La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

martes, 27 de octubre de 2020

Algo sencillo





Dame algo sencillo: una sonrisa, un guiño, una hoja de otoño que cae.

Dame algo sencillo: un abrazo, una carcajada inesperada, una mano en mi hombro.

Dame algo sencillo: el borboteo del agua para la infusión, el sol que se cuela entre las nubes, el canturrreo de alguien por la calle.

Dame algo sencillo y me pondrás ante el milagro.

Algo sencillo me conduce al éxtasis,

me adentra en lo profundo,

me aterriza en lo cierto.

Algo sencillo es el oxígeno y el nutriente,

es la autopista hacia el cielo,

algo sencillo... ¡es el cielo mismo!

Dame algo sencillo, tan sencillo que me arrebate las palabras

y acelere mi latido sin exiliarme de la cotidianeidad.

Dame algo sencillo: mis párpados, telones suaves cayendo... El sueño... la realidad...





martes, 13 de octubre de 2020

Reflexiones estáticas 2

 

¡Vé más allá!

Aquí me tienes de nuevo, subida a esta bicicleta estática que me conduce a ninguna parte fuera de mí, pero que, transformado el pedaleo en un ejercicio meditativo, me permite visitar diferentes lugares dentro de mí.

Esta bici me permite elegir niveles de dificultad. Tras unos minutos de calentamiento en el nivel básico (¡qué bien se está en ese nivel!), la bici, de forma autómatica me plantea la dificultad del “nivel 2” con un ruidillo que anuncia mayor oposición en el pedal (¡cómo he llegado a odiar ese ruidillo!)

Pedalear ahora me cuesta más. Percibo el trabajo en mis músculos. Responden. Me siento alegre. Sudo más y veo como en el indicador las calorías caen y caen como las piezas de un dominó… Sudor y cansancio se afrontan mejor con esa certifificación de calorías que se van (¿será la zanahoria para que el burro avance?). Mi corazón late más rápido bombeando sangre y oxígeno a mis músculos. ¡Qué maravilla el cuerpo humano!

Y es en ese momento que aparece ante mí la pregunta: ¿qué es lo que ha hecho en mi vida que fuera capaz de asumir nuevos retos?… ¿Con qué oxigeno mi musculatura espiritual para que afronte el esfuerzo mayor de algunos momentos vitales?... ¿Qué “zanahoria” ha hecho que en determinados momentos no tirara la toalla con respecto a…?

Me concentro y dejo que la respuesta vaya apareciendo al ritmo de mi pedaleo.

Cuando la vida me ha puesto delante ese “nivel 2 “de esfuerzo o incluso niveles más altos, me doy cuenta de que, en primer lugar, nunca lo he buscado, no lo elegido. La Vida no es como esta bici a la que yo le digo qué nivel de dificultad quiero asumir para mi ejercicio cotidiano. No, la Vida te lo pone delante cuando menos te lo esperas y, ahí precisamente reside la “gracia” (o la “desgracia”, según te pille) de todo esto.

Una vez ese nivel de dificultad aparece sin haberlo elegido, si se acepta el reto sin enmascararlo o sin huídas, para poder “ir más allá” he precisado de puntos de referencia.

Los puntos de referencia han sido y son los que me animan a afrontar las etapas de la vida con confianza. Un punto de referencia vital, confiere seguridad y da confianza. Certifico que sin confianza no se puede avanzar. Quizá sea la propia confianza el punto de referencia imprescindible.

Confianza en mí misma, esa es imprescindible. Confianza, además, en la propia sabiduría de la Vida: “Si esto viene es porque me conviene”. Confianza en Dios: Siempre fiel. Confianza, con el paso de los años, en los pasos ya dados, en las tormentas ya navegadas y superadas y el bagaje de sabiduría que dejaron. Confianza en quienes me quieren bien…

Cada obstáculo, cada crisis, cada necesidad de cambio y evolución los he vivido y los vivo como una maravillosa invitación que la Vida me hace a “ir más allá”. Unido a ello, la Vida también me pide que vaya más allá no sólo en el cambio sino, en ocasiones, en la permanencia y el sotenimiento de lo que no debo dejar ir, de lo que debo cuidar.

