Blog sobre la interioridad en relación con el crecimiento personal y la espiritualidad
Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.
miércoles, 2 de diciembre de 2020
Ad-Viento: renace la Esperanza
martes, 24 de noviembre de 2020
La historia interminable: Por un "libro blanco de la Educación" (cinco años después y más)
Hoy me copio a mí misma: reproduzco una entrada del año 2015. Sí, llevamos décadas pidiendo desde diferentes instancias, con diversas voces, un "libro blanco de la Educación", un pacto educativo que bloquee el sistema educativo español frente a los deseos de continuo cambio en función del signo político de quien se haga con el poder.
Ya en el 2015 (y antes) la palabra "talento" formaba parte al menos de la propuesta de algunos pedagogos. Hoy parece que es invención de la ministra de educación actual a quien, cuando escucho hablar, me da la impresión de que se ha aprendido de memoria algunas expresiones ya asumidas en el contexto de la innovación educativa, pero que desconoce cuál es su concreción pedagógica, porque si lo supiera, sobraría hablar tanto de ello como si fuera un descubrimiento de ahora mismo.
Ese año, el 2015, José Antonio Marina publicaba el libro "El talento de los adolecentes". En ese libro, que personalmente estudié y subrayé en fosforito y que me llevó incluso a hacer algunos cambios y añadidos en mi propuesta de EI, Marina expone que "los adolescentes tienen derecho a que esperemos más de ellos". No parece que sea ese el punto de partida de la LOMLOE por más que la ministra lo repita como cantinela y use hasta la saciedad la palabra "talento" y, repito, no sé si sabe de verdad qué consecuencias pedagógicas conlleva educar para permitir que brote el talento propio de cada alumno.
El caso es que hace cinco años J. A. Marina entregó al gobierno de aquel momento (gobernaba el PP) una propuesta en la que remarcaba que la clave del cambio educativo verdadero y duradero está en el itinerario formativo de los educadores/as.
Copio una vez más, cinco años después, lo que en ese momento decía Marina que, por cierto, fue entrevistado hasta la saciedad y aparecía en todos los titulares. Con motivo de la LOMLOE no le han prodigado demasiado ni parecen recordar nada de sus propuestas. Claro que el entonces ministro Wert ya se ocupó de dejar su "herencia" con su ley de educación que ahora da argumentos al actual gobierno para decir que la LOMLOE corrige la Ley Wert, y suma y sigue...
martes, 10 de noviembre de 2020
Algo nuevo está naciendo ¿no lo notáis?": La novedad que nace en nuestro interior
Dice Etyy Hillesum en uno de sus cuadernos:
Dios mío, estos tiempos son demasiado duros para personas tan frágiles como yo. Sé que después vendrán otros tiempos de mayor humanismo. Quiero seguir viviendo para transmitir a esa nueva era toda la humanidad, que, a pesar de todo lo que vivo a diario, conservo en mi interior. Solo así podremos preparar la nueva era: preparándola dentro de nosotros. Y de alguna manera me siento muy ligera por dentro, sin amargura alguna y tengo mucha fuerza y mucho amor. Quisiera seguir viviendo para ayudar a preparar la nueva era y para transmitir lo indestructible que se ha conservado en mí a esa nueva era que a buen seguro llegará, pues crece en mi interior cada día, ¿acaso no lo siento? (20 de julio de 1942).
En el siglo VIII a.C. el profeta Isaías proclama aquello tan hermosos de "algo nuevo está naciendo, ¿no lo notáis?"(Is 43, 19).
Separan siglos a Etty de Isaías, pero ambos viven, descubren a Dios y escriben en medio de tiempos convulsos y difíciles. Isaías vivió la tiranía de Asiria que conquistó, primero, el norte de Palestina, y luego, Jerusalén. Es un profeta de ciudad y participaba activamente en los asuntos de la clase dirigente. Interviene enérgicamente contra la corrupción de Judá y Jerusalén.
Etty vive el horror de la Alemania nazi y morirá gaseada en Auschwitz, antes de ello, trabajó como mecanógrafa del consejo hebraíco que hacía de puente entre los judíos y los nazis. Se ofreció voluntaria para trabajar en el campo de concentración de Westerbork como asistente y enfermera. Desde ahí se hizo parte de la resistencia y ayudó llevando y trayendo cartas y medicinas y acompañando de mil modos a quienes llegaban a Westerbrok. Es en ese contexto que ella escribe las lineas que encabezan esta entrada.
¿Qué ha de suceder en el alma humana para poder descubrir esperanza, luz e inspiración cuando se está rodeado de violencia, injusticia y sin sentido? ¿qué fuerza interior, qué experiencia hace que uno descubra la presencia de Dios en el infierno?¿de dónde nace la capacidad para ver brotar lo nuevo entre tanta oscuridad?
En el caso de Isaís y en el de Etty la respuesta es que acontece un Encuentro. El Encuentro transformador con Dios. Quizá en un profeta como Isaías no nos resulte tan extraño, dejémoslo ahí. El caso de Etty es especialmente llamativo porque no creció en un ambiente religioso por más que su familia fuera judía. Ella se acercó a lo espiritual a través de la Bilbia aconsejada por su psicólogo Julius Spier quien le invita a leer los salmos y los evangelios no tanto por una cuestión religiosa cuanto para ampliar su modo de entender la existencia.
Isaías, Etty, pero tantos otros y otras son testigos del dinamismo de vida y esperanza que late dentro de cada uno de nosotros aun en medio de la más grande oscuridad. Testigos y testimonio de que para quien ha vivido un Encuentro sincero y verdadero con Dios, el mundo con todas sus realidades está preñado de esperanza, de novedad... "amenazado de resurrección". Tal novedad sólo es posible si cada persona, cada hombre, cada mujer, vive su propia transformación interior.
Queridos/as educadores/as: ¿No os parece este suficiente motivo para no dejar jamás como algo secundario o anecdótico el trabajo de la dimensión interior en el colegio?
Cerca ya del Adviento, en medio de una pandemia que tantísimo dolor está causando, que está dejando tan al descubierto nuestro egoísmo y dureza de corazón, pero también nos está mostrando los ámbitos de apoyo y amor que brillan en la oscuridad ¿podremos hacer del tiempo de Adviento un tiempo para que, como nunca, ayudemos a los niños y jóvenes a conectar con ese dinamismo de vida y esperanza que llevan dentro de si?¿Haremos algo para que esa novedad que deseamos nazca en su interior y en el nuestro?
Ojala...
martes, 27 de octubre de 2020
Algo sencillo
Dame algo sencillo: una sonrisa, un guiño, una hoja de otoño que cae.
