La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

martes, 28 de febrero de 2012

Adultos educadores

Tal y como están las cosas es necesario recordar una y otra vez que los adultos, nos guste o no, estamos llamados a ser educadores de nuestros niños y jóvenes. Cualquier adulto que se sitúe cerca de un niño, de un adolescente, de un joven, se transforma en "educador" o en "deseducador" -si es que este término existe- En realidad en lo que concierne a la educación de las personas toda la sociedad influye. Son mil mensajes explícitos e implícitos los que llegan hasta cada miembro de la sociedad, hasta cada uno de nosotros. Siendo sinceros incluso los adultos educan o "deseducan" a otros adultos. Cuántas veces un compañero/a de trabajo nos ha hecho descubrir posibilidades nuevas en nuestra forma de trabajar, posibilidades de mejora y,a  veces, posibilidades de empeoramiento o decaimiento.

Verdaderamente, todos influimos en todos. Para mí queda claro en el caso de los colegios. El ambiente que se respira en ellos incide en todos, no sólo en los alumnos/as. El tipo de comentarios que los educadores/as hacemos sobre los alumnos puede hacer que otro compañero/a acuda a un aula positiva o negativamente predispuesto. En la "microsociedad" de un colegio se generan todo tipo de situaciones, unas son estresantes, otras alegres. Los adultos que rodean a los niños y adolescentes suelen ir sobrecargados de trabajo: clases, programaciones, reuniones, entrevistas con padres, papeleos varios y el intento de ayudar a tantos alumnos/as necesitados de una atención especial. En ese contexto resulta imprescindible un nivel de autocontrol que permita a cada educador distanciarse de esas situaciones para coger perspectiva. Ahí van algunas frases que podríamos decirnos los educadores:

  • El alumno/a problemático no "la tiene tomada conmigo", simplemente de manera inconsciente es capaz de "tocar" mis puntos débiles. Será trabajo del educador crecer en consciencia de aquello que siente como "puntos débiles" de su personalidad y no achacar al alumno sus estados de ánimo de manera continua. Eso no quiere decir que no se tenga la sensación de que hay alumnos/as que nos ponen nerviosos, por ello, más que en nigún otro caso, es el adulto el que ha de ser capaz de no enredarse en discusiones que no llevan nada.
  • Mis compañeros son aliados en el proceso educativo de mis alumnos. No todo depende del tutor o tutora. Todos somos co-tutores. Cada educador que entra en un aula tiene la obligación de dar de sí lo mejor que tiene para el avance de esos niños o adolecentes. Da igual el número de horas o el grado de responsabilidad sobre el papel que se tenga.
  • No soy el padre/madre de mis alumnos/as: hay responsabilidades exclusivas de la familia. Debemos dar el cien por cien de nosotros pero hay un márgen que no es nuestro, sino netamente de cada familia. Una vez hechos todos los intentos de diálogo con las familias de alumnos "difíciles" se hizo lo que se pudo y lo mejor posible, entonces podemos estar tranquilos, sin la sensación de que todo depende de nosotros.
  • El mayor bien que puedo hacerles a mis alumnos es estar yo bien: cuidarnos física, psicológica y espiritualmente es un derecho pero también una obligación. Los pasillos y aulas del colegio, la sala de profesores no deben convertirse en "papeleras" en las que cada uno deja caer sus miedos, ansiedades, desesperanzas... Sí pueden ser un lugar en el que poder ser uno mismo, sin perfeccionismos que ahogan la espontaneidad y estresan más, pero marcando un límite que permita la lucidez necesaria para no perder la paz y la sonrisa.
Os propongo que añadáis más frases que puede decirse a sí mismo/a un/a educador/a, frases que aporten positividad, que nos aterricen en la hondura de nuestra vocación. Adultos que educan su interior para poder educar la interioridad de los niños y jóvenes.

jueves, 9 de febrero de 2012

¿QUIÉN SOY YO?

A lo largo de la vida de un ser humano se repite una pregunta como cantinela interior: "¿Quién soy yo?". Esta pregunta nace inquieta en los primeros años de nuestra adolescencia e irá cobrando fuerza y empuje a medida que la vida avanza pujante por entre los aconteceres de cada uno/a.

