La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

lunes, 27 de junio de 2011

TERAPEUTAS

En el fondo cualquiera de nosotros puede ser ese hombre o mujer necesitado/a de una terapia iniciática. Pero no tenemos conciencia de nuestra enfermedad, de nuestra carencia, porque no sentimos lo que en verdad somos en lo más profundo de nosotros, "aquello" para lo que estamos destinados y llamados. Es el terapeuta el podrá guiarnos entonces en el camino, enseñarnos a reconocer la importancia de los instantes en que la trascendencia inmanente nos toca y ayudarnos a considerarlos seriamente, a aaceptar la misión contenida en ellos y a emprender el camino de la transformación, Si cumplimos con este deber, también se transformará nuestra relación con el sufrimiento. Aceptar esto es ganarse el derecho de cruzar a la otra orilla. (K.G. Dürckheim. Experimentar la trascendencia. Ed. Luciérnaga. 1991)

¿Qué es una terapia iniciática? De la palabra terapia los occidentales tenemos un concepto un tanto negativo. Necesita terapia quien está mal, incluso lo relacionamos casi inmediata y únicamente con la depresión y ésta es un tabú en nuestras sociedades.
El término iniciática aún nos queda más lejano en la medida en la que los/as occidentales hemos banalizado y olvidado la importancia de los ritos de paso. Aún así, y de manera inconsciente, seguimos realizando nuestros propios ritos de paso. Hace poco se habrán celebrado en numerosos colegios las celebraciónes de graduación que marcan el final de una etapa educativa. Los chicos y chicas cada vez se visten más ostentosamente para la ocasión, una compañera profesora comentaba esta semana que ya sólo nos faltaba hacer el baile de primavera "made in USA". De alguna manera los ritos de paso son una necesidad en nuestra vida y si eliminamos unos, surgirán otros.

Así, una terapia iniciática consistiría en el acompañamiento de las etapas de la vida, de los momentos de cambio profundo y de su comprensión e interiorización por parte de quien debe vivir esas fases o etapas. Otra cuestión que hoy nos resulta cada vez más  más difícil: encontrar acompañantes, permitidme que use una palabra un tanto rara: MISTAGOGOS/AS.

Porque no hablamos aquí de realizar actos o gestos vacíos, de cara al público. A lo que se refiere Dürkcheim y hacia lo que deseo señalar hoy es hacia la realidad de que, lo sepamos o no, lo queramos o no, lo acogamos o no, nuestra vida se construye atavesando etapas y no siempre resulta fácil. Generalmente cada nueva etapa viene antecedida por una crisis o provoca una. Ya varias veces he hecho referencia a la etimología de esta palabra, pero no me canso de recoradarlo: el verbo griego crimeo que quiere decir "juzgar, distinguir, separar". Las crisis acontencen cuando "el traje se nos queda pequeño", cuando nuestra Esencia reclama espacios abiertos, cuando el Ser que nos habita y que somos señala que ya es la hora de acceder a otro estado de conciencia. 

¿Quién nos acompaña en esos momentos? Afortunado/a a quien cuenta con personas sabias a su lado, mistagogos/as que, como dice Dürckheim nos sepan ayudar a ver la importancia de esos momentos y de lo que se nos revela en ellos.

Y esa persona o personas pueden estar donde menos lo esperamos. En tiempo de crisis no hay nada como tener los oídos bien abiertos, el ser despierto porque recibiremos luz de mil maneras. "No es lo positivo lo que viene a ti, eres tú quién lo atrae porque estás abierta a ello", esta frase me la dijo un amarillo, alguien que en estos días se ha convertido en acompañante para mí de forma inesperada o no tanto..

