La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

viernes, 21 de mayo de 2021

El abrazo... no siempre vale (según algunos)

El abrazo. Compañero de camino de la vida humana. Gesto natural que la pandemía ha impedido.  Cuando la distancia social llegó a nuestras vidas, perdimos el abrazo. Al cabo de un tiempo comenzaron a paracer en las redes sociales todo tipo de inventos que permitieran recuperar el abrazo. Vimos imágenes de nietos abrazando plastificadamente a sus abuelos, trabajadores de residencias abrazando a los mayores  a través de cortinas de plástico (alguna bondad del denostado plástico parece ser que permite el abrazo en tiempos de Covid).

Necesitamos abrazar y ser abrazados, es un camino incomparable de encuentro humano. En el abrazo doy y recibo, acojo y soy acogido. Corazón con corazón, en el abrazo nos damos y nos recibimos.

Así, durante estos catorce meses pandémicos, nadie ha dudado acerca del benecifio y necesidad del abrazo dado y recibido, ya sea abrazo feliz o abrazo en el dolor.

Pero llegaron ellos: la voluntaria de la cruz roja y el joven inmigrante. ¡Ay ese abrazo!

Era un abrazo imprescindible, necesario, natural, como suele decirse "era exigencia del guión" , porque si yo llego medio desmayado a una playa de otro país, si vengo de un periplo de desarraigo, de hambre, de guerra, de desesperación ¿qué puede ser más sanador que un contacto humano cálido y amoroso?. Y resulta que allí estaba una mujer con su sistema empático y solidario activo y en movimiento. Así que ese abrazo estaba llamado a acontecer como, seguramente, estaban dándose muchos otros abrazos en esa misma playa que no recibieron la atención de las cámaras.

Claro está, que quien mira el dolor humano como si de una película se tratare, situado en una distancia de despacho y sin haber bajado a pie de realidad, puede dedicarse a buscar los fallos del guion y de los actores. Y ¡vaya si encontraron fallos!

Lo que no saben es que "no vemos las cosas tal y como son, vemos las cosas tal y como somos" (frase atribuida en redes al Talmud, a Gandhi, a Newton y a mi vecina del quinto, pero frase muy acertada). Así que aquellos espectadores de la vida humana que en tal encuentro vieron un abrazo ilícito tienen un grave problema, un defícit de humanidad y una miopía desmesurada rozando la ceguera.

Somos en este occidente neoliberal, tan obtusos y tan volubles que el abrazo, el que era tan bien mirado y tan echado de menos por doquier, ahora ya no sirve si es entre una mujer blanca y joven y un chico negro y joven, si es en una playa pero no es verano, si es una playa pero no estás allí disfrutando de tus vacaciones, si es una playa de Ceuta, si es entre una voluntaria de Cruz Roja y un inmigrante. No vale el abrazo si estás tan roto que te aferras a ese cuerpo que, ¡oh desastre1, es un cuerpo joven y alguno ve ahí una tentación carnal desmedida a pesar de quien así se aferra no creo yo que este para mucha tentación más que nada porque esta medio muerto de frío, de cansancio y de dolor.

Ahora habrá que crear un pasaporte de abrazos como el de la vacunación para demostar en su momento si puedes o no abrazar o ser abrazado, no sea que escandalices al personal.

Porque, para algunos congéneres, resulta que ahora el abrazo... no siempre vale.




martes, 18 de mayo de 2021

Y seguimos buscando un centro de gravedad permanente...

Hoy no podía dejar de hacerlo: TI RIGRANZIO, FRANCO BATTIATO PER TUTTE LE TUE BELLISSIME CANZONE.GRAZIE PER ANDARE BEN OLTRE...

Gracias Franco Battiato por tu música dulce, tus letras profundas, retadoras, tan diferentes a todo... Gracias porque con mis catorce o quince años me dejaste "flipada" al verte en aquella TV de la EGB tan serio, tan tú y buscando un centro de gravedad permanente... Te quedaste grabado en mi inconsciente musical y esa frasecita me ha perseguido y he ido encontrando su sentido con el paso de los años.