Saber quién se es es un deseo de todo ser humano que se precie de serlo. Muchas veces acallamos esa pregunta, otras la respondemos de manera superficial y rutinaria. En ocasiones sucede que para responderla utilizamos tan solo los datos externos: "lo que dicen de mí", otras veces nos refugiamos en nosotros mismos rechazando todo espejo exterior para crearnos una autoimagen que nos tranquilice, que nos complazca, que nos reafirme frente a críticas o frente a la propia inseguridad.

Sea como sea la pregunta está ahí y hay muchos momentos en la vida de una persona en los que cobra fuerza y protagonismo. Durante la etapa personal, de formación de la propia identidad es necesario bucear una y mil veces en los fundamentos de la identidad para construirla y darle consistencia. Sin embargo y paradójicamente, el siguiente paso será la "de-construcción" del "yo" que deje paso al verdadero Ser que se sitúa mucho más allá, en un Centro en el que somos todo con todo, uno con todos, parte del Todo, hijos e hijas de Dios y por lo tanto con esencia divina.

He escogido un poema de Dietrich Bonhoeffer titulado precisamente "¿Quién soy yo?". Me llamó la atención encontrarlo entre sus cartas y apuntes durante su cautiverio. D. Bonhoeffer nació en 1906 en Breslau (Alemania). Fue pastor, teólogo y profesor. Miembro de la Iglesia confesante alemana, participó activamente en la resistencia contra Hitler. Fue encarcelado en 1943 y ejecutado el 9 de abril de 1945.

Este poema estremece por el contexto vital en el que fue escrito. Un hombre encarcelado, en medio de la Alemania nazi. Un ser humano que dentro de la cárcel con coraje se enfrenta a las grandes cuestiones vitales. Agotado por la situación aún ejercita una mirada autocrítica, reconoce con total franqueza y claridad los puntos débiles de su persona, lo que sólo uno mismo puede percibir de sí y el contraste que se genera con lo que los demás dicen de él. Surge la pregunta como surge en nosotros aun en circunstancias bien diferentes: "¿Soy realmente lo que los otros dicen de mí?/¿O bien sólo soy lo que yo mismo sé de mí?".

El contraste está ahí, nos puede llegar a inquietar, haciéndonos dudar de si no somos sino actores y nos lleva a ahondar en la pregunta. Bonhoeffer nos ofrece el lugar del descanso: la certeza de ser conocido por Dios expresado tan bellamente, con la imponente simplicidad de quien se abandona: "¿Quién soy yo? Las preguntas solitarias se burlan de mí./Sea quien sea, Tú me conoces, tuyo soy, ¡oh, Dios"


¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
que salgo de mi celda
sereno, risueño y seguro,
como un noble de su palacio.
¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
cuando hablo con mis carceleros
libre, amistosa y francamente,
como si mandara yo.
¿Quién soy yo? Me dicen también
que soporto los días de infortunio
con imabibilidad, sonrisa y orgullo,
como alguien acostumbrado a vencer.
¿Soy realmente lo que los otros dicen de mí?
¿O bien sólo soy lo que yo mismo sé de mí?
¿Intranquilo, ansioso, enfermo,
cual pajarillo enjaulado,
aspirando con dificultad la vida,
como si me oprimiera la garganta,
hambriento de colores, de flores, de cantos de aves,
sediento de cólera ante la arbietrariedad y el menor agravio,
agitado por la espera de grandes cosas,
impotente y temeroso por los amigos en la infinita lejanía,
cansado y vacío para orar, pensar, crear,
agotado y dispuesto a despedirme de todo?

¿Quién soy yo? ¿Éste o aquél?
¿Seré hoy éste , mañana otro?
¿Seré los dos a la vez? ¿Ante los hombres un hipócrita
y ante mí mismo un despreciable y quejumbroso débil?
¿O tal vez lo que aún queda en mí se asemeja al ejército derrotado
que se retira en desorden
sin la victoria que consideraba segura?
¿Quién soy yo? Las preguntas solitarias se burlan de mí.
Sea quien sea, Tú me conoces, tuyo soy, ¡oh, Dios!

jueves, 2 de febrero de 2012

Junto a la cama de un hospital

Junto a la cama de un hospital se aprende mucho sobre la vida. Quizá no sería desascabellado que nuestros alumnos de bachillerato antes de dar el salto a la vida fuera del colegio, pasaran algunas horas junto a la cama de un enfermo... ¿Morboso? Puede ser, no lo sé, realmente la vida te da las lecciones que necesitas para crecer, para comprender, quizá no debamos adelantar lecciones ni quemar etapas, es verdad, pero algo me dice que la forma en la que vivimos carece de contacto con los límites y por eso nos cuesta tanto afrontar las frustaciones ya sean éstas económicas, emocionales, o físicas. El hombre y la mujer del siglo XXI no quieren límitaciones, la técnica todo lo puede. Pero el ser humano continúa siendo limitado: no podemos saberlo todo, no podemos controlarlo todo, no  lo podemos explicar todo y seguimos abocados a vivir la experiencia de la muerte física.