Dame algo sencillo: un abrazo, una carcajada inesperada, una mano en mi hombro.
Dame algo sencillo: el borboteo del agua para la infusión, el sol que se cuela entre las nubes, el canturrreo de alguien por la calle.
Dame algo sencillo y me pondrás ante el milagro.
Algo sencillo me conduce al éxtasis,
me adentra en lo profundo,
me aterriza en lo cierto.
Algo sencillo es el oxígeno y el nutriente,
es la autopista hacia el cielo,
algo sencillo... ¡es el cielo mismo!
Dame algo sencillo, tan sencillo que me arrebate las palabras
y acelere mi latido sin exiliarme de la cotidianeidad.
Dame algo sencillo: mis párpados, telones suaves cayendo... El sueño... la realidad...
jueves, 22 de octubre de 2020
En la inquietud impuesta, alimentemos la confianza elegida
Dice María Zambrano en uno de los ensayos que se recogen en "Hacia un saber del alma":
Inquietud es afán de estar en todas partes, de actuar donde quiera, no estando de verdad en ninguna. Falta ese mínimo de realidad en que apoyarse, en que fijar nuestro anhelo. Eso que Ortega ha llamado el mayor tesoro del hombre, "su divina insatisfacción", y que no es, seguramente, sino esta sed de trascender, tiene por lo visto que tener un cierto soporte, y también un cierto horizonte, un contacto o comunión con aquello que nos rodea.
Este pequeño párrafo da paso a un epígrafe acerca de la confianza y la esperanza y, todo ello, a su vez, se encuentra en un capítulo en el que la gran pensadora, reflexiona acerca de "la vida en crisis".
Llevo semanas releyéndolo, ahondando en cada palabra. Me maravilla y me inspira, de alguna manera me sostiene. Porque yo misma vivo en crisis y no yo sola, toda la humanidad. Estamos atravesando un crisis o más bien, llegando al culmen de un largo periplo crítico en la vida del planeta, en la historia de la humanidad.
Nos decimos ahora que tenemos una "crisis sanitaria", pero no es sólo eso. Hace mucho que vagamos a través de una crisis humanitaria global. Nuestra pandemia se llama "falta de humanidad" y, en este momento, la punta del iceberg es su aspecto sanitario.
Leyendo a Zambrano, entiendo que la inquietud de la que habla ella en este ensayo, es el fruto de la situación española y europea de la década de 1933 a 1944. Una Europa que ha pasado por una Primera Guerra Mundial, en España una guerra civil que da paso a una Dictadura militar y, a la vez, la llegada del nazismo y el estallido de la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto, no resulta difícil creer que la inquieud fuera la "marca vital" del ciudadano medio.
Yo pertenezco a una de las generaciones que ha vivido más años sin guerras europeas, lo digo así, porque esa aparente "paz" no me ha parecido nunca real por múltiples razones que no son el objetivo de esta entrada. Hemos crecido los de mi generación, en un mabiente de pujanza creciente, de derechos más o menos consolidados, etc. Y, ahora, cuando más "traquilos y complacientes " nos hallábamos, ha estallado una guerra virulenta, exacta y totalmente virulenta porque su causa es un virus.
Pero, repito, esto, para mí, no es sino un capítulo más en la pandemia que nos lleva asolando más de un siglo, la de la pérdida de humanidad, o como diría Marià Corbí, de cualidad humana profunda.
El término que continuamente nos sirve para expresar qué nos hace sentir esta situación causada por el virus, es el de "incertidumbre". Pero, lo de la incertidumbre es de siempre, toda vida se despliega en el terreno de la incertidumbre por más que nos podamos llegar a creer que controlamos todo o casi todo y ese, es el "mensaje en la botella" que nos trae el coronavirus y que nos resistimos a leer y aceptar, la vida es incertidumbre. Con todo, también es verdad, que en este momento, el nivel de incertidumbre que muchos podíamos asumir ha subido tanto de intensidad que resulta mucho menos soportable o "disimulable". Es por esto que, leyendo a Zambrano, me parece que el término "inquietud" al que se refiere, nos viene como anillo al dedo en cuanto que describe el resultado que genera en el individuo y en el conjunto de la sociedad tal nivel de incertidumbre.
Sí, yo al menos, me siento inquieta. Al estilo de aquella Marta de Betania a la que Jesús, como en un espejo, muestra su disposición interior: "Marta, Marta, andas inquieta y preocupada". Así estoy, sí, inquieta y preocupada. Cada noticia de última hora, cada decisión cambiante de los diferentes gobiernos, cada nueva ley, cada subida y bajada de esa curva que nos tiene locos, cada "cierre perimetral", me inquieta y me preocupa, simplemente porque, a pesar de cuidarme y de focalizar la atención en muchas otras cosas buenas y bellas que me rodean, el ambiente general, las conversaciones, los rostros enmascarados de todos, el gel en cada esquina, los carteles insistiendo en las distancias de seguridad, todo te acaba recordando que el mundo entero está sumido en algo de consecuencias muy dolorosas para tantas personas en todo el planeta.
La incertidumbre es el marco general, la inquietud y el desasosiego las consecuencias en la vida diaria.
Y, aún así, como antaño aquellos ciudadanos de la Europa atacada por el virus del nazismo, hemos de seguir levantándonos cada día. Quien puede, debe ir a trabajar, quien no, busca reinventarse a sí mismo. Aún así, a pesar de tal nivel de incertidumbre, los niños siguen naciendo y las familias se necesitan y se buscan más allá de las mascarillas. En medio de todo esto, hay que seguir pagando impuestos y realizando trámites administrativos eternos. Con virus o sin él, los empobrecidos de este mundo siguen muriendo de hambre y de otras enfermemdades y algunos siguen cruzando mares en pateras. Con virus o sin él, quien sufre un cáncer sigue necesitando ser tratado y acompañado y miles de ancianos precisan de atención y cariño. La vida sigue.
Pero, me da la impresión de que, como nunca antes, verdaderamente estamos en medio de ese "afán de estar en todas partes, de actuar donde quiera" sobretodo en lo que a nuestros gobernantes se refiere: Cada día nuevas directrices, cada día nuevas restricciones o el cese de las mismas, cada día un nuevo criterio a priorizar y al siguiente justo el contrario. En España, los políticos viviendo al margen de la vida real, se enzarzan en sus luchas de poder. En el día a día del ciudadano, lo económico y lo sanitario parecen no poder confluir: si me cuido y te cuido, algunos, se quedan sin trabajo...
