La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

lunes, 18 de mayo de 2020

Educación de la Interioridad: fluir... y encauzar

.EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD: FLUIR... Y ENCAUZAR

El fluir surge esencialmente desde la radical experiencia de unidad con la Vida: somos Uno con la Vida, somos la Vida Una expresándose en distintas formas. 

El observar y el silencio nos liberaron del ego y crearon el espacio vacío a través del cual la Vida puede fluir libremente.

Para usar la imagen de la flauta: el observar toma conciencia de la flauta, el silencio nos convierte en el agujero, el fluir es la música que se produce.
Este fluir se centra en el momento presente, que es el único momento donde acontece la vida y en el cual la vida se expresa.
Esto no quiere decir que no se pueda programar o planificar acciones futuras. Pero lo hacemos desde el ahora y desde la conciencia clara que lo único real es el ahora.
(Stefano Cartabia. El agujero en la flauta)

Continúo avanzando en este recorrido y comentarios por las confluencias que encuentro entre esta propuesta de recorrido existencial de Stefano Cartabia y nuestra propuesta pedagógica de Educación de la Interioridad. 
Proponer la centralidad del observar y del callar que traen como resultado connatural vivir fluyendo con la Vida, es algo presente en la vida y enseñanza de todos los hombres y mujeres sabios y místicos de la historia de la humanidad. Resuena como algo quizá "original" porque lo teníamos muy olvidado, especialmente en el occidente científico-técnico y neoliberal.
Llevamos tiempo dándonos cuenta de que sin "hogar interior", sin regresar a casa, vivimos exiliados de aquello que otorga a la persona las fuentes de sentido y de paz en medio de las tempestades vitales personales y colectivas.
He ido utilizando la palabra "confluencia" para referirme a esta  "sincronía" de ideas y líneas de fondo entre el autor del blog "el agujero en la flauta" y mi forma de entender y proponer la EI. La palabra "confluencia" quiere decir llegar a un mismo punto desde varios lugares, reunión. En su raíz está el verbo "fluir". Sería la imagen de todos los afluyentes de un río que se unen en una misma corriente principal y, así, transitan ya mezclados hacia el mar. Me alegra enormemente vivir estas confluencias existenciales. Lo que fluye, confluye siempre.
FLUIR Y CON-FLUIR: Con-fluir, "fluir-con"... Estamos de hecho, todos/as fluyendo en un sólo río, el río de la Vida. Habrá quien intente rehacer los cauces para que resulte más cómoda la vida, habrá quien se deje la piel y no vea el paisaje de las orillas construyendo pantanos que la embalsen y retengan  por miedo a la total libertad de ese fluir vital. Otros arremeterán, arrasarán con sus aguas vitales el ritmo vital de otros. Algunos se sentirán desbordados por la Vida... Pero el hecho es que todos, absolutamente todos y todas, estamos dentro de un fluir que acontence incluso a pesar  de  nosotros.
Por eso es tan importante que el verbo "fluir" y "confluir" estén en la base y señalen el horizonte de una propuesta pedagógica para el siglo XXI. Porque no se trata tan sólo de que "yo fluya" sino que, si ese fluir es genuíno  me llevará inexorablemente a con-fluir con los demás que pasan a ser parte de mi propio ser. Aquí "mística" y "ética", nunca mejor dicho, confluyen. Lo hacen tambien nuestro dos objetivos principales, a saber, "unificación de las dimensiones de la persona" y "construcción de la unidad con los demás el mundo y Dios".
A través de los tres contenidos generales que son iluminados y correctamente situados por los dos grandes objetivos que acabo de señalar y que, a su vez son desplegados en múltiples técnicas dentro de una metodología activa, se pretende entregar a la comunidad educativa herramientas muy concretas para ir aprendiendo a ser. Y "ser" conlleva "fluir" en el sentido que remarca Stefano Cartabia: El fluir surge esencialmente desde la radical experiencia de unidad con la Vida: somos Uno con la Vida, somos la Vida Una expresándose en distintas formas. 
Pero, de nuevo, debemos recordar que en la EI nosotros nos situamos dentro del contexto del proceso de enseñanza-aprendizaje propio de un colegio. Cada edad y etapa educativa conlleva sus características y hay que tenerlas muy en cuenta:
EL FLUIR DE LOS NIÑOS/AS: cuando estamos en las edades de los tres a los nueve años, estamos acompañando el proceso de aprender a ser sin abstracciones. El niño/a, hasta los 11 años, es un ser totalmente sensitivo. A través de sus sentidos entiende y experimenta el mundo sin abstracciones. Poco podemos enseñar a un niño de tres, cinco o siete años acerca del "fluir" con la Vida. Él, ella, está inmerso en la Vida, al cien por cien. El Presente es el tiempo del niño/a. El futuro, en todo caso, adquiere sentido como anhelo de ilusiones muy concretas: mi fiesta de cumpleaños, los Reyes Magos, los juegos y risas en el campamento de verano. De forma especialísima, hasta los tres años, la persona está real y totalmente toda ella en el "fluir". No hay pensamiento acerca de la vida, de su sentido, no hay meta alguna porque simplemente "se es". El niño, la niña sí que es "Vida Una expresándose". En esas edades quizá la labor en la que el maestro /a deba poner todo el enfasis es en no cortar ese fluir espontáneo y armonioso de la Vida en la vida de ese niño/a. El proceso de socialización del niño conlleva siempre el  encauzamiento de fuerzas e impulsos de gran potencia, pero no hemos de confundir "encauzar" con "castrar" o "eliminar". Con todo, siempre sucede algo de eso en los primeros años y, no olvidemos, que es ahí donde se crea eso que llamamos la "sombra" y que, en estadios posteriores de nuestra vida, todos/as deberemos reconocer y resituar si queremos vivir este "fluir" al que nos referimos.
