que la oración te lleve al primer grado de santidad. No oramos para dejar de pecar ni para sentirnos mejores que los demás. Oramos para sentirnos tan amados por Dios que nos resulte muy difícil ser infieles a su proyecto. Vamos a tener contradicciones, limitaciones, neurosis, locuras, pecados, pero sin los dualismos o culpas que tenemos cuando no hacemos la experiencia de Dios que nos ama tal como somos. En otras palabras, no oramos para ser mayores ni menores de lo que somos, sino para ser del tamaño que Dios nos hizo. El místico es alguien que percibe su propio tamaño, su verdadera identidad ante Dios. Y no es válida la idea de que el místico es alguien que ya está éxtasis y no necesita pisar el suelo. Eso es todo fantasía, folclore religioso.
En la experiencia cristiana, san Pablo aparece excesivamente machista, vanidoso, pretenciosos: “Yo no conviví con Jesús, pero soy el mayor de los apóstoles. Nadie combatió como yo combatí…”; pero la gracia estaba allí. Había espacio para la gracias. Por consiguiente, hemos de cuidarnos mucho de andar diciendo “ese tipo reza mucho, pero está lleno de contradicciones…” Lo que importa es abrir espacio a fin de que realicemos nuestra vocación más íntima y universal que no es otra que la comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Espiritualidad cristiana y contemplación: la mente en la oración (II)

Frei Betto: "Los desafíos de la oración: cómo rezar" en  Leonardo Boff y Frei Betto:"Mística y espiritualidad" Ed. Trotta , Madrid 1999. Págs. 115-116.



(...) Un gran místico nunca está preocupado. Jung analizó la psicologia del místico y llegó a la conclusión de que la persona que alcanzó la madurez psicológica superior es siempre un místico. No hay nadie sobre la faz de la tierra que sea más maduro psicológicamente que el místico. Eso no significa que no tenga sus locuras. Pero es una persona totalmente armonizada por dentro, y Jung observa que el místico es aquel que no tiene nostalgia del pasado y mucho menos ansiedad ante el futuro.
El budismo zen elabora eso de una forma curiosa. Afirma que, si alguien tiene un problema, debe llegar a un acuerdo consigo mismo: Dios se va a encargar del 50 por ciento del problema y el otro 50 por ciento lo va a resolver el tiempo. Todos los problemas son resueltos por el tiempo y de todos se encarga Dios. Por consiguiente, nunca te preocupes, ocúpate. Nuestra mente, como decía Fernando Pessoa, es la loca de la casa. Por la mente entran todas las energías negativas: el resentimiento, la venganza, la envidia, la manía de juzgar a  los demás, la voluntad de compararse a los otros. La experiencia mística requiere el control de la mente. Hay infinitos métodos. Voy a citar dos o tres.
En primer lugar, el del mantra, subjetivo y objetivo. El mantra objetivo consiste en mirar hacia un punto fijo, una figura geométrica y quedar concentrado en la figura a fin de domesticar la mente. El mantra subjetivo cosiste en pasar el día recitando un versículo del evangelio, diciendo la palabra "Jesús", o pensando lo siguiente: ¿qué haría Jesús si estuviese en  mi situación?
Otro factor de disciplina de la mente consiste en limpiarla completamente de imágenes. Todos los místicos, cristianos y no cristianos, nos recomiendan: debemos hablar con Dios lo que baste para predisponernos a escucharlo. El ideal es quedarnos en un lugar con los ojos cerrados y limpiar la mente de toda imagen, de todo pensamiento, de toda memoria, de toda fantasía. ¿Cómo se hace eso? Pues haciéndolo.
No es que las imágenes no acudan. Vienen, pero las dejamos parar como nubes en un cielo azul. Imagina tu mente completamente vacía y en blanco. Me dirás que conseguiste quedar media hora así y que no sentiste nada. Estupendo. Precisamente ése es el buen camino porque no oramos para sentir algo sino para dejar que la divinidad nos empape. A veces sentimos cosas muy buenas que no son provocadas ni por la mente ni por las emociones o sentimientos, esas cosas no son el fruto de la oración. No oramos para sentir eso, sino para ampliar la fe y la capacidad de amar. Ése es el fruto y la finalidad de la oración del cristiano.
El budista ora para librarse del dolor y mantenerse impasible ante la conflictividad y los problemas. Nosotros, los cristianos, oramos para ampliar la fe y la capacidad de amar.