En fin, no quiero perderme en la multitud de cuestiones que asaltan mi mente y corazón, pero sí quiero incidir en que, o alimentamos y dejamos que brote en cada uno de nosotros una confianza radical en la vida o no podremos ir más allá de donde estamos.
Ante tanta inquietud, en medio de la incertidumbre, cada uno de nosotros va a necesitar, más tarde o más pronto, parar, respira, escuchar y adentrarse en los terrenos de su hondura personal para rescatar la confianza que permite avanzar, crear, afrontar con dignidad y calidad los retos que piden de nosotros altura de miras, conciencia crítica y capacidad de aportar al bien común.
Cuando la inquietud se nos cuela y enturbia nuestra visión entorpeciendo nuestro actuar, es imprescindible alimentar la confianza, rebuscar hasta el último recodo de nuestro ser en busca de todo aquello que nos recuerda que podemos avanzar, que vale la pena seguir adelante. Es aquello que colgamos en todos los balcones y ventanas del "todo acabará bien". Pero no todo acabará bien de cualquier manera ni por arte de magia, sino, alimentando cada uno de nosotros esa confianza radical en la vida que nos permita enraizarnos en un fondo inmutable de paz. Un fondo de paz que descorra los velos turbios de la inquietud que nos hace andar como títeres de un sitio para otro sin estar presentes por entero en ningún lugar, porque tal inquietud nos viene de fuera, no es libertadora actividad que brote de adentro. Lo más humillante que existe para un ser humano, es sentirse llevado y traído, arrrastrado, como si apenas se le concediera opción, como si ya apenas fuese posible elegir, ni tomar decisión alguna porque alguien, que no se toma la pena de consultarlo, las está tomando todas por su cuenta (María Zambrano).
En la inquietud impuesta, alimentemos la confianza elegida.
martes, 13 de octubre de 2020
Reflexiones estáticas 2
¡Vé más allá!
Aquí me tienes de nuevo,
subida a esta bicicleta estática que me conduce a ninguna parte fuera de mí,
pero que, transformado el pedaleo en un ejercicio meditativo, me permite
visitar diferentes lugares dentro de mí.
Esta bici me permite
elegir niveles de dificultad. Tras unos minutos de calentamiento en el nivel básico
(¡qué bien se está en ese nivel!), la bici, de forma autómatica me plantea la
dificultad del “nivel 2” con un ruidillo que anuncia mayor oposición en el
pedal (¡cómo he llegado a odiar ese ruidillo!)
Pedalear ahora me cuesta
más. Percibo el trabajo en mis músculos. Responden. Me siento alegre. Sudo más
y veo como en el indicador las calorías caen y caen como las piezas de un
dominó… Sudor y cansancio se afrontan mejor con esa certifificación de calorías
que se van (¿será la zanahoria para que el burro avance?). Mi corazón late más
rápido bombeando sangre y oxígeno a mis músculos. ¡Qué maravilla el cuerpo
humano!
Y es en ese momento que
aparece ante mí la pregunta: ¿qué es lo que ha hecho en mi vida que fuera capaz
de asumir nuevos retos?… ¿Con qué oxigeno mi musculatura espiritual para que
afronte el esfuerzo mayor de algunos momentos vitales?... ¿Qué “zanahoria” ha
hecho que en determinados momentos no tirara la toalla con respecto a…?
Me concentro y dejo que
la respuesta vaya apareciendo al ritmo de mi pedaleo.
Cuando la vida me ha
puesto delante ese “nivel 2 “de esfuerzo o incluso niveles más altos, me doy
cuenta de que, en primer lugar, nunca lo he buscado, no lo elegido. La Vida no
es como esta bici a la que yo le digo qué nivel de dificultad quiero asumir
para mi ejercicio cotidiano. No, la Vida te lo pone delante cuando menos te lo
esperas y, ahí precisamente reside la “gracia” (o la “desgracia”, según te
pille) de todo esto.
Una vez ese nivel de
dificultad aparece sin haberlo elegido, si se acepta el reto sin enmascararlo o
sin huídas, para poder “ir más allá” he precisado de puntos de referencia.
Los puntos de referencia
han sido y son los que me animan a afrontar las etapas de la vida con
confianza. Un punto de referencia vital, confiere seguridad y da confianza. Certifico
que sin confianza no se puede avanzar. Quizá sea la propia confianza el punto
de referencia imprescindible.
Confianza en mí misma,
esa es imprescindible. Confianza, además, en la propia sabiduría de la Vida:
“Si esto viene es porque me conviene”. Confianza en Dios: Siempre fiel.
Confianza, con el paso de los años, en los pasos ya dados, en las tormentas ya
navegadas y superadas y el bagaje de sabiduría que dejaron. Confianza en quienes
me quieren bien…
Cada obstáculo, cada
crisis, cada necesidad de cambio y evolución los he vivido y los vivo como una
maravillosa invitación que la Vida me hace a “ir más allá”. Unido a ello, la
Vida también me pide que vaya más allá no sólo en el cambio sino, en ocasiones,
en la permanencia y el sotenimiento de lo que no debo dejar ir, de lo que debo
cuidar.
Cambio y permanencia, son
elementos de la vida.
Dos movimientos que nos
configuran a todos. Discernir lo que debe quedarse en y con nosotros y lo que
debemos dejar ir… Es un arte.
Todo ello me parece a mí
que forma parte de ese “¡vé más allá!” al que la Vida nos convida, casi
a diario, incluso en lo más sencillo y cotidiano.
Y a ti: ¿qué te ayuda a
ir más allá? ¿cómo has vido y cómo vives los momentos de mayor nivel de
dificultad de tu vida? ¿Cuáles han sido y son tus puntos de referencia?
¡Ánimo! ¡a pedalear!
Reflexiones estáticas 1
Durante un tiempo compartiré con vosotros estas "reflexiones estáticas" que vieron la luz en otro lugar virtual pero hoy se mudan a mi blog.
La bicicleta y yo.
Hace casi tres años, hice
espacio en casa para una bicicleta estática sencillita. Nunca lo hubiera
pensado, pero fue recomendación médica, así que me vi permitiendo la entrada de
esta “huesped” no deseada y reacondicionando un hueco para ella. Nunca me han
gustado los gimnasios y polideportivos. Así que la única forma de ser fiel a la
cita con el pedaleo prescrito, fue traer la bici a casa, eso sí, con gran
resignación por mi parte.
“Entronizar” una
bicicleta que no va a ningún sitio en mi hogar, me causaba una especie de
sensación de dar el brazo a torcer a algo que nunca había entrado en mis
cálculos existenciales, pero tampoco decorativos (meter en un piso de tamaño
medio una bici estática, te fastidia bastante la decoración).