Cambio y permanencia, son elementos de la vida.

Dos movimientos que nos configuran a todos. Discernir lo que debe quedarse en y con nosotros y lo que debemos dejar ir… Es un arte.

Todo ello me parece a mí que forma parte de ese “¡vé más allá!” al que la Vida nos convida, casi a diario, incluso en lo más sencillo y cotidiano.

Y a ti: ¿qué te ayuda a ir más allá? ¿cómo has vido y cómo vives los momentos de mayor nivel de dificultad de tu vida? ¿Cuáles han sido y son tus puntos de referencia?

¡Ánimo! ¡a pedalear!

Reflexiones estáticas 1

 

Durante un tiempo compartiré con vosotros estas "reflexiones estáticas" que vieron la luz en otro lugar virtual pero hoy se mudan a mi blog. 

La bicicleta y yo.

Hace casi tres años, hice espacio en casa para una bicicleta estática sencillita. Nunca lo hubiera pensado, pero fue recomendación médica, así que me vi permitiendo la entrada de esta “huesped” no deseada y reacondicionando un hueco para ella. Nunca me han gustado los gimnasios y polideportivos. Así que la única forma de ser fiel a la cita con el pedaleo prescrito, fue traer la bici a casa, eso sí, con gran resignación por mi parte.

“Entronizar” una bicicleta que no va a ningún sitio en mi hogar, me causaba una especie de sensación de dar el brazo a torcer a algo que nunca había entrado en mis cálculos existenciales, pero tampoco decorativos (meter en un piso de tamaño medio una bici estática, te fastidia bastante la decoración).

No obstante, la salud “manda” y me vi un día subida en una bicicleta pedaleando sin moverme hacia ningún lugar. Ese “darle” a los pedales sin más, contabilizando kilómetros, calorías quemadas, pulsaciones de mi corazón, velocidad del pedaleo, se me hace pesadísimo y me crea una sensación de “tontuna” vital importante cada vez que lo afronto. Para lidiar con todas las voces que me preguntan dentro de mí qué narices hago yo ahí, me ayudo de la música en ocasiones (por cierto, la Sinfonía nº1 de Bethoveen acompaña de maravilla el pedaleo), otras veces de buenos vídeos que pongo en la tablet, pero, la mayoria de ocasiones, pedaleo en silencio escuchando-me.

Y ese “escuchar-me” mientras voy a ningun lugar, es el origen de estas “reflexiones estáticas” que quiero compartir con vosotros.

En esta primera reflexión estática me centro en el título que he elegido y que, desde mi experiencia vital, tiene mucho de oxímoron, me explico:

El acto de reflexionar siempre ha sido para mí, punto de partida de movimientos y cambios vitales y ejercicio de “orden interno” para situar mejor los avatares vitales. nunca he puesto en acto el verbo reflexionar de una forma “estática”. Reflexionar me moviliza, me ilumina en ciertos aspectos, me inspira, me descubre horizontes nuevos, se parece más a un ejercicio de gimnasia interior que a un mero elucubrar mental. Me sitúo en una vivencia y comprensión de la reflexión como esa “razón poética” a la que alude María Zambrano. No se trata tanto de “rumiar” conceptos, cuanto de un cierto ejercicio de aunar contemplación y razón. Podríamos decir que, en mi caso, reflexionar evoca esa imagen de quien “se flexiona” sobre sí mismo, no para encerrarse en sí, sino para focalizarse activamente en un “pensar” que incluye la mirada interior, la percepción, el momento del “eureka”.

Por eso, nada más lejos que lo “estático” en mi modo de entender y practicar el acto humano de reflexionar. Sin embargo, montada en mi bicicleta, pedaleando sin moverme de casa, me ha ido pareciendo que el oxímoron tiene sentido: Para poder ejercitar una reflexión profunda, una reflexión  que movilice el ser y que no se transfome en mera “verborrea” interior, se requiere cierta “quietud”, se precisa dejar de correr, detener un tanto o mucho la prisa, el anhelo de llegar y, en cambio, afinar el oído, la mirada, el olfato, el gusto y el tacto, dándose tiempo para “gustar internamente” al estilo ignaciano.