Espiritualidad cristiana y contemplación: La mente en la oración (I)

Esta entrada del blog la dedico a todas esas maravillosas personas que conozco que anhelan una vida interior rica, que desean entregarse a Dios, encontrarse con ella/Él en la intimidad  de la contemplación pero que sienten que se pierden , que no acaban de encontrar el "modo".

La oración personal, entendiendo por ello no sólo la oración vocal sino los procesos propios de  la oración contemplativa, sigue siendo uno de los grandes escollos de la vida espiritual de un/a cristiano/a. El amor al prójimo y a Dios que Jesús nos propone como una misma cosa, supone una propuesta que toma a la persona por completo: cuerpo, mente y corazón, palabras y actos. Acceder a incluir al Dios de Jesús en la ecuación vital supone dejar que el Centro de todo sean Dios y el prójimo, especialmente el prójimo que sufre, el más necesitado.

El amor al prójimo y la relación personal con Dios son, así pues,  los ejes sobre los que pivota la vida espiritual cristiana.

Hoy, y dada la temática central de este blog que no es sino la Educación de la Interioridad, me centraré en una cuestión que supone un verdadero quebradero de cabeza para toda persona que sinceramente desea adentrarse en la vida de oración. Es el tema de "los pensamientos" dicho de otra forma, la importancia y complejidad de la domesticación de la mente, sí, porque a la mente es preciso domesticarla para que esté al servició del despliegue y trasparencia de nuestra esencia de hijos e hijas de Dios.

Habría mucho que decir y de hecho es uno de los temas sobre los que más libros se han escrito y más conferencias se imparten. Actualmente a todo lo relacionado con la atención de la mente, la no dispersión metal, se le denomina en muchos foros "mindfulness". Yo no haré referencia ni me centraré en este sistema de atención mental con fines terapéuticos, sino que apunto directamente a la rica tradición de oración contemplativa del contexto cristiano a lo largo de muchos siglos. De hecho, el propio sistema del mindfulness se nutre del bagaje de experiencia espiritual del budismo ofreciéndolo en un contexto laico y científico.

Aquel, aquella, que se ha Encontrado con Dios, que acepta y decide que Ella/Él sea referente, guía, luz, Madre/Padre y Maestra/o al estilo del Dios revelado en Jesús de Nazaret, el profeta de los pobres y el servidor de todos, percibe una sed de relación personal e íntima con ese Dios, del mismo modo que percibe que abriéndose a la relación con Dios es invitado a ponerse al servicio de sus hermanos y hermanas.

El Espíritu invita a la persona creyente a acudir al desierto -"Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón" (Oseas 2, 16). El desierto evoca el ámbito de lo árido, el lugar donde no es sencillo florecer, el desierto nos conecta con lo esencial porque en él sólo lo esencial sobrevive. El desierto, en la Biblia, es el lugar del Encuentro con el Dios vivo que nos desnuda de artificios. Y la oración tiene mucho de desierto porque nos lleva irremisiblemente a dejar caer los falsos apoyos, las poses y mentiras. La oración nos denuda para permitir que emerja la Verdad que nos habita y somos. En el camino por el desierto de la oración, progresivamente y sin darnos cuenta, brota sutil, un agua que todo lo empapa y vivifica. La oración es un camino de humanización radical.

Mas es preciso respetar los procesos de esa vida interior. Y uno de los momentos clave es aquel en el que la persona siente la llamada a abandonarse, a "soltar presa" y permitir que el Espíritu de Dios tome la iniciativa. Entonces, cae todo: caen los textos, las canciones, las meditaciones, el diario personal... Lo que ayer inspiraba hoy molesta y distrae. Aparece el Gran Silencio y, en él, se experimenta Paz, el sosiego de las potencias, algo que nuestra mente no sabe "manejar" y es por ello que en no pocos casos, la persona traduce la experiencia como un pérdida, "la oración ya no me dice nada", incluso puede sentirse aridez y llegar al rechazo de la oración personal.