No obstante, la salud
“manda” y me vi un día subida en una bicicleta pedaleando sin moverme hacia
ningún lugar. Ese “darle” a los pedales sin más, contabilizando kilómetros,
calorías quemadas, pulsaciones de mi corazón, velocidad del pedaleo, se me hace
pesadísimo y me crea una sensación de “tontuna” vital importante cada vez que
lo afronto. Para lidiar con todas las voces que me preguntan dentro de mí qué
narices hago yo ahí, me ayudo de la música en ocasiones (por cierto, la
Sinfonía nº1 de Bethoveen acompaña de maravilla el pedaleo), otras veces de
buenos vídeos que pongo en la tablet, pero, la mayoria de ocasiones, pedaleo en
silencio escuchando-me.
Y ese “escuchar-me”
mientras voy a ningun lugar, es el origen de estas “reflexiones estáticas” que
quiero compartir con vosotros.
En esta primera reflexión
estática me centro en el título que he elegido y que, desde mi experiencia
vital, tiene mucho de oxímoron, me explico:
El acto de reflexionar
siempre ha sido para mí, punto de partida de movimientos y cambios vitales y
ejercicio de “orden interno” para situar mejor los avatares vitales. nunca he
puesto en acto el verbo reflexionar de una forma “estática”. Reflexionar me moviliza,
me ilumina en ciertos aspectos, me inspira, me descubre horizontes nuevos, se
parece más a un ejercicio de gimnasia interior que a un mero elucubrar mental.
Me sitúo en una vivencia y comprensión de la reflexión como esa “razón poética”
a la que alude María Zambrano. No se trata tanto de “rumiar” conceptos, cuanto
de un cierto ejercicio de aunar contemplación y razón. Podríamos decir que, en
mi caso, reflexionar evoca esa imagen de quien “se flexiona” sobre sí mismo, no
para encerrarse en sí, sino para focalizarse activamente en un “pensar” que
incluye la mirada interior, la percepción, el momento del “eureka”.
Por eso, nada más lejos
que lo “estático” en mi modo de entender y practicar el acto humano de
reflexionar. Sin embargo, montada en mi bicicleta, pedaleando sin moverme de
casa, me ha ido pareciendo que el oxímoron tiene sentido: Para poder ejercitar
una reflexión profunda, una reflexión que movilice el ser y que no se transfome en
mera “verborrea” interior, se requiere cierta “quietud”, se precisa dejar de
correr, detener un tanto o mucho la prisa, el anhelo de llegar y, en cambio, afinar
el oído, la mirada, el olfato, el gusto y el tacto, dándose tiempo para “gustar
internamente” al estilo ignaciano.
Este pedaleo estático me
evoca el ejercicio de “aburrir al ego” tan propio de la meditación zen. Un
ejercicio repetido de forma sistemática crea la posibilidad para lo que
Karlfried G. Dürckheim denomina “la gran transparencia”. Hacernos permeables a
la trascendencia se convierte en el objetivo de la práctica.
Recordando esto, mi
pedaleo a ninguna parte se transforma en una meditación. Iré compartiendo
algunas de esas meditaciones o reflexiones estáticas que, deseo, nos indiquen y
conduzcan hacia lugares vitales ricos y fructíferos. ¿Pedaleas conmigo?
lunes, 28 de septiembre de 2020
Dar el do pecho: de "Solo ante el peligro" a "La comunidad del anillo"
Quiero continuar con esta idea de "dar el do de pecho" en este curso que ya tan complicado se está mostrando, pero, a la vez, tan pleno de opotunidades.
Bastantes de mis amigos maestros/as van compartiendo conmigo lo emocionados/as y gratamente sorprendidos/as que se sienten al ver la seriedad y madurez con la que sus alumnos/as están afrontando todo este lío de entradas escalonadas, itinerarios por los pasillos y escaleras, mascarillas, distancia de seguridad, recreos a diferentes horas, lavado de manos, geles...
Otros me explican la fuerza que están encontrando en el apoyo, presencia y complicidad de sus compañeros/as de claustro.
Esta "vidilla" y estas cosas son las que no salen en ningún titular, porque, si debiéramos entender y describir el mundo guiados sólo por los titulares de los telediarios, prensa, algunas redes sociales.... esto se parecería desmasido a una película apocalíptica y, en lo que a Educación se refiere, el profesor se parecería mucho a Gary Cooper en "solo ante el peligro".
Pero, nada más lejos de la realidad, al menos, en la mayoría de los casos. Porque lo que nadie dice, lo que no sale en ningún titular es la red de apoyo y cariño que existe en la gran mayoria de claustros. Si enfocamos la mirada en la relación profesor-ministerio de educación, ese "Solo ante el peligro" me parece más real. Pero si nos enfocamos en lo que es el día a día de un claustro, comprobamos que la red de relaciones de cariño, respeto y apoyo, gestada durante años en tantos casos, actúa como apoyo diario del profesor/a que hace que no se sienta "Solo ante el peligro".
Porque un claustro de profesores de un colegio, por norma general, es un ecosistema pleno de ilusiones compartidas. Cuando uno se zambulle en el ritmo interno de un colegio, descubre que el claustro no es un ente abstracto, es la suma de la personalidad y de las certezas de cada educador/a que forma parte de él. Hay conflictos como en todo grupo humano, hay "disidentes" más o menos silenciosos o ruidosos, puede haber épocas oscuras, pero, siempre, al final, se cuela por todos los resquicios esa experiencia de ser compañeros/as, de que verdaderamente cada uno puede y debe aportar al bien común del colegio, a su evolución y mejora que redunda en la evolución y crecimiento de su razón de ser: los alumnos/as.
Así, el símil cinematográfico pasa de ser "Solo ante el peligro" a vernos inmersos en la increíble aventura de "La comunidad del anillo" del Señor de los Anillos. Quizá todo "profe" que lea esta entrada, podrá identificarse a sí mismo con uno de los personajes de Tolkien y, siendo arriesgado, quizá a alguno de sus compañeros/as. En todo claustro nos encontraremos con Frodo, Samsagaz, Gandalf, Aragorn, Légolas, Peregrin Tuk, Arwen, Gimli, Galadriel, Eowyn, etc... Sí, ahí los encontraréis, bajo el rostro y los andares de vuestros compañeros y compañeras de toda la vida. Cada uno aportando su peculiar modo de ser "educador/a". Cada uno, cada una , formando esa preciosa e increíble "comunidad del anillo" de un claustro educativo.