Este pedaleo estático me evoca el ejercicio de “aburrir al ego” tan propio de la meditación zen. Un ejercicio repetido de forma sistemática crea la posibilidad para lo que Karlfried G. Dürckheim denomina “la gran transparencia”. Hacernos permeables a la trascendencia se convierte en el objetivo de la práctica.

Recordando esto, mi pedaleo a ninguna parte se transforma en una meditación. Iré compartiendo algunas de esas meditaciones o reflexiones estáticas que, deseo, nos indiquen y conduzcan hacia lugares vitales ricos y fructíferos. ¿Pedaleas conmigo?

lunes, 28 de septiembre de 2020

Dar el do pecho: de "Solo ante el peligro" a "La comunidad del anillo"

Quiero continuar con esta idea de "dar el do de pecho" en este curso que ya tan complicado se está mostrando, pero, a la vez, tan pleno de opotunidades.

Bastantes de mis amigos maestros/as van compartiendo conmigo lo emocionados/as y gratamente sorprendidos/as que se sienten al ver la seriedad y  madurez con la que sus alumnos/as están afrontando todo este lío de entradas escalonadas, itinerarios por los pasillos y escaleras, mascarillas, distancia de seguridad, recreos a diferentes horas, lavado de manos, geles...

Otros me explican la fuerza que están encontrando en el apoyo, presencia y complicidad de sus compañeros/as de claustro.

Esta "vidilla" y estas cosas son las que no salen en ningún titular, porque, si debiéramos entender y describir el mundo guiados sólo por los titulares de los telediarios, prensa, algunas redes sociales.... esto se parecería desmasido a una película apocalíptica y, en lo que a Educación se refiere, el profesor se parecería mucho a Gary Cooper en "solo ante el peligro".


Pero, nada más lejos de la realidad, al menos, en la mayoría de los casos. Porque lo que nadie dice, lo que no sale en ningún titular es la red de apoyo y cariño que existe en la gran mayoria de claustros. Si enfocamos la mirada en la relación profesor-ministerio de educación, ese "Solo ante el peligro" me parece más real. Pero si nos enfocamos en lo que es el día a día de un claustro, comprobamos que la red de relaciones de cariño, respeto y apoyo, gestada durante años en tantos casos, actúa como apoyo diario del profesor/a que hace que no se sienta "Solo ante el peligro".

Porque un claustro de profesores de un colegio, por norma general, es un ecosistema pleno de ilusiones compartidas. Cuando uno se zambulle en el ritmo interno de un colegio, descubre que el claustro no es un ente abstracto, es la suma de la personalidad y de las certezas de cada educador/a que forma parte de él. Hay conflictos como en todo grupo humano, hay "disidentes" más o menos silenciosos o ruidosos, puede haber épocas oscuras, pero, siempre, al final, se cuela por todos los resquicios esa experiencia de ser compañeros/as, de que verdaderamente cada uno puede y debe aportar al bien común del colegio, a su evolución y mejora que redunda en la evolución y crecimiento de su razón  de ser: los alumnos/as.

Así, el símil cinematográfico pasa de ser "Solo ante el peligro" a vernos inmersos en la increíble aventura de "La comunidad del anillo" del Señor de los Anillos. Quizá todo "profe" que lea esta entrada, podrá identificarse a sí mismo con uno de los personajes de Tolkien y, siendo arriesgado,  quizá a alguno de sus compañeros/as. En todo claustro nos encontraremos con Frodo, Samsagaz, Gandalf, Aragorn, Légolas, Peregrin Tuk, Arwen, Gimli, Galadriel, Eowyn, etc... Sí, ahí los encontraréis, bajo el rostro y los andares de vuestros compañeros y compañeras de toda la vida. Cada uno aportando su peculiar modo de ser "educador/a". Cada uno, cada una , formando esa preciosa e increíble "comunidad del anillo" de un claustro educativo.