Para no alargarme, voy a terminar esta parte del tema que os propongo aquí, pero abro otra entrada con un texto de Frei Betto que me parece ilumina de forma magistral este asunto. 




 

viernes, 4 de enero de 2019

Verdaderos visionarios

En el libro del Apocalipsis, el apóstol Juan nos adentra en la  trepidante aventura de Dios y de la humanidad en su lucha contra el Mal. Se trata de un libro en clave de Revelación y, de hecho, su nombre proviene del griego apokálypsis  que significa "descubrimiento" o "revelación" y por eso mismo este libro es también conocido como libro de la Revelación. Apocalipsis era un género literario que se volvió común entre los judíos tras el exilio de Babilonia (587-535 a.C.).

Pese a lo que la mayoría de las personas creen, el Apocalipsis no es un libro sobre el final de las cosas, sino sobre el inicio de todas ellas. Génesis y Apocalipsis forman como la portada y contraportada de los diferentes libros de la Biblia, libros en los que se nos narran las peripecias humanas en medio de una historia de amor entre Dios y la Creación entera que "gime expectante  con dolores de parto aguardando la plena manifestación de los hijos e hijas de Dios" (Rm 8, 22).

Juan, obispo de Éfeso (Asia menor) se encuentra prisionero en la isla de Patmos por decreto del emperador Domiciano (81-96 d.C.) y escribe este libro para animar y consolar a los cristianos perseguidos con crudeza en las diferentes comunidades de Asia.

Lo hermoso de este libro y lo que hoy me parece algo a tener en cuenta, es que Juan escribe el Apocalipsis en un estado de trance sobrenatural es decir, su mente racional queda trascendida y lo que percibe, intuye y VE lo hace a través de una revelación recibida. En este punto merece la pena recordar lo que María Zambrano dice acerca de la realidad y de la revelación:

    TODO es revelación, todo lo sería de ser acogido en estado naciente. La visión que llega desde afuera rompiendo la oscuridad del sentido, la vista se abre, y que sólo se abre verdaderamente si bajo ella se abre a la par la visión. Cuando el sentido único del ser se despierta en libertad, según su propia ley, sin la opresiva presencia de la intención, desinteresadamente (...) Se enciende así (...) la visión como una llama. Una llama que funde el sentido hasta ese instante ciego con su correspondiente ver, y con la realidad misma que no le ofrece resistencia alguna.
                               (María Zambrano: Claros del bosque. Ed. Seix Barral, Barcelona, 1977. Pág. 51.) 

Para nosotros, hijos e hijas de un sociedad científico-técnica resulta casi imposible recibir abiertamente algo que proviene de una revelación sobrenatural. Sin embargo y paradójicamente, abundan en nuestro entorno los "adivinos" y videntes de todo tipo que incluso llegan a asesorar a "celebritis" y políticos... Pero precisamente no pretendo hablar de magia, sino de revelación en el sentido que señala Zambrano y hacia el que apunta Juan en el Apocalipsis: la visión como una llama que otorga luz para ver de verdad.

Y es que ahora, en estos primeros días del año, somos tantos los que nos hacemos propósitos de esto o de aquello: mejorar la alimentación, hacer deporte, retomar tal tarea que fue abandonada, reencontranos con... Pareciera como si un programa o aplicación preinstalada, se actualizara cada uno de enero y nos impulsara a releer y re-crear nuestra vida al inicio de un año, y lo hacemos en general casi sin enterarnos, año tras año...

Me parece que este acto casi mecánico de realizar "propósitos de año nuevo" es una forma como de andar por casa" que la Vida pone a nuestra  disposición para actualizar y poner en acción  una capacidad interior que todos poseemos pero que pocas veces ponemos a funcionar y que es "la mirada interior" que es capaz de correr el velo que nos impide "ver más allá", es decir de des-velar la realidad. Cuando esa mirada interior brota y se actualiza, podemos re-descubrior y re-leer la realidad. Pierde fuerza la mirada avejentada que ya se lo sabe todo, mirada escéptica que imposibilita la esperanza y la ilusión. Si para un cierto tipo de persona, como dice el libro del Eclesiastés "nada nuevo hay bajo el sol" en cambio el ser humano, que conecta y se enraíza en la esencia de su  ser, allí donde el Encuentro con Dios se hace posible, vive la experiencia de que brota en sí una mirada nueva: la mirada de la fe, que no es ver lo invisible, sino ver con ojos nuevos la existencia, verlo todo diferente, como expresa tan bellamente María Zambrano,  "verlo todo en estado naciente"