Ojo: no soy ingenua, habrá que estar siempre atentos a los "Gollum" y "Saruman" que, bajo capa de bien, pueden minar la fuerza de la comunidad, pero, es que ¿qué gracia tendría entonces la aventura? Ahí es donde toca dar el "do de pecho". Cuando vienen tiempos oscuros, cuando toca salir de la tranquilidad de la tierra media para "ir más allá", entonces es cuando más demuestran su fortaleza y su debilidad los lazos creados en la comunidad educativa y, más en concreto, en el claustro de profesores/as.
Frodo y Sam se sentían pequeños para semejante tarea y efectivamente lo eran, pero, apoyados en el cariño y la fuerza de la Comunidad del anillo, lograron lo que nadie había logrado jamás. Quizá tú también te sientas tan minúsculo como un pequeño hobbit de la comarca, y quizá lo seas, pero si a tu lado encuentras un verdadero amigo como Sam, si te aventuras a educar acompañado por un "claustro-comunidad", te auguro grandes gestas y mucha felicidad.
¿Es tu claustro "comunidad" o más bien favorece el sentirse "solo ante el peligro?
¿En qué ámbitos de la vida escolar os sentís y actuáis como compañeros, como red de apoyo e inspiración mutua? ¿De qué modo?
¿En qué ámbitos se os "cuela" el "solo ante el peligro"?
¿Dónde sentís que debéis reforzar vuestros modos de actuación para ampliar la fuerza que proviene de ser compañeros/as?
En este contexto del Covid-10:
¿Cuál es la misión principal a la que queréis responder?
¿Qué necesitáis para ello?
¿Qué debéis eliminar para poder responder a esa misión?
miércoles, 23 de septiembre de 2020
DIEZ AÑOS
miércoles, 9 de septiembre de 2020
Dar el "do de pecho": Amar al alumno
Cuando estudiaba magisterio, teníamos en el aula de música (me especialicé en Educación Musical) una frase en la pared "Que el alumno ame la música", ese era el objetivo, el faro, el horizonte de un maestro de educación musical. Pero junto a ello, se repetía en muchas de las asignaturas y en boca de diferentes profesores, lo esencial de que "el profesor ame a sus alumnos".
Tiempo después, cuando me estrené en un aula, en todo momento, sobretodo cuando me sentía sobrepasada, caundo me sentía sin recursos, esa frase se hizo "un mantra" para mí.
Descubrí que el amor es el camino, que el amor ha de ser la atmósfera educativa, que si el alumno/a se siente amado, no en general, sino "en concreto", entonces las dificultades lo son un poco menos.
Si el/la maestro/a AMA AL ALUMNO, el/la alumno/a, en cierta media amará la materia, se le dé mejor o peor, porque durante los minutos de impartición de esos contenidos, los recibirá de alguien que le mira con respeto y cariño, quizá lo que más ame llegue a ser la presencia de su maestro y no recuerde después bien la asignatura.
Y ahí es donde sé de buena tinta, que nuestros maestros y maestras están ya dando el "do de pecho". Están traspasando todos los límites impuestos de mascarillas y distancias, para hacer llegar a sus alumnos una presencia amorosa, paciente, ilusionada y esperanzada.
Ayer, en una de las formaciónes on line que estoy impartiendo, una educadora nos explicaba con un nivel de sinceridad precioso, lo duro que había sido para ella el confinamiento y el post-confinamiento, nos describía su nivel de ansiedad. Y entonces nos dijo que, todo eso había durado hasta el momento exacto en que hacía unos días había comenzado a recibir a los niños en el cole, nos decía que "al comenzar a tomar la temperatura, indicar por donde ir, dar la bienvenida, se me pasó todo". Y yo, escuchaba esto y contenía mi alegría y mis lágrimas, porque ahí estaba, en carne y hueso, una maestra de corazón. Ahí estaba ella diciendo en voz alta lo que tantos y tantas están sintiendo y viviendo y, seguramente, no lo dicen.
Así lo viven ya miles de profes en toda nuestra geografía. Así son los/as maestros/as de verdad, los /as vocacionados. Sabedores de su debilidad, con sus límites y miedo como todo ser humano, pero cuando están con sus niños, con sus chavales ¡se olvidan de todo! Y entonces, el niño, el joven se siente amado, se siente especial, se siente apoyado y eso le da alas... ¡y cómo necesitamos recuperar el alto vuelo!
Como sociedad hemos de cuidar de nuestros maestros y maestras. No son héroes ni falta que les hace. Son personas como tú y como yo pero que han recibido el don de SER EDUCADORES/AS. Ese don es un tesoro de incalculable valor para la sociedad, para el bien común. Debemos cuidarlos.
Ahí están, ellos y ellas, hoy, dando el "do de pecho" en esta sinfonía una tanto desafinada del tiempo de pandemia.
¡GRACIAS, MIS QUERIDOS MAESTR@S!
martes, 1 de septiembre de 2020
Dar el "do de pecho": las emociones
Hoy ellos y ellas, los "profes", ya están en el cole. Cuando estaba en el colegio como profesora, una de las cosas que más me gustaban era ese primer día en el que nos veíamos los unos a los otros más o menos morenos, sonrientes, con cara descansada; algunos con unos kilillos de más por "las tapitas" veraniegas, otros, por el contrario, con kilitos de menos por la natación, las largas caminatas. Todos, eso sí, con anécdotas que contar, algunas fotos para compartir (cuando no había wtsup). Había compañeros con los que te unía una amistad y cariño que se concretaba en que te habían traído o les traías un regalo porque habías recordado a esa persona durante las vacaciones... Ese primer día con un picoteo especial o una comida de inicio de curso. Ese día mágico en el que sientes que "todo es posible y todo está por hacer" y tu pereza se te va por el desagüe porque al reencontrarte con tus compañeros y compañeras, se te pone en pie de guerra el ardor pedagógico y ya te pones en marcha.
Este año, me dicen mi marido y mis amigos profes, no se podrán dar los besos y abrazos del reencuentro. Es más, no pueden encontarse juntos todo el claustro. Cada etapa se reunirá en su lugar, sin interacción o con la mínima. A quien no le vaya mucho la liturgia de abrazos y besos se sentirá aliviado, lo reconozco, porque cada uno es como es. Pero a mí, qué queréis que os diga, me apena esa imagen de claustro compartimentado y más, cuando el deseo es trabajar como un todo. Si ya cuesta tanto a veces salir del "propio querer e interés" de tu etapa...