Ojo: no soy ingenua, habrá que estar siempre atentos a los "Gollum" y "Saruman" que, bajo capa de bien, pueden minar la fuerza de la comunidad, pero, es que ¿qué gracia tendría entonces la aventura? Ahí es donde toca dar el "do de pecho". Cuando vienen tiempos oscuros, cuando toca salir de la tranquilidad de la tierra media para "ir más allá", entonces es cuando más demuestran su fortaleza y su debilidad los lazos creados en la comunidad educativa y, más en concreto, en el claustro de profesores/as.

Frodo y Sam se sentían pequeños para semejante tarea y efectivamente lo eran, pero, apoyados en el cariño y la fuerza de la Comunidad del anillo, lograron lo que nadie había logrado jamás. Quizá tú también te sientas tan minúsculo como un pequeño hobbit de la comarca, y quizá lo seas, pero si a tu lado encuentras un verdadero amigo como Sam, si te aventuras a educar acompañado por un "claustro-comunidad", te auguro grandes gestas y mucha felicidad.


Propuesta para dialogar en los claustros: 

¿Es tu claustro "comunidad" o más bien favorece el sentirse "solo ante el peligro? 

¿En qué ámbitos de la vida escolar os sentís y actuáis como compañeros, como red de apoyo e inspiración mutua? ¿De qué modo?

¿En qué ámbitos se os "cuela" el "solo ante el peligro"? 

¿Dónde sentís que debéis reforzar vuestros modos de actuación para ampliar la fuerza que proviene de ser compañeros/as?

En este contexto del Covid-10: 

¿Cuál es la misión principal a la que queréis responder? 

¿Qué necesitáis para ello? 

¿Qué debéis eliminar para poder responder a esa misión?





miércoles, 9 de septiembre de 2020

Dar el "do de pecho": Amar al alumno

Cuando estudiaba magisterio, teníamos en el aula de música (me especialicé en Educación Musical) una frase en la pared "Que el alumno ame la música", ese era el objetivo, el faro, el horizonte de un maestro de educación musical. Pero junto a ello, se repetía en muchas de las asignaturas y en boca de diferentes profesores, lo esencial de que "el profesor ame a sus alumnos".

Tiempo después, cuando me estrené en un aula, en todo momento, sobretodo cuando me sentía sobrepasada, caundo me sentía sin recursos, esa frase se hizo "un mantra" para mí.

Descubrí que el amor es el camino, que el amor ha de ser la atmósfera educativa, que si el alumno/a se siente amado, no en general, sino "en concreto", entonces las dificultades lo son un poco menos.

Si el/la maestro/a AMA AL ALUMNO, el/la alumno/a, en cierta media amará la materia, se le dé mejor o peor, porque durante los minutos de impartición de esos contenidos, los recibirá de alguien que le mira con respeto y cariño, quizá lo que más ame llegue a ser la presencia de su maestro y no recuerde después bien la asignatura.

Y ahí es donde sé de buena tinta, que nuestros maestros y maestras están ya dando el "do de pecho". Están traspasando todos los límites impuestos de mascarillas y distancias, para hacer llegar a sus alumnos una presencia amorosa, paciente, ilusionada y esperanzada.

                                                                                                                                                                     Ayer, en una de las formaciónes on line que estoy impartiendo, una educadora nos explicaba con un nivel de sinceridad precioso, lo duro que había sido para ella el confinamiento y el post-confinamiento, nos describía su nivel de ansiedad. Y entonces nos dijo que, todo eso había durado hasta el momento exacto en que hacía unos días había comenzado a recibir a los niños en el cole, nos decía que "al comenzar a tomar la temperatura, indicar por donde ir, dar la bienvenida, se me pasó todo". Y yo, escuchaba esto y contenía mi alegría y mis lágrimas, porque ahí estaba, en carne y hueso, una maestra de corazón. Ahí estaba ella diciendo en voz alta lo que tantos y tantas están sintiendo y viviendo y, seguramente, no lo dicen.