Gracias eremita, poeta, trasgresor, músico... Tan tú, Battiato, tan tú que dejas sin palabras. 

Escuchar tus canciones es ir más allá... Nos impulsas a ser mejores, más genuínos, nos indicas por donde anda la cura, nos recuerdas que somos imagen divina y nos vienes a buscar con tu música para que ese centro de gravedad nos permita Danzar la danza sinfín de la Vida que siempre retorna.

Moderno "Cyrano de Bergerac" que nos dices al oído en cada canción como enamorar a la Vida y que en la estación de los amores ondea una bandera blanca en el puente que une a todos los seres humanos entre sí y con el infinito.


Vuela libre... Canta y danza ahora ya en ese infinito SER al que ya habías entregado tu ser. Te preguntabas en una de tus canciones qué quedará de ti, de todas las impresiones que has recibido en esta vida... Quedarás tú ya para siempre como armonía musical grabada en la atmósfera del mundo. Te quedas en los corazones de quienes hemos volado alto con tus canciones, de quienes hemos sentido las sorpresas de tus letras y afirmaciones cantadas. Quedarás tú, quedas tú en un acorde eterno y vibrante de tantos como seguiremos escuchando emocionados tu música.

Aquí nos quedaremos cantando contigo mientras seguimos buscando un centro de gravedad permanente en este loco y herido mundo que sigue necesitando una cura profunda.

GRAZIE FRANCO BATTIATO. ARRIVEDERCI...

martes, 4 de mayo de 2021

"Más allá" y "más acá" del mindfulness: no tirar al niño junto con el agua sucia

 El ir y venir de la mente humana, de lo que nos interesa y deja de interesar a los humanos, no deja cuando menos de causarme una sonrisa. Una de las ventajas de ir cumpliendo años, aunque no muchos, es comenzar a poder ver y reflexionar ciertos asuntos desde la famosa “perspectiva que dan los años”. Oía hablar de ella cuando era joven y pensaba que era un mantra de personas “mayores” para quitarle importancia a las opiniones y pasiones de mi joven vida.

Ahora lo entiendo porque lo percibo. Sí, los años dan una perspectiva y de eso versa la entrada de hoy en referencia a la “no moda”, “la moda” y de nuevo quizá la “no-moda” de la traída y llevada y, creo yo, maltratada “meditación”.

Espero saberme explicar porque el tema es denso y se las trae. Simplemente acudiré a mi bagaje personal, lo cual, ha de dejar claro al lector o lectora de esta entrada, que la subjetividad como siempre andará por medio como en todo pensamiento humano.

La cuestión es que a mis quince años de edad ya me encontré con adultos que me ayudaron a orar en silencio, a cerrar los ojos, a escuchar a Jesús sin hablar demasiado. Todo ello en medio, por supuesto, de una vida de grupos de fe, oración, compromiso cristiano donde la oración era también canto, gestos, símbolos, “compartires” emocionados… Pero junto a ello, la vía del silencio también me fue favorecida y nunca lo agradeceré lo suficiente, aunque he de reconocer que no hacía falta insistirme mucho puesto que por temperamento siento una irrefrenable querencia hacia el silencio como lugar donde reubicarme a pesar de ser persona que ama la conversación y las risas.

A partir de ahí para mí la oración personal siempre ha tenido mucho de silencio, de mirar y dejarme mirar, a la vez que de dejarme iluminar por la Palabra y dejarme confrontar y enseñar por la vida. Oración y vida de la mano, las dos iluminándose y nutriéndose mutuamente.

Hace más de veinte años fui sintiendo de qué modo necesitaba del más absoluto silencio en mis encuentros con Dios. Fui reaprendiendo a resituar mi corporalidad en esos procesos tan necesarios de silenciamiento que no son el Silencio, pero nos preparan a ello. Tenía cierto “recorrido”, había tenido bastantes personas significativas de las que aprender en el ámbito de mi vida cristiana. Más tarde pude enriquecerme con aportes desde el zen y, finalmente, gracias a la formación en Leibterapia personal, método Dürckheim, pude terminar de situar mi ser corporal en la vida interior de tal forma que me abrió a la hermosa experiencia de corporeizar mi ser espiritual y mi experiencia espiritual.