Y aquí viene mi apreciación segunda. Si ayer me ponía en la piel del profe desde el punto de vista tan sólo curricular, teniendo que crear programaciones y didácticas para lo presencial, para lo on line, aprender a trabajar a metro y medio, con mascarilla, con gel, con ventilaciones varias, etc, etc... Hoy quiero ponerme en la piel del docente situándome en el ámbito emocional.
Ya llevan los colegios bastantes años inmersos en la creación de proyectos de educación emocional. Resuena lo de la imporatncia de las emociones por doquier.
En el contexto de la Educación de la Interioridad, es el segundo contenido enunciado como "integración emocional" por aquello de que las emociones no basta con conocerlas, sino que, nos guste o no, las emociones nos acompañan todo el día y toda la vida y es así porque la vida es, en gran medida, experiencia que emociona. Ahora, con el COVID entre nosotros, a muchos la vida nos conmociona.
Si ya es de por sí complejo integrar el mundo emocional, qué diremos en este momento.
Estamos habituados o bien a ocultar nuestras emociones o, cuando menos, a disimularlas. Sólo nos permitimos sacarlas a pasear si son agradables y ahí, en general, mostrarnos no nos cuesta tanto.
Pero ¿como "lidiamos" con las emociones desgradables como, por ejemplo el miedo o la tristeza y qué decir de la ira o la vergüenza?
Seamos sinceros: hay emociones que no son "bien vistas" en sociedad, esas, las ocultamos, las taponamos. Nos decimos que esa tristeza o esa ira o esa vergüenza queda para la intimidad, que ya lo afrontaremos en casa y, tantas veces, ni en casa nos permitimos ese sano descan-ser que nos permite mostrarnos tal y como estamos, sin filtros ni máscaras dejándonos acoger y querer en esa emoción desagradable.
Digo esto porque no me cuesta imaginar la cantidad de profesores/as que ahora mismo, han entrado en el cole con ilusión, por supuesto, con ganas, pero también con un trasfondo de miedo (miedo al contagio, miedo a lo que puede pasar si hay que volver a cerrar el centro, miedo...), con enfado por la falta de apoyos institucionales, con vergüenza por sentir miedo cuando parece que otros están como súper tranquilos y hasta hacen amago de un abrazo "y yo saldría corriendo"...
Por más que se haya denominado a este momento "nueva normalidad", esto, nada de todo esto es normal. Nos acostumbraremos (o no...), pero no es normal. Por lo tanto, lo que sí es normal es que aparezcan dentro de nosotros, también de los adultos, por supuesto, emociones encontradas y que haya momentos en los que sintamos que "no puedo con esto" o "no sé qué hacer". Momentos de alegría enorme por ver a los alumnos, por descubrir como nos sorprenden, pero también momentos de tensión, de tristeza, o de miedo y los va a haber, porque ya antes del COVID los había. Por eso, ahora, como nunca, habrá que aprender a reconciliarse con la vulnerabilidad que se evidenciará en esta incertidumbre generalizada.
Y, desde mi punto de vista, esta es una clave importantísima: aprovechar este momento tan único, para adentrarnos de lleno en la urgente tarea de integrar de veras nuestro mundo emocional dentro de la escuela. No "saber" las emociones racionalizándolas, sino acogerlas, expresarlas sanamente, dejándonos sostener cuando las feuerzas fallen y celebrando juntos cuando llega la alegría. No somos superhéroes. Con excesiva simplicidad hemos utilizado ese calificativo con los sanitarios. No hace falta que nadie sea un héroe. Un profesor es un ser humano con su mochila vital a cuestas como sus alumnos, como los padres y madres de su colegio. Un/a profesor/a necesita apoyo emocional si queremos que él o ella apoye emocionalmente a sus alumnos.
La oportunidad que nos brinda el COVID si sabemos acogerla, es la de crecer emocionalmente como comunidad educativa. Dejar de disimular "como si aquí no pasara nada" o dejar de ir de víctimas (porque casi siemrpe se dan estos dos excesos en las personas y/o en las instituciones). Podríamos descubrir el puente sobre aguas turbulentas que podemos construir para transitar este curso que se presenta incierto y complejo. Ese puede ser el "do de pecho" que emita la escuela y ojalá esa vibración resuene en toda la sociedad.
Queridos profes: CUIDAOS PARA PODER CUIDAR.
lunes, 31 de agosto de 2020
Dar el "do de pecho" . Las asignaturas
Me siento hoy ante el ordenador para, en el último día del mes vacacional por excelencia,compartir lo que se me mueve en los adentros en la vuelta al cole.
Reconozco que, junto a la normal pereza de regresar a la pantalla y el teclado, se mueve en mí un sentimiento de gran perplejidad por todo lo vivido, escuchado, sentido tras el confinamiento y hasta este momento.
Mañana, oficialmente (en realidad llevan ya varios días reuniéndose en los centros y retomando la labor en casa), los profesores y profesoras de los colegios de este país, atravesarán los umbrales de entrada a sus centros con la palabra INCERTIDUMBRE grabada a fuego en sus corazones, en sus emociones, en las paredes del colegio, en sus programaciones. Nunca retomar el curso escolar fue tan complejo, duro y denso como este curso 2020-21. Nunca tampoco, tan lleno de posibilidades para "ir más allá" y dar un auténtico "do de pecho" educativo.
Cuando nos confinaron dentro de nuestras casas, sentí con toda sinceridad que aquellos días que fueron muchos más de los que creíamos en un inicio, nos mejorarían como individuops y sociedad. Lo creí. Luego, llegó el desconfinamiento y salió a la calle lo que llevábamos dentro: quien escuchó y se dejó encontrar por la Vida en la cuarentena, salió con otro tono vital. Quien no lo hizo salió igual y, permitidme el juicio, quizá incluso peor.
No me refiero aquí a los afectados directamente por el latigazo del virus coronado: enfermedad propia o de un ser querido, pérdida del trabajo, ERTE, secuelas post-COVID en el cuerpo y un largo etcétera de situaciones durísimas. Sólo me refiero a quienes, no habiendo sufrido nada más que incomodidades, aún así nos quejamos, nos venimos abajo, nos volvemos seres cabreados y hasta pseudorevolucionarios proclamando que todo esto es una confabulación "judeo-masónica" como diría algún personaje del gran Forges (¡qué bien nos irían en este momento sus viñetas de sabiduría sonriente...!).
En fin, lo que quiero decir es que, contemplando el panorama nacional y sintiendo la vibración general social y política, nuestros profes queridos están como nunca llamados/as a DAR EL DO DE PECHO.