 Junto a la cama de un hospital se puede tocar con la punta de los dedos la fragilidad humana, nuestra inconsistencia mortal. Un enfermo, sea joven, sea anciano, muestra a las claras que no podemos proyectar con regla y cartabón los contornos de nuestra existencia. Los médicos se afanan por diagnosticar pero no pocas veces el diagnóstico llega tarde o resulta incompleto y hasta errado. Se presiente que la medicina tiene algo de "lotería"...

Junto a la cama de un hospital se comprende bien que lo más valioso en la vida de una persona es la presencia: la de quienes le aman y a quienes ama y la Presencia interior. 

Cada beso, cada mirada cariñosa, cada sonrisa y palabra de ánimo pronunciada por un ser querido contiene mayor bálsamo que mil medicinas por más efectivas que sean. Pero además de eso, el enfermo nos regala a quienes le acompañamos la posibilidad de dejar salir de nuestro corazón dosis de ternura y de amor de las que no nos sabíamos poseedores. El enfermo nos otorga humanidad cuando dejamos que su sufrimiento nos toque el corazón. Así, en el entramado de entradas y salidas de la habitación de un hospital, se teje una red de presencias que esconden mil significados ocultos pero reales.

Y cuando el enfermo se queda solo... entonces sólo queda esperar que dentro de sí pueda sentir esa Presencia que nos habita y que nos habla de un "más allá": más allá del dolor físico y del sufrimiento psicológico somos infinitamente más. Cuando el enfermo se hunde en el abismo de su dolor o de su tristeza sólo queda esperar que escuche en el fondo de sí el latido de una Esencia perdurable que, una vez atravesado el umbral de la muerte corporal, pervivirá libre y limpia.

Junto a la cama de un hopital se aprende mucho de lo divino y de lo humano y, sobretodo, se reciben regalos, muchos regalos.







martes, 10 de enero de 2012

ES HORA DE DESAPRENDER

Hay un anuncio de un banco que llama poderosamente mi atención por su lema: "hora de desaprender". Es una idea sumamente sugerente. Es una llamada a algo que todos debemos hacer pero pocos conseguimos. Y por ello me da pena que una idea de tal profundidad sea utilizada como propaganda de un banco y más en este momento.

Me apena que ideas que apelan a procesos muy necesarios para el ser humano sean leidos en clave mercantil. Sucede como con la lectura descontextualizada y "ligth" que occidente ha hecho de las técnicas de meditación orientales convirtiéndolas en paraísos de la autocomplacencia, en algo exótico y de moda, sin más, vaciándolo todo de su contenido profundo, místico en el sentido más pleno de la palabra.

Decir que es hora de desaprender y querer que aprendamos que eso es clave de éxito y, por lo tanto, de conseguir más dinero, es "prostituir" el sentido verdadero de esa propuesta.

En este blog hemos reflexionado muchas veces sobre el necesario proceso de vaciamiento que debemos afrontar para que pueda emerger nuestra Esencia, manifestarse nuestro Ser. Lo primero es desaprender nuestra tendencia a la superficialidad que es exactamente lo contrario de la interioridad. La superficialidad nos aleja de nuestro auténtico yo que es, paradójicamente, un "no-yo". Pero para poder siquiera acercarnos a vislumbrarlo es necesario querer hacerlo, poner los medios para que se dé la manifestación del nuestro Ser interior. Eso supone un proceso de "des-aprendizaje" de tal potencia que no podemos marcarle día ni hora. 

Ya hemos dicho que para no pocas personas el detonante de estos procesos de "regreso a casa", a la casa interior, son las crisis, las pérdidas... Un "tiempo oportuno" en el que algo nos hace despertar. Al despertar lo primero que comprendemos de forma espontánea es que "lo de siempre" ya no nos dice nada, ya no nos sirve, ya no nos es válido. Comienza así el transito hacia una nueva hondura de vida y la persona se transforma en humilde aprendiz de todo.