Así lo viven ya miles de profes en toda nuestra geografía. Así son los/as maestros/as de verdad, los /as vocacionados. Sabedores de su debilidad, con sus límites y miedo como todo ser humano, pero cuando están con sus niños, con sus chavales ¡se olvidan de todo! Y entonces, el niño, el joven se siente amado, se siente especial, se siente apoyado y eso le da alas... ¡y cómo necesitamos recuperar el alto vuelo!

Como sociedad hemos de cuidar de nuestros maestros y maestras. No son héroes ni falta que les hace. Son personas como tú y como yo pero que han recibido el don de SER EDUCADORES/AS. Ese don es un tesoro de incalculable valor para la sociedad, para el bien común. Debemos cuidarlos.

Ahí están, ellos y ellas, hoy, dando el "do de pecho" en esta sinfonía una tanto desafinada del tiempo de pandemia.

¡GRACIAS, MIS QUERIDOS MAESTR@S!

martes, 1 de septiembre de 2020

Dar el "do de pecho": las emociones

 Hoy ellos y ellas, los "profes", ya están en el cole.  Cuando estaba en el colegio como profesora, una de las cosas que más me gustaban era ese primer día en el que nos veíamos los unos a los otros más o menos morenos, sonrientes, con cara descansada; algunos con unos kilillos de más por "las tapitas" veraniegas, otros, por el contrario, con kilitos de menos por la natación, las largas caminatas. Todos, eso sí, con anécdotas que contar, algunas fotos para compartir (cuando no había wtsup). Había compañeros con los que te unía una amistad y cariño que se concretaba en que te habían traído o les traías un regalo porque habías recordado a esa persona durante las vacaciones... Ese primer día con un picoteo especial o una comida de inicio de curso. Ese día mágico en el que sientes que "todo es posible y todo está por hacer" y tu pereza se te va por el desagüe porque al reencontrarte con tus compañeros y compañeras, se te pone en pie de guerra el ardor pedagógico y ya te pones en marcha.

Este año, me dicen mi marido y mis amigos profes, no se podrán dar los besos y abrazos del reencuentro. Es más, no pueden encontarse juntos todo el claustro.  Cada etapa se reunirá en su lugar, sin interacción o con la mínima. A quien no le vaya mucho la liturgia de abrazos y besos se sentirá aliviado, lo reconozco, porque cada uno es como es. Pero a mí, qué queréis que os diga, me apena esa imagen de claustro compartimentado y más, cuando el deseo es trabajar como un todo. Si ya cuesta tanto a veces salir del "propio querer e interés" de tu etapa...

Y aquí viene mi apreciación segunda. Si ayer me ponía en la piel del profe desde el punto de vista tan sólo curricular, teniendo que crear programaciones y didácticas para lo presencial, para lo on line, aprender a trabajar a metro y medio, con mascarilla, con gel, con ventilaciones varias, etc, etc... Hoy quiero ponerme en la piel del docente situándome en el ámbito emocional.

Ya llevan los colegios bastantes años inmersos en la creación de proyectos de educación emocional. Resuena lo de la imporatncia de las emociones por doquier.


En el contexto de la Educación de la Interioridad, es el segundo contenido enunciado como "integración emocional" por aquello de que las emociones no basta con conocerlas, sino que, nos guste o no, las emociones nos acompañan todo el día y toda la vida y es así porque la vida es, en gran medida, experiencia que emociona. Ahora, con el COVID entre nosotros, a  muchos la vida nos conmociona.

Si ya es de por sí complejo integrar el mundo emocional, qué diremos en este momento. 

Estamos habituados o bien a ocultar nuestras emociones o, cuando menos, a disimularlas. Sólo nos permitimos sacarlas a pasear si son agradables y ahí, en general, mostrarnos no nos cuesta tanto. 

Pero ¿como "lidiamos" con las emociones desgradables como, por ejemplo el miedo o la tristeza y qué decir de la ira o la vergüenza?