¿Por qué lo digo? Ahí van algunas apreciaciones que iré compartiendo en pequeñas dósis a lo largo de estos primeros días de curso:
- Los profesores/as retoman sus asignaturas con el mensaje de que se debe seguir apuntando a la famosa "excelencia educativa" (lo ha reiterado hasta la saciedad la señora Celaá, ministra de Educación) en una situación mundial y local que apunta hacia escenarios diferentes que no se puede saber si serán o no, ni cuando ni cómo.
- Se insta a los educadores/as a tener organizado y programado el desarrollo curricular y competencial para el modelo presencial y para el modelo de enseñanza on line, e incluso, para los dos a la vez dado que puede haber alumnos que hagan unos días presenciales y otros desde casa. Todo ello, con el mismo número de docentes de siempre en la mayoría de los centros escolares. Todo ello con, supuestamente, el mismo número de horas lectivas y de liberación y permanencia pero, evidentemente, trabajando muchas más horas como ya sucedió en el último trimestre del curso pasado. Muchas horas de trabajo "extra" porque dentro del horario laboral es imposible recrear casi sobre la marcha tu asignatura o asignaturas (sí, muchos profesores no imparten una sola asignatura sino varias, hay quien lo olvida) y además hacerlo creando itinerarios aptos para el aula y para el ordenador sumando a todo ello las obligatorias adaptaciones curriculares para algunos alumnos/as. Además, en las clases presenciales, debe tenerse en cuenta el gran cambio que suponen la distancia interpersonal, la mascarilla, el lavado de manos cinco veces al día y la ventilación del aula cada hora durante unos diez minutos mínimo (¿imagináis lo que será ventilar así en invierno, pongamos por caso, en un Burgos nevado o en la blanca Vitoria?)
- Me permito un ejemplo para ilustrar la complejidad añadida que deberán afrontar nuestros educadores/as: la asignatura de Educación Física (que ha demostrado su importancia durante el confinamiento ¿o no?) deberá impartirse con mascarilla y distancia: ¿cómo? Estoy deseando hablar con los amigos y amigas que imparten esta asignatura y comprobar como,una vez más, nos dejarán con la boca abierta ante su creatividad y capacidad de "dar el do de pecho" en esta "ópera bufa" del nulo acompañamiento y sostén por parte de los señores y señoras ministros y adláteres.
- Además, según me dicen, ¡no pueden ducharse tras el ejercicio físico!. Esto supone o bien optar por una clase de Educación Física poco física para evitar el sudor, o bien acoger en el centro escolar más "perfumes" de los que suele haber en un aula o bien cambiar el horario de todo el mundo para que la clase de EF sea siempre a última hora del día y así cada alumno se lleve sus aromas a su casa.
martes, 4 de agosto de 2020
Nuestros mayores ¿a quién le importan?
viernes, 12 de junio de 2020
El oxímoron de la "nueva normalidad"
El lenguaje tiene un gran poder, más del que le atribuímos incluso en un momento de la humanidad en el que la palabra ha perdido su fuerza de tantas mentiras vertidas en la vida pública. Pero, a pesar de ello, la palabra, el modo en el que nombramos y describimos la realidad, es el modo en que la entendemos y asumimos.
De todos es conocido el método aficaz para deshumanizar al otro propio de los fascismos: cosificar a la persona conviriténdola en un "colectivo-raza": judíos, negros, gitanos, homosexuales, inmigrantes, etc o en un número como se hizo en los campos nazis de exterminio.
Si el otro pierde su individualidad y se transforma en un "colectivo" o en un número, me es mucho más fácil cargar contra él, se disipa la mirada directa, el "cara a cara". El otro pasa a ser un extraño, un enemigo, un problema a resolver.
El lenguaje humano, la palabra, es vehículo de comprensión del mundo y nos "acomoda" o "desacomoda" a él.
Y, en este momento, de tanto repetir y repetir esa expresión de "la nueva normalidad" estamos asumiendo que en el momento en el que se dé el "pistoletazo de salida", ya todo estará en una normalidad total, eso sí "nueva".
La cara visible de lo nuevo de la normalidad que asumimos serán las mascarillas, el "distanciamiento social", los guantes y los geles.
Pero de tanto calificar a este contexto post-confinamiento de "nueva normalidad" parece que se nos borra de un plumazo el trauma planetario que estamos viviendo, el golpe brutal, la estela de muertos, de convalecientes, de desarreglos psicológicos, de ruptura de proyectos vitales, laborales...
De nuevo se nos cuela por goleada, la mentalidad eurocentrista, blancocentrista y neoliberal. Mientras el 20% de la población mundial que vive bien se recupere, todo está bien, todo vuelve a la normalidad. Pues no es así. Ni la población que vive bien sale bien del confinamiento por todo lo dicho anteriormente, ni el 80% empobrecido se recuperará.
La "nueva normalidad" no existe. Ya se ha dicho por muchos medios y se ha hecho famosa la idea de que precisamente lo que llamamos "normalidad" es lo que nos ha traído hasta aquí y que la cuestión no es regresar a tal normalidad. Así lo creo. Si es "normal" que millones de personas en el mundo mueran de hambre, guerras, enfermedades. Si es normal que los ricos siempre sean más ricos empobreciendo a otros. Si es normal que las familias no puedan gozar de ser familia porque no hay tiempo para ello. Si es normal que "aparquemos" a nuestros mayores en residencias que no tienen la posibilidad de cuidarlos como merecen. Si es normal que un futbolista o una "celebriti" cobre un sueldo mil veces superir al de un médico o un maestro. Si es normal que la clase política dicte leyes que empobrecen a una mayoría mientros ellos nunca pierden ni un mínimo de capital. Si es normal que el planeta se degrade a una velocidad terrorífica mientras no cesamos de hacer aquello que lo degrada. Si todo eso y más es "lo normal", yo no quiero volver a ello.
No hay "nueva normalidad", lo repitamos el número de veces que lo repitamos, no será verdad, no será real. Sin los cambios individuales, sociales y politicos pertinentes, volveremos a lo de siempre e incluso peor.
Lo verdaderamente nuevo no es ir por la calle con mascarilla. Lo verdaderamente nuevo sería interiorizar el cuidado hacia el otro, el respeto por toda vida cristalizando modos de vida que prioricen tal cuidado. Lo verdaderamente nuevo sería salir del espejismo del consumo neoliberal y abandonar un modo de vida que depreda el planeta regresando a modos de vida austeros y sencillos. Lo nuevo de verdad sería, dicho en lenguaje muy sencillo y un nivel de autocrítica personal, dejar carente de sentido por carencia de demanda todo modo de producción, toda oferta que vapulea al pequeño emprendedor, que no ampara la vida del barrio, que no descontamina el medio ambiente cercano.