Desaprender no es fácil, no sucede porque me lo proponga o porque me digan que tengo que hacerlo. Sucede cuando tiene que suceder, acontece incluso sin saber cómo ha sido... Es una gran paradoja: nada puedo hacer pero, a la vez, debo quererlo con una "muy determinada determinación".

Desaprender evoca las "nadas" de San Juan de la Cruz, evoca la infancia espiritual de Teresa de Lisieux o la Dama Pobreza de San Francisco de Asís y de Santa Clara. Desaprender tiene que ver con el nuevo Ignacio que se gesta entre las ruinas de la muralla de Pamplona, en la cama de Loyola y en la soledad de la cueva de Manresa. Tiene mucho que ver con el proceso de cambio de Teresa de Jesús por el que decide no hablar más con hombres sino con ángeles. 

Desaprender conlleva, para la mayoría de nosotros, cambios de gran calado interior, aunque muchas veces las cosas por fuera no cambien. El cuerpo, la psique y el alma participan por igual del des-aprendizaje.

Pero hay más. Si un banco nos propone desaprender...¡magnífico! porque quizá lo primero en lo que sí  podemos poner empeño es en desaprender este estilo de vida consumista, deshumanizador, competitvo, agresivo e individualista del que los bancos en su inmesa mayoría son abanderados.

Es hora de desaprender, si: desaprender el egoísmo, desaprender el individualismo, desaprender la división simplona en "buenos y malos" "los de aquí y los de fuera". Desaprender la desconfianza. Desaprender la prisa y el ruido. Desaprender la pretensión de que existe algo objetivo y, por lo tanto "yo tengo la verdad". Desaprender, en definitiva, todos los constructos del Yo inmaduro.

Sí, señores de los bancos, es hora de desaprender, pero si nos tomamos en serio su invitación, a lo mejor se quedan Vds. sin clientes...

domingo, 25 de diciembre de 2011

Saber ver por dónde se mueve Dios

Hoy hacemos memoria de un Dios subversivo. Dios renuncia a su rango y lo deja todo por amor. Como en una de esas noticias de revistas rosas en las que un rey renuncia a su trono por el amor de una plebeya, así nuestro Dios se vacía de sí, de su condición divina, haciendose uno de tantos nada más que por amor. ¡Qué poco digno! pensarían algunos monárquicos empedernidos, ¡qué poco práctico! opinarían los hombres y las mujeres de estado. Así parece que es Dios, nada práctico, eternamente poco práctico desde que se fijó en un pueblo que continuamente le traicionó...

La metáfora del Dios- Rey nos ha confudido durante siglos. Los reinados humanos están absolutamente basados y enraizados en el ego. Los reyes humanos matan, mienten, roban, esclavizan si es necesario para mantener sus prevendas. No es ese el reinado de nuestro Dios. El reinado de Dios es Paz, Alegría y Amor. Dios reina sirviendo, poniéndose a los pies de cada ser humano. 

En la noche de la humanidad brilla una Luz que sólo comprenden y acogen los "despiertos", los vigilantes, los buscadores y los sencillos. Pastores y sabios de oriente serán los primeros humanos, después de María y de José, después de Isabel, en comprender que "algo nuevo está naciendo", algo divino en medio de la humanidad.

Andamos muy despistados algunos cristianos cuando pensamos que lo de Dios es cuestión de números y de poder.

Por eso hoy al escuchar esa hermosa proclamación de Isaías "Dichosos los pies del mensajero que anuncia la paz" mi corazón se ha estremecido porque no quisiera ser sorda y no saber escuchar el anuncio de paz. No quisiera ser ciega y no saber ver la Luz suavemente refulgente de Belén. Quiero estar despierta y saber ver por donde se mueve Dios, por donde me llama, por entre qué recovecos de esta huamanidad rota se cuela para recrearlo todo sin ruido, desde el amor sencillo.

Feliz Navidad a los pequeñuelos del Señor: los limpios de corazón. los pobres, los amorosos, los despiertos y vigilantes y, sobretodo, a los pecadores, porque para rescatarnos de la noche ha venido la Luz. Por lo tanto, feliz Navidad a todos pues si algo nos hermana es nuestra radical necesidad de Luz.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Lo mejor del ser humano

Mi deseo para todos vosotros y vosotras en esta Navidad es que el corazón se nos llene de AMOR, el Amor verdadero, el que se alegra con los que se alegran y sufre con los que sufren. El Amor que es capaz de todo porque se arriesga. El Amor que lo perdona todo, que espera siempre, que aguanta siempre, que es humilde, que denuncia la injusticia, que ríe y llora. El Amor que sabe dejar ir y sabe acoger... EL Amor suave y fuerte como el de esta mujer limpia de corazón.