En este proceso, a la par, fui creando mi método de Educación de la Interioridad con mis alumnos de Secundaria en Barcelona entre los años 1999-2004. Paso a paso, con ellos, en el aula. Yo aprendía, descubría y redescubría todo un mundo maravilloso en experiencias, con cristianos y no cristianos, vivía mis cambios, recibía luces y descubría el modo de adaptar toda esa riqueza y sabiduría al mundo adolescente.

Así, un buen día (hablo de finales de los 90 del siglo pasado) comenzó a sonar por todos sitios (conferencias, artículos en periódicos, programas de TV, libros) que la ciencia corroboraba la bondad de la meditación para la vida humana. Mejoras en el cerebro, en la fisiología en general, reducción de niveles de estrés, etc. Evidentemente me alegré y siempre que alguien me hablaba de ese tema o leía algo pensaba: “qué bueno que la ciencia descubra y certifique ahora lo que el espíritu humano sabe desde siempre con razones que la razón no entiende”. Así que yo también ofrecía esos datos en mis cursos a adultos y los comentaba con mis alumnos, incluso comentábamos en el aula imágenes del cerebro mientras se medita. Pero siempre supe que lo de escuchar lo profundo de mi ser, lo de atreverme a recorrer el camino interior y, sobre todo, lo de ir al silencio, es mucho, muchísimo más que sólo una aportación para “sentirme mejor”. Tantas veces en ese silencio aúllan nuestras fieras interiores, llora nuestro niño herido, nos amenaza nuestra sombra no acogida, se nos aparecen con claridad nuestros errores y nuestros miedos…

Así han ido pasando más de veinte años. A lo largo de eso años he asistido al proceso por el cual “lo de la meditación” pasó de ser algo curioso e interesante y sonaba un nuevo método llamado “mindfulness” a ser ya un verdadero “tsunami meditacional”.  Recogiendo los estudios y prácticas del creador de la práctica de la atención plena para la reducción de los niveles de estrés (mindfulness) Jon Kabat-Zinn, ha pasado a ser un método que se aplica en casi todos los ámbitos, desde el mundo empresarial hasta la escuela. El número actual de expertos y expertas en mindfulness resulta para mí al menos, más sorprendente que el milagro de la multiplicación los panes y los peces.

Pues ahora, oh vida, proliferan estudios, artículos, libros que demuestran o medio demuestran justo lo contrario, casi, casi que meditar no sirve para nada de lo que decían que servía. Que los supuestos datos científicos no lo eran tanto, etc. En fin, lo de siempre, nos vamos de un extremo a otro, eso sí, con “datos” científicos por bandera.

Y me parece a mí que corremos una vez más el peligro de “tirar al niño con el agua sucia”. De alguna manera hemos caído en la trampa de reducir los procesos del yo profundo, los caminos de la interioridad humana a datos científicos acerca del funcionamiento cerebral y hemos dado por bueno aplicar técnicas de atención plena por ello. Pero en el camino de “normalización” de algo que hasta no hace mucho a la mayoría de las personas les parecía raro o hasta una pérdida de tiempo, hemos renunciado por ignorancia a lo que está más allá de la atención plena y más acá de la profunda vida humana: la subjetividad. En este sentido dice Éric Rommeluère en su libro “Sentarse y nada más. Una iniciación a la práctica de la meditación zen y una crítica del mindfulness”:

Los estudios consagrados a los efectos de las prácticas meditativas suponen que todos los sujetos estudiados meditan. Los maestros de meditación no están de acuerdo con este planteamiento. Trabajan con una experiencia en vivo, saben que sus estudiantes no meditan, sino que “intentan” meditar (la diferencia es fundamental). En efecto, una misma técnica de meditación puede tener efectos diferentes según la persona: para unos puede ser una fuente de apaciguamiento, y para otros, de ansiedad o de dificultad, pues el ser humano no es un material, también está constituido por sensaciones, deseos y emociones. Cada técnica reverbera de una manera particular según la historia física y psicológica de los individuos. La asiduidad y la experiencia no garantizan una meditación “exitosa”.