Y es aquí donde llama mi atención hoy el libro del Apocalipsis, porque en él Juan describe una realidad de dolor, llanto, destrucción y ataques a la vida, que no nos es, por desgracia, ajena ni desconocida; pero en medio de todo ello el apóstol escucha la voz de Dios que, con potencia indiscutible", asevera: "He aquí que hago nuevas todas las cosas". 

No puedo evitar en este punto, ejemplificar lo que quiero decir, aludiendo a un programa de televisión que encandila a nuestros chavales; "La Voz"... Alguien sube al escenario y canta, canta lo mejor que puede y sabe. Tres supuestos expertos en voz y canto escuchan de espaldas, no le miran y sólo girarán sus sillas si esa Voz les resulta interesante, atractiva, especial, potente... Me pregunto: ¿Que voz o voces hacen que yo me gire, que yo me mueva, que yo preste atención y cambie la dirección de  mi mirada? ¿Ante que voz o voces me mantengo de espaldas a lo que sucede, mirando hacia otro lado? ¿Qué voz o voces incluso "me levantan de la silla"?

Esta es la cuestión candente para un creyente: En medio de un mundo pleno de injusticia, en medio de informaciones diarias sobre todo tipo de ataques a la vida, en un mundo tejido de tal forma que la mayoría de la humanidad mal vive y muere víctima de las estructuras injustas que sustentan las naciones... ¿A qué voz presto atención y hacia donde dirige mi mirada tal voz: hacia la esperanza o hacia la desesperanza? ¿Hacia lo diabólico, es decir, lo que siembra división (Diábolos, διάβολος está formada de διά (dia = a través de) y βάλλειν (ballein = tirar, arrojar). Significa literalmente el que lanza algo a través o entre otros, de ahí el que separa o divide)? 

Creo que, más allá de hacer própositos de año nuevo repetitivos, podría ser algo a considerar, actualizar la mirada de la fe que nos capacita para descubrir eso "nuevo" que Dios crea pero que no acontece por arte de magia, sino cuando nosotros nos abrimos a recibir esa Gracia que nos capacita para ponernos manos a la obra en la creación aquí y ahora del Reino de Dios que es Paz, Justicia y Alegría. Sin acoger la revelación, es decir, sin mirar toda la realidad en estado naciente, nada de ello es posible.

Somos, pues, invitados a ser verdaderos "visionarios".




miércoles, 12 de diciembre de 2018

Lo mejor de nuestra Humanidad.

Cuando corren tiempos convulsos, cuando casi todo invita a la decepción o al enfado o a la resignación, entonces es una medicina acercarse  y escuchar las voces de aquellos y aquellas que representan lo mejor de nuestra herida humanidad.

Hoy me "sana" el corazón releer a Etty Hillesum (una y mil veces y mil veces más) y a Thomas Merton que nos dejó hace cincuenta años (justo cuando yo nací).




"Si en estos tiempos no te derrumbas de desolación y si, por otro lado, no te vuelves, a fuerza de autodefensa, dura y cínica o te resignas, entonces tienes todavía alguna posibilidad de ser más sensible, tierna y comprensiva y capaz de amar a un semejante".
(El corazón pensante de los barracones. Cartas. Pág. 21)




"La voz de Dios se oye en el Paraíso: 

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>>Lo que era cruel se ha vuelto misericordioso. Lo que ahora es misericordioso nunca fue cruel. Yo siempre he eclipsado a Jonás con mi Misericordia y no conozco en absoluto la crueldad. ¿Me has visto alguna vez, Jonás, hijo mío? Misericordia sobre misericordia sobre misericordia. He perdonado al universo sin medida, porque yo nunca he conocido el pecado.
>>Lo que era pobre se ha vuelto infinito. Lo que es infinito nunca fue pobre. Para mí, la pobreza siempre ha sido algo infinito: no amo a los ricos. Prisiones sobre prisiones sobre prisiones. No atesoréis para vosotros mismos éxtasis sobre la tierra, donde el tiempo y el espacio corrompen, donde los minutos interrumpen y roban. No sigas aferrándote al tiempo, Jonás, hijo mío, para que los ríos no te arrastren.
>>Lo que era frágil se ha vuelto poderoso. Yo amé lo que era máximamente quebradizo. Me preocupé de lo que no era nada. Toqué lo que carecía de sustancia y, en el interior de lo que no era, yo soy>>
(Thomas Merton. Diarios 1939-1968. Págs. 101-102)