¡MUY FELIZ NAVIDAD!

jueves, 15 de diciembre de 2011

El "préstamo alegría"

¡Qué cosas! Hay momentos en los que no puedo dar crédito a lo que ven mis ojos, ¡es que me quedo perpleja!. Ayer una vez más, mi banco me ofrece un "jugoso" crédito pre-concedido. Me confirmo: no puedo dar crédito al crédito. 

Pero lo verdaderamente curioso es la forma en que me lo quieren "vender". Abro el sobre y leo escrito con preciosas letras de diferentes colores: "Elena ¿qué es para usted la alegría?" Interesante pregunta, sí señor, ¿a ver si estos de los bancos se nos han puesto metafísicos?. Antes de seguir intento responderme a esta pregunta.

Lo primero que me viene a la mente es esa invitación a la alegría que aparece en Flp 4, 4: "Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito estad alegres". Algo sabía Pablo, algo había experimentado que le llevó a lanzar esta invitación a la alegría. ¿Dónde reside la alegría? De tejas para abajo la alegría es efímera, muy efímera, imbrincada con nuestros estados anímicos: si estoy de buen humor me siento alegre, estoy alegre mientras dura ese estado de ánimo, si estoy enfadado imposible estar alegre... Hay incluso quien es incapaz de dejarse embriagar por la alegría de otros entrando antes en "comunión" con los enfados y malos humores que con la alegría y el buen humor.

Así pues, con el papelito del banco entre las manos yo seguía preguntándome "¿qué es para mí la alegría?" La preguntita tiene bemoles. Pero fui descubriendo que la alegría es algo más profundo que meros estados de ánimo. Como Pablo, yo también creo que la experiencia de Dios nos impele a la alegría. ¿Cómo no estar alegres sabiéndonos locamente amados por un Dios Amor? ¿Cómo no estar locos de alegría si estamos "amenazados de Resurrección? Sí, verdaderamente y parafraseando a la gran Teresa, "un cristiano triste es un triste cristiano"

Más allá de si por naturaleza somos más o menos optimistas o vitales, hemos de plantearnos que la alegría es algo que brota natural y espontánea de la experiencia de Dios. Quizá la alegría forme parte ese manatial inagotable que mana de dentro y del que Jesús habla a la samaritana.

La alegría profunda no tiene que ver con la carcajada. La alegría profunda nace en los fondos del Ser y se nutre de la confianza, del abandono, del olvido de sí, de la entrega gratuita a los otros.

Así andaba yo embebida en estas reflexiones y entonces pasé página. El papelito del banco me propone como posibles respuestas:
  • "¿Llevar a cabo un proyecto? (dibujito de ua casa, o sea, comprar un piso, claro está y cuantas más habitaciones, más alegría), 
  • ¿Cumplir un viaje que tenia en mente? (dibujito de un avión, o sea, cuanto más lejos y exótico sea el viaje, más alegría), 
  • ¿Conseguir algo que quiere? (dibujito de una cámara de fotos, o sea, que debo querer cosas materiales y de alta tecnología, cuantos más píxeles, más alegría), 
  • ¿Hacer un increíble regalo? (dibujito de una caja de regalo, pero, claro, lo que haya dentro debe ser increíble, no vale con un regalo sencillo pero cargado de cariño).
"Vale"- pienso en ese momento- "ya veo que no hablamos de la misma alegría" (sobra decir que ya me lo imaginaba, pero me gusta jugar un poco...) Entonces continúo desplegando el cuidado panfleto (¡cuánto dinerito costará imprimir todo esto!). En letras blancas y bien grandes sobre fondo rojo leo: "HA LLEGADO EL MOMENTO DE VIVIR UNA ALEGRÍA". Pues vaya... Estos del banco llegan un poco tarde a mi vida, porque ya han llegado muchos momentos a mi vida en los que he vidio grandísimas alegrías. No creo que puedan superar lo ya vivido, pero, por si acaso, sigo desplegando y... Ahí está, el número de la alegría, su cuantificación, su concreción: préstamo preconcedido de 4.000 euros. Ya está, ya me han dejado bien claro el valor de la alegría.
El amable y generoso banco sigue desgranándome en qué consiste, aparecen las palabritas mágicas "TAE" -que según  otro banco quiere decir Te Amo Elena y eso ya me gusta más- "TIN" -que no tengo ni idea de qué es pero me suena como a campanita- y muchas opciones, hasta 3. Luego me preguntan "¿Cómo conseguirlo? y me dan un teléfono como si fuera el "teléfono de la esperanza". Pero yo sé que si llamo ya me han pillado, ya me pasaré no sé cuaántos años pagando ese trocito de alegría que ahora me ofrecen tan ufanos. Será bien seguro, una alegría efímera, pasajera, que traerá consigo quebraderos de cabeza para poder pagar el préstamo y sus consabidos intereses.