Especialmente relevante me parece también la alusión del autor a la relación maestro-discípulo en los caminos del zen que también yo he vivido en lo que denominamos “acompañamiento espiritual” en el ámbito cristiano.

El maestro de meditación no es el observador pasivo de un experimento en el que se analizan las entradas (edad, sexo, duración de la meditación) y las salidas (presión sanguínea y frecuencia eléctrica del cerebro) sin preocuparse de su contenido. Él sondea el núcleo de la experiencia y es consciente de estar implicado en este intento de meditación. Para él, ningún practicante es anónimo o intercambiable, dado que ninguna experiencia meditativa es similar a otra.

Como verás si has podido leer hasta aquí, lo del mindfulness me interpela, cuidado, sé el bien que hace a tantísimas personas que pierden el miedo al silencio gracias a la práctica de las ocho semanas. Sin embargo, hay algo que me genera un cierto desasosiego, lo confieso. En general, parece que el mindfulness ha eliminado prácticamente del lenguaje la palabra “meditación” u “oración”: ahora todo aquel que se aquieta, que escucha, que se detiene, que respira… “hace mindfulness”. Yo no he hecho ni hago mindfulness, ni lo haré, no siento el menor interés porque no lo necesito como herramienta ni para bajar mis niveles de estrés ni para vivir mi relación con Dios. Pero tampoco “hago” oración, sino que es la oración la que me rehace a mí. Yo, como tantos meditantes, y tantos orantes, intento orar, intento ponerme en la Presencia de ese Dios amoroso, Padre/Madre que me revela mi verdadero rostro en su rostro y ahí, sí, aquieta mis dispersiones, silencia mis ruidos, amplía mi mirada, me interpela, me reorienta… Pero el “más acá” es eso, es el camino de humanización que la oración despierta en un creyente al contacto con Dios, lo otro, lo que pasa en mi cerebro, lo que le pasa a mi riego sanguíneo, lo de mis niveles de estrés, se da por añadidura, no es falso, sucede y puede medirse, pero “no confundamos el tocino con la velocidad”.

Si no situamos bien las cosas, si no profundizamos, todo el esfuerzo amoroso que tantos y tantas hemos hecho y seguimos haciendo por traer los caminos de silenciamiento, de conexión integral e integradora con la interioridad humana especialmente en la escuela, puede que sean desdeñados en pro de los nuevos datos ciéntificos.

jueves, 29 de abril de 2021

MEDITAR ES UNA FORMA DE ENCONTRAR A JESÚS

 

“La meditación como forma de oración”, fue el tema central de la catequesis que el Santo Padre impartió, la mañana de este miércoles 28 de abril, en la cual recordó que, la práctica de la meditación no es algo exclusivo de los cristianos, sino que existe una práctica meditativa en casi todas las religiones del mundo, incluso entre personas que no tienen una visión religiosa de la vida. (Renato Martinez).


 “La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar los misterios de Cristo”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General de este miércoles, 28 de abril, continuando con su ciclo de catequesis dedicados a la oración. En su 31 catequesis dedicado a este tema, el Pontífice reflexionó sobre la “Meditación como forma de oración”, a partir del pasaje bíblico del Evangelio de San Juan (14,25-25; 16,12-15), en el cual Jesús anuncia a sus discípulos que, cuando venga el Espíritu Santo, “les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho”.