Lo verdaderametne nuevo sólo será realidad si hay un cambio en mí, en ti. Si creamos redes de cercanía y cuidado de los más débiles. Si aprendemos a comprometernos cada uno, cada una en su pequeño nivel con el cuidado del otro, de la vecindad, del medio ambiente "de la acera de en frente".
Lo verdaderamente nuevo sólo acontece en los corazones. No lo gestan las leyes exteriores. Lo radicalmente nuevo nace en corazones transformados, en las mentes críticas, en quien es capaz de dejarse trapasar por la realidad y comienza a "mirar e ir más allá". Lo nuevo acontece sobretodo en la revolución interior que me conduce a una "alterioridad" en la que "el otro" ya no es un extraño, sino que pasa a ser "otro de mí" y lo entraño en mi ser convirtiéndolo en "entrañable".
No, no vamos hacia una "nueva normalidad", vamos hacia el mismo espejismo de normalidad en el que llevamos viviendo siglos. La normalidad de vivir en un mundo de ricos y empobrecidos porque nos han hecho creer que la pobreza es normal e insalvable. Esa normalidad no la quiero. Lo único positivo de este dichoso virus es que a muchos nos está terminando de despertar. Ojalá los que despertemos nos unamos y resonemos cual despertador pertinaz y molesto. Porque lo nuevo de verdad, eso, sí que molesta.
jueves, 28 de mayo de 2020
Educar la Interioridad en el post-confinamiento: CUIDAR LA VIDA (2)
Más que nunca y como siempre la atención al SER ha llamado a nuestras puertas.
Se nos ha llenado la casa de mensajes de cuidado, de atención. Se comenzó a creer en que quizá, a lo mejor... "todo esto", a quienes no nos arrebatara el virus la vida ni el trabajo, nos haría resituarnos y salir con una cierta metamorfosis del ser...
Ahora estamos saliendo, no de la pandemia, pero sí de casa. Ahora las calles se pueblan de nuevo de risas de niños y de miradas de ancianos. Ahora las terrazas parecen tener la importancia que tuvo en su momento el papel higiénico.
La capa de ozono se estaba curando (eso decían al menos...) pero ahora lo importante es el coche privado porque en el bus, en el metro o en el cercanías quizá te contagias.
Las playas estaban limpias, el mar más azúl, incluso el agua de Venecia decían estaba preciosa. Pero ahora viene el calor y, después de escoger bikini y bañador en cadenas de tiendas (no las del barrio de toda la vida, seguramente) que vuelven a abrir sus puertas, regresamos a la playa y, ella, abierta y presente, nos acogerá, incluso aun cuando la llenemos de colillas y de plásticos.
Y, en medio de todo este "salir", algunos dicen y repiten: ¿Por qué se ha organizado la reapertura de los bares y no la de los colegios? ¿Mi hijo/a puede estar en una terraza y no puede estar en el colegio? Y lo dicen como una crítica, como una "falla" de nuestra sociedad.
Y cada vez que escucho esa especie de "mantra" me surgen mil y una respuestas. Hoy daré algunas.
Lo resumo todo en esta acción que considero educativa, en una concepción de la educación no centrada en lo curricular pero sin olvidarlo. Una acción del colegio pero no sólo, una acción que toda la sociedad y cada individuo en ella, está llamado a acoger y llevar a cabo: CUIDAR LA VIDA.
Más que nunca y como siempre... CUIDAR LA VIDA ATENDIENDO AL SER, o dicho en lenguaje competencial: APRENDIENDO A SER.
Si como sociedad entendiéramos qué es cuidar la vida, toda vida, entenderíamos que esta crisis nos está ofreciendo una inmensa oportunidad para identifiar los modos vitales, los modos de organizarnos y de consumir que están desatendiendo e incluso atacando la vida.
Hemos comprobado que el cuidado y atención a nuestros ancianos/as es, en algunos casos, deficiente y nos hemos llevado las manos a la cabeza al saber los datos de mortandad en las residencias de mayores. Decíamos que nos quedábamos en casa por ellos y ellas y por los "más vulnerables" al virus. Lo decíamos pero, ahora, al regresar al trabajo quien aun puede, al regresar a la terraza quien pueda y tenga estómago, al regresar... ¿Quién se está preguntando qué "imperativo moral" nos pone delante este contexto de COVID-19 y qué "apetencias" o aparentes "esenciales" deberíamos dejar en segundo plano para de verdad, seguir cuidando esas vidas más vulnerables?
Y aquí llego a la cuestión que apuntaba antes: por qué no es ni de lejos lo mismo la reapertura de un bar que la de un colegio.
La escuela es uno de esos lugares donde confluye la vida que está en ciernes, está haciéndose. Al igual que en los "geriátricos" (triste palabra) confluye la vida en su fase de conclusión. Ambos polos, inicio y fin ¿no los estaremos descuidando en pro de un "en medio" de la vida que el sistema potencia porque es más productiva y casi se gestiona solita?
En la escuela puede aplicarse ese verso hermoso del gran poeta catalán Miquel Martí i Pol: "Todo está por hacer y todo es posible"
Posem-nos
dempeus altra vegada i que se senti
la veu de tots solemnement i clara.
Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.
(PONGÁMONOS
DE PIE DE NUEVO Y QUE SE ESCUCHE
LA VOZ DE TODOS SOLEMNEMENTE Y CLARA.
GRITEMOS QUIÉNES SOMOS Y QUE TODO EL MUNDO LO ESCUCHE.
No, señores míos, no puede improvisarse el retorno al aula como se ha ido improvisando (sin ayuda de ningun ministerio y sí numerosas críticas y opiniones gratuitas) el paso inmediato al confinarnos a una educación on line. Esto último se ha hecho así porque no ha quedado otro remedio y se ha hecho, en lo que yo conozco, muy bien, para nota. Por cierto: todavía estoy esperando una cita en las redes para un aplauso enorme a los profes de este país. Llamadme ingenua...
Llegarán los alumnos/as con mascarilla y guantes y con la obligación de no tocarse. Llegarán los profesores con media cara visible para decir a sus alumnos/as en ese lenguaje no verbal tan importante en la educación, que están ahí para ellos, que les quieren, que creen en sus posibilidades. Que "todo está por hacer y todo es posible". Como se lo han dicho a través de las pantallas de mil modos posibles. Se lo dirán ahora con una mirada que traspasará los dos metros.
La escuela, en un regreso post-confinamiento, será un lugar más, pero único en su peculiaridad, desde donde cuidar la vida. Por eso, por favor, no la comparemos con un bar.