La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

domingo, 16 de enero de 2011

"No apaguéis el Espíritu"

Quiero compartir con vosotros un texto de Karl Rahner, en opinión de muchos el mayor teólogo del siglo XX y el más espiritual. Su teología puede resumirse en la afirmación de que Dios se autocomunica al ser humano de forma gratuíta. Así, la persona puede experimentar a Dios, su amor infinito y conocer lo que Dios desea de ella.

Las palabras que he escogido son de una rabiosa actualidad dada la situación de la Iglesia actualmente, pero creo que también podrían ser aplicadas a otras religiones e instituciones. La tentación del ser humano sigue siendo la de frenar la Vida cuando ésta nos saca de nuestras seguridades. En el caso de las religiones, además, se alega la Voluntad de Dios para impedir lo que se contempla como desviación y que, tantas veces, acaba siendo asumida sigos después.

En el caso del cristianismo, Rahner nos alerta:

"Lo primero que hay que hacer y hay que tomar muy a pecho es preocuparse por el hecho de que se pueda apagar al Espíritu. El Espíritu puede ser apagado, aunque no en toda la Iglesia, sí al menos de una forma tan amplia y tan espantosa que nos debe hacer temblar ante el juicio, que comienza ya en la casa de Dios. y por ello debe atormentarnos la preocupación de ser nosotros los que apaguemos el Espíritu. Apagarlo con la soberbia de querer saberlo todo mejor que nadie, con la pereza del corazón, la cobardía y la ignorancia con que nos enfrentamos a los nuevos impulsos y las nuevas iniciativas que surgen en la Iglesia.
¡Cuántas cosas serían de otra manera si no se saliese al encuentro de lo nuevo con una seguridad en uno mismo consciente de su superioridad, con un conservadurismo que no defiende precisamente la gloria y la doctrina de DIos y la fundación de la Iglesia sobre la tierra, sino que se defiende a si mismo, las antiguas costumbres, lo usual, el principio de poder vivir sin el dolor de una continua metanoia! Pero cuando se ha percibido en lo vivo que uno también puede ser juzgado por sus omisiones, por su dureza de corazón difusa y anónima, por su falta culpable de fantasía creadora y de valor para lo audaz, en tal caso indudablemente se prestará atención con oído más fino, con más cuidado, con sentido de anticipación, a la más ligera posibilidad de que el Espíritu se esté moviendo en algún lugar fuera de las fórmulas y máximas jerárquicas de la Iglesia y de sus centros oficiales."

El texto continúa, hoy lo dejo aquí... Precisa ser reflexionado. El resto, otro día.

2 comentarios:

Ignacio Morso dijo...

¡No apagar!, eso exige caminos de sencillez, búsqueda dialogada y escucha de los acontecimientos. La arrogancia, el poder y la búsqueda de prestigio dificultan la acción de ese mismo Espíritu, que gracias a Dios habita donde quiere... ¡a dar cauce! Jesús marcó un camino claro... Una abrazo y gracias.

Elena Andrés Suárez dijo...

Sí... ciertamente necesitamos silenciarnos a nosotros mismos para poder escuchar de veras, desaparecer nosotros para dejar que el Espíritu haga posible lo imposible. Sin sencillez es muy difícil, por no decir imposible. Dar cauce... ser cauce, no obstáculo y... dejarnos sorprender por DIo, Él es vida que fluye, creatividad creadora, sorpresa contínua. Un abrazo, Nacho, hermano.