EL FLUIR A PARTIR DE LOS 11 AÑOS: Estamos en el momento de la "llegada" del pensamiento abstracto. Esta capacidad de "abstración" supone un sinfín de posibilidades y de oportunidades para el niño y el adolescente. El pensamiento abstracto nos capacita para ver las cosas con perspectiva. El niño puede, por decirlo así, ir más allá de sí mismo, de la inmeditaez de los sentidos y anticipar soluciones, imaginar escenarios diferentes ante un mismo dato, viéndose acrecentada su capacidad creativa. Es un momento educativo interesantísimo puesto que, a la par que el niño puede ir más allá de sí, también es verdad, que sobretodo en la pubertad-adolescencia, podrá emprender viajes más profundos dentro de sí. Todo ello ofrece un "ecosistema" riquísimo para la EI. Técnicas como la visualización adquieren en estas edades un sentido especial para favorecer la introspección, la capacidad de identificar emociones y de integrarlas, la posibilidad de imaginar abierta y confiadamente su vida desde la mejor versión de sí mismos, su apertura a las preguntas por el sentido de la vida y por su identidad personal y un largo etcétera de núcleos vitales que en estas edades cobran protagonismo y que se convierten en materia prima para la construcción de su ser. El "diario de interioridad", herramienta ya presente en etapas educativas anteriores, ahora resulta de especial importancia y significatividad para el niño al crecer en vida interior. Ese "diálogo" consigo mismo es un camino magnífico que resulta posible gracias al pensamiento abstracto que me permite "desempastarme" de mí mismo para decirme cómo me veo, como siento lo que siento, para narrarme mis sueños y deseos a la par que mis miedos y dudas. En este sentido, las técnicas aprendidas e interiorizadas en fases previas (conciencia corporal, relajación, respiración consciente, visualización, dibujo creativo, meditación, trabajo de la voz, etc...) se transforman ahora, una vez experimentadas e interiorizadas (lo repito porque nunca debemos olvidar el contexto procesual en el que trabajamos) en herramientas al servicio de un mejor pensamiento, una emocionalidad saneada, y un aumento de la autonomía personal.
Pero, a la vez que el pensamiento abstracto posiblita en el niño vivencias y formas de acercamiento a la vida sumamente interesantes y positivas, también es cierto que, de alguna manera, esa abstracción, nos "saca" de aquel fluir innato con la vida del niño en fases anteriores. A mi modo de ver, el proceso evolutivo propio de los alumnos/as a partir de los 11 años pide de los adultos saber cuidar una propuesta que armonice el "encauzar" con el "fluir". En la etapa escolar, llegados a los 11 años, la pregutna por el "yo" y la cuestión acerca del sentido de la vida se hacen muy presentes y acompañarán a la persona el resto de su existencia. Trataremos, pues, de armonizar experiencias y aprendizajes que ayuden conectar con uno mismo y con los demás  desde la capacidad de proyectar, de organizar, de encauzar emociones y comportamientos, con experiencias y aprendizajes que conecten al alumno con la vida profunda que late en su interior con la gran invitación a ser confiandose a la propia vida y su fluir. Con todo, dese mi punto de vista, entrar de lleno en el "fluir" profundo con la Vida desde la certeza de ser uno con ella, es un asunto ya de adultos y, más en concreto, de esa etapa vital que acontece a partir de los cuarenta-cincuenta años. Podemos, sí, a través del modo en el que educamos, favorecer o dificultar que esa capacidad de fluir se haga acto en la persona. Evidentemente, la propuesta pedagógica de la EI se sitúa en una pedagogía del ser, por tanto, se trata de un proceso educativo que quiere mantener al alumno/a en contacto con su ser más genuíno, con su esencia, pero en un momento de la vida en el que, paradójicamente, la obra principal de la persona es construir su "yo existencial". Dice Cartabia: El observar y el silencio nos liberaron del ego y crearon el espacio vacío a través del cual la Vida puede fluir libremente. Mi modo de entender esta afirmación es que esto sucede en la plena adultez, siendo, en cambio lo propio de las etapas anteriores la construcción de ese ego que, curiosamente, estamos llamados a integrar para, después, trascender. Lo que la EI ofrece es conocer, experimentar e interiorizar  desde pequeños y en el colegio ese silencio y esa observación imprescindibles para fluir con la Vida más tarde.

jueves, 14 de mayo de 2020

Educación de la Interioridad: callar ¿o "acallar"?


