Estos últimos días por diversas circunstancias he experimentado la tensión entre mi yo existencial y mi Ser esencial, dicho de otra manera, la tensión entre el egoísmo, miedo, deseo de control y más aspectos que perviven en la parte más inmadura de mi pequeño yo y la llamada a la generosidad, confianza, libertad que perviven en el fondo de mí, en lo más genuino de mí, en el centro y fondo de mi persona.
Esa tensión es normal en el proceso consciente de crecimiento de la Persona. Efectivamente, quien ha descubierto por experiencia la llamada del SER en su vida, quien ha escuchado otra voz diferente a todas las voces y ha secundado esta llamada, siente esa tensión entre los esquemas creados para responder a los requerimientos del mundo y eso "otro" que está más allá y que funciona desde otro paradigma.
Me ha resultado curioso esta semana, pero también muchas veces a lo largo de mi vida, comprobar como cuando nos movemos en el terreno de las relaciones familiares, esa tensión entre el pequeño yo y la Esencia, se manifiesta incluso cruenta, como una tempestad de emociones encontradas y opuestas.

Esta lucha es agotadora, agota a uno mismo, agota a los demás, deja sin aire limpio las atmósferas vitales de todos y, por ello, un ambiente aparentemente festivo (cumpleaños, bautizo, boda, comida familiar...) puede estar lleno de tensiones de fondo nacidas de los egos de cada uno de los/as asistentes. En ese contexto, quien ha despertado, no puede "no ver", al contrario, lo ve todo, lo percibe todo. A veces esa persona ve y sabe que todo eso "no va con ella" y puede tomar distancia, una distancia que no es frialdad, sino que capacita para sentir pena por lo perdidos que estamos, una distancia que permite comprender cordialmente y sin juicios lo ciegos y torpes que somos cuando vivimos tan sólo desde el pequeño ego. Pero, a veces, esta persona también puede sentirse sobrepasada, puede sentir con asombro que por un momento su pequeño ego también gana la batalla y que gustosamente se dejaría llevar por la deriva de la queja, de la autodefensa, del cabreo, de la pataleta o del juicio y la crítica facilones. Pero quien ha despertado, quien ha escuchado esa "otra voz" en su interior ya no puede dar marcha atrás y es por ello que en momentos así, la tensión nacida de un estado aún de imperfección, de un ser en devenir, resulta totalmente agotadora y la persona se percibe dividida, como si dos personajes pujaran por ser el protagonista de la escena, pero con una diferencia: la persona que ha despertado sabe que el ego debe morir, ése sí es un personaje porque sabe que la Fuente definitiva del Sentido y la Felicidad está en la Esencia, por ello el deseo de quejarse, de defenderse, debe claudicar en pro de otro tipo de posicionamiento que no es tan sólo moral, sino mucho más porque es una manera de vivir que pertenece a lo que verdaderamente somos. No "obedecer" la Voz del Ser esencial sólo comporta sufrimiento profundo y desequilibrio en todos los órdenes de la persona, incluso en el nivel físico.
Creo que el "juego de tronos" familiar que a todos nos marca en los primeros años de nuestro camino en este mundo, lo vamos luego reproduciendo por doquier: en el trabajo, en la cuadrilla, en la pareja, con los hijos... en un bucle por el deseo de ocupar el trono que sólo detiene su giro cuando despertamos al Ser esencial. Ese "despertar" nos abre a nuevos horizontes, nos descubre que el paisaje de la Vida es infinitamente más amplio y abierto que lo que nuestro ego nos permite captar. De pronto ya no precisamos representar ningún papel, ni mendigar ningún cariño ni reconocimiento; las luchas de poder de antaño nos descubren su carga de estupidez y sinsentido. Los múltiples miedos hijos del miedo pierden consistencia y somos capaces de atravesarlos uno a uno. La sensación de valía personal ya no pivota exclusivamente en los que los demás digan u opinen de mí sino que percibimos dentro de nosotros/as una certeza de que somos seres bellos y valiosos, seres amados desde una fuente de Amor eterna que no nos juzga ni nos exige nada, por ello crece la confianza en la Vida y se camina más sereno y tranquilo, gozando del paisaje de cada momento.

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