¿Y si cada día termináramos la joranada escolar leyendo a nuestros/as alumnos/as de ESO y Bachillerato, sobretodo de Bachillerato, textos de lo mejor de nuestra Humanidad? Sería un buen contrapeso a la multitud de voces vacías y negativas que vociferan desde tantos altavoces. Esto también es Educación de la Interioridad.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Marana-Tha!! (no eres tú quien ha de venir, Señor...)

Maranatha significa ‘el Señor viene’. Es la transcripción de la palabra griega μαραναθα (maranatha), que a su vez proviene de la expresión de origen arameo mâran'athâ.


¡VEN!

Tú ya viniste, Señor de nuestra Historia
Ya pusiste tu tienda entre nosotros
y nosotros te expulsamos.

Te dijimos de mil maneras que no te queremos
en nuestros "centros"
ni políticos, ni económicos, ni teológicos.

Tu Presencia nos molestó, Jesús,
profeta andariego de las ciudades y pueblos,
amigo de los que molestan a unos u a otros.

Tú ya viniste, Señor de la Vida,
ya nos dijiste por donde transita el camino de la verdadera Humanidad,
tanta claridad nos molestó.

Te dijimos que no hablaras de Dios,
que no hablaras de política,
que no hablaras del ser humano,

Hablaste demasiado y demasiado claro,
con gestos y con palabras,
con silencios y con abrazos.

Tu ser libre se nos clavó
allí donde todo estaba confortablemente situado...
Nos sobrabas en la ecuación.

Tú ya viniste y, a nuestro pesar,
te quedaste
en el rostro de cada hermano.

Pusiste tu tienda-templo
en el corazón de los pisoteados
en el alma del pueblo aplastado.

Ahí te has quedado
y sigues viniendo,
en cada clamor de sufrimiento, 
en cada rostro ensangrentado,
en cada par de pies cansados...

Y desde los empobrecidos de este mundo sordo y ciego,
nos tiendes 
tu mano tierna de niño en Belén,
tu mano de profeta libre desde los caminos
tu mano con marca de clavo desde el Calvario
y nos dices: ¡VEN!


No eres tú quien ha de venir, mi Señor,
soy yo quien he de venir
al dolor de cada hermano.                                         (Elena Andrés Suárez)





viernes, 23 de noviembre de 2018

Sencillez y profundidad

He comenzado la lectura del libro de Josep María Esquirol LA PENÚLTIMA BONDAD, ensayo sobre la vida humana. Durante el verano pasado disfruté al máximo con otro libro suyo LA RESISTENCIA ÍNTIMA. Y una de esas personas que guarda lo que dices en su memoria, me regaló hace poquito este otro libro que he comenzado a leer con muchas ganas sintiendo en mí aún la estela de belleza y hondura que dejó el anterior libro.


Ya desde las primeras lineas me está emocionando y conmocionando. Desde luego leer a Esquirol no es ejercicio de lectura fácil ni de "pasar el rato". Es lectura de las que retan a tu inteligencia y a tu corazón. Cada frase es una invitación continúa a ir más allá y repensarlo todo o casi todo. Hay reflexiones que verdaderamente me convulsionan y me obligan a quedarme un buen rato "gustando internamente" lo que acabo de leer. Requiere, como un buen menú, tiempo para saborear y captar lo que se te está diciendo incluso más allá de las propias palabras. De veras que siento esta lectura como un reto personal, un verdadero ejercicio de filosofía: descubrir mi propio saber sobre las cosas dejándome interrogar por las palabras de este autor.

Comparto hoy con vosotros y con vosotras una párrafo que leí ayer y que llevo "rumiando" desde ese momento hasta ahora.