Continúo explicando las confluencias que encuentro entre la propuesta de Stefano Cartabia y nuestra propuesta de Educación de la Interioridad. En este caso me voy a permitir, afirmando la confluencia de fondo que es total, hacer un matiz y cambiar de verbo por fidelidad al ámbito de nuestra propuesta que es de los colegios.

CALLAR: El callar pone el silencio en el centro del método, como eje portante, la piedra angular. Callar, silenciarse es la lógica continuación de la observación Stefano Cartabia. (El agujero en la flauta. Blog).

¿Puede el verbo "callar" formar parte de una propuesta pedagógica de los tres a los dieciocho años? ¿Es posible pretender callar a un niño, a un adolescente? ¿Ha de ser el colegio un lugar "callado? Son preguntas que debemos hacernos al acercarnos a este verbo tan potente, que más que verbo es experiencia.

¿Cuántas veces al día un/a maestro/a dirá a sus niños "por favor, ¿podéis callar?" o "Fulanito ¿nos harás el favor de callar un poco" o aquello otro de "si no calláis ¿cómo me vais a entender?". En ese contexto el verbo callar nace tantas veces de una petición casi de auxilio del educador que, ante la algarabía de 25 o 30 chavales, necesita abrirse paso para decir, para exponer, para explicar o, claro que sí, para descansar de tanto "ruido". Pero todo/a educador/a, en el fondo, ama de algún modo esa algarabía del colegio. Cuando los alumnos se van al finalizar el curso y el educador permanece en el colegio, este parece tan vacío, tan escaso de vida...

Por lo tanto, la forma que vamos a tener de entender el verbo "callar" en el contexto de la Educación de la Interioridad aplicada a un colegio tiene más que ver con el verbo "acallar".
Nosotros, en un colegio, no podemos poner el silencio como centro del método. Dicho de otra manera, la educación de la interioridad como paradigma pedagógico, no es sinónimo de "educar para el silencio o en el silencio". No obstante, esto no quiere decir que el silencio no sea un "lugar" al que hemos de llegar, una experiencia que es obligatorio facilitar porque es un regalo que debemos hacernos a nosotros mismos y a nuestros alumnos. Porque el silencio no es "algo" que hacemos o tenemos, en un nivel profundo el ser humano es silencio.

Pero hemos de entender que un profesor de colegio trabaja con unas franjas de edad en las que la expresión de esa personita que el niño, el adolescente va siendo, debe encontrar espacios de libertad para su expresión personal. El niño de tres años que está aprendiendo cada vez más palabras, que mejora su pronunciación, tiene que hablar, tiene que cantar, tiene que expresarse, pero es que eso también vale para aquel alumno de Bachillerato que está preguntándose por su identidad y por su lugar en el mundo, necesita expresar sus inquietudes, necesita hablar, y mucho y a todas horas, con sus amigos... Por ello, prefiero hablar de "acallar" en lugar de "callar", que, como digo, en el contexto escolar quizá nos suena más a aquello de "mandar callar".

ACALLAR: efectivamente, como Stefano Cartabia indica en su blog, silenciarse es la lógica continuación de la observación. Observar, desde mi punto de vista, nos prepara para contemplar y, también mantener la mirada contemplativa, nos ayuda a ser más observadores. Observación y contemplación me parece a mí que van de la mano, aunque cada una encierra unos matices. Observa, en concreto tiene mucho que ver con fijarse en los detalles, en las partes... para ello, quien observa, aunque no se de cuenta, se "acalla". Los maestros sabemos bien que nuestros alumnos más callados y aparentemente tímidos o poco participativos, son en muchas ocasiones, sumamente observadores. Para mí, esos alumnos son como aquellos "acusmáticos" pitagóricos que, en su camino de iniciación a la sabiduría pitagórica, comenzaban por pasar años en silencio para aprender a escuchar antes que a hablar. Sí, en nuestras aulas hay "acusmáticos" y "acusmáticas" innatos. Niños, adolescentes, jóvenes a los que les gusta más escuchar que hablar. Son aquellos que de pronto, un día, te sorprenden recordándote aquello que dijiste o hiciste hace un montón, o te sueltan una frase lapidaria cargada de fuerza y verdad cuando tú creías que estaban en modo pasivo...

La persona observadora lo sepa o no, se acalla para ver mejor, para captar, para percibir. Se concentra y reconcentra sus potencias al focalizar su atención. Eso es lo que hace también el contemplativo, pero, además, en la contemplación, se añade una percepción más abierta y relajada, suma atención, pero atención amorosa, sin juicios de valor, dejando que aquello que es sea como es y como se manifiesta.

Sin un "acallarse” de las potencias es imposible. Cuando algo atrapa nuestra atención, un libro, una música, un rostro, una voz, una imagen, inmediatamente nos acallamos. Sabemos hacerlo de forma innata.

En la EI lo que haremos será potenciar el aprendizaje activo de ese "acallarse”, hacerlo consciente con técnicas de silenciamiento como la relajación, la respiración consciente, la conciencia corporal, la meditación, etc.