¡Qué perdidos y ciegos vamos por la vida! El relato de los discípulos de Emaús se repite una y otra vez: hombres y mujeres que abandonan su trabajo, familia, amigos, ciudades de forma inesperada y lo hacen tristes o muy enfadados con la vida o con un hondo sentimiento de frustración o en medio de un gran sentimiento de absurdo vital... Hombres y mujeres que no realizando cambios externos se siente carcomidos por dentro, sin entender qué les pasa, somatizando esa insatisfacción o esa desorientación con diferentes enfermedades, pasivas víctimas del ego que no sabe afrontar la llamada de la Vida. ¿Quién les acompaña, quién nos acompaña? ¿Quién, como Jesús, se pone encamino con quien anda a la deriva? ¿Quién "lee" para esas personas los signos de esperanza y luz presentes en medio de al deriva?

¿Quién se sitúa junto a los adolescentes y jóvenes que buscan sin saber qué buscan? ¿Quién tiene la valentía de proponer caminos iniciáticos serios? Seguimos dando recetas aprendidas de memoria ante acontecimientos vitales, ante oscuridades y dudas que están en lo más hondo del ser humano, eso, o escurrimos el bulto y hacemos ver que no pasa nada  cuando, en verdad, pasa de todo, pasa lo más importante: paso yo.

El hecho de ser acompañados en los momentos de tránsito, no resta ni un ápice de dolor o de incomodidad o de duda o de vértigo, pero añade compañía, lo cual ya es algo importantísimo y además, nos otorga la mirada y la palabra de quien no está empastado en la situación vital por la que atravesamos. Para ello, es también necesario dejarse acompañar, ser lo suficientemente humilde como para reconocer que no se puede con todo, que no se sabe todo, que se necesita una mano amiga... Apunto sin más, la importancia de saber distinguir un acompañante adecuado de uno que no lo es. Suelen decir que no es el discípulo quien encuentra al maestro, sino viceversa...

Nadie nos da un libro de instrucciones titulado "cómo ser yo mismo/a", a vivir aprendemos viviendo. Pero no deberíamos ser tan soberbios como para rechazar la posibilidad de ser acompañados. Y no hablo sólo de un acompañamiento "profesional", hablo sobretodo, de acoger la sabiduria que  tantas veces tienen, incluso sin saberlo, quienes nos rodean.

Y, en el contexto educativo, me refiero a la urgencia de que los educadores/as afrontemos con coraje nuestra propia evolución personal para poder acompañar a los/as alumnos/as tan huérfanos/as de terapeutas en la vida diaria, es decir, de adultos/as que sepan acompañarles, entusiasmarles con la vida, abrazarles en sus dolores, abrir ante ellos un horizonte de sentido o, al menos, hacer nacer en ellos/as interrogantes que les movilicen.

Así, todos juntos, pero cada uno responsable de sus propios pasos, podremos cruzar a la otra orilla, la de una vida vivida desde lo profundo, permitiendo la manifestación del Ser.

3 comentarios:

Ignacio Morso dijo...

Me siento mediador... esa es una de las principales expresiones de lo que yo entiendo por acompañar en mi labor educativa. En ocasiones puente, en otras oportunidad, y como no, también obstáculo... en todo caso, solo se puede acompañar "lo que/quien se ama", eso es lo que nos lleva a ir más allá en nuestra tarea educativa...y acompañar ese "descubrirse uno mismo", ¡noble tarea!

Amaia dijo...

¿Qué es acompañar?
Es simplemente estar ahí, presente,
al lado de quien te necesita.
No es indispensable hablar,
ni hacer algo especial.
Es comunicar al otro que uno está unido con la alegría o la tristeza
que está viviendo.
Es respetar siempre el deseo verbal o silencioso,latente o manifiesto de compañía o de soledad.
Es intuir la carencia del otro:
es cuidar, proteger, sin molestar o dañar.
Es un punto de contacto, más cerca de los sentimientos invisibles que de la mera proximidad física, ostensible.

Los educadores necesitamos ser conscientes y afrontar nuestra propia evolución personal para ser capaces de "acompañar" en nuestra labor educativa.

Feliz martes

Amaia

Elena Andrés Suárez dijo...

Hermoso, Amaia, hermoso y tú sabes hacerlo realidad. Gracias.