Ponerse delante de la Revelación

En este contexto, el Santo Padre precisó que, “para un cristiano ‘meditar’ es buscar una síntesis: significa ponerse delante de la gran página de la Revelación para intentar hacerla nuestra, asumiéndola completamente”. Y el cristiano, después de haber acogido la Palabra de Dios, no la tiene cerrada dentro de sí, porque esa Palabra debe encontrarse con «otro libro», que el Catecismo llama «el de la vida». Es lo que intentamos hacer cada vez que meditamos la Palabra.

En el mundo de hoy todos necesitamos meditar

Asimismo, el Papa Francisco señaló que, la práctica de la meditación no es solamente de los cristianos, sino que existe una práctica meditativa en casi todas las religiones del mundo, incluso es una actividad difundida entre personas que no tienen una visión religiosa de la vida. “Todos necesitamos meditar, reflexionar, reencontrarnos a nosotros mismos, es una dinámica humana. Sobre todo, en el voraz mundo occidental – subrayó el Papa – se busca la meditación porque esta representa un alto terraplén contra el estrés cotidiano y el vacío que se esparce por todos lados”. La meditación es un fenómeno que hay que mirar con buenos ojos, señaló el Pontífice, de hecho, nosotros no estamos hechos para correr en continuación, poseemos una vida interior que no puede ser siempre pisoteada. Meditar es por tanto una necesidad de todos.


La oración es el encuentro con el Otro

Esta palabra, acogida en un contexto cristiano, afirmó el Santo Padre, asume una especificidad que no debe ser cancelada. La gran puerta a través de la cual pasa la oración de un bautizado – lo recordamos una vez más – es Jesucristo. También la práctica de la meditación sigue este sendero. “El cristiano, cuando reza, no aspira a la plena transparencia de sí, no se pone en búsqueda del núcleo más profundo de su yo; la oración del cristiano – precisó – es sobre todo encuentro con el Otro con la O mayúscula”. Si una experiencia de oración nos dona la paz interior, o el dominio de nosotros mismos, o la lucidez sobre el camino que emprender, estos resultados son, por así decir, efectos colaterales de la gracia de la oración cristiana que es el encuentro con Jesús.

Existen diversos métodos de meditación

El Papa Francisco también recordó que el término “meditación” a lo largo de la historia ha tenido significados diferentes. Incluso dentro del cristianismo se refiere a experiencias espirituales diferentes. Sin embargo, se pueden trazar algunas líneas comunes, y en esto nos ayuda también el Catecismo, que dice así: «Los métodos de meditación son tan diversos como diversos son los maestros espirituales. […] Pero un método no es más que un guía; lo importante es avanzar, con el Espíritu Santo, por el único camino de la oración: Cristo Jesús». No es posible meditar sin la ayuda del Espíritu Santo.

El método de meditación es un camino, no una meta

Asimismo, el Santo Padre señaló que algunos métodos de meditación cristiana son muy sobrios, otros más articulados; algunos acentúan la dimensión intelectual de la persona, otros más bien la afectiva y emotiva. “Todos son importantes y dignos de ser practicados, en cuanto que pueden ayudar a la experiencia de la fe a convertirse en un acto total de la persona: no reza solo la mente del hombre, como no reza solo el sentimiento”. Por eso se debe recordar siempre que el método es un camino, no una meta: cualquier método de oración, si quiere ser cristiano, forma parte de esa sequela Christi que es la esencia de nuestra fe.

Meditar es una forma de encontrar a Jesús

Finalmente, el Papa Francisco dijo que, esta es por tanto la gracia de la oración cristiana, que Cristo no está lejos, sino que está siempre en relación con nosotros. “No hay aspecto de su persona divino-humana que no pueda convertirse para nosotros en lugar de salvación y de felicidad. Cada momento de la vida terrena de Jesús, a través de la gracia de la oración, se puede convertir para nosotros en contemporáneo”. Gracias al Espíritu Santo, también nosotros estamos presentes en los diferentes momentos de la vida de Jesús. No hay página del Evangelio en la que no haya lugar para nosotros. Meditar, para nosotros cristianos, es una forma de encontrar a Jesús. Y así, solo así, reencontrarnos con nosotros mismos.

jueves, 11 de marzo de 2021

LO FEMENINO

Escribí este poema hace ya muchos años. Sigue resonando en mí como un canto agradecido a "lo femenino" que trasciende el ser varón o mujer y tiene que ver con el dinamismo vital de la Ruaj divina, pero que en la mujer se encarna de formas tan bellas y potentes. Es un canto a mi mujer sabia, a mi loba, al Espíritu de Dios que vive en mí en todas.