Pero, repito, debemos ser conscientes que un niño de tres años, una niña de ocho, un chaval de quince, no pueden asumir esos procesos de silenciamiento como si fueran monjes tibetanos o cistercienses. Lo vivirán conforme a su edad y a su temperamento.

Por ello, ese "acallarse" debe ser propuesto con amor y con humor. Con un lenguaje cercano y significativo para cada edad. Es por esta razón, que el adulto educador deberá vivir él o ella mismo ese "acallarse", será alguien que sabe de silencio y del camino del silenciamiento, porque nadie puede dar lo que no tiene: si en mí, como educador no hay un fondo silencioso, sereno, "acallado" no podré guiar a mis alumnos por ese camino.

Pero, además, el objetivo de ese silenciamiento es, experimentar y gustar internamente de qué modo  nuestro ser se unifica en ese acto de "acallarse", como puedo sentir la vida en mi piel, en mis venas, como puedo percibir con más claridad los pensamientos que valen la pena de los que no, como puedo, poco a poco, ir encontrando ese ser interior que soy y que es amigo y no da miedo. Para ello, comenzamos a los tres años, vamos tomándole el pulso a eso de "callarme" , le cogemos el gusto a la calma, a la quietud, a ese "acallarse" jugando a ello, haciéndolo en modo niño para, en edades posteriores, aprovechar ese camino recorrido para que el "saber acallarnos" nos ayude a afrontar tantos cambios propios de la pubertad y de la adolescencia y se convierta en una herramienta poderosa para nuestras elecciones vitales en el Bachillerato.

Acallar nuestro ser no supondrá quedarnos sin palabras, sino al contrario, otorgar mayor peso a lo que digamos desembarazándonos paulatinamente del hablar por hablar o por no callar... Acallarse es la escuela del verdadero diálogo y de la argumentación seria y profunda. Acallarse, efectivamente también nos prepara para saber meditar en el doble sentido: pensar bien las cosas antes de hacerlas y de decirlas y meditar como acto de "ir al centro" en un ejercicio de meditación u oración profunda.

En un colegio, tan lleno de voces, de idas y venidas, tan pleno de vida pujante, en crecimiento, no podemos hacer pivotar la EI únicamente en propuestas de silencio. Más bien en esas edades, les enseñaremos el camino del silenciamiento porque, en todo caso ¿quién ha vivido el Silencio, el verdadero Silencio? Creo yo que pocas personas pueden decirlo así, con todas las letras. El Gran Silencio místico es algo de adultos, es algo de años, es un don y una tarea. 

En el colegio, con nuestros niños y chavales, hemos de caminar por la senda de propuestas de silenciamiento desde esta significación del acallarnos, de calmar el ritmo, de respirar la Vida para disfrutarla aun más en honduras mayores que nos permitan "ir más allá", "mirar más allá", "escuchar más allá".

miércoles, 6 de mayo de 2020

Educación de la Interioridad: observar

Hace unos meses gracias a un amigo, descubrí el blog de Stefano Cartabia "el agujero en la flauta" y debo confesar que me he enamorado de lo que este hombre transmite y me emociona enormemente que cada propuesta y cada palabra es como una explicación, sin nombrarla de lo que yo entiendo por Educación de la Interioridad.

Ahora, el autor del blog, lleva un tiempo recuperando lo que él mismo explica fue una reflexión del 2018 acerca de "del ver, actuar, juzgar, al observar, callar, fluir".

He ido leyendo las tres entradas que ha publicado acerca de "observar, callar, fluir" y en todo lo que leo encuentro un reflejo, otra manera de explicar, la Educación de la Interioridad. De entrada, lo más evidente es que los tres verbos que señala Cartabia, son tres verbos que estamos conjugando constantemente en la comprensión teórica y práctica de la EI.

A todos aquellos educadores y educadores que os habéis formado conmigo o que os estáis formando, os propongo que leáis esas tres entradas y vosotros mismos/as encontréis el fondo común que existe entre la reflexión de Stefano Cartabia y el modo de educar la dimensión interior que habéis experimentado y reflexionado en las formaciones recibidas.

Pero, por mi parte, os voy ha explicar algunas de las confluencias que encuentro. Hoy me centraré sólo en el primer verbo: observar

Observar: dice el autor en su blog que el primer y decisivo paso es la observación de uno mismo. Todo empieza por uno y lo hemos olvidado. No podemos dar lo que no tenemos, ni ayudar a ver lo que no hemos visto. Tampoco podemos amar si no hemos experimentado el amor y no nos estamos amando.La observación de la realidad para implementar un método teológico-pastoral tiene su primer escalón en la práctica de la observación de sí mismo.

Esta comprensión del verbo "observar" encuentra su lugar explícito ya en el primer objetivo general de la EI: "unificación de las dimensiones de la persona", recordemos que nos referimos al camino de ir progresivamente comprendiendo por experiencia que aquello que denominamos "interior" y aquello que denominamos "exterior" no son opuestos o más bien lo son sólo para nuestra mente dual. Por otro lado, en este objetivo explicitamos que en la antropología que subyace a la propuesta, describimos al ser humano como un todo, como un ser corporeo-psico-espiritual, donde cada ámbito no funciona al márgen de los demás.