   Quien no perciba lo más sencillo, tampoco sentirá lo más hondo. Paralelamente, una cultura alejada de la sencillez, es también una cultura alejada de la profundidad. Esto es  lo que, de manera creciente, le ocurre a la nuestra. ¿Estará la civilización del progreso y del éxito científico desorientada como cultura de la vida? ¿Serán el consumismo exasperado, el malestar contenido, la violencia, por lo menos en parte, síntomas de tamaña desorientación? Hay un avance de lo abstracto que vacía y y enajena la vida. Quizá se acerca el día en que, debido a tal enajenación, el malestar será insoportable y se necesitarán toneladas de droga y de distracción para mantenernos constantemente aturdidos.
   La cultura que todo lo reduce a hechos y a datos es un cultura miope y, por eso mismo, decadente. Porque conviene saber que la decadencia de una cultura no se debe tanto a la poca destreza para enfrentarse a la dificultad y los asuntos más abstrusos, como a su desconexión de lo sencillo. Cúmulos de complejidades artificiosas, pero alejadas de lo simple y de lo profundo. Encontramos sencillez poética en el trabajo bien hecho, en el gesto antiguo de cada uno de os oficios. Encontramos sencillez poética en el uso de la palabra en el habla coloquial. Encontramos sencillez poética en la comprensión normal y sensata de las cosas,las definiciones de siempre.

Me voy a permitir ahora remitir esta descripción-reflexión a la vida escolar y a nuestras propuestas educativas. ¿No os parece que el hecho poético de "ser maestro/a" está quedando progresivamente ahogado por la infinidad de cargas burocráticas que cada educador/a soporta? ¿No os parece que la multiplicidad inagotable de proyectos que nos son presentados como irrenunciables para educar bien hoy, más que aportar algo a una educación más sosegada y amorosa, nos sobrepasa y aboca al agotamiento, sin poder, además ahondar en los proyectos propuestos?

Junto a todo ello, me parece a mí que incluso en las propuestas de conexión con la dimensión interior, trasponemos "tics" de esta "cultura de la distracción" y banalizamos lo profundo en pro del "toca hacer": toca meditar, pues meditamos, toca respirar, pues respiramos... 

El ambiente generalizado en la educación es hoy una atmósfera de innovación diaria que comporta una carga de exigencia sobre el educador/a que a veces hace que la creatividad no pueda fluir de veras por falta de espacios para pensar sosegadamente y, como señala Esquirol, por la desconexión de lo sencillo.

Creo firmemente que la escuela es uno de los ámbitos, junto con la familia, para descubrir la profundidad de lo sencillo: ¿desde cuando "jugar" requiere para un niño "o pensar en jugar" o "aprender a jugar" o "valorar el juego como "esto" o "aquello". Para el niño jugar es su vida, su realidad, su acción innata, en casa y en la escuela. Y como esto tantos otros ámbitos en los que todo lo complicamos con mil unidades didácticas, objetivos, líneas estratégicas, claquetas, gammificaciones, etc, etc ... Que, desde luego, son buenas herramientas para potenciar la labor educativa, pero que están pasando a ser más importantes que la sencilla vida del aula de cada día, con sus mil y un acontecimientos, acontecimientos dentro del aula  que ya de por sí requieren de muchas dotes por parte del educador/a y que ya de por sí, son oportunidades educativas de enorme calado.

Aterrizando en el tema y eje temático de este blog, apuesto por este retorno a la profundidad de lo sencillo porque ello está en la entraña misma de la Educación de la Interioridad. Conectar con la dimensión interior, rescata en nosotros un mirar que, de forma natural, capta la belleza y la poética de lo cotidiano, del gesto repetido, de la acción diaria conduciéndonos irremisiblemente al gozo de la vida en lo que esta nos ofrece cada día: "a cada día le basta su afán". O, dicho en otro orden argumentativo: sólo quien educa la mirada interior puede captar y gozar de la profundidad de lo sencillo.

Cultivar con cuidado y calma la "atención a lo interior" nos devolverá al gusto por lo sencillo, rescatándonos del cúmulo de complejidades artificiosas que caracterizan la cultura actual.

Permanezcamos despiertos y atentos para no convertir la Educación de la Interioridad en una complejidad artificiosa más.