A mi bien amada, a la princesa sabia, 

a la reina justa, dulce y hermosa.

A la emperatriz de mil imperios pujantes,

a la astuta gobernadora de territorios distantes.

A la capitana de los ejércitos

estratega sin par en críticos momentos.

A la sacerdotisa

que elevando al cielo su súplica de manos alzadas

y contrito corazón

reune de nuevo al ser humano con Dios.

A la mágica alquimista

que transforma en oro las escorias humanas.

A la madre de todos los hambrientos de vida,

la mujer fuente

de cuyos senos mana alimento sin par.

A la elocuente predicadora,

a la profetisa que con palabras lacerantes

que brotan de su entraña

hace nacer la lágrima purificadora.

A la sanadora que sana

desde su propia herida.

A la mujer magullada, mujer muralla

que defiende de los golpes a los indefensos.

A la maestra

que hace nacer preguntas y deseos.

A la intrépida exploradora de regiones ignotas

que desbroza caminos nuevos.

A la mística

tocada por el dedo de Dios

que abraza a todos desde su santo corazón.

A la asceta que se viste de sayal

para conseguir del olvidadizo la conversión.

A la teóloga que explora

la insondeabilidad del Misterio

y le pone una respetuosa palabra

para que se alegre el pequeño.

A la danzarina que fluye

en la danza sin fín de la Vida.

A la poetisa que dibuja con sus palabras

la inefabilidad.

A la química que mezcla lo viejo con lo nuevo

para reconciliar padres e hijos.

A la domadora de todas las fieras que consigue

que jueguen juntos el niño y el león.

A la cantora de la Belleza y la agonía

que conmueve las almas con su voz humana.

con su armonía divina.

A la virgen y madre,

a la esposa y madre, a la que acoge, engendra y cuida la Vida.

A la mujer que los hombres llevan dentro,

a las mil mujeres que las mujeres tenemos.

A lo femeninio,

al ánima:

CANTO, VIDA, ESPÍRITU,

BESO ETERNO.

viernes, 19 de febrero de 2021

PERSEVERANCIA no sólo en Marte

 

Ayer por la noche, muchos estábamos emocionados siguiendo el "amartizaje" del Perseverance en Marte. Inspirador nombrecito ese, por cierto... "Perseverance"... Perseverancia...

Cuando sigo noticias relacionadas con la carrera espacial siento una mezcla de emociones. Por un lado, es un tema que siempre me ha fascinado y más aún por mi pasión por las películas de ciencia ficción espacial, reconozco que me fascinan, no en vano pertenezco a la generación que asistió al nacimiento de Star Wars y eso, pues "imprime carácter".

Me maravilla lo que la mente científica puede conseguir y, lo de anoche, que un aparato de una tonelada, tras viajar siete meses por el espacio, decida donde aterrizar y lo haga con éxito anunciando, además su llegada como quien envía un wtsupp diciendo que ya ha está en casa,  me deja pasmada.

Claro que, luego, siempre me pasa lo mismo, brota la misma pregunta una y otra vez... No puedo evitarlo: ¿Todos esos avances tecnológicos, esa capacidad de resolver cualquier dificultad que pueda surgir allá lejos. todo es dinero invertido, toda esa entrega para ir fuera de la tierra mientras aquí, estamos como estamos? Ya sé que es una pregunta manida, que muchos se la hacen y que puede parecer que preguntarse eso es sinónimo de no querer el avance de la humanidad, pero no creo que sea eso, creo que precisamente porque una desea que la humandad avance hacia la verdadera y plena humanidad, piensa que mejor poner el énfasis en perseverar en la lucha contra el hambre, contra las enfermedades denominadas "raras" en las que casi nadie invierte un euro, contra el cáncer, contra el empobrecimiento fruto del egoísmo de los poderosos, invertir en desarticular redes de trata y esclavitud de seres humanos, invertir en ciencia para el bien de los habitantes del planeta Tierra, etc, etc, etc... 