Seamos sinceros: hay emociones que no son "bien vistas" en sociedad, esas, las ocultamos, las taponamos. Nos decimos que esa tristeza o esa ira o esa vergüenza queda para la intimidad, que ya lo afrontaremos en casa y, tantas veces, ni en casa nos permitimos ese sano descan-ser que nos permite mostrarnos tal y como estamos, sin filtros ni máscaras dejándonos acoger y querer en esa emoción desagradable.

Digo esto porque no me cuesta imaginar la cantidad de  profesores/as que ahora mismo, han entrado en el cole con ilusión, por supuesto, con ganas, pero también con un trasfondo de miedo (miedo al contagio, miedo a lo que puede pasar si hay que volver a cerrar el centro, miedo...), con enfado por la falta de apoyos institucionales, con vergüenza por sentir miedo cuando parece que otros están como súper tranquilos y hasta hacen amago de un abrazo "y yo saldría corriendo"...

Por más que se haya denominado a este momento "nueva normalidad", esto, nada de todo esto es normal. Nos acostumbraremos (o no...), pero no es normal. Por lo tanto, lo que sí es normal es que aparezcan dentro de nosotros, también de los adultos, por supuesto, emociones encontradas y que haya momentos en los que sintamos que "no puedo con esto" o "no sé qué hacer". Momentos de alegría enorme por ver a los alumnos, por descubrir como nos sorprenden, pero también momentos de tensión, de tristeza, o de miedo y los va a haber, porque ya antes del COVID los había. Por eso, ahora, como nunca, habrá que aprender a reconciliarse con la vulnerabilidad que se evidenciará en esta incertidumbre generalizada.

Y, desde mi punto de vista, esta es una clave importantísima: aprovechar este momento tan único, para adentrarnos de lleno en la urgente tarea de integrar de veras nuestro mundo emocional dentro de la escuela. No "saber" las emociones racionalizándolas, sino acogerlas, expresarlas sanamente, dejándonos sostener cuando las feuerzas fallen y celebrando juntos cuando llega la alegría. No somos superhéroes. Con excesiva simplicidad hemos utilizado ese calificativo con los sanitarios. No hace falta que nadie sea un héroe. Un profesor es un ser humano con su mochila vital a cuestas como sus alumnos, como los padres y madres de su colegio. Un/a profesor/a necesita apoyo emocional si queremos que él o ella apoye emocionalmente a sus alumnos.

La oportunidad que nos brinda el COVID si sabemos acogerla, es la de crecer emocionalmente como comunidad educativa. Dejar de disimular "como si aquí no pasara nada" o dejar de ir de víctimas (porque casi siemrpe se dan estos dos excesos en las personas y/o en las instituciones). Podríamos descubrir el puente sobre aguas turbulentas que podemos construir para transitar este curso que se presenta incierto y complejo. Ese puede ser el "do de pecho" que emita la escuela y ojalá esa vibración resuene en toda la sociedad.

Queridos profes: CUIDAOS PARA PODER CUIDAR.


lunes, 31 de agosto de 2020

Dar el "do de pecho" . Las asignaturas

 Me siento hoy ante el ordenador para, en el último día del mes vacacional por excelencia,compartir lo que se me mueve en los adentros en la vuelta al cole.

Reconozco que, junto a la normal pereza de regresar a la pantalla y el teclado, se mueve en mí un sentimiento de gran perplejidad por todo lo vivido, escuchado, sentido tras el confinamiento y hasta este momento.


Mañana, oficialmente (en realidad llevan ya varios días reuniéndose en los centros y retomando la labor en casa), los profesores y profesoras de los colegios de este país, atravesarán los umbrales de entrada a sus centros con la palabra INCERTIDUMBRE grabada a fuego en sus corazones, en sus emociones, en las paredes del colegio, en sus programaciones. Nunca retomar el curso escolar fue tan complejo, duro y denso como este curso 2020-21. Nunca tampoco, tan lleno de posibilidades para "ir más allá"  y dar un auténtico "do de pecho" educativo.

Cuando nos confinaron dentro de nuestras casas, sentí con toda sinceridad que aquellos días que fueron muchos más de los que creíamos en un inicio, nos mejorarían como individuops y sociedad. Lo creí. Luego, llegó el desconfinamiento y salió a la calle lo que llevábamos dentro: quien escuchó y se dejó encontrar por la Vida en la cuarentena, salió con otro tono vital. Quien no lo hizo salió igual y, permitidme el juicio, quizá incluso peor. 

