La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

martes, 18 de enero de 2011

Educar la Interioridad: educadores que interiorizan

Antes de seguir con el texto de Karl Rahner quiero dedicar un momento a reflexionar sobre el tema que da sentido a este blog: la interioridad y más concretamente la Educación de la Interioridad (EI)

Los últimos once años de mi vida los he dedicado a investigar, reflexionar y crear materiales en torno a la EI así como a asesorar numerosos centros educativos. Recuerdo que en los comienzos casi nadie hablaba de este tema aunque se percibía en el contexto educativo que algo debía cambiar, que era necesario "tocar otras teclas" en la educación.

En el ámbito de las escuelas cristianas el "piloto rojo" se encendió con la crisis de la pastoral tradicional, ello puso a muchos educadores en movimiento para buscar cómo ofertar hoy la fe.

El caso es que, paulatinamente, ha ido entrando en el vocabulario escolar como algo normal la expresión Educación de la Interioridad. Cierto es que bajo esa expresión se entienden a veces cosas diferentes, pero se ha ido llegando a una comprensión de la EI como una necesidad actual y un reto ineludible no sólo en el ambito escolar, sino también en la sociedad en general.

En todos los casos en los que me ha tocado asesorar a diferentes colegios para la creación y puesta en práctica de proyectos de EI, se da la clara percepción de que tal proyecto no tiene sentido si los propios educadores no están conectados a su interioridad. Y esto es importantísimo.

Nadie puede dar lo que no tiene, eso no hace falta discutirlo, sin embargo se nos escapa a veces el hecho de que para conducir al niño o al adolescente hacia su lugar interior más profundo es imprescindible que el adulto que propone y acompaña ese proceso sea él mismo o ella misma una persona que ha conectado con su propio centro o al menos que lo intenta.

Este es el gran reto y a la vez el gran regalo que nos dará la aplicación seria de los proyectos de EI: el claustro escolar quedará inmediatamente afectado y ello, estoy convencida, en sentido positivo. La vocación educativa lleva en sí un dinamismo que afecta al educador/a. Educar no es un acto aséptico, el buen educador, la buena educadora, queda afectada, conmovida por sus alumnos y alumnas.

La practica de la EI en el aula exige formación y esa formación se transforma en un cúmulo de experiencias fuertes que vivirá el educador/a y no solo/a sino en compañía de otros/as educadores/as. Durante la formación se transitarán los caminos del interior personal y también de la interioridad del propio claustro. Es así como se pueden comprender las dificultades propias del crecimiento personal, de la autoconciencia, de la expresión adecuada de las emociones, del logro de una forma de relacionarse empática y compasiva...

Únicamente si cada educador/a hace esa experiencia y ahonda en ella podrá guiar, acompañar y animar a sus alumnos/as. Si esto se da, la primera consecuencia es que el/la educadora/a puede llegar a redescubrir y re-animar su propia vocación educativa, pero además otra de las consecuencias será la mejora en las relaciones y en el ambiente general del claustro.

Evidentemente siempre habrá adultos que vivan todo ese proceso formativo y de aplicación con desgana o con miedo o con rechazo. También encontraremos alumnos que lo vivan así. Ello no debe frenar el proyecto igual que no se dejan de aplicar otro tipo de proyectos cuando se entiende que son prioritarios en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Ante la fuerza de las vivencias que se pueden originar en los procesos formativos, será necesario pensar y crear formas de acompañar también a los propios adultos, ese es quizá uno de los grandes retos a la hora de implementar un proyecto de EI.

Estoy convencida de que los primeros que sentirán las consecuencias positivas de la EI serán los/as propios/as educadores/as, y si es así, la mejora en el ambiente del colegio y en el aula no tardará en notarse.

2 comentarios:

Javi dijo...

Estoy plenamente de acuerdo con lo que dices, Elena, no solo lo comparto sino que apuesto por ello. Pero la realidad....la realidad hace que una gran mayoría del profesorado no disfrute con su trabajo.

Es difícil, muy difícil, hacer frente a una realidad socio – educativa que fundamentalmente frustra al profesor; dígase: excesivas expectativas sobre el proceso educativo depositadas sobre el profesor; sobrevaloración de los métodos y de las rutinas en la acción educativa; un sistema educativo excesivamente burocratizado....

Realmente cobra sentido aquello de que somos hijos de nuestro tiempo, de nuestra sociedad y el profesor no puede o, mas bien, no logra, aislarse de esa sinergia de resignación, de “mantenerse callado” que impregna las raíces mas profundas de nuestra sociedad.

Todas estas situaciones causan desánimo, inercias e improvisaciones y, en definitiva, propician que el maestro pierda
u olvide su vocación, el significado más profundo de su labor que le permitiría encontrar el valor y la trascendencia que pueden tener todas sus actividades, aún las más sencillas y cotidianas.

Solo una profunda y continuamente “alimentada” vocación puede permitir al profesor, a la persona revelarse contra esas sinergias.

Observo una profunda desconfianza hacia los cambios y propuestas que no procedan de las fuentes
institucionales que nos son familiares y que nos han permitido cierta seguridad y movilidad social.

Por ingenuidad, pereza espiritual o por tener demasiado arraigados los esquemas de autoridad de la
burocracia,el caso es que nos mantenemos a la expectativa realizando una labor formal, resignada y carente de ilusión
y jugando el papel de las mayorías silenciosas

Por eso cuando hablamos de EI, como tan bien comentas, hay que comenzar con la figura del profesor y acompañarle hacia una dimensión de “SER EDUCADOR” y darle pistas que le ayuden a revelarse, a re-encontrarse con su vocación, suscitarles interrogantes, invitarles a experimentar mas allá de lo que la
razón marca.

Y termino que al igual que sentimos y entendemos que la educación es una tarea a largo plazo, cuyos “resultados” no se observan a corto plazo (buen ejemplo es la parábola del bambú) hemos de tener en cuenta que caminar junto al profesor hacia una nueva dimensión educativa nos va a llevar tiempo.... siendo conscientes de que ya estamos caminando.

Un besazo!

Elena Andrés Suárez dijo...

Acertadísimo tu comentario. SIn embargo soy tozuda y sigo creyendo que hay una gran mayoria de educadores ilusionados y con muchas ganas de ir más allá, quizá falta crear los canales que favorezcan que esos muchos puedan ponerse a conspirar.

Gracias por ser de los que van más allá, JAvi. Un besazo.