En tiempos de pandemia, parece que pedir una ayuda al Estado cuando tus ingresos decaen o tu negocio se cierra, es una misión más arriesgada y compleja que llegar a Marte, por eso, no me duró mucho la emoción ni me quedé ahí "pasmada mirando al cielo" como aquellos discípulos que veían subir a Jesús al cielo. Algo me impele a seguir con los pies y el corazón en la Tierra.

Horas antes del amartizaje, estaba yo sentada ante mi particular "cabo cañaveral" pandémico compuesto de despacho en casa, ordenador, teclado, conexión, presentaciones, vídeos, documentos... Tocaba impartir otra formación online. Mientras el Perseverance estaba allá lejos en navegación hacia el macrocosmos, aquí nosotros estábamos en navegación hacia el microcosmos.

Mi pasión es la interioridad humana y lo que en ella se gesta y lo que de ella brota y ayudar a los niños y jóvenes a "flipar" con esa apasionante aventura que es ser persona. Y me resultan , por así decirlo, "gracioso" los esfuerzos y dineros invertidos en ir hacia fuera y muy lejos, lo atractivo que resulta, mientras desde siempre, el ser humano ha encontrado la mayor dificultad en ir "hacia dentro" y aterrizar en su verdadera humanidad. 

Esta paradoja me hace sonreír, pero soy consciente de que encierra un drama: cuando el ser humano se convierte en extranjero de sí mismo, da igual cuantos planetas visite cual "Pincipito" yéndose de casa, siempre se sentirá huérfano de algo que no sabe identificar, sentirá hambre y sed y buscará llenar esa carencia de mil cosas que no sacian. 

Sólo siendo PERSEVERANTES en el viaje interior, encontraremos un verdadero hogar y una escuela de verdadera humanidad que nos haga vivir más hermanos, más amigos, sintiéndonos miembros de una misma tripulación que está llamada a conducir esta nave-planeta-humanidad hacia buen puerto.

Necesitamos PERSERVERANCIA, sí, pero no en Marte precisamente, sino aquí en la Tierra, en el día a día. La perservancia de seguir apostando por las personas. La perseverancia de seguir aprendiendo cómo ir hacia dentro, hacia lo profundo, hacia lo genuíno, hacia lo verdadero, bello y bueno. La perseverancia de seguir creyendo y luchando por aprender a vivir como familia humana. ¡Esa sí que es una aventura increíble y asombrosa! 

viernes, 12 de febrero de 2021

MADRE


 ¿Acaso no he necesitado que me dieses a luz?

He necesitado de tu agua materna.

días flotando en ti,

dentro de ti...

Danza ingrávida

de la gravidez femenina,

danza de dos que están siendo,

una dentro de la otra.


¿Acaso no he necesitado que me dieses a luz?

Sostenida, alimentada,

nacida en ti,

dentro de ti.

Respirando y bebiendo tu agua nutriente

toda yo conectada a ti.

¿Acaso no necesité todo de ti?

Tus minerales,

tu sangre,

tu espacio,

tu oxígeno.

Comencé a ser alimentándome de ti

y tu acariciabas este mendigante ser.


¿Acaso no necesité de ti TODO?

Precisé tu empuje, tu grito y tu llanto para emerger.

Precisé tu abrazo y tu seno

para dejar atrás el vértigo de caer.

Precisé tu leche cálida.

alimento materno

para saciar mi hambre y mi sed.

Precisé tu mirada, tu voz y tu tacto.


¿Acaso no  lo pedí TODO de ti?