No me refiero aquí a los afectados directamente por el latigazo del virus coronado: enfermedad propia o de un ser querido, pérdida del trabajo, ERTE, secuelas post-COVID en el cuerpo y un largo etcétera de situaciones durísimas. Sólo me refiero a quienes, no habiendo sufrido nada más que incomodidades, aún así nos quejamos, nos venimos abajo, nos volvemos seres cabreados y hasta pseudorevolucionarios proclamando que todo esto es una confabulación "judeo-masónica" como diría algún personaje del gran Forges (¡qué bien nos irían en este momento sus viñetas de sabiduría sonriente...!).

En fin, lo que quiero decir es que, contemplando el panorama nacional y sintiendo la vibración general social y política, nuestros profes queridos están como nunca llamados/as a DAR EL DO DE PECHO.

¿Por qué lo digo? Ahí van algunas apreciaciones que iré compartiendo en pequeñas dósis a lo largo de estos primeros días de curso:

  1. Los profesores/as retoman sus asignaturas con el mensaje de que se debe seguir apuntando a la famosa "excelencia educativa" (lo ha reiterado hasta la saciedad la señora Celaá, ministra de Educación) en una situación mundial y local que apunta hacia escenarios diferentes que no se puede saber si serán o no, ni cuando ni cómo. 
    • Se insta a los educadores/as a tener organizado y programado el desarrollo curricular y competencial para el modelo presencial y para el modelo de enseñanza on line, e incluso, para los dos a la vez dado que puede haber alumnos que hagan unos días presenciales y otros desde casa. Todo ello, con el mismo número de docentes de siempre en la mayoría de los centros escolares. Todo ello con, supuestamente, el mismo número de horas lectivas y de liberación y permanencia pero, evidentemente, trabajando muchas más horas como ya sucedió en el último trimestre del curso pasado. Muchas horas de trabajo "extra" porque dentro del horario laboral es imposible recrear casi sobre la marcha tu asignatura o asignaturas (sí, muchos profesores no imparten una sola asignatura sino varias, hay quien lo olvida) y además hacerlo creando itinerarios aptos para el aula y para el ordenador sumando a todo ello las obligatorias adaptaciones curriculares para algunos alumnos/as. Además, en las clases presenciales, debe tenerse en cuenta el gran cambio que suponen la distancia interpersonal, la mascarilla, el lavado de manos cinco veces al día y la ventilación del aula cada hora durante unos diez minutos mínimo (¿imagináis lo que será ventilar así en invierno, pongamos por caso, en un Burgos nevado o en la blanca Vitoria?) 

    • Me permito un ejemplo para ilustrar la complejidad añadida que deberán afrontar nuestros educadores/as: la asignatura de Educación Física (que ha demostrado su importancia durante el confinamiento ¿o no?) deberá impartirse con mascarilla y distancia: ¿cómo? Estoy deseando hablar con los amigos y amigas que imparten esta asignatura y comprobar como,una vez más, nos dejarán con la boca abierta ante su creatividad y capacidad de "dar el do de pecho" en esta "ópera bufa" del nulo acompañamiento y sostén por parte de los señores y señoras ministros y adláteres.
      • Además, según me dicen, ¡no pueden ducharse tras el ejercicio físico!. Esto supone o bien optar por una clase de Educación Física poco física para evitar el sudor, o bien acoger en el centro escolar más "perfumes" de los que suele haber en un aula o bien cambiar el horario de todo el  mundo para que la clase de EF sea siempre a última hora del día y así cada alumno se lleve sus aromas a su casa.
Por hoy lo dejo aquí. Te invito a ti que lees esta entrada a seguir ejemplificando como puede ser el desarrollo de la Educación Musical. Imaginar también como llevar a cabo el aprendizaje cooperativo manteniendo la distancia de metro y medio y, dado que es  "mi" especialidad, cómo articular la Educación de la Interioridad sin tocarse, con mascarilla... (en este sentido ya comencé en el mes de julio pasado a compartir propuestas a través del curso on line "pioneros de un mundo inédito")