En ese sentido, las técnicas a implementear para esa experiencia de mí mismo como un "todo" se sitúan en el ámbito del trabajo corporal, sobretodo de los tres a los nueve años, priorizando en un primer momento la relajación, la conciencia corporal, la respiración consciente y los juegos como medios para potenciar la propiocepción y la interocepción. Todas ellas se basan en un aprendizaje procesual de auto-observación. Desde esa auto escucha corporal, desde ese adentramiento en territorios de trato con uno mismo en el "cuerpo que voy siendo", deseamos que el alumno/a pueda conocerse mejor utilizando una observación de sí mismo amorosa, receptiva, sin juicios de valor. Para ello la vía corporal resulta un elemento iinsustituible. Pero, además, preparamos el terreno a los momentos de introspección que serán más intensos y necesarios en Secundaria y Bachillerato por la propia evolución psicológica del alumno. De los doce a los dieciocho años se hace preciso dar espacio al nacimiento de interrogantes y a la búsqueda de respuestas a las grandes preguntas por la identidad (¿quién soy?) y del sentido (¿para qué o por qué soy?). Sólo desde una pedagogía del ser que favorezca y ampare el autoconocimiento podremos ayudar a emerger la pregunta por la vocación personal, por "mi lugar en el mundo" que será tan necesaria hacia el final de la ESO y durante todo el Bachillerato.

Pero no sólo se trata de favorecer la auto-observación, sino que tal mirada hacia uno mismo, nos entrene para una mirada hacia los demás y hacia el Misterio, se trata de eso otro que llamamos  el cuidado de la mirada contemplativa. En los procesos formativos tratamos el tema de "lo icónico como ejercicio de la mirada contemplativa" y lo referimos al tercer contenido básico que es la apertura a la trascendencia.

Stefano Cartabia lo expresa asi: Paralelamente a este ejercicio personal podemos empezar a ver de esta manera a la realidad. La realidad es siempre concreta y se manifiesta en el aquí y el ahora. La observación se centrará esencialmente en esta aspecto. Si por algún motivo estamos llamados a considerar aspectos que se evaden del momento presente o que son más abstractos, haremos un esfuerzo para estar plenamente conscientes de lo que estamos haciendo y observando. Observamos la realidad aquí y ahora. La observamos desde el Observador consciente que hemos encontrado y experimentado. Es una observación pura, ecuánime, libre de interpretación. Simple y maravillosamente observamos.

Esta última referencia a la capacidad de mirar la realidad desde los ojos de lo profundo, abierta y confiadamente, se halla implícita en el proceso tan importante  de RELAJACIÓN-MEDITACIÓN-ORACIÓN que recorre los tres contenidos de la EI, el trabajo corporal (relajación), la integración emocional (meditación), y la apertura a la trascendencia (meditación-oración).

Hasta aquí algunas confluencias referidas al verbo "observar". No quiero alargarme en demasía ya que habría muchos más detalles que mencionar, ideas, recorridos pedagógicos a los que referirnos. Baste lo anterior como una muestra. Os refiero al blog de Stefano Cartabaia (el agujero en la flauta) para que, leyendo su reflexión, continuéis buscando esas confluencias con nuestro modelo de EI.

martes, 5 de mayo de 2020

¿Buen pastor o asalariado?

"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas, pero el que trabaja solamente por el salario, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye (...) ese hombre huye porque lo único que le importa es el salario, no las ovejas".

No se puede decir más claro. Es la evidente diferencia entre vivir la vida abierta y generosamente o vivirla buscando siempre réditos personales. Es la diferencia entre vivir desde tu centro o descentrado de ti. Es la cuestión entre vocación o mero trabajo...

En el evangelio de Juan, Jesús se describe a sí mismo como buen pastor y describe ese "pastoreo" como dar la vida. Lo contrapone al asalariado. Esas dos figuras, el buen pastor y el asalariado, creo que podrían ser contempladas como dos modos de existencia.

Hay un modo de ser y de vivir en el que la persona puede salir de sí misma y entregarse a los otros, cuidarlos, acompañarlos, respetarlos, amarlos. Los que hayáis estudiado o conozcáis el eneagrama quizá estéis pensando en el eneatipo 2: el ayudador. No me refiero a ese modo de ayudar del eneatipo en su modo descentrado. Cuando la entrega al otro nace de un ser desestructurado, cuando quien aparentemente "se da" no es dueño de sí, en seguida esa entrega se convierte en manipulación emocional, adulación, dependencia, deseo de agradar, etc. Entonces no se ayuda al otro por sí mismo, sino en virtud de la satisfacción que me otorga, paso a ser "asalariado". Doy, ayudo, aconsejo porque así me siento útil, porque así seré aceptado, porque así no me quedaré solo, porque así "brillaré". Necesito ese salario, el pago del reconocimiento, sin él, emerge la queja e incluso, el abandono de la tarea, de la amistad, de la relación... Lo que reconocemos en la imagen del buen pastor es a aquel o aquella que, desde su centro, desde su ser profundo se entrega porque antes se pertenece, así, no entrega migajas de sí, sino que se da totalmente. 