Te pedí tu mirada,

tu atención y tu tiempo,

te pedí tu beso

y tu voz leyéndome un cuento.

Te pedí tus entrañas de amor materno,

y tu sonrisa reconfortante.

Te pedí tus noches

y te desvelaron mis desvelos.


¿Acaso no te pedí después todo el espacio?

Necesité alejarme para ser,

despegarme, alzar mi vuelo

y tú, me dejaste ir.


¿Acaso no necesité luego volver?

y allí estábas tú en mi regreso.

esperándome sin parecerlo,

y contigo tus abrazos, tu mirada, tu sonrisa y tus besos.


¿ACASO AHORA, MADRE

NO TE LO HE DE DAR YO TODO?

En este abrazo de mutuo amor

nos reconocemos

y recibes todo cuanto generosa y amable,

amorosa y dulce,

me entregaste.

AHORAS, SÍ, TE LO HE DE DAR TODO, MADRE.

lunes, 18 de enero de 2021

Gracias a los "Mathieu" del mundo

 


VES EN TU CAMINO 

a los niños perdidos y olvidados,

dales la mano

para encaminarlos a otro mañana.

SIENTE EN EL CORAZÓN DE LA NOCHE

LA ONDA DE ESPERANZA

EL ARDOR DE LA VIDA,

SENDERO DE GLORIA.

Buenos momentos de la infancia

rápidamente olvidados, borrados...

Una luz dorada brilla sin fin.

Todo en el final del camino.

(Compositor Bruno Coulais 1954)



Hoy he recordado la deliciosa película "los chicos del coro". Es una de esas películas con las que cualquier maestro/a disfruta al máximo. Creo que empatizamos con el profesor Mathieu y su modo de educar y acompañar a esos niños, especialmente a Pierre Morhange, cerrado en sus heridas, a quien regala con sencillez y firmeza, el poder expresarse con la música, con su voz, y así, encontrar su propia voz yendo más allá de su dolor.

Nos dicen que participar en un coro es ahora mismo una actividad tremendamente arriesgada por aquello del efecto "aerosol" que provocamos al cantar. ¡Quién nos lo iba a decir! Resulta tan sumamente triste...

Pero, en todo caso, creo que cantar o dedicarse a cualquier otra actividad que nos abre la mente, que nos enseña algo, que nos otorga verdadera cultura, ha sido y será siempre peligroso, con o sin coronavirus, porque la cultura hace brotar mentes despiertas, críticas, con capacidad para pensar más allá de lo establecido haciéndose preguntas, indagando en fuentes diversas. La cultura y, en concreto, el arte, son peligrosas, mucho, por eso no interesa demasiado y por eso se prefiere la "cultura de masas", algo medio, sin demasiado fondo y con la misma forma para todos para frenar disidencias.


Hoy, evocando al genial profesor Mathieu, recordaba esta canción "ves en tu camino" y me ha emocionado especialmente porque me evoca la acción diaria que l@s maestr@s en todo el mundo están haciendo cada día.

Ellos y ellas están en esta noche de la humanidad, sintiendo y transmitiendo la "onda de esperanza" a un@s niñ@s y jóvenes que corren el peligro de ver borrados estos años deliciosos de la infancia y adolescencia demasiado rápido. Maestros y maestras en todo el mundo, yendo más allá del currículo escolar, están transmitiendo con sus gestos y palabras, con su compromiso diario, que hay una "luz dorada que brilla sin fín" en cada niño, en cada joven y se sitúan a su lado para caminar cada día, a pesar del virus, a pesar de las nulas ayudas de los gobiernos... Día a día, paso a paso, acompañan a sus alumn@s intentando de mil modos ampliar su mirada, encender su corazón.

Maestros y maestras que en el mundo entero, lo dan todo de sí y viendo en su camino niños perdidos y olvidados, les dan la mano para encaminarlos a otro mañana.


Una vez más y mil veces más: GRACIAS MAESTR@S. Gracias a los y las profesor@s Mathieu que hay por el mundo.