En la siguiente entrada abordaré otros ámbitos de la vida escolar. Todo ello para visibilizar esa deliciosa complejidad que se mueve dentro de cada colegio y que sólo conoce, disfruta y padece, quien vive a pie  de aula y de patio y de pasillo. Lo hago porque estoy convencida y lo repetiré en cada entrada, de que nuestros educadores/as van a dar el "do de pecho" y yo, estaré ahí para aplaudirlo.

martes, 4 de agosto de 2020

Nuestros mayores ¿a quién le importan?

El curso pasado escribía una entrada de cierre de curso invocando la navegación por plácidas aguas vacacionales de desconexión.

Este año no puedo hacerlo. Me voy de "vacaciones" cansada de este modo de manipular la vida de las personas por parte de los que pueden hacerlo. Cansada de seguir normativas que unos dicen son casi sagradas mientras otros las tiran por tierra calificándonos de "aborregados" a los que, con buena fe, las cumplimos. Cansada de vídeos y contravídeos de médicos que dicen una cosa y otros que dicen la contraria. Harta de que ahora todos nos creamos doctores en medicina porque llevamos mascarilla quirúgica y usamos gel hidroalcohólico.

Que pare el mundo, o más bien, decido pararlo yo. Paro el mundo o mundillo de mensajes de voz, videos, noticias, titulares, miedos, sustos, quejas...

A estas alturas de lo "pandémico" ya vemos que nadie tiene nada claro y navegamos en aguas de poca o ninguna certeza. Sí, seguimos en la consabida incertidumbre (que siempre ha formado parte de la condición humana), jugando aún a hacer ver que podemos controlar algo y poner día y hora a todo.

Lo que no cambia o cambia a peor, es el mundo de la burocracia. Con el virus por ahí, el sistema de asistencia social empeora su funcionamiento. En mi caso el resultado es ver como mi madre en cuatro meses, sufre un empeoramiento y privación de las ayudas que tenía, al cerrarse su centro de día sin darnos alternativa alguna.

La rutina que tanto bien le hacía física y anímicamente de salir de casa para ir a pasar unas horas con personas de su edad con las que ha creado lazos de cariño y amistad, rota "por su bien". Yo no entiendo nada y, este año, las vacaciones me causan tristeza, porque veo de qué modo se deja la vida de los mayores en un "stand by" injusto y forzado repitiendo que es "por su bien". Pues, señores míos, lo que yo veo en mi casa no es ningún bien, todo lo contrario.

Me voy de vacaciones cansada, decepcionada, enfadada. No me importa reconocerlo. Digo "stop" a tanta estupidez y mentira disfrazada de verdad. Que no pretendan que comulguemos con ruedas de molino, por favor.

Viendo la situación de mi madre y de sus compañeros de centro de día y de tantísimos ancianos, sólo poniendo ahí la mirada, a mí me entran ganas de reír por no llorar.

Para colmo de los colmos, se nos notifica la necesidad de volver a repetir papeleos oficiales en agosto. Aquí estoy: teléfono, ventanillas, páginas webs sin acceso. El verano y el COVID dan la mejor de las excusas para complicar aún más el complicado mundo de la burocracia.

Lo veo claro: tener más de 75 años en este país es ser un cero a la izquierda. La generación que levantó todo, que se sacrificó, que lo ha dado todo, ahora están aparcados por un sistema que prima la atención on line, lo digital, justo aquello para lo que nuestros mayores no han podido prepararse. 

Me indigna y mucho el maltrato institucional a nuestros padres y abuelos. ¿Saldremos a la calle por ellos/as? ¿Lucharemos por ellos y ellas como lucharon por nosotros? No lo creo. Así de triste, lo confieso. El COVID nos ha dado una buena excusa para no movernos.

Con todo, quiero creer tozudamente, que algo bueno puede nacer de todo esto. Sólo espero que mi madre pueda verlo.