Cierro el papelito y termina diciendo con más palabras de colores: "Le presentamos el nuevo Préstamo alegría". Pues mira por donde, a mí, hace años, me regalaron la alegría para siempre y gratis. Estos de los bancos no tienen ni idea de lo que es la verdadera alegría, ni les importa. El problema es que seguimos picando el anzuelo. ¡Qué cosas!


martes, 13 de diciembre de 2011

Adviento y Navidad: la historia de un ENCUENTRO


La reflexión que hoy comparto con vosotros no es mía aunque la hago mía porque siento como propia la experiencia de fondo. Emilio, desde Irún, nos ofrece una clave hermosísima para vivir el Adviento y la Navidad: el Encuentro.
Gracias Emilio, por compartir algo que atraviesa tu Ser, al compartirlo nos llevas a nosotros al Encuentro con esa misma experiencia. Y es que, no en vano, somos uno en el Uno.

ADVIENTO y NAVIDAD-La historia de un ENCUENTRO

¿Quién no anhela el ENCUENTRO con JESÚS? ¿Quién no ansía ese ENCUENTRO eterno con Aquel que nos habita después de haber sentido una fugaz comunión (con lo más divino que hay en nosotros) en lo más recóndito de nuestro ser? ¿Quién puede dejar de buscar después de haber sido cegado en lo más escondido del alma por una luz más blanca que la nieve?

Hablamos de ADVIENTO y NAVIDAD.
Hablamos de GESTACIÓN y de NACIMIENTO.
Hablamos de ENCUENTRO y de ENCARNACIÓN.

“Ven, Señor Jesús” decimos, pero en realidad Jesús ya nos habita, como dice San Agustín en sus Confesiones: “No existen tres tiempos: el pasado, el presente y el futuro, sino sólo tres presentes: el presente pasado, el presente del presente y el presente del futuro”. Y es que Jesús es presente ya en lo más recóndito de nuestro ser (siempre ha estado ahí y siempre estará). De hecho, me atrevería a decir (como ya le oí decir a alguien en un curso sobre interioridad) que la oración de Adviento cobra mucho más sentido al decir: “Adéntrame, Señor Jesús” o, dicho de otro modo, “Tú que habitas en nosotros hazte el encontradizo”.

De hecho, desde esa perspectiva ésta es la historia de un ENCUENTRO que siempre ha estado ahí. Un ENCUENTRO latente, silencioso, vigilante, espectante, pero sobre todo, REAL. ¿Cuidas los momentos de silencio? ¿Cuidas los momentos en los que te sientes habitado? ¿cuidas los ratos en los que te sientes amado? ¿Cuidas…? Estamos ante un ENCUENTRO que dura toda la vida (o gran parte de ella???), un ENCUENTRO que transforma, que convierte los corazones, que calma los agobios, que nos introduce en un caminar junto “al que es” en silencio agradable, en comunión con todo “lo que es”.

No se trata de responder preguntas, ni siquiera de formularlas. Se trata de vivir en ese ENCUENTRO e ir renaciendo (NAVIDAD) a una nueva conciencia de ser. Así es como Jesús se ENCARNA en cada uno de nosotros, permitiendo la COMUNIÓN y promoviendo la CONVERSIÓN a través del silencio de los enamorados (poco necesitan decirse, sólo la presencia les basta).

Fiel discípula de Jesús y todo un modelo para nosotros de todo esto es María, madre y seguidora fiel. Ella nos enseña a “guardar todas estas experiencias en nuestro corazón” y nos enseña a ser testigos de Jesús en el caminar de la vida.