Pero nadie puede dar lo que no tiene. Sólo quien es sujeto de sí mismo, no está sujeto al reconocimiento externo. Es muy diferente "estar sujeto" a "ser sujeto".

Abunda mucho el "asalariado" incluso en contextos donde nadie dudaría de la necesidad de ayuda. Pero ¿acaso no nos chirrían esas fotos de voluntarios famosos o no haciéndose selfies mientras ayudan a otros? Me asombra la velocidad a la que se ha normalizado colgar fotos nuestras realizando grandes gestas: campo de trabajo con..., voluntariado en..., repartiendo comida en... Es cierto que viendo imágenes de acciones hermosas de ayuda, de colaboración, de atención a quien lo precisa,  visibilizamos, y podemos inspirar a otros que se sientan atraídos por esa acción. Sin embargo, seamos sinceros, en muchos casos lo que late detrás es el deso de que se vea, de que se "me" vea. Publicitar exageradamente el bien hecho creo que empaña un tanto las motivaciones de fondo. La ayuda llega, sí, pero... Hace poco veía un dibujo en el que una pareja entregaba comida a unos refugiados mientras hacían una foto del momento y los refugiados decían: "Dadnos la comida, sí, pero por favor, no nos hagáis fotos"

Es aquello de "que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha". Y, repito, es bueno visibilizar las necesidades y por qué no a quienes ayudan, sí, no lo niego pero también es bueno poner la alerta ante un cierto exceso de lucimiento en algunas ocasiones.

El buen pastor da la vida por sus ovejas, lo de menos es la foto, lo esencial es el acto de ayudar, de hacerse prójimo.

Lucho Espinal el jesuíta catalán asesinado en Bolivia decía en uno de su potentes poemas: "Señor Jesús la vida tú nos la has dado para gastarla, pero nos da miedo gastar la vida. (...) Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho a su hijo, como el sudor humilde del sembrador" .

Hacia el final de este evangelio Jesús dirá: "Nadie me quita la vida sino que la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volverla a recibir". Me evoca esta afirmación  lo que decía anteriormente. Sólo quien es dueño de sí puede dar-se. Quien así se da no se vacía, en el sentido de agotarse; no se agota en el acto de dar-se. Se da a sí mismo y en ese "dar-se" se recibe. Es una armonía intensa y profunda la que emanda de esta afirmación de Jesús. San Juan de la cruz lo expresa con enorme belleza: El alma que anda en amor ni cansa ni se cansa. 

Pero además, tenemos el derecho de darnos, de entregar la vida y el derecho de recibirla en aquello mismo que damos. Nadie puede obligarnos  a entregarnos, pero nadie puede obligarnos a no hacerlo.

La imagen del buen pastor, que en nuestras sociedades urbanitas puede parecer desfasada, esconde en cambio infinidad de matices que enriquecen nuestra manera de entender la entrega a los demás, el servicio desinteresado, la ayuda al prójimo. En todo caso, late una cuestión de fondo que no va mal plantearse de vez en cuando, sobretodo aquellos que nos dedicamos a tareas de servicio a los demás: ¿vivo al estilo del buen pastor o tengo más de asalariado? El trigo y la cizaña siempre crecen juntos, pero es bueno identificarlos en mi tierra interior. Buen pastor o asalariado... Buena pregunta para hacerme de vez en cuando.


lunes, 4 de mayo de 2020

Me gusta ser un poco "virus"

Los virus “necesitan de huéspedes vivos (humanos, animales o plantas) para poder multiplicarse y sobrevivir, ya que carecen de mecanismos propios”.

Esta es una definición de virus que he encontrado y es que, hace unos días me llamó la atención esto de que un virus está ahí, en cualquier superficie, sin entidad propia hasta que encuentra un huésped y me sentí un tanto identificada, porque ¿quién sería yo si no hubiera sido acogida por tantas personas a lo largo de mi vida?


1. Un virus necesita un huesped. Pues me siento un poco o muy virus, porque yo también necesito ser acogida. He necesitado ser traída a esta existencia, no lo pedí ni lo programé en mi agenda, pero alguien me acogió y me cuidó. He necesitado y necesito de corazones amables y tiernos que me recojan en lo que soy cuando estoy decaída, triste, débil o perdida. He necesitado y necesito corazones empáticos que acojan mis dones, mi luz, mis posibilidades, mis ocurrencias. Necesito yo también, como todo virus, conectar con aquellos otros seres cuyo amor y receptividad me ayudan a desarrollarme.

2. Como virus que veo que soy, me gustaría infectar a muchísimas personas, cuantas más mejor. Infectarlas de cariño, de sonrisas, de buenos recuerdos a mi lado, de propuestas entusiasmantes y movilizadoras de lo mejor de nosotros. Infectar el mundo de positividad, de optimismo, de honradez y buen humor. Infectarlo todo de creatividad y ganas de vivir. Infectarnos eternamente de sentido de familia humana creando una cepa incurable de compasión y redes de cuidado mutuo.

3. Pero también quiero ser huesped y hospedar en mí a quien me necesite. Deseo con todo mi corazón ser "casa de acogida" para quien vive en cualquier intemperie y ser hospital de campaña para quien esté enfermo en el alma. Deseo conectarme a ti y que tú conectes conmigo. A veces, el mejor conector, es una sonrisa...

4. Quiero ser hospedadora de Dios. Deseo ser infectada por ese Dios Amor infinito. Sí, que su Espíritu que anda por ahí aleteando, encuentre en mi un buen hospedaje y se quede como en su casa y me infecte toda, enterita de alegría, amor, esperanza, fe, fortaleza, servicio y Vida, mucha Vida, con mayúsculas.

Visto así: ¡me gusta ser un poco virus!

martes, 28 de abril de 2020

Afectar...Infectar...Ofertar



VERBOS EN CLAVE DE FE DESDE UNA ÉTICA SAMARITANA

FE: no sólo entendida como virtud teologal, creencia en un Dios, sino como confianza, apertura, religación, relectura de la realidad.

En nuestro caso: religación de las dimensiones antropológicas de interioridad y exterioridad que con empecinamiento dualista siempre separamos y hasta entendemos como opuestas.

Tres verbos para la pandemia, ahora y cuando “salgamos de casa”:

                        Afectar…Infectar…ofertar

                        aFEctar…InFEctar…oFErtar

Dejarme AFECTAR por el dolor de los otros (hacerme cargo de la realidad)

Dejarme INFECTAR por el virus de la “proximidad” (cargar con la realidad)

OFERTAR mi presencia, mi tiempo, mi dinero, mis capacidades, lo que sea preciso en pro del bien del otro (encargarme de la realidad)

lunes, 27 de abril de 2020

Dejarnos infectar...

La Educación de la Interioridad  se ha hecho "hueco" en la vida escolar, en los procesos formativos de los educadores/as, en las publicaciones y en el vocabulario educativo.  Hay quien lo recibe con alegría y ganas. Hay quien lo mira desde siempre con sospecha. Hay quien sigue a la espectativa...

Sea como sea, ahí está la EI como un contenido transversal en algunos casos, como meras técnicas en otros, como propuesta de cambio sistémico en el caso de mi propuesta. Me gusta denominarlo "Paradigma pedagógico".

A medida que se suman más días y semanas a nuestro confinamiento en casa, asisto al despertar de muchas personas a una relación más atenta con su interior. Los profesores/as a los que estoy formando, me explican el modo tan distinto en el que entienden ahora "eso de la interioridad". No pocos me explican de qué modo están aplicando las técnicas que han aprendido en el Posgrado u otras formaciones, a su vida diaria: respiración consciente, relajación, meditación, conciencia corporal, visualizaciones, lectura sosegada, escucha atenta del otro, integración emocional, etc...

Hace unos días terminaba de corregir algunos trabajos del Posgrado, uno de esos trabajos consiste en la lectura crítica de un libro de la bibliografía. Trabajo tras trabajo, en todos se repetía la experiencia de, o bien haber vuelto a leer el libro elegido en estos días de cuarentena, o bien haber podido comenzar el trabajo justo ahora con algo más de tiempo (aunque no mucho, ya sabemos que los profesores/as están trabajando un promedio de dos horas diarias más. Mientras escribo estas líneas, escucho de fondo a mi marido en una video conferencia con algunos de sus alumnos, es la tercera en lo que va de mañana y le quedan dos). Lo que llamó mi atención es que todos me decían que, leído ahora, el contenido del libro o libros, resonaba muy distinto. Alguno me decía que "más real y aplicable". Otro me decían "ahora lo he entendido de verdad"...

Cuando terminé de corregir el último trabajo, quedó en mí la confirmación de lo que siempre he sabido: pretender educar la interioridad en el ámbito escolar no es cuestión de "saber" mucho (que hay que saber, hay que formarse,  hay que leer, hay que reflexionar, por supuesto) ni de "hacer fichas", sino de "gustar internamente". 

Una de las "piedra de toque" (no la única, pero sí la más evidente y reconocida) de aquellos/as que deseamos entregarnos de veras al cuidado de la dimensión interior, es todo lo relacionado con el silenciamiento y con el  estar en lo que estamos, estar presentes. La eterna cuestión del "aquí y ahora".

Pues bien, alegra mucho recibir tantos mensajes en los que las personas te dicen que ahora sí están pudiendo crear una rutina de meditación o de oración, que están disfrutando de cocinar, de mirar al cielo, de volver a escuchar música, de estar con los suyos sin prisas...

A mí siempre me impresiona mucho y me apena el modo en el que en los cursos que imparto, los educadores/as comparten esa sensación de "no llegar", de no poder hacer las cosas con calma, saboreándolas, a veces, ni en casa ni en el trabajo. Por no decir la de veces que se repite la palabra "imposible" cuando tratamos el tema de crear esa rutina de meditación diaria: "En el mismo sitio, a la misma hora, todos los días"...

¿Hace falta que nos sumamos en un "estado de emergencia" para valorar por experiencia los beneficios de priorizar el cuidado del ser interior? ¿Nos dejaremos de verdad y para siempre infectar por el virus de la "atención a lo interior"? 

Ojalá.


martes, 21 de abril de 2020

Tenemos que nacer de nuevo: encuentro, entraña, renacimiento.

Resuena con insistencia esta afirmación de Jesús en el encuentro con Nicodemo: "Tenéis que nacer de nuevo".

El evangelio de Juan, en su hondura teológica, indica un camino de transformación personal desde la raíz del ser, que tiene como punto de partida un Encuentro con Jesús en el que las cuestiones vitales más candentes de quien con él se encuentra, salen a la luz en diálogos exquisitos. Jesús, en esos diálogos, muestra una sabiduría de "sabor oriental", es decir, continuamente conduce a su interlocutor más allá del punto al que, aparentemente, quiere llegar.

En el caso del encuentro con Nicodemo, siempre me ha llamado la atención que este maestro de la ley acude a Jesús convencido de que no es un loco o un blasfemo, sino que verdaderamente viene de parte de Dios porque así lo atestiguan sus obras: "Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios a enseñarnos, porque nadie puede hacer los milagros que tú haces si Dios no está con él". Nicodemo, a diferencia del resto de fariseos, ve y no rechaza, admite que en Jesús brilla la presencia de Dios. Es limpio de corazón.

Lo curioso es la respuesta que Jesús le ofrece. Es como si no le hubiera escuchado, o más bien, le da esa respuesta (creo yo) porque escucha más allá de lo que el propio Nicodemo se atreve a expresar. Entonces, la conversación ya no gira en torno a Jesús, en torno a si es o no un Maestro y si viene o no de parte de Dios. Jesús sabe que eso Nicodemo ya lo ve y lo acepta, pero ve más allá de lo que Nicodemo quiere expresar  y "ataca" el núcleo de la inquietud profunda de Nicodemo. ¿Y cuál podría ser?


Siendo Nicodemo un maestro de la Ley, vemos en él a un hombre que ha estudiado la Torá hasta el fondo, que vive conforme a ella, que la respeta, es un hombre "temeroso del Señor" en el mejor sentido de la tradición judía. Pero está descubriendo en Jesús a un Maestro verdadero que habla y hace signos  propios de alguien enviado por Dios. Entonces, no me cuesta imaginar, la lucha interior que todo ello debía de generar en el corazón de Nicodemo.

Por eso dice Juan que "fue a verlo de noche". La noche es símbolo de las incertezas, miedos y luchas de los hombres. La noche evidencia falta de luz, se camina a tientas en la noche, todo adquiere en ella contornos más amenzantes...
Quizá el corazón de Nicodemo está así, sin luz suficiente, dudoso, temeroso, sintiendo a la vez una mezcla de atracción y de miedo ante lo que Jesús generaba en él...

Él era un fariseo "hombre importante entre los judíos". No cuesta imaginar que reconocer él abiertamente que Jesús era un enviado de Dios podía enemistarle con el Sanedrín, con sus compañeros, además de suponer un giro interior considerable. Reconocer plena y abiertamente todo lo que Jesús está iluminando en su interior y actuar en consecuencia, supondría para Nicodemo un "antes y un después". A su edad, con un estatus reconocido, y Dios, su imagen de Dios...

Con todo esto, podemos comprender que el hecho de que Nicodemo vaya a ver a Jesús, obedece a un imperativo interior potente. No es mera curiosidad. Hay en su visita una callada petición de luz, de sentido, quizá incluso de certezas...

Por eso Jesús no reponde en el mismo nivel de la pregunta (como hará en el capítulo 4 con la samaritana). 

La respuesta de Jesús, a mi modo de ver, se sitúa en la corriente  sapiencial. Es un reto, una invitación a avanzar, a conectar con lo que de verdad inquieta a Nicodemo.

Y ahí está la contundencia de esta afirmación: "Tenéis que nacer de nuevo".

La vida, palabras y obras de Jesús, están describiendo y explicando a las mujeres y hombres quién es Dios. En Jesús de Nazaret Dios nos está describiendo la humanidad y la divinidad. Ambas confluyen, ambas se abrazan. Dios en Jesús dice con claridad que opta por el ser humano y con especial amor por el ser humano empobrecido y marginado.

En Jesús Dios visibiliza la opción por aquellos que en las leyes humanas y religiosas son menospreciados y hasta perseguidos: prostitutas, leprosos, enfermos, mujeres, niños, gentiles, recaudadores de impuestos... Dios rompe todos los esquemas. ¿Quién es "bueno" o quién es "malo"? ¿quién "fiel" o infiel"? Los perfiles claros de la ley se diluyen en Jesús y en su propuesta de Reinado de Dios.

Por eso Jesús se lo dice bien claro a Nicodemo: "Tenéis que nacer de nuevo". No está la cosa en pensar mucho ni razonar mucho, sino en las entrañas. O se nace de nuevo o todo queda como estaba. Sí, reconocer y acoger al Dios que se revela en Jesús, pone todo "patas arriba". No hay punto medio.

Encuentro, entraña, renacimiento, sin todo ello, vana